Leonardo Caruana lleva toda una vida vinculada al sistema de salud de Rosario. Comenzó trabajando como médico en un centro de salud barrial y llegó a ocupar roles claves en la Secretaría de Salud Municipal durante las intendencias de Miguel Lifschitz, Mónica Fein y Pablo Javkin. El 16 de junio pasado se tomó licencia para encarar su primera campaña como candidato después de más de 25 años en la función pública. Pero, a contramano de lo que marca su carrera política, lo hará por fuera del Partido Socialista.
Marcando sus diferencias tras el acuerdo electoral con el PRO, Caruana aspira a lograr una banca en el Concejo Deliberante dentro del Frente Amplio por la Soberanía: un espacio que nuclea a sectores de centro izquierda y a las vertientes del radicalismo y el socialismo que no comulgan con el “Frente de frentes” conformado para destronar al peronismo del gobierno. “Cada uno aprendió distinto, pero se sabe a dónde se quiere ir, que es a una sociedad más igualitaria”, describe sobre el espacio que busca instalarse como alternativa a una elección que se presume polarizada.
Si bien reconoce que para la campaña debió incorporar “una perspectiva más amplia”, la decisión de competir por un lugar en el Concejo está motivada por intentar resolver los problemas estructurales que impactan en el sistema. “Las verdaderas causas de enfermar o morir de la población tienen que ver con el acceso al trabajo, la vivienda, la cultura o el deporte”, sostiene. Y por eso dice no negociar sus convicciones políticas: “Un frente puede ser exitoso en términos electorales, pero para transformar se necesita coherencia”.
— ¿Cómo vive su primera campaña como candidato?
—Han sido días muy intensos de trabajos, de recorridas, de diálogos con todos los sectores sociales, y con organizaciones barriales. Somos un espacio nuevo y mi experiencia de trabajo en el Estado ha sido siempre en salud, así que además tengo que incorporar una perspectiva más general a la campaña. Pero también me permite la fortaleza de haber estado en situaciones críticas de la ciudad. Eso te lo reconocen los vecinos y me permite un diálogo muy satisfactorio porque hay un enojo muy generalizado con la política. Por eso digo que yo no voy al barrio, sino que vuelvo al barrio, porque desde los centros de salud estuvimos de forma permanente en el barrio.
— ¿Fue difícil dejar la secretaria después de tantos años vinculados al área Salud?
—La verdad que sí. Es una gestión muy intensa y además yo tenía una cotidianeidad. Eso te lleva a una relación con tus equipos que ahora se interrumpe para dedicarme a esto. Así que fue un distanciamiento con nostalgia; no es habitual que un secretario esté tantos años en el mismo puesto. Todo el equipo se quedó y yo voy a volver para hacer una transición, porque creo que en construcciones políticas como salud, nosotros no podemos pegar portazos. La población necesita, independientemente del perfil del gabinete que venga, hacer una transición ordenada de una secretaría que tiene una dimensión atípica con 5.200 trabajadores y que maneja el 28 por ciento del presupuesto. Es una secretaría que está en obras, con licitaciones en marcha, y todo eso se necesita entregar para hacer las cosas seriamente como la hicimos siempre estos años.
— ¿Entiende que deja un legado?
—Lo que pienso de todos estos años es que pudimos seguir sosteniendo un sistema de salud pública cuando en otros países del mundo eso entró en tensión. Pero sobre todo creo que lo que seguimos generando es la confianza de la ciudad en su sistema de salud. Hoy nadie duda de que el HECA está para cuidarnos, independientemente de que tengamos cobertura social o no, y eso forma parte de las construcciones. No creo en los legados individuales. Como equipo pudimos, a pesar de todas las adversidades, seguir trabajando por el derecho a la salud y esa es la marca más importante que se traduce en 50 centros de salud abiertos, en todos los hospitales, y además, en nuestro trabajo en la pandemia. Una crisis como la pandemia, que nos cambió a todos la vida, no se hubiese podido abordar con un sistema de salud que se estaba constituyendo.
