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Sociedad

La superación de Messi y Scaloni, y un “remedio amargo” que disparó el festejo argentino en Qatar

Nacido en Carcarañá, Pablo Sucarrat (44) vivió y vive en Rosario, donde formó su familia y se dedica a una profesión poco habitual: es licenciado en Psicología (UAI) con especialización en Psicología del Deporte (UNR). Fue psicólogo deportivo de Rosario Central hasta el año pasado, también cumplió esa tarea en Colón de Santa Fe, y ahora asesora al cuerpo técnico de la Selección de Honduras y al Coquimbo de Chile. 

Sucarrat dice que si bien la FIFA desde 2020 en un documento titulado “Licencia para Clubes”, afirma que todos los clubes de fútbol deberán tener un psicólogo deportivo como parte de su plantel, no puede confirmar que todos los equipos realmente lo tengan, y tampoco sabe si lo tiene nuestra selección. Hoy, todavía saboreando el gusto del triunfo épico de la Argentina en el Mundial de Fútbol de Qatar, asegura que el clima emocional que logró el grupo, la dinámica que generó, “fue el factor que capitalizó todo lo demás”.

“Fue un remedio amargo —dice Sucarrat—. Después de la primera e inesperada derrota, en lugar de desmoralizarse y desanimarse, el hecho de que ya fuera un grupo consolidado les permitió tener una actitud y una convicción firme por lo que buscaban, lo que querían. Fue algo así como cuando uno va al médico y le dice: doctor, haga lo que tenga que hacer, pero sálveme”.



—¿Como que se pusieron totalmente en manos del técnico? 

—Creo que la idea que primó fue la del equipo, la de la Selección por encima de todos. Fue un trabajo del cuerpo técnico y de los referentes del plantel: Messi, Di María, el Papu. Scaloni fue uno de los entrenadores que hizo más cambios. Lautaro Martínez era el segundo goleador después de Messi y sin embargo lo sentaron en el banco y lo pusieron a Álvarez, que tenía pocos minutos en la Selección. Lo Celso se quedó afuera: sólo quedaron los que estaban en mejor condición física. Fue una toma de decisión muy fuerte, y todos asumieron el rol que les tocaba sin chistar, sin una protesta. Fue una total adherencia a la figura del entrenador, algo que no le pasó a Portugal, por ejemplo, donde hubo problemas porque lo dejaban a Cristiano en el banco. 

—¿La derrota frente a Arabia Saudita fue tan influyente en la victoria final?

—Bueno, con el diario del lunes todos hacemos interpretaciones (risas). Lo que creo es que se pudo capitalizar para bien. Tal vez no ocurría lo mismo si era un partido fácil y ganábamos. Fijémonos en el ejemplo de España, que ganó 7 a 1 el primer partido y se tuvo que volver en octavos de final. La toma de conciencia después del primer cachetazo a tiempo ordenó todo. 

—¿El equipo, como grupo, funcionó sin fisuras?

—Lo que se vio desde afuera, porque yo no estaba adentro, fue que no hubo ningún run run… Todos estaban dispuestos a todo y había plena confianza en la figura del entrenador y un respeto absoluto por el grupo. Dybala entró para los penales y festejó con la misma alegría que todos. El Kun Agüero ya no juega en la Selección y fue a compartir la habitación con Messi, como hacían antes. Scaloni dio una tarde libre: hubo muñeca, percepción de qué les hacía falta. Antes las concentraciones eran aisladas, herméticas, no entraba ni salía nadie. Pero ese es un molde que se rompió. Algunos lo cuestionaron. A mí me pareció perfecto. A menudo es importante hacer un reseteo, no estar las 24 horas pensando en lo mismo. Hoy el papel de las familias es otro, la época es distinta, hacen falta otras cosas. 

—La figura de Messi como buen deportista, padre de familia, amigo de sus amigos, ¿creés que va a trascender el fútbol?

—Creo que sí, me llama poderosamente la atención cómo los niños lo incorporaron como líder, cómo ídolo. Y son las generaciones futuras. El deporte es una herramienta, no un fin, es una herramienta de superación, el deporte enseña sobre la vida. A Messi no le fue fácil desde el comienzo, tenía un físico disminuido, siendo apenas un chico se inyectaba hormonas, sufrió el destierro cuando se fue a vivir a Barcelona, sufrió el desprecio del periodismo y de la gente cuando no se le daban los triunfos con Argentina y hoy superó todo eso y está en la cima. Además, es un tipo no común: hoy podría caerle como un rayo a este y a aquel que lo criticaron y no lo hizo. No va desde la violencia, al contrario. Y esto trasciende el fútbol. Trasciende todo: en esto no hay grieta. 

—Este tipo de liderazgo ¿puede ser un disparador para que mejoremos como país?

—Lo digo desde el deseo: me gustaría. Tendremos que seguir adelante pero hoy están muy a mano buenos ejemplos para reeducarnos en muchos aspectos. Y eso será un trabajo de todos los que tenemos cierta responsabilidad.

—Se ha dicho algunas veces que Messi podría tener un diagnóstico de Asperger, una forma de autismo…

—No podría hacer un diagnóstico, estaría mintiendo, no lo conozco. Pero de mi parte, con todo lo que ha hecho y por cómo responde, con la familia que tiene, con sus amigos, no, sinceramente no lo creo. 

—¿Y de las actitudes del Dibu, qué se puede decir desde el punto de vista de la psicología? Él mismo hace mucha propaganda a la terapia, a su psicólogo…

—Todos los compañeros lo quieren mucho. Las conductas, si se ponen en otro contexto o si escuchamos a gente de otros países que lo critican, se transforman en algo anecdótico. Lo más importante es qué hizo de su vida, su superación, el cariño que le tienen. Tanto Messi, el Dibu como Scaloni son ejemplos de superación. 



—Scaloni fue criticadísimo. ¿Cómo hace una persona desde el punto de vista psicológico para ser cuestionado y sin embargo seguir adelante?

—Es cierto. Scaloni enfrentó la adversidad desde el principio; le ofrecieron la Selección por un par de partidos y lo aceptó en un momento muy difícil, se criticó que no tuviera experiencia. Para enfrentar la situación como él lo hizo tiene que existir una fortísima convicción: si alguien sabe lo que va a hacer, que todos los demás hablen, el problema… es de los demás. Ahora no sale nadie a decir que criticándolo se equivocó. El tenía una gran convicción, y esa convicción lo llevó adonde lo llevó: tres finales, la Copa América, la Finalíssima con los italianos, y ahora la Copa del Mundo. 

—¿Pero no existen personas sin los recursos psicológicos para enfrentarse con esta adversidad, personas que tiran la toalla a mitad del camino?

—Claro, no todas las personas llegan. Hay quienes tienen los conocimientos, a veces mayores conocimientos, pero no tienen la convicción. Podés tener todas las habilidades pero si te falta la convicción de seguir aunque los demás no crean en vos, no seguís. La convicción es un combustible para seguir adelante e ir detrás del objetivo.

—Hay que tener mucha confianza en uno mismo, hay que ser el Dibu frente a los franceses pateando penales y jugándose la Copa del Mundo… 

—Es que en el deporte la confianza es la emoción madre: lográs hacer lo que sabés hacer. Hay personas que dudan, y otras en cambio no sólo hacen lo que saben hacer sino que se animan a ir más allá y ese salto es el que hace la diferencia. 

—¿Y si Dibu no hubiera atajado los penales, no hubiera parecido arrogante en lugar de confiado?

—No. La arrogancia es creerse antes de la acción, la confianza es poder ejecutar la acción con confianza. Y fue lo que él hizo. 



—Para los argentinos, el fútbol, ¿es realmente algo muy particular, distinto? Parece que en ningún país del mundo hubo tanta gente festejando el mundial…

—A nosotros siempre el fútbol nos significó algo. En el 78 en plena dictadura nos dio una alegría, en el 86, post Malvinas… no en vano, la canción “Muchachos” habla de los chicos de Malvinas, y ahora, en un contexto de pandemia, de inflación, el fútbol nos vuelve a dar esa alegría. 

—¿Es un espectáculo que nos alivia?

—No es un espectáculo solamente, para nosotros es algo más. Le buscamos la magia, es una expresión que trasciende culturas, es una mística.

—Maradona fue nuestro Dios pero como hombre que anda por la vida se lo ha cuestionado mucho. Ahora Messi, tan distinto. ¿Es necesario defenestrar a Maradona para quererlo a Messi? ¿Se los puede querer a los dos?

—Evidentemente sí. Y también evidentemente creo que de los dos la coincidencia de la magia es crucial. Ahí está el néctar, la esencia de ésto. Lo que tanto Diego como Messi nos dieron como jugadores.

—¿Messi es mejor ejemplo que Maradona?

—No sé si ambos tienen que ser ejemplo. Maradona dijo muchas veces no quería ser ejemplo de nada. No sé si Messi es mejor o peor, son muy distintos. Las generaciones nuevas lo incorporaron como líder a Messi. Mi propio hijo me dijo que él no imagina que pueda aparecer alguien similar. Lo inmortalizaron para siempre. Así como hay muchos que se identificaron e identifican con Maradona, hoy otros se identifican con ese hombre de familia que es Messi… 

—Pero entonces parece que hay más identificados con Messi que con Maradona…

—Messi es más actual y la identificación ocurre en generaciones mucho más jóvenes. Es un fenómeno nuevo todavía, tenemos que estudiarlo más. 


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