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Heinze, el que se va sin que lo echen y vuelve cuando es necesario

La cita era en un paraje alejado de la urbe y de difícil acceso, un camino fácil para extraviarse, para cualquier conductor foráneo. Hasta allí tuvieron que ir los dirigentes de Newell’s en junio de 2012 para responder al llamado del anfitrión: Sebastián Heinze. El mensaje que debía darles en su estancia era breve y concreto: su hermano Gabriel vuelve a Newell’s. El contacto de los directivos con el por entonces jugador de la Roma llegó después, cuando todo estaba arreglado. Se hizo un contrato simbólico y Heinze volvió al Parque para jugar sus dos últimos años como profesional y obtener bajo la dirección técnica de Gerardo Martino el título de 2013. Diez años después, la historia se repite: Ignacio Astore recibe un llamado y escucha lo inesperado: Gabriel Heinze tomó la decisión de volver, ahora para asumir como entrenador. Pero así como fue un jugador exigente, el Heinze que retorna se arropa en su figura de autoridad para tomar las riendas del primer equipo y el control de mucho más que de once jugadores dentro de la cancha.

Heinze regresa a Newell’s cada vez que quiere. Lo anuncia y el club le abre las puertas. Esa rápida partida de la institución como futbolista lo privó del deseo de formarse en el club. Siete partidos en primera y el ex presidente Eduardo López lo vendió a España en 1997. Su historia con el club estaba todavía por construirse. En 2012 volvió de Europa, a solo dos años de haber jugado el Mundial de Sudáfrica y sin ninguna pretensión económica: “Háganle un contrato acorde a su jerarquía pero que el club pueda pagar”, fue la indicación de su hermano Sebastián cuando recibió en el campo de la familia a los directivos rojinegros. No fue el mejor pago y se guareció detrás de figuras de mayor peso, como Martino en el rol de técnico y Maxi Rodríguez de referente sin ver lacerada su vanidad. Fue un jugador clave de aquel equipo campeón 2013 y que quedó en las puertas de la final de la Copa Libertadores. Su relevancia estuvo por su juego dentro de la cancha y por su rol en el grupo en el vestuario. En aquel perfil de fuerte presencia puertas adentro fue donde se talló la figura del hoy entrenador.

El Heinze que viene es el mismo. O mejor dicho, es aquel de siempre pero aún más obsesivo.  Es el que todos conocieron en su vuelta, década atrás, porque la forma de vincularse con el club fue directa y las pretensiones económicas otra vez pasaron a ser anecdóticas. De hecho, aquel jugador que volvió no dudó en donar gran parte de su contrato impago cuando anunció el retiro de la actividad en 2014. Pero este Heinze regresa para tomar el timón de un proyecto general en el fútbol profesional del club. Y no podrá ahora asumir un protagonismo secundario.

Por el contrario, su fuerte carácter forjará la identidad del equipo el próximo año. Es de los técnicos que genera en el jugador el deseo de ser dirigido por él. Pero en el fútbol profesional a Heinze le cuesta relacionarse con dos protagonistas de la redonda: el periodismo y los dirigentes. Para el futuro técnico de Newell’s ambos son un problema más en el camino que se propone como objetivo, ahora como entrenador. Para la prensa será una figura inaccesible fuera de los márgenes que el propio entrenador disponga. Para los dirigentes también. Y aquí aparece el primer interrogante: ¿cómo construirá la relación con Ignacio Astore? El presidente tiene el hábito de estar presente en Bella Vista mucho más que en la sede del Parque Independencia. Su lugar en el club es en el polideportivo; a la sede concurre para atender tareas administrativas y reunión con los dirigentes.  

Heinze no quiere dirigentes en las prácticas. Para el técnico la convivencia con el grupo se funda desde la privacidad. Y como el vestuario será inexpugnable para los directivos, Bella Vista también pasará a ser un lugar reservado solo para jugadores y cuerpo técnico. Lo hizo saber el día que llegó a la ciudad: recorrió Bella Vista por la mañana y durante toda su estadía el sector donde se encontraba con sus colaboradores estuvo con celosa custodia para evitar que nadie se acerque. No permitió fotos, menos aún grabar sus primeros momentos en el club.

Heinze exigirá privacidad porque la relación que construye con los jugadores no tolera la aparición de terceros ajenos al grupo. Si bien tiene una corta carrera como entrenador, en Argentinos y Vélez mostró su identidad de entrenador con orientación pedagógica, muy ocupado en enseñar a jugar, con entrenamientos donde hay indicaciones puntuales para cada jugador. Esa inquietud por trasladar conocimiento lo puso en la élite de los técnicos sin necesidad de encontrar resultados que brillen. Heinze escapa a la norma: no tira la pelota y hace correr a los futbolistas por rutina, y menos aún reduce todo a lo motivacional con arengas de guión cinematográfico. Las prácticas están planificadas. Tiene un método y lo aplica, muy parecido al estilo de trabajo del Marcelo Bielsa que conoció en la Selección en su etapa de jugador. De cada línea del equipo quiere una actuación determinada y para cada jugador hay un manual de indicaciones. Dedica tanto trabajo en el campo de juego con silbato colgado como al escritorio con lapicera en mano. Es un estudioso del juego y cree que muchas de las dificultades que se presentan en los partidos se pueden resolver con buena pericia de los jugadores para aplicar el conocimiento al momento de la competencia.

Ese celo por todo lo que rodee su trabajo llevó a los dirigentes a ceder en todas las peticiones que propuso para volver. Heinze quiere ser parte de la estructura que forma jugadores en Bella Vista y no habrá decisión que se tome sin que pase por su opinión. Por el contrario, muchas de ellas estarán en sus manos. Desde el trabajo que hará la reserva, que ya no conducirá Adrián Taffarel, a la coordinación de las divisiones menores y facultades totales para involucrarse en el mercado de pases. Ese rol será ocupado por Horacio García, el designado para hablar en nombre del Newell’s de Heinze ante los jugadores que se intentará contratar.

El nuevo entrenador de la Lepra pondrá en desafío la gestión económica del club. Heinze quiere retener a todos en el plantel pero también pretende refuerzos. La ecuación, así planteada, no cierra: expandir presupuesto sin generar ingresos con una transferencia. Es el compromiso que asumió Astore para darle al club un salto de calidad. Y la ilusión está regada en el Parque Independencia. Porque más allá de los resultados que coseche el equipo, al menos en el fútbol profesional, con la llegada de Heinze la entidad sale de la improvisación crónica y se zambulle en el fútbol argentino con una planificación que pondrá a prueba a todos: dirigentes, jugadores, hinchas y cuerpo técnico.


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