Connect with us

Hi, what are you looking for?

Política

Cantard y un balance de su paso por el Congreso, de la mano de Macri a la oposición virtual

Asumir como secretario de Políticas Universitarias fue el primer paso para que el radical Albor Cantard llegara a liderar, dos años más tarde, la lista de Diputados de Cambiemos en Santa Fe. Un distrito en el que el PRO había apostado a desembarcar en la gobernación –y  por poco lo consigue– con una figura del mundo del espectáculo como Miguel del Sel. Dos años más tarde de esta ajustada derrota el por ese entonces Cambiemos volvía a poner sus fichas en alguien del mundo de la televisión para la Secretaría de Políticas Universitarias, el productor Juan Cruz Ávila. Pero las críticas que despertó este nombre fueron tales que jamás se concretó. En cambio, le abrió las puertas al abogado laboralista, profesor universitario y ex rector de la Universidad Nacional de Litoral, para sumarse al Ministerio de Educación que conducía Esteban Bullrich. Desde ese momento, Cantard se ganó una silla en la mesa que se reunía cada mes, ya sea en Casa Rosada u Olivos, con el presidente Mauricio Macri, por lo que se convirtió en el santafesino con mayor rango dentro del gobierno nacional de ese momento.

Tras dos años como secretario, Cantard volvió a sonar para ocupar otro lugar: liderar la lista de Diputados en las elecciones de 2017. Su nombre llamó la atención de más de uno, por tratarse  de una figura de bajo perfil, con un largo período dedicado a ejercer el Derecho, la gestión universitaria y la docencia.

Para el propio Cantard, esta decisión por parte de Cambiemos fue el resultado del consenso al que llegaron las fuerzas de su espacio, principalmente el radicalismo y el PRO. Es que Cantard milita en el radicalismo desde joven. Dio sus primeros pasos mientras estudiaba Derecho en la Universidad Nacional del Litoral, en donde se integró a Franja Morada y fue presidente del centro de estudiantes de su facultad y de la Federación Universitaria del Litoral.

Por aquel entonces, Cantard estudiaba, militaba y trabajaba en el entonces Banco de la Provincia de Santa Fe, que años más tarde se privatizó. Una vez que recibido, se dedicó cerca de dos décadas a lo que había estudiado, siempre atendiendo temas laborales y en cuestiones  relacionadas al Derecho del Trabajo. Hasta que se incorporó en la gestión del mundo académico, ámbito en el que se desempeña hasta el día de la fecha como docente. 

Fue en esta etapa en la que, a través de dos vías, su nombre llegó a oídos de Bullrich, que había quedado envuelto en una serie de críticas, cuando se supo que el productor de TV se sumaría a su gabinete. Por un lado, impulsó su nombre la UCR que por aquel entonces presidía Ernesto Sanz, formado en la misma universidad que Cantard. Por otro, el ala reformista –aunque los peronistas también lo veían con buenos ojos– de los rectores que integran el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).

“Creo que lo que corrió a favor mío fue esa doble particularidad: venía del radicalismo, pero era funcionario de Macri”, dice Cantard al explicar los motivos por los que, considera, en su provincia se descartó que vaya a una interna con Luciano Laspina del PRO. En cambio, se llegó a una lista consensuada encabezada con su nombre, secundada por el economista.

Este año se vence el mandato de Cantard. Si renovará o no su banca todavía es una incógnita. Pero, en un mano a mano con Suma Política, contó qué se lleva de estos cuatro años, en los que le tocó estar de los dos lados del mostrador: primero oficialismo, luego oposición. Además, dio su visión sobre el rol de los gremios en medio de una crisis económica tan compleja como la desatada por la pandemia, y cuestionó el foco que se le está dando a la discusión en torno a presencialidad o no en las escuelas.  

–¿Cómo llegó a liderar la lista de Cambiemos en su provincia, en donde ese espacio venía de apostar por un perfil totalmente diferente, como el de Miguel del Sel, para la gobernación?

–Era una elección intermedia y la discusión era quién encabezaba la lista: el radicalismo o el PRO. En ese contexto, surgió mi nombre, como un nombre de consenso. Es que, si bien soy alguien que toda su militancia estuvo en la UCR, también era funcionario del gobierno nacional y tenía no solo con Esteban [Bullrich], sino también con Macri, una muy buena relación. Después me acompañaron Luciano Laspina, del PRO, y Lucila Lehmann de la Coalición Cívica. Así, estábamos representados los tres partidos. Así que hubo acuerdos, no hubo internas. Fue una gran elección, ganamos en toda la provincia y conseguimos cinco sobre nueve diputados de la Cámara.

