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Informe

La Quinta de Funes: el centro de detención clandestino que vio nacer el proyecto político de Galtieri

Allí, frente a la mesa de trabajo, cerca de esos aparatos negros que lo habían sobresaltado en su primera jornada en Funes, estaba Galtieri, rodeado de los oficiales de mayor rango. A su alcance una botella de Johnnie Walker, etiqueta negra, algunos vasos y una hielera.

—¿Qué opina de la situación del país? -preguntó Galtieri- Digo, de esta guerra. Para mi el enfrentamiento con la guerrilla es lamentable. Esto es una guerra muy fea entre argentinos. Nosotros no queremos matar argentinos.

—Yo pienso que la guerra terminó -mintió el Pelado.

—¿Le parece? Yo creo que se equivoca. Tal como van las cosas, la guerra se puede prolongar como cinco años más. Y sería terrible que eso ocurra… ¿no le parece?

El rostro grande y carnoso que se le aproximaba por encima de la mesa tenía ahora una expresión mansa, dulce y confidencial. Parecía un abuelo reclamando que el nieto hiciera los deberes.

—Mire, Dri… Le quiero pedir que colabore para que esto se termine cuanto antes. Todos tenemos que poner el hombro para ordenar el país. Después…

-Se rascó la nuca con una mano gorda y rosada— Después tenemos que juntarnos y hacer el gran país que todos queremos. Pero primero hay que acabar con la guerra, poner orden.

Y se puso de pie para dar por terminada la entrevista, no sin antes estrecharle calurosamente la mano. “¡Qué lo parió!” se dijo el Pelado. “Este es un tipo peligroso”.


Con estas palabras, Miguel Bonasso reconstruye en su libro “Recuerdo de la Muerte” (1994) el encuentro entre el entonces jefe del II Cuerpo del Ejército Leopoldo Galtieri y Jaime “El Pelado” Dri, ex detenido-desaparecido y único sobreviviente de los detenidos desaparecidos que fueron encerrados en la Quinta de Funes. La entrevista tuvo lugar en la casa principal de la Quinta, las primeras semanas de 1978, poco después de que los altos mandos de la Dictadura dieron el disparo de largada de la Operación México. 

El terreno ubicado en la intersección de la Ruta Nacional Nº 9 y la calle San José resguarda una gran cantidad de árboles añosos, una pileta de natación, dos vestidores pequeños, una cancha de tenis, una huerta, una casa de dos habitaciones y un galpón. Ese veraniego escenario fue el espacio elegido por los militares en 1978 para llevar adelante una de las formas más perversas y menos popularizadas de represión: los intentos de reconversión ideológica.

El área de influencia de Rosario pertenecía a una de las cinco zonas determinadas por las Fuerzas Armadas (FFAA) para organizar el plan sistemático de represión. Las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones pertenecían a la Zona 2, al mando del II Cuerpo del Ejército, cuyo líder entre 1976 y 1979 era el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, a quien la doctora en Historia por la UNR y autora de numerosas publicaciones e investigaciones sobre el accionar de la última dictadura militar en Rosario, Gabriela Águila, define como integrante del ala “de los duros” al interior de las FFAA. Galtieri dirigió la maquinaria represiva durante los años de mayor persecución, y allí forjó un nombre que lo llevaría hasta la primera magistratura del país.

Rosario, un pasillo a la presidencia militar

En diálogo con Suma Política, Águila sostiene que el paso por la titularidad del II Cuerpo del Ejército tenía un enorme peso en el currículum de los jerarcas militares.

“Si bien la carrera militar de Galtieri tuvo lugar en otros destinos, una parte muy importante se desarrolla en Rosario”, describe la historiadora y subraya que el entonces teniente general no dejará el cargo hasta 1979, momento en el que salta de la comandancia del II Cuerpo del Ejército a ser comandante en jefe del Ejército, salto previo para llegar a ocupar la silla de presidente. “Uno que tiene un paso parecido es (Roberto Eduardo) Viola, con un recorrido similar. Dos de los jerarcas más importantes pasaron por el II Cuerpo del Ejército. El paso de Galtieri, entre octubre de 1976 y febrero de 1979, corresponde al momento más intenso del accionar represivo en la zona”, apuntó.

Águila sostuvo que el II Cuerpo del Ejército “tiene una preponderancia, entre las cinco zonas militares, y Rosario es un destino militar importante, porque es la segunda ciudad del país disputando esa situación con Córdoba que además era la sede del III Cuerpo del Ejército. Era un hito en las carreras militares y políticas”.

Galtieri era parte de “los halcones”, o del ala más dura y clásica dentro de las internas militares. La docente explicó que si bien las FFAA se distribuyeron el poder de forma tripartita entre ellas bajo el éjido de un “sistema de contrapesos que buscaba evitar la hegemonía de una fuerza sobre las otras dos”, el Ejército tomaba preponderancia dado que tenía “mayor cantidad de efectivos, presencia en todo el país y controlaba en todo el territorio nacional el ejercicio de la represión. Dentro del Ejército había facciones, los duros y los moderados, los halcones y las palomas”. Según la investigadora, esto tenía origen en los posicionamientos sobre la aplicación de la represión, qué hacer con los civiles, con los sindicatos, con los partidos políticos, entre otras contradicciones y debates.