— ¿Teme que algo de esa construcción pueda perderse?
—Mi historia tiene que ver con la militancia en el campo de la salud pública, pensándola siempre como un derecho universal y gratuito. Por eso también, mi límite al movimiento de un sector del partido socialista para ir en conjunto con el PRO, cuando yo justamente fui, como muchos, muy crítico de las políticas sanitarias que se instalaron cuando fueron gobierno. Entiendo que se necesita fortaleza del Estado, sobre todo en momentos tan complejos como los que estamos viviendo. ¿En pandemia quiénes tenían las voces disonantes o ponían tensión el distanciamiento social, o la vacuna? Siempre los mismos sectores, que lo individual los atrapa y reduce. Entonces, en ese sentido fue mi límite al espacio que venía participando en ese momento dentro del Frente Progresista Cívico y Social.
— Da la sensación que desde un gabinete hay mejor margen de respuesta a los problemas de la gente que desde el Concejo, donde aprobar un proyecto tiene sus tiempos y requiere de consensos. ¿Por qué tomó la decisión de ser candidato?
—En primer lugar porque siempre asumí la práctica médica como una práctica trasformadora de los sistemas de salud, pensando en la inclusión de las personas que están por fuera del sistema. Y eso es una práctica política. Una práctica clínica puede ser la de dar un medicamento, o hacer un estudio. Pero sostener un sistema de salud tiene que ver con un posicionamiento político. Eso en primer lugar.
Por otro lado, porque ya desde hace unos años venía dialogando, principalmente con el Partido Socialista, en relación a empezar a ocupar otros espacios. Muchas de las cosas que nosotros vemos en salud, no se resuelven solo dentro del sector salud. Es decir, las verdaderas causas de enfermar o morir de la población, tienen que ver con el acceso al trabajo, la vivienda, la cultura o el deporte. Y si bien eso tiene un impacto en el hospital o en el centro de salud, sus causas no están allí. Por eso asumimos este desafío. Creemos que el Concejo es el primer espacio de cercanía para ir construyendo una fuerza que con el tiempo pueda ser una opción de gobierno.
— ¿Con qué propuesta va al Concejo?
—Primero todo lo que tenga que ver con cuidar los derechos que tenemos. En la década del 90 nosotros vivíamos la privatización, tercerización y disolución de derechos, por eso, esas cosas que nosotros creemos que tenemos ganadas también hay que traducirlas en ordenanzas. La pandemia nos permitió crear mesas de información, tener registros de un impacto muy importante para la toma de decisiones. Que esas cosas queden traducidas en ordenanzas para nosotros es muy importante para que ningún gobierno vaya para atrás, sino para adelante. Es decir, que no se interrumpan las políticas por falta de marcos legales, o de sostenimientos a largo plazo.
Y por otro lado, la matriz de la mayoría de los problemas cuando uno dialoga con los vecinos y vecinas tiene que ver con las violencias, la seguridad. Ahí hay que ver cómo el Concejo puede ayudar a los jóvenes con problemas de trabajo, abordar y seguir estimulando el crecimiento de infraestructura para los problemas de consumo. Bueno, nosotros creemos que eso se hace con las distintas organizaciones y personas que vienen trabajando en estas cosas, para discutir desde el Concejo algo que nos iguale como ciudad. Cero que no alcanza el sentido común para abordar problemas complejos. Se necesita problematizar, discutir, estudiar. No fue con sentido común que se construyó un sistema de salud en los 90, sino cuando hubo articulación entre el Concejo, la Universidad, las organizaciones sociales, los trabajadores. Para abordar problemas complejos como los que tenemos hoy se necesitan esas dimensiones en donde el Concejo es una parte más, no un único actor.
— La notoriedad que tomó su figura en pandemia te perfilaba como un posible candidato del oficialismo ¿Cómo maduró la idea de hacerlo pero en otro espacio?