–¿Cómo era su relación con Bullrich y Macri? ¿Lo conocía desde antes de asumir en el Ministerio de Educación?

–A Esteban lo conocí en las charlas previas a la asunción suya como ministro. Nos conocimos trabajando. La verdad es que trabajamos muy bien, con mucho respeto, mucha confianza. Y con Mauricio la relación surgió a partir de ahí. En el gobierno de Macri, al menos en esos dos primeros años en los que estuve, en los trabajos que se denominaban de seguimiento de las políticas, mensualmente teníamos, en Casa Rosada o en Olivos, con Esteban y otros secretarios de Educación, reuniones con el presidente. Todos los meses, en esos casi dos años que estuve en la gestión, teníamos una reunión con Macri donde de alguna manera rendíamos cuenta. Él, como ingeniero, tenía anotadito qué habíamos dicho que íbamos a hacer en la reunión anterior, y nos preguntaba sobre los avances en esos temas.

–Dos años más tarde, cuando llegaron las elecciones de medio término, además de su nombre, ¿cuáles sonaron para encabezar la lista?

–También evaluábamos otro nombre, que era el de Mario Barletta, que había sido intendente de Santa Fe. Creo que lo que corrió a favor mío fue esa doble particularidad: venía del radicalismo, pero era funcionario de Macri. De la provincia de Santa Fe, yo era el funcionario de mayor rango en el gobierno de Macri.

–¿Qué puede aportarle al Congreso un perfil académico como el suyo? 

–Cada diputado participa en cerca de seis, siete comisiones. Claramente, mi mayor participación y mi rol central han estado en la comisión de Educación, por mis antecedentes. Obviamente, en las discusiones vinculadas a educación es donde puedo hacer mi mayor aporte. También en los temas de Legislación del Trabajo, que es mi especialización. Soy profesor titular de Derecho del Trabajo, soy director del Posgrado de Derecho Laboral, que además es conjunto entre la Universidad del Litoral y la de Córdoba (soy uno de los codirectores). Sigo dando clases en grado y posgrado.

–Y como profesor, ¿qué le aporta su experiencia en el Congreso?

–Tener otra mirada, no desde el análisis de las leyes que se sancionan, sino de la gestión, que me completa un poco el panorama. Por ejemplo, tuve mucha actividad en el tratamiento de la Ley de Teletrabajo. Tuvimos mucha participación en la discusión sobre la ley, lo que volcado a lo académico, me sirvió para escribir varias notas en revistas especializadas. Y en el grado y posgrado, dar algunas charlas sobre esta nueva normativa. El aporte es ver la elaboración de una norma, que antes siempre la analizaba ex post.

–Aprovecho su formación para consultarle cómo ve el rol de los gremios hoy. Tienen defensores y detractores casi por igual.

–No hay que poner a todos los gremios y gremialistas en la misma bolsa. No todos son unos burócratas, hay hombres y mujeres dedicadas a los derechos de los trabajadores que son sumamente respetables. Es indudable que la ley de Asociaciones Profesionales y demás deben sufrir una discusión. Estamos con textos normativos que tienen 30 o 40 años, sin ningún tipo de modificación. Faltan políticas que apunten a la democratización de las asociaciones sindicales, que fundamentalmente permita la renovación de autoridades. En ningún ámbito es bueno que alguien se perpetúe décadas al frente de una organización. Una gran deuda del movimiento sindical es el tema de la paridad de género.

–¿Y cómo está viendo su accionar en la pandemia, que trae aparejada destrucción del empleo y salarios a la baja? Si el Gobierno no fuese peronista, ¿serían menos contemplativos?

–Evidentemente, hay una connotación política, nadie lo puede negar. Y el perfil de la dirigencia gremial, en general, es mucho más contemplativo cuando hay gobiernos justicialistas que cuando el gobierno es de otro color. La historia reciente de la Argentina, desde los 13 paros generales de Ubaldini a Alfonsín hasta la fecha, lo demuestra. Uno lo que ve hoy en la calle es a los gremios más combativos, que en general son de menor peso político, vinculados más a la izquierda trotskista que a la tradicional conducción de los gremios. Todos saben que los salarios van a perder por la inflación y nadie está pidiendo, ni mucho menos exigiendo, como se le exigía en los primeros años del gobierno de Cambiemos, que haya cláusula gatillo. Eso es un ejemplo claro de la diferente actitud por razones políticas.

