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Política

Javkin reclama un frente extra ancho y advierte: “Ojo con la idea de que tenés el partido asegurado”

Recibe en su teléfono personal trescientos mensajes diarios de whatsapp. Confiesa que tiene un mecanismo rústico de respuesta: los viernes imprime los que no puede contestar y los ve el fin de semana. Desde hace dos años no tiene redes sociales en su teléfono. Es parte del método que utiliza para poder estar al frente de las responsabilidades que le propone como intendente una ciudad como Rosario, que lo encuentra muchas veces explicando las atribuciones que le faltan. Pablo Javkin habla de los que en política se creen eternos, sostiene que ya no hay liderazgos como antes ni verticalismos que definan sucesores. En una entrevista de casi dos horas con Suma Política en su despacho, al que llega caminando y acompañado de su perro yorkshire llamado “Chicho”, analiza las condiciones que quiere para una eventual candidatura a gobernador de Santa Fe, que todavía medita, aunque reitera que le gustaría encarnar. Propone un frente nuevo, distinto, que le gustaría se llame Arriba Santa Fe y que no sea una suma de siglas partidarias sino más bien un compromiso de gestión desde el interior hacia el centralismo porteño. Una experiencia similar a la que ya gobierna Corrientes, Jujuy y Mendoza. “Si no tenés espalda política, en Buenos Aires no te dan respuesta y te das contra la pared”, explica. Descree de la lógica de armar una coalición que derive de un armado nacional y propone dirimir candidaturas en internas abiertas. Para Rosario piensa en María Eugenia Schmuck y a nivel provincial dice que no va a construir su eventual postulación en base a confrontar con la gestión de Omar Perotti, con quien confiesa tener una buena relación. No cree que la elección ya esté ganada por la oposición, ni en la provincia ni a nivel nacional. “Podés tener un 80 por ciento de imagen positiva y que no te vote nadie”, advierte. Opina de la política, que dejó de hacer su arte, y las amenazas de los que pelean desde afuera del sistema y que pueden provocar que estalle todo. 



—¿Ya decidió si va a ser candidato a gobernador?

—No tomo decisiones personales en esto.

—¿Si se lo pide su partido aceptaría?

—Me gustaría si logramos armar una fuerza santafesina que tenga claridad en cómo pararse frente a la política nacional y cómo aportar desde una identidad que influya en el proceso nacional. También me gustaría saber qué opinan los rosarinos y rosarinas. A mí me va a importar mucho cómo se ve eso desde acá y me voy a dedicar mucho a medir el pulso en el mano a mano, no en encuestas.

—¿Cómo sería el armado del Frente que imagina?

—Diseñemos un programa bien santafesino. Las fuerzas políticas que tienen más presencia en Rosario no son las mismas que las nacionales, aprovechemos esa oportunidad. Eso incorpora sectores del PRO y del peronismo, y también a organizaciones sociales, sindicatos, una amplia representación de la sociedad en la construcción del Frente, como fue siempre. Porque en la historia de la Alianza Santafesina y luego del Frente Progresista siempre hubo sectores peronistas y sectores más conservadores. La Alianza se constituyó con un ex intendente de la dictadura, si querés en términos más extremos. Yo ahora veo niveles de debate sobre un partido político democrático que es forzado. Como el tiempo es muy corto, el programa es decisivo. Yo creo en eso, ese es mi frente. Y después ese frente participará del armado nacional de la oposición. 



—Parece una diferenciación sólo semántica. Un frente santafesino que después va a estar en un frente nacional y será parte de la grieta…

—No es semántica. Mirá Corrientes, mirá Mendoza y mirá Jujuy. ¿Te parece que son ejemplo de la misma grieta nacional o son diferentes? ¿Qué hicieron? Esto. ¿Por qué el gobernador de Corrientes es muy difícil hoy de ignorar en Buenos Aires? Porque sacó el 65 por ciento de los votos en su provincia con un frente que abarca 32 partidos. ¿Por qué es una voz escuchada en el armado nacional? ¿Por lo que pesa la cantidad de electores de Corrientes? ¿Cómo resolvés el peso poblacional a la hora de que en Buenos Aires te den bolilla? Con tu espalda política. 

—¿No juega en contra de Rosario y Santa Fe el peso nacional que tienen, que no es el de Corrientes, y puede generar más competencia con la Nación?

—Más a mi favor. ¿Por qué se logró el Fondo del Conurbano? Porque Reutemann era un actor importante en el concierto nacional. Otro ejemplo fue Binner en la Corte. ¿Por qué pudo ir? Porque atravesó varios gobiernos con una fortaleza interna en su armado provincial súper ancho, además de que logró que lo acompañen los otros gobernadores. El proceso es largo, pero en 14 años vas a consolidar el mayor triunfo federal de esta provincia en términos institucionales de la historia. Si no tenés espalda política, en Buenos Aires no te dan respuesta y te das contra la pared.