“Algunos de sus exponentes eran nacionalistas, algunos eran más liberales, otros corporativistas. Había tensiones, fracturas, proyectos distintos y la facción hegemónica es la que comanda Videla. Para muchos en aquel contexto, Videla era uno de los generales moderados dentro del Ejército, contra sectores que cuestionaban la política económica liberal de Martínez de Hoz. Todas estas disputas marcan la historia de las internas militares”, detalla la autora del libro “Dictadura, represión y sociedad en Rosario”.



La casona del horror

Lautaro Danna, integrante de la mesa promotora del Espacio de Memoria La Quinta de Funes, afirmó a Suma Política que la Quinta “es una articulación con los centros clandestinos de detención (CCD) de la zona, es una intersección” en donde “no había torturas físicas pero sí psicológicas”. Águila directamente habla de la Quinta como un lugar “espinoso”, debido a sus particularidades.

El CCD Quinta de Funes “vendrá a alterar todos los patrones comunes con los que se venía desarrollando el accionar represivo tanto en la región como a nivel nacional”, advierte la politóloga Maité Cagnin en su tesis de grado y agrega que la estrategia “consistía en capturar a los principales dirigentes de la organización Montoneros en la ciudad de Rosario, ocultar sus caídas, de tal manera que en lugar de quedar capturados en un centro clandestino víctimas de terribles torturas, siguieran funcionando como militantes montoneros, manteniendo sus secretarías, la prensa clandestina y desmantelando lo que quedaba de la organización”.

“Una vez convencido el militante por medio de presiones, se lo obligaba a brindar datos sobre la ubicación de casas clandestinas y la realización de ‘citas’ con otros elementos. El personal del Ejército concurría de manera encubierta a estas citas para lograr capturar el mayor número de montoneros posible. Estos nuevos detenidos eran sometidos al mismo tratamiento que los anteriores, retroalimentando una cadena que concluiría inevitablemente en el aniquilamiento total de la organización en la ciudad de Rosario”, describe la licenciada en Ciencias Políticas en su texto.

La Quinta funcionó como espacio para recibir a cuadros importantes de la organización Montoneros provenientes de otros CCD, y llevarían adelante trabajos forzados en el interior del predio, permanentemente vigilados por oficiales de Gendarmería Nacional vestidos de civil. “Los primeros 14 fueron trasladados desde La Calamita”, ubicado en avenida Eva Perón 1530 de Granadero Baigorria; “eran cuadros que cumplían responsabilidades importantes al interior de Montoneros como (Edgar Tulio) ‘Tucho’ Valenzuela. Acá, Galtieri tiene la loca idea de reconvertir a los militantes que integraban las organizaciones armadas pensando que si lograba desarticular las cúpulas, ellos iban a desistir y cooperar con los militares”.

Al ser consultado sobre la importancia estratégica de la Quinta en el esquema represivo, Danna explicó a Suma Política que “a través de este lugar a pocos kilómetros de Rosario pero con seguridad y apartado, Galtieri buscaba operativizar un final de ciclo de la dictadura y construir un lugar de conversión ideológica para los militantes secuestrados”.

En este contexto es donde aparece la Operación México, una operación de inteligencia que buscaba, por medio de la utilización de militantes secuestrados, llegar a los jerarcas montoneros que integraban la dirección nacional de la organización, que se encontraban exiliados y escondidos en el Distrito Federal, México.



De Funes a México

“La operación intentó ser metodológica y políticamente hablando el proyecto para aniquilar la cúpula de Montoneros que se encontraba en el DF. La única forma de llegar a ese escenario posible era a través de un integrante de la organización central de Montoneros, y eso se dio a través de ‘Tucho’ Valenzuela”, quien según el relato de Danna y las reconstrucciones del periplo de Valenzuela, se detuvo con sus secuestradores en Guatemala para llegar dos días más tarde a la capital mexicana. Allí, el montonero se deshace de ellos y le cuenta a sus camaradas de las intenciones militares; Montoneros brinda una conferencia de prensa a través de la cual se reveló al mundo no sólo la Operación México, sino los horrores en una apartada casa quinta en las inmediaciones de Rosario. 

“Si bien esto acaba con el plan de Galtieri y de la cúpula militar, aparece una situación traumática y dificultosa donde se lo tacha de traidor a Valenzuela dentro de la organización guerrillera”, contó el funense.

Valenzuela logra salir de México junto a sus compañeros y, en Cuba, es relegado de su rango al interior de la organización revolucionaria. Poco tiempo después, regresa para buscar a su pareja, Raquel Negro, embarazada de dos mellizos, pero sería ultimado por la dictadura paraguaya en connivencia con los militares argentinos en Paso de los Libres. “Raquel Negro llega a dar a luz en la maternidad de Paraná a dos mellizos, de la cual la única que hasta hoy recuperó su identidad es Sabrina Gullino”, que lo hizo en 2008. Su hermano tendría actualmente cerca de 49 años de edad. Aún lo siguen buscando.

Si bien el final de la Operación México no terminó con las ambiciones presidenciales de Galtieri, puso en la agenda periodística internacional los crímenes que la dictadura llevó adelante por aquellos años: “El 19 de enero de 1978 los periodistas mexicanos llaman al 93200, el teléfono que tenía la Quinta, y atienden los integrantes de la patota, a quienes les preguntan con los nombres de los detenidos. Eso genera una tensión que hizo que los tratos cambiaran al interior de la Quinta y detonó que los detenidos fueran trasladados a la escuela Magnasco en los primeros días de febrero, donde estuvieron cerca de 20 días, para luego ser llevados a La Intermedia, una finca de la propiedad de la familia Amelong hasta mediados de marzo. Allí los asesinaron”, concluye Danna.


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