–Lo llevo a otro terreno que conoce de cerca, el de la educación. ¿Qué opinión le merece el debate en torno al cierre de escuelas?

–Con mucha preocupación, porque el debate está centrado en un solo aspecto de la implicancia del cierre de las escuelas, que es el aspecto sanitario. Es decir, cuánto afecta a la contagiosidad de acuerdo a si las escuelas están abiertas o cerradas. Pero hay uno que es mucho más grave, que son las consecuencias negativas, más allá de lo sanitario, de tener las escuelas cerradas. Lo que perdieron los chicos es mucho más que un año. Hay estudios por ejemplo de Holanda, que en una oportunidad tuvo tres meses las escuelas cerradas, y la implicancia negativa fue superior a un año. O sea, se cuadruplica. Y los que más sufren son los que menos tienen, los que tienen menos posibilidades, porque no tienen acceso a Internet, o tienen que compartir el celular con la familia. Y, por otro lado, esto causa –y la Asociación Argentina de Pediatras se ha pronunciado en este sentido– muchísimos problemas en los chicos, por la falta de sociabilidad. Además, en los sectores  más pobres, si los chicos no están en la escuela, ¿en dónde están? En el mejor de los casos, en un hogar hacinado, si no, están en la calle. Con mayor peligrosidad de lo que puede ocurrir en la escuela.

–Este año se vence su mandato, ¿tiene en mente ir por la renovación?

–En Santa Fe estamos trabajando entre los actores de Juntos por el Cambio para ofrecerles a los ciudadanos la mejor propuesta de cara a este 2021, porque creemos que esta elección de medio término es crucial. Hay aspectos muy de fondo, hay distancias muy grandes entre lo que creemos que debe ser y lo que el oficialismo lleva adelante.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, en los temas vinculados al Poder Judicial, a la cuestión del Ministerio Público Fiscal; al cambio del procurador, y al tipo de mayorías necesarias para su nombramiento; al otorgamiento de facultades extraordinarias [para la gestión de la pandemia]. Creemos que es el momento en el que uno tiene que lograr equilibrios y los equilibrios se van a lograr en la medida que el oficialismo no tenga una mayoría en la Cámara de Diputados como tiene en el Senado. Porque, desde nuestro punto de vista, las consecuencias para el país van a ser nefastas. Entonces, más allá de los nombres, estoy trabajando para encontrar la mejor propuesta en un ámbito de consenso y unidad y, si no, utilizar las PASO. Pero, sinceramente, esto no es una frase de campaña, más que preocuparme si voy a estar o no en un lugar en la lista, me preocupa que podamos ofrecerles a los santafesinos una alternativa de poder diferente a la actual y que sea elegible.

–¿Cuál es su balance de estos cuatro años?

–Una muy buena experiencia. Es una actividad que hago con gusto, me he sentido cómodo con los pares de Cambiemos, pero también con los legisladores de las otras fuerzas. Siempre, al menos en mi caso, nos hemos tratado con mucho respeto, más allá de las diferencias.

–Le tocó ser diputado del oficialismo, cuando gobernaba Macri, y ahora desde la oposición. ¿Qué diferencia hay?

–Los dos primeros años, uno tenía permanentemente contacto con el Ejecutivo, porque hay una relación que es ineludible. Entonces, antes de presentar un proyecto o  avanzar, uno debía asesorarse y chequear que no estemos haciendo algo que contradiga una política de tu gobierno. Y, del lado de la oposición, si se quiere, es una situación más cómoda, porque uno está más liberado para sus propias opiniones y críticas. Con la particularidad excepcional, extraordinaria de que llevamos prácticamente todo este año y el año pasado del período legislativo estando en la oposición en pandemia, y con las sesiones virtuales que, obvio no es lo mismo.

–¿Y cómo se lleva con la virtualidad?

–Justamente, “parlamento” viene de parlamentar, o sea, no es casual el origen del nombre. Eso dificulta la posibilidad de discusión y alcanzar acuerdos que en la presencialidad son mucho más factibles. Fue todo una experiencia desde todo punto de vista.

Facebook comentarios

Autor

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

Suma Política. Todos los derechos reservados. 2020