La oficina tiene la amplitud desbocada propia de las construcciones del pasado. Es el cuerpo de una ballena señorial: ancha, profunda, regada de candelabros, de espejos, de mármol. Un pizarrón con su blancura estridente aparece, en esa edificación barroca elaborada entre 1923 y 1927, como fuera de escuadra. Necesidades que imponen los negocios y la modernidad. A los costados hay un enjambre de fotografías donde Guillermo Whpei, empresario rosarino, 56 años, padre de dos hijas, aparece retratado con el Papa Francisco y con Alberto Fernández. Con el Rey Juan Carlos III de Inglaterra, al que llama “amigo”, y con Victoria Alonso, ex presidenta de la compañía cinematográfica Marvel Studios. Puede vérselo junto a Lech Walesa, el sindicalista polaco que encendió en los ochenta una huelga que cambió el mundo, y con la activista guatemalteca y premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú. Hay premios y distinciones. Se percibe aroma a poder en esa galería de imágenes irregulares a la que corona, colgando de la pared, una obra de Simon Saint-Jean, un pintor nacido en Lyon, Francia, en 1808. “Es increíble, ¿no? Fijate los detalles. La hormiga, las gotas. Tremendo”, señala con admiración y sorpresa Whpei, aun cuando contempla a diario ese tesoro del arte con dos siglos de historia.
Descendiente de inmigrantes árabes, Whpei se define como empresario social, activista y defensor de los derechos humanos. Muchos lo describen, además, como un influyente armador de la política. Sus contactos parecen confirmarlo. La semana pasada habló con el Papa y, entre otras acciones, le hizo llegar una carta del gobernador Maximiliano Pullaro para que, en caso de que Francisco viaje a la Argentina, visite Santa Fe como parte del recorrido. Este tour, se sabe, es por el momento parte de un deseo impreciso. Del hasta hace días presidente Fernández comenta que se quedaba a dormir en su casa cada vez que permanecía en Rosario. Fueron amigos, pero el poder dinamitó esa relación. Ahora tiene una mirada crítica sobre su gestión. “El gobierno de Alberto Fernández fue el peor que se recuerde de la democracia. Si hubiese tenido medianamente éxito está claro que (Javier) Milei no existiría”, conjetura.
Quiere ser prudente al hablar del libertario. Opina que hay que darle tiempo porque hereda “dificultades profundas”, aunque plantea interrogantes por la severidad del ajuste que propone. Con la mayoría de los presidentes electos desde el retorno de la democracia es crítico y rescata a Néstor Kirchner como una excepción. “Con él la cosa empezó a tener aroma a triunfo. Pero duró poco”, lamenta.
—¿Se siente cercano a algún espacio político?
—Yo soy un humanista. Por ende, me siento cercano a todo aquel espacio político que represente esos valores.
Su oficina, la de los mármoles y los retratos, está ubicada en el corazón del Palacio Fuentes, una de las joyas arquitectónicas que atesora Rosario. Adquirió ese inmueble en 2002. Curiosidades del mercado inmobiliario: como un departamento de pasillo o un pequeño monoambiente, la fastuosa construcción realizada a comienzos del siglo pasado con materiales importados de Grecia, Alemania e Italia, enclavada en la céntrica esquina de Sarmiento y Santa Fe, también formaba parte de los avisos clasificados que aparecen publicados en el periódico. Allí descubrió que estaba a la venta. Donde antes funcionó una sede bancaria ahora lucen las piezas del Museo Internacional de la Democracia, una iniciativa que impulsó y que preside.
Es titular de la Fundación para la Democracia Internacional y de la Federación Internacional de Museos de Derechos Humanos, funciones que lo llevaron a presentar una denuncia internacional por la muerte de dieciséis mil operarios que trabajaron en las obras para el Mundial de Qatar. Con la asesoría del juez español Baltasar Garzón presentará el caso ante la Justicia internacional y prepara un documental, en coproducción con Estados Unidos y España, para retratar lo que considera un claro episodio en el que se cometieron “crímenes de lesa humanidad”. Llegó con ese tema hasta el Sumo Pontífice, al que contacta con cierta frecuencia.
—¿Cuándo fue la última vez que habló con Francisco?
—La semana pasada. Y ayer le escribí porque fue su cumpleaños.
—¿Pudieron hablar de la Argentina? ¿Qué mirada tiene sobre el momento que está atravesando el país?
—Bueno, él hace tiempo que viene viendo que Argentina es un proyecto que ha fracasado durante muchos años. Cuando habla de Argentina lo hace con mucho cariño. Recuerda a sus amigos, a sus familiares y a sus rincones en Buenos Aires. Creo que en su tierra fue un incomprendido. Y a veces me pongo a pensar, no sé si estoy en lo cierto, que Argentina tiene esa falencia recurrente de que sus próceres mueren en el exilio.
—¿Pudo charlar sobre la posibilidad de que visite el país?
—Sí, él quiere venir. Creo que es la última oportunidad que tiene. Por las cuestiones de su salud. Hace unos días justamente le mandé una carta del gobernador invitándolo a venir a Santa Fe. Voy a trabajar muy fuerte para que cuando Francisco venga a Argentina sea uno de los lugares donde pueda parar.