—¿Cuántos dirigentes en Santa Fe están convencidos de esta idea?

—Prácticamente todos están en esta lógica, en esta comprensión.

—Se ve a muchos jugando con referentes nacionales partidarios, en la antigua lógica.

—Eso es otra cosa. Es aparecer en los medios, lo que te permite repercusión, es táctica electoral y está bien. Pero la idea es esa, y ya la hablamos con el radicalismo y con el socialismo también.

—¿Qué nombre le pondría al frente?

—Cambia Santa Fe, como es Cambia Mendoza y Cambia Jujuy. A mí me gusta la experiencia mendocina, correntina y jujeña. ¿Qué nombre me gusta a mí? Arriba Santa Fe, porque nosotros somos el frente Arriba Rosario, pero no voy a imponer la marca.

—¿Iría a una interna para definir candidato a gobernador?

—Si. Yo nunca hubiera sido intendente sin interna abierta. No por estar ahora en una posición de poder, como me da la Intendencia, voy a ser poco consecuente. También podría darse que si yo fuera candidato a intendente y alguien quisiera ir a una interna abierta, está en su derecho. Una de las grandes patologías de la Argentina es la repitencia electoral, porque es muy difícil ganarle al campeón. Creo que hoy las internas permiten canalizar expresiones sociales que la política tiene que permitir canalizar. Por eso hablo de la anchura del frente, porque si no, hay fenómenos políticos que se escapan.

—Esta semana usted formuló fuertes críticas hacia la gestión de Perotti. ¿Por qué en este momento?

—Yo creo que hubo una interpretación. Yo planteé muchas de las cosas que tuvimos que gestionar en pandemia pero hice hincapié en lo nacional. Tengo una muy buena relación con el gobernador y tengo claro que eso fue muy positivo en la pandemia. No pienso construir una campaña electoral en base a confrontar. A mí me toca una tarea de reconstrucción que cuanto mayor nivel de acuerdo logre mayores respuestas voy a tener. Valoro mucho que el gobernador, siendo del signo del gobierno nacional, incorpore la agenda rosarina a la pelea. Y lo pongo por encima de todo, aunque me digan que electoralmente no sirve.  Ahora, ¿yo gestionaría de la misma manera? No. Y quiero que las elecciones las gane el nuevo frente. 

—Son frecuentes sus referencias en las que realza el rol del radicalismo en el nuevo armado político, a pesar de tener su propio partido, que es Creo. ¿Está pensando en volver a la UCR?

—No, no, no, no. Siempre hago la misma broma. Hice todas las inferiores en el radicalismo. Soy doctrinariamente radical. Cuando en el 2009 Hugo Marcucci reinauguró la sede del comité provincial del radicalismo, yo era presidente del ARI y me invitó. Volvía al comité después de muchos años, y me reencontré con amigos de toda la provincia, había tenido el accidente, fue todo muy afectuoso (N de la R: se refiere a un accidente automovilístico en el que resultó gravemente herido en 2005). Uno se me para al lado y me dice: ¿loco, cómo no volvés?, mirá cómo te quieren. Le respondí: porque si yo vuelvo, la mitad no me saluda más. Tengo una generación de personas con las que nos criamos y formamos juntos en responsabilidades de gobierno a nivel federal. En la reconstrucción de un esquema federal, el radicalismo es un partido imprescindible. Por eso hablo mucho del radicalismo. Y creo que en la provincia es parecido: Leonel (Chiarella) en Venado Tuerto, la experiencia de Dionisio (Scarpin) en Avellaneda, Mario (Barletta) en Santa Fe, un montón de experiencias señeras del radicalismo a nivel provincial. 

—¿En qué se diferencia este nuevo frente que impulsa del Frente Progresista?

—Los partidos deberíamos ser parte de una lógica desde el interior, desde el federalismo, e influir en el armado de la oposición a nivel nacional. Creo que la construcción anterior fue al revés, fue muy metropolitana, y de algún modo gana porque capta el voto que no quería más esto que había. Pero las coaliciones por la negativa son efímeras. Ojo con la idea de que tenés el partido asegurado porque al gobierno le va mal. Que es lo que noto. Ya está, el próximo gobierno es de la oposición, dicen. Sí, si, es probable. Pero ojo que ese espacio no lo tenés comprado por la experiencia anterior. Puede pasar que estalle todo.

—¿La alianza que piensa para la provincia se puede replicar en Rosario?

—Igual, incluso más ancha aún. En Rosario hay una tradición y una cantidad de expresiones políticas y sobre todo sociales más amplia. Y la historia del Frente es más fuerte. 