—Unidos para Cambiar Santa Fe es un abanico diverso de posiciones ideológicas. Yo respeto la decisión del Partido Socialista de jugar ahí, pero también explicité mis diferencias en relación a cómo se piensan los derechos fundamentales de la democracia como la salud, la educación y el trabajo. La matriz ideológica del gobierno de Mauricio Macri fue pensar a la salud como un bien de mercado al que se accede de acuerdo a la capacidad de pago, no un sistema que iguale. Y ante un frente que va a ser hegemonizado por estas posiciones he planteado mi distanciamiento. Porque además creo que no es posible salidas individuales ante problemas complejos. Y si bien un frente puede ser exitoso en términos electorales, para transformar se necesita coherencia, estar de acuerdo en las perspectivas con las que uno ve el mundo. Cuando hay tanta divergencia, es muy difícil ponerse de acuerdo ante problemas tan complejos. Por eso, con muchos otros sectores del Partido Socialista que se han distanciado de esa definición, decidimos conformar el Frente Amplio por la Soberanía.
— ¿Qué le dijo el Intendente cuando se lo planteó? ¿Sucedió esa charla?
—Sí, sucedió. Siempre fue con respeto y con diálogo. Yo había explicitado ese límite a la construcción y a la posibilidad de estar en un espacio allí. Y fue respetado.
—La foto con Juan Monteverde generó confusión. ¿Estuvo cerca de sumarte a ese armado?
—Fueron varios contactos con distintos sectores. A Juan lo conozco desde hace mucho tiempo, cuando militaba en Giros en la zona de Nuevo Alberdi y nosotros íbamos al centro de salud. Tuvimos diálogo porque creíamos necesario construir un tercer espacio donde podríamos haber confluido. Pero esa situación no se dio y por eso también mis diferencias en relación a una construcción más hegemónica o conservadora de los dos frentes que hoy son mayoritarios.
— ¿Cómo describirías al Frente Amplio por la Soberanía?
—Como un espacio en construcción, de muchos acuerdos y coincidencias sobre cómo pensamos el problema del trabajo vinculado a la desigualdad. Es un espacio con diferentes recorridos, pero con convicciones políticas que tienen que ver fundamentalmente con la cercanía con la población, con el diálogo; con construcciones que no están solo en la mesa de negociaciones de cargos ni de lugares a ocupar, sino en la discusión de los problemas. Y todos tenemos una coincidencia importante en los valores, el sentido y las direcciones, porque cada uno aprendió distinto, pero se sabe a dónde se quiere ir, que es a una sociedad más igualitaria.
—No compite en internas. ¿Qué sería hacer una buena PASO?
—Que sepan primero los vecinos que al no tener interna necesitamos igual tener un piso a superar. Nosotros venimos trabajando con mucho esfuerzo porque no tenemos la estructura ni las dimensiones que tienen otros partidos en relación a la presencia en la vía pública, en los medios, y eso nos pone en un lugar de mucho diálogo individual en cada uno de los recorridos, pero esperamos poder pasar más allá del piso para estar en las generales. Si la gente nos elige vamos a trabajar seriamente como lo hicimos en distintas situaciones donde la ciudad ya nos vio hacerlo. Así queremos trabajar en el Concejo, estudiando y conociendo los problemas, no improvisando. Para eso necesitamos un piso de confianza para en las generales poder estar tranquilos con la posibilidad de ser una fuerza que esté en el próximo período del Concejo.
— ¿El 10 de diciembre te ves sentado en una banca?
—No manejamos encuesta, pero por el diálogo que hoy tenemos con los vecinos, con los trabajadores, con distintos sectores sociales, hay mucha confianza. Tenemos que ser cautos y esperar la decisión de los rosarinos. Pero sí, nos tenemos confianza.


Autor
-
Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Periodismo (UNR). Conductor y productor en radio Aire Libre (91.3). En Twitter: @NachoCagliero


