Whpei transitó el mundo de las mutuales y de las financieras. Diversificó sus negocios y llegó a incursionar en los medios de comunicación adquiriendo las radios LT3 y Rivadavia, experiencias que él mismo reconoce fallidas. “Nos fue mal. El planteo de los trabajadores fue genuino. Equivocado, porque le reclamaban al que ya no era dueño, pero genuino. Y nunca voy a culpar al que menos tiene”, explica sobre aquella jugada que, acepta, no repetiría. Su recorrido empresarial le permitió hacerse de lo que ha definido como un “patrimonio significativo”, a punto tal que en 2020 se propuso para ser uno de los alcanzados por el fallido proyecto del impuesto a las grandes fortunas. Un gesto de buena voluntad para con el gobierno de su ex amigo Fernández, quien impulsaba la idea junto a los principales referentes del Frente de Todos.
—El ex presidente lo visitó, en abril de 2019, cuando inauguró el Museo de la Democracia. Parecía tener una relación cercana con él. ¿Qué pasó después?
—Cuando venía a Rosario dormía en mi casa. Éramos muy próximos, muy amigos. Éramos porque ya no lo somos. Tengo una diferencia muy importante con él. Dicen que el poder no te cambia, te muestra tal cual sos. Alberto Fernández es un claro ejemplo de que el poder lo mostró tal cual es. En los momentos en los que tenía que mostrar fortaleza para generar grandeza, él no se atrevió a hacerlo. Y la historia le va a guardar una de las últimas páginas.
—¿Las diferencias que lo alejaron de él tienen que ver con cuestiones personales o con su labor como presidente?
—Como amigo me defraudó. Él tenía que tomar una posición de amistad distinta con aquellos que lo veníamos acompañando, escuchando, soportando en ese camino. Pero mi apreciación no es personal. Él, como constructor de un espacio que necesitaba diálogo, fracasó. Yo no pude enterrar a mí mamá y él estaba de fiesta en Olivos. No tenía ningún derecho a ir de la Rosada a Olivos en helicóptero. No hay derecho a esas obscenidades. Más en un país en crisis, donde la gente no podía comer. Esas cosas fueron erosionando el puente entre el dirigente y la gente. Y la consecuencia no es solamente el fracaso presidencial. La consecuencia es que la gente entiende que la política vino a arruinarle la vida. Y no es cierto. Porque la política es la única herramienta transformadora para el bien de la gente.
Su cercanía con la política no se circunscribe a su ya ajada relación con Fernández. Con Pullaro lo une un vínculo fluido, aunque ante Suma Política descarta ser un armador del gobernador. El sábado pasado estuvo con él. No es el único dirigente al que acompaña. Revela que el ex candidato a intendente y actual secretario general del municipio, Miguel Tessandori, se volcó a la función pública por una sugerencia suya. Lo mismo sucedió con otros dos comunicadores sociales, conductores reconocidos en el medio televisivo: Flavia Padín y Gustavo Rezzoaglio.
“Es público y conocido mi acompañamiento a Pullaro. Lo he apoyado y estoy muy feliz de haberlo hecho. Es una persona que tiene un gran desafío por delante. Sabemos el flagelo que estamos atravesando. En todo lo que yo pueda ayudar para que al gobernador le vaya bien, que es el único objetivo que tengo, porque Santa Fe es el lugar en el que vivo, lo voy a hacer. Él sabe que tiene toda mi colaboración. La tuvo cuando fue candidato y la tiene ahora que es gobernador. Yo voy a ser un embajador para él. Este es mi objetivo: que a él le vaya bien y que sea el mejor gobernador que tuvo Santa Fe. Sabemos que el desafío que tiene es muy difícil, sobre todo con la violencia que existe en la provincia y, fundamentalmente, en Rosario. Pero él está preparado para esto”, opina.
—¿Se lo puede definir a usted como uno de los armadores de su candidatura?
—Él tiene más historia política que yo de armador. Me parece que por respeto al gobernador, a Maxi, yo no diría que fui un armador de él. Me parece que no. Fui un colaborador. Hice posible, humildemente, que él pueda hacer pie en una ciudad importante con un candidato que, para mí, tenía todo para darle a Rosario, como es Miguel Tessandori. Hice posible ese acercamiento y creo que eso lo benefició a Maxi. Pero él tenía con qué. Y creo que mi aporte fue humilde en una estructura que él ya tenía armada.
—¿Pudo hablar con él desde que asumió?
—Estuve el sábado con él, charlando un rato. Él tiene la firme convicción de llevar adelante lo que está haciendo. Hay algo que está claro: tiene coraje, sabe lo que tiene que hacer, sabe cómo hacerlo y está dispuesto a hacerlo. No podemos pedir más, ¿no?
—En los primeros días de gestión sufrió amenazas. ¿Cómo tomó esos episodios?
—Él sabía que le iba a pasar. No es la primera vez que le pasa. Cuando fue ministro de Seguridad también padeció muchas amenazas. Tiene convicción, va para adelante y está decidido a ser el mejor gobernador de Santa Fe. Pero si no resuelve la seguridad, no lo puede ser. Yo le tengo mucha fe.
—¿Cuál fue su incidencia para que Tessandori se volcara a la política?
—Miguel es un tipo muy querido en Rosario. Por su historia de periodista, porque fue quien estuvo cada mediodía durante tantos años en la casa de la gente. Porque es un flor de tipo. Honesto, trabajador, consecuente, transparente, ético. Tiene todas virtudes. Y yo consideraba que podía aportar todas esas características personales y a su equipo, que tenía armado, para que Rosario realmente trascienda y dé un giro. La gente decidió otra cosa. Creo que a Maximiliano le sirvió eso. Pero lo que me pone feliz es que el intendente actual considera a Tessandori de la misma manera que lo considero yo y que lo consideré en su momento como candidato a intendente. De hecho asumió la secretaría general de la intendencia para que, justamente, todos esos valores que acabo de describir los pueda llevar adelante porque es un puesto clave, ¿no?

—¿Le gusta que se lo vea como un armador de la política?
—Yo le tengo mucho respeto a la política. Que me vean como un sujeto político en mi sociedad, me pone contento. Primero porque yo no vivo de la política. Vivo para la política, que es muy diferente. Y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para mejorar la vida de la gente, de mi comunidad. Este es mi desafío personal.
—¿Le interesa invitar a gente que no está en la política a que se involucre?
—De hecho lo hice. Con Miguel, lo hice.
—¿Fue usted el que le sugirió ese desembarco?
—Sí, sí, claro. Por supuesto. Con Rezzoaglio lo hice. Y con Flavia (Padín) lo hice. Lo he hecho y lo voy a seguir haciendo porque creo que la política es muy importante. Todo lo que pueda hacer para que la gente buena se meta en política, lo voy a hacer. Porque estoy convencido de que somos muchos más los buenos que los malos. Los malos son organizados. Los hijos de puta son organizados. Pero somos muchos más. Nos van a atacar, a erosionar, a decir lo que no es cierto. Pero hay que seguir caminando.
—Más allá de invitar a personalidades para que se sumen a la política o de acompañar candidaturas, ¿se ha convertido también en consultor de dirigentes locales? ¿Tiene injerencia en algunas decisiones?
—No soy un hombre que pueda tomar una decisión. Puedo dar una opinión. Y esa opinión a veces es tenida en cuenta y a veces no. El aporte no es sólo del hacer, sino también del saber. Hay que tener mucho respeto al saber. No quiere decir que yo lo tenga. Estoy lejos de eso. Pero puedo hacer un aporte desde la experiencia. Como empresario, como defensor de derechos humanos. Hay desafíos que tenemos en los que hace falta mucha opinión humanística. No se resuelve únicamente con un Excel o con aporte dinerario. Se necesita escuchar, entender la problemática.
—¿Mantiene reuniones con legisladores locales o funcionarios para definir temas? Muchos dicen que participó de conversaciones donde se definió, por ejemplo, la presidencia del Concejo Municipal.
—Es un mito. No, no, no. No tengo el poder para hacerlo. Ni la vocación de hacerlo. Yo puedo colaborar en tratar de respaldar algo, una propuesta política, cultural, educativa. Como ciudadano o como hombre de consulta a lo mejor de algunas personas que hoy tienen el desafío de llevar adelante una gestión pública. De ahí a decir que yo digito quién tiene que ser… no. Eso es un mito. Aparte sería quitarle valor al intendente, a la presidenta del Concejo, que han hecho un laburo bárbaro y que tienen un lugar bien merecido. No tengo nada que ver con eso. Ellos tienen una firme convicción y vocación. Por el lado de María Eugenia Schmuck, que la quiero mucho y la respeto mucho, tiene una firme convicción política. Ha hecho mucho por la política de Rosario. Y yo no tengo nada que ver con la designación de ella. Ella se ha ganado cada voto del Concejo al ser elegida presidenta. Es así.
—¿Cómo es su relación con Javkin?
—Buena, cordial. De mucho respeto.
—¿No han tenido inconvenientes?
—Para nada.
—¿Qué otras personalidades que no estén en el mundo de la política le gustaría que se involucren?
—Creo que hay mucha gente en mutuales, cooperativas. A lo mejor no son públicos. Hay muchos profesionales muy buenos que le harían un aporte gigantesco a la política. Lo que sí, no estoy de acuerdo con que traten de solucionar desde afuera los problemas internos que tenemos. Que venga un paracaidista que hace veinte años está afuera de la ciudad o de la provincia y quiera solucionar un problema local. Eso no sirve.
—¿El caso de Carolina Losada, por ejemplo?
—Es un buen ejemplo. No tengo nada contra ella. Tengo dos holas y un chau. Pero me parece que para resolver algo de fondo y hacer un aporte gigantesco al bienestar santafesino necesitamos gente que la viva todos los días. No es lo mismo que los que vivimos acá. Acá llevamos a los pibes a la escuela, sufrimos la violencia, el desamparo del Estado. Los que estamos acá la vivimos todos los días.


































