El nuevo enroque ministerial que llevó a Agustín Rossi a la jefatura de Gabinete en la Casa Rosada podría acrecentar la interlocución santafesina con la cúpula del gobierno nacional. Siempre el distrito de donde provienen los ministros tiene alguna ventaja sobre el resto. Sin embargo, no sería el caso de Santa Fe.
El desembarco del Chivo en la única oficina que tiene una puerta interna propia que lo comunica con el despacho presidencial, donde se aloja el mítico sillón de Rivadavia, coincide con el momento de mayor distancia en el vínculo entre el gobernador Omar Perotti y el equipo de Alberto Fernández.
Perotti se convirtió en gobernador en 2019 con apoyo de todo el peronismo de la bota, incluyendo el de La Corriente, que lidera Rossi. Pero en tres años todo cambió: hoy el nuevo jefe de Gabinete transita un distanciamiento profundo con Perotti, que a su vez se aleja cada vez más del armado nacional del FdT, retacea participación con los gobernadores peronistas, y no firmó el juicio político a la Corte: un instrumento central para el peronismo en este tiempo electoral.
En el gobierno nacional aún perdura el recuerdo de las intensas y sucesivas reuniones del gobernador santafesino en Olivos, con el presidente, alrededor del conflicto con la empresa Vicentín, donde el rafaelino convenció a Alberto de que tenía “una propuesta superadora”. Eso ha quedado en el arcón de los malos recuerdos, un fracaso fundante que condicionó para siempre a ambos gobiernos, provincial y nacional.

Con todo, el vínculo de Perotti con la Casa Rosada se sostuvo fluido, aunque en los últimos meses, y con el drama de la inseguridad explotando en las calles rosarinas, los buenos tratos mutuos, al menos en la versión pública, han quedado de lado de forma explícita. Perotti y el ministro de Seguridad Aníbal Fernández se cruzaron con dureza en plena ola de calor, y con crímenes que no paran en Rosario. El eterno pedido de “más gendarmes” se agotó como estrategia de nacionalizar la crisis. En los principales despachos nacionales están convencidos que la Policía de Santa Fe es el corazón del problema, y en eso la Casa Rosada no tiene mucho que hacer. “Que Perotti le pregunte a los demás gobernadores cómo organizan a las policías provinciales”, disparó Aníbal Fernández, una frase que expresa el agotamiento de la relación.
Desde ya que Rossi no cerrará sus puertas a nadie, tampoco al gobernador de Santa Fe. Pero con su llegada a la Jefatura de Gabinete no habrá una nueva corriente de acercamiento político y ayuda a Perotti. Por lo demás, el gobernador sin reelección jugaría una estrategia con su candidato en Santa Fe (Roberto Mirabella) y su propio nombre en la boleta de diputados provinciales, sin acuerdos políticos consistentes con los demás sectores del peronismo de Santa Fe.
Las fechas de la elección provincial ya fueron lanzadas, y repiten el clásico escalonamiento con las elecciones nacionales. Julio y setiembre para la provincial, y agosto y octubre para la nacional. “A Perotti no le interesa pegarse a la elección nacional, no participa, por ahora, de una coordinación nacional”, deslizaron desde Balcarce 50 a Suma Política.
Más aún, el candidato que está viendo con buenos ojos Cristina Kirchner para Santa Fe, Marcelo Lewandowski, también contaría con el guiño de la Casa Rosada. El actual senador nacional, que supo ingresar al paño de la política santafesina también con el apoyo de Perotti, es otro de los que tomó distancia del gobernador.
Cristina, que el jueves tuvo presencia superlativa en el encuentro del PJ en la calle Matheu en Buenos Aires (presencia porque fue la única dirigente de primera línea que no estuvo, pero su nombre figuró a tope en el documento aprobado por todos, hablando de proscripción), también promueve posibles compañeras de fórmulas para Lewandowski; una figura que crece en la consideración nacional para acompañarlo es Florencia Carignano, titular de Migraciones. Desde ya, hay otros candidatos, “pero como tenemos conducción, al final del camino, Cristina decide”, postuló alguien que trajina la provincia y se hace conocer.
Estos incipientes movimientos no inmutan ni cambian la ruta del perottismo. Así como en Casa Rosada y en el kirchnerismo piensan en sus propios candidatos, en la Casa Gris están convencidos de que el gran elector del peronismo santafesino es el gobernador. Y no se mueven de esa línea.

