—En caso de que sea candidato a gobernador, ¿hay nombres de eventuales sucesores en la Municipalidad?

—Nuestro espacio seguramente va a impulsar a María Eugenia Schmuck, pero nos imaginamos una interna abierta, competitiva. Creo mucho en las coaliciones de agregación, no hay más verticalidad, la sociedad es horizontal. Estás listo si a la vieja usanza querés imponer un sucesor. No existe más.



—¿Como ve el proceso que se está dando en el socialismo?  

—Es un partido mucho más orgánico, que hoy tiene sus matices internos y que durante muchos años entendió esto conduciendo. Si conducía el socialismo, valía todo. Ahora, que el socialismo no conduce, parece que es más difícil aceptar otras cosas. Es un proceso político lógico. Le pasó al kirchnerismo, mirá si no le va a pasar al socialismo o a otros partidos, o a nosotros. Se terminó la lógica de los procesos políticos eternos. No existen más en ningún lugar del mundo. No hay más PRI, no hay más peronismo como era antes. 



—¿Cómo se arreglan diferencias como las que tiene el intendente Jatón con Corral, que integrarían el mismo espacio?  

—Emilio tiene una gran trascendencia para nuestro frente porque le aporta una diversidad que no teníamos. Tiene un vínculo muy fuerte con el socialismo y también tiene un partido distrital y una muy buena relación con Barletta y muchos sectores del radicalismo. Creo prioritario que defendamos la gestión en la ciudad de Santa Fe. Tenemos herramientas para resolver esa situación.

—Si siente que los rosarinos quieren que se quede otro período en la Intendencia, ¿qué hace?

—A mí me influye mucho la posición de la gente de mi ciudad. Pero creo también que nosotros tenemos que asegurarle a la ciudad un proceso donde sea más escuchada. Así como hablamos de cómo se debe escuchar a Santa Fe a nivel nacional, también está cómo es escuchada Rosario a nivel provincial. Eso es lo que más me motiva a decidirme o poner una mirada en ser candidato a gobernador, la posibilidad de resolver muchos de los problemas estructurales que Rosario tiene. Hoy tiene un tapón, porque nos ven con miedo en la provincia, y es al revés, podemos ser un gran motor para el desarrollo provincial.

—¿No es un riesgo electoral muy grande para su partido que usted no sea candidato en Rosario?

—A mí me tocó una vida de riesgo en política. No soy alguien que haya tenido una carrera política basada en la certidumbre. También fue un riesgo enorme el posible papelón que mucha gente nos auguraba cuando decidí ser candidato en 2015. Y no gané pero construimos algo que nos permitió llegar.

—Pero ahora es diferente porque es intendente y se supone que es más fácil pelear una reelección que intentar la Gobernación.

—Sí, sí. Porque está el fenómeno del campeón. Contra eso reniego un poco. No me voy a basar en eso para la decisión. Hay que animarse a abrir procesos, siempre me tocó construir cosas. Y las cosas se construyen tomando riesgos. Porque además por muchas razones en mi vida tengo bastante conciencia de los límites cuando hacés las cosas muy personalizadas.

—¿Le cambió la mirada lo que le pasa con su enfermedad? 

—Lo viví hace 15 años con el accidente. El proceso de ahora es nada con respecto a aquello: silla de ruedas varios meses, un año y pico de rehabilitación todos los días, un año entero de doble turno, que te bajen con una cadenita al agua y te lleven en brazos a un rincón de la pileta. Así como socialmente se terminó el fenómeno de los grandes liderazgos que no tengan un poquito más de anclaje en la realidad de los tiempos, no me creo que esto pueda depender de una persona, aunque pienso vivir muchos años. 

—¿Qué es lo que más le cuesta de la decisión de ser candidato a gobernador?

—Imaginarme fuera de acá todos los días. En mi rutina familiar, en mi rutina de vida, en la forma en la que uno vive la ciudad; prácticamente no tuve grandes cambios al ser intendente. Y creo que es una de las cosas que la gente más valora. Eso sí me daría un poco de miedo. Soltar la idea de que una persona común pueda gobernar una ciudad. A escala provincial es otro mundo.

—¿Cómo mide el pulso de la gente ahora que está menos en las redes?

—Camino mucho. Las redes prácticamente las uso en términos de comunicar, el equipo las gestiona porque ahí surge mucho contacto. Pero no yo. Antes miraba el timeline de un tuit. Ahora cero. Consejo de mi amigo Facundo Manes de mayo del 2020. Twitter es una red de odio. Si hay algo interesante me lo pasan o si quiero ver un tema, me meto. Pero no lo que hacía antes. No tengo redes sociales en mi teléfono.


Backstage de la entrevista

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