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Informe

En medio de la crisis climática global, la nueva concesión de la hidrovía suma tensión ambiental al río Paraná

Sin evaluaciones de impacto y en un marco global de calentamiento del planeta y clima extremo, la nueva concesión que el gobierno argentino le otorgó a la firma Jan de Nul para el dragado de los tramos comercialmente más importantes del río Paraná renueva el debate sobre las consecuencias ambientales de alterar de manera artificial el cauce y las riberas del sistema de humedales del Paraguay-Paraná, un corredor fluvial de 3.400 kilómetros de extensión que es fuente de agua y servicios para millones de personas. Desde finales de los años 90 del siglo pasado hasta ahora, el criterio dominante de la llamada “hidrovía” como modelo de desarrollo fluvial ha sido adaptar el curso natural del río a buques diseñados para el océano, con el objetivo de abaratar el flete agroexportador. Esta mirada puramente economicista ha alterado la integridad ecológica de los humedales del Paraná afectando su biodiversidad y su dinámica hidrológica natural. La nueva concesión, que plantea un dragado aún más profundo en algunos tramos, fue hecha sin la presentación de información técnica y científica sistematizada sobre los impactos directos que estas obras ya generaron sobre el ecosistema, ni proyecciones serias sobre lo que puede pasar a futuro. Todo esto ocurre, además, en un contexto de crisis climática acelerada, con el Paraná atravesando ciclos de bajante más extremos que en el pasado y altos niveles de intervención antrópica en toda la cuenca. ¿Hay que adaptar los ríos a los buques, o los buques deben adaptarse a los límites naturales de los ríos? “Tiene que haber un equilibro razonable. Pretender que barcos diseñados para la navegación transoceánica salgan cargados de los ríos con la excusa de disminuir los costos del flete sólo beneficia a un puñado de empresas exportadoras” dijo Nadia Boscarol, bióloga y coordinadora nacional del Programa Corredor Azul de la Fundación Humedales.

Humedales tope de gama

La vía troncal del río Paraná es mucho más que un canal para la navegación: su cauce principal forma parte del sistema de humedales del Paraná-Paraguay, un corredor de 3.400 kilómetros que se extiende desde el Gran Pantanal, en el Mato Grosso del sur brasileño, hasta el estuario del Río de la Plata con ramificaciones en Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay. Las planicies de inundación asociadas a su cauce principal funcionan con pulsos de crecidas y bajantes creando así ecosistemas altamente productivos y diversos que son proveedores naturales de agua dulce de excelencia y que, además, funcionan como purificadores hídricos, reguladores del clima y amortiguadores de inundaciones. Los humedales fluviales son también grandes aliados contra el calentamiento global, fertilizadores de suelos y el hábitat de numerosas especies vegetales y animales. Finalmente, todo el corredor fluvial del Paraná es fuente de identidad regional y de múltiples actividades productivas de pequeña escala. “La vida y la salud de millones de personas que viven sobre la cuenca del Paraná dependen del buen estado de este sistema de humedales. Profundizar aún más el canal pone en riesgo la salud de los humedales, que es lo que garantiza la vida del sistema fluvial”, concluyó Boscarol.

Principales impactos ambientales

Según la Fundación Humedales las obras de dragado —la excavación de tramos del fondo del río para aumentar de manera artificial la profundidad del canal de navegación— tienen impactos directos sobre organismos que habitan el lecho del río, así como sobre las especies que se alimentan de ellas. “La deposición del sedimento extraído puede modificar los ciclos de inundación de los humedales asociados al cauce principal del río”, explica el documento, que agrega que ese movimiento de materia que se remueve del fondo “aumenta la suspensión de sedimentos y la turbidez del agua”, con consecuencias negativas para diferentes especies. Carlos Ramonell, geólogo e investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), señaló que “hay zonas del lecho con acortamientos donde el dragado modificará localmente la pendiente”, lo que “puede disparar cambios por erosión y sedimentación”. “El comportamiento del río ya no es el natural por los cambios que viene teniendo en su morfología desde los años 60. Los estudios de impacto ambiental presentados tienen una mirada muy parcial, sin contexto. Están utilizando la misma matriz de análisis que usarían para la obra de un aeropuerto o una ruta, no hay variables que den cuenta del dinamismo del sistema. Evalúan al río como si fuera una foto y no una película”, argumentó el experto. Por otra parte, el dragado en zonas ribereñas para instalar puertos, el aumento del tránsito naviero y las actividades portuarias, sumados a eventuales derrames de hidrocarburos y sustancias peligrosas “poseen el potencial de aumentar la contaminación del agua y el riesgo de introducción de especies exóticas invasoras”. La pérdida de la calidad del agua incide directamente en la salud de la vida acuática y en los costos para su potabilización. Finalmente, el aumento del tráfico de grandes buques genera un impacto por el repetido oleaje sobre las costas, un movimