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Política

Milei busca poner el foco en 2027 pero la caída de representación no afloja

Con la llegada de Diego Santilli a la jefatura de Gabinete, un nuevo anuncio de Luis Toto Caputo sobre apalancamientos internacionales para sostener la creciente deuda externa sin que explote, la distracción (apasionante) del mundial de fútbol y el enredo persistente en la oposición peronista, que por ahora no ocupa el vacío decepcionante de un gobierno que sólo ofrece una presunta perspectiva futura en medio de un presente gélido y cruel para las mayorías, la Casa Rosada se enfocó rápidamente en trajinar la unificación del poder alrededor del presidente y su pretendida reelección.

Las presencias de Milei en lugares públicos, como el caso de Tucumán (vigilia del 9 de Julio), demuestra, sin embargo, un abismo asombroso en su vínculo con la población.

Con todo, la jugada de agruparse y lanzar el horizonte de la reelección es técnicamente correcta: nada para ofrecer y, ante la desolación, la salida individual, esfuerzo y progreso sin el estorbo del Estado. La premisa, desde ya falsa, sin embargo, interviene a propósito de un clima de época, aun ante el fracaso evidente, en el imaginario de amplios sectores humildes. Y no es la primera vez que ocurre en la historia reciente: con la reelección de Menem en 1995 —que dejó en modo sorpresa a gran parte de la sociedad argentina, justamente los que no lo votaron—, y por investigaciones posteriores, se concluyó que la mitad de los votantes de Menem en el 95 adherían a concepciones “estatistas y redistributivas”. “Es decir, salvo el núcleo duro de la sociedad promercado, ideológicamente ultraliberal, no había adhesión ideológica sino que el respaldo electoral respondía a otros condicionamientos, donde los valores abstractos fueron de menor relevancia”, puntualiza el investigador Alejandro Grimson en el capítulo “El menemismo” de su muy recomendable libro ¿Qué es el peronismo? (Editorial Siglo veintiuno).

También Mauricio Macri, que perdió su reelección en 2019 en medio del fracaso sobre todo macroeconómico, conservó los mismos cuarenta puntos del electorado que, por caso, obtuvo Javier Milei en octubre de 2025 (elecciones intermedias).

Tal vez por eso el endeudamiento externo permanente de los gobiernos de la derecha liberal —ahora con el dramático agregado del endeudamiento familiar a gran escala, algo sin precedentes— no sea tan revisado como motivo del voto en amplios sectores, aunque sí sus resultados transitorios: la estabilidad cambiaria y la baja (relativa con Milei) del proceso inflacionario. Al cabo, los 40 puntos electorales de base unificados en el anti peronismo —una categoría política centenaria en la Argentina que desde ya antecede a la emergencia del propio peronismo en 1945— son tan persistentes en la puja electoral como el propio peronismo.

Aunque se trate de un momento ciego de la política nacional, donde nadie ve mucho más adelante —ni el oficialismo ni la oposición—, lo cierto es que el círculo rojo del poder (que por ahora mantiene a Milei como su candidato), apunta al número 40, rascando la olla, y desde ya alineando a buena parte de los líderes lugareños (gobernadores) que suelen conformarse con algunos beneficios, y acompañan. Para que el número 40 rinda todos los frutos posibles, creen en la Casa Rosada, es perentorio romper cualquier sistema electoral (como las PASO) que pudiera colaborar al ordenamiento opositor. Ahí apunta el nuevo “músculo” político de Milei, por eso, tras la salida del fallido Manuel Adorni, llegó El Colo Santilli.

La controversia es que la eliminación de las PASO complica a los socios del gobierno en aquellas provincias donde también rigen elecciones PASO locales. ¿Cómo argumentar, para radicales, PRO, provincialistas, que apoyan quitar las internas abiertas nacionales, pero las mantienen en el territorio provincial? Con todo, la posibilidad de que ocurra está abierta, a cambio de que LLA, en algunos casos, desista de entorpecer el desempeño electoral del candidato del gobernador. Pero no en todos, desde ya.

La discusión acerca de “si están o no están los votos” para sacar las PASO, por ahora es prematura en el Congreso. En medio del mundial y del encadenamiento de vacaciones provinciales de invierno, no hay clima para decisiones de ese calibre; recién en agosto empezará a quedar más claro ese panorama. Sin embargo ya hay gobernadores que dicen “no nos gusta sacar las PASO, pero las podríamos suspender otra vez”, como accedieron a hacerlo en 2025 para las intermedias nacionales.

Entre tanto, en el peronismo empiezan a ver que la suerte del PJ y del campo nacional en las próximas elecciones, si bien podría facilitarse con el ordenador de las PASO vigente, adolece, por ahora, de una capacidad de ingresar en la cabeza y el corazón de las mayorías como expectativa de candidatos/fuerza política ganadora. Por más que sigan las PASO y Axel Kicillof y el kirchnerismo cristinista vayan civilizadamente a una interna, eso no garantiza recuperar la épica, exhalar ese aroma que flota en el aire del país cuando se huele un cambio de régimen político, bastante antes de que suceda.

Aunque el oficialismo consiga suspender las PASO de 2027 —con más chances en Diputados que en el Senado— al PJ le quedará siempre la posibilidad de mostrar rebeldía y organizar su propia interna (abierta, o de afiliados), al cabo una oportunidad de generar una movilización nacional, y ocupar el momento de vacío que hoy está más vigente que nunca. Es lo que flota en el aire, un tercio de los argentinos no tienen ni idea de qué votarían en agosto o en octubre de 2027 (los otros dos tercios, más posiblemente se acomoden en las opciones que votaron siempre, peronismo, antiperonismo).

Por lo demás, y para dar una señal de vitalidad en medio del receso invernal —que alcanza a sectores de empleados parlamentarios pero no a los legisladores—, el oficialismo apuró en el Senado una labor parlamentaria el pasado miércoles, con vistas a una sesión el jueves 16. Allí intentará sacar adelante el proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada”, un texto que fue dictaminado pero luego fue sufriendo mutaciones (más de una quincena). También se incluyó el tratamiento de una treintena de pliegos diplomáticos.

El peronismo se opondrá con todo lo que tenga a mano, en especial por la llamada “ley de tierras”, un viraje de 180 grados a toda la legislación protectiva que prevaleció por décadas, con el detalle de zonas fronterizas de la Argentina. Pero la decisión gubernamental atada a compromisos internacionales apunta quirúrgicamente a ese punto.

Con todo, la decisión de sesionar esta semana deja interrogantes abiertos. Todos recuerdan que fue justamente en el Senado —con la última sesión fallida por falta de quórum— donde terminó de hundirse la insensata defensa del exjefe de ministros, Manuel Adorni. 


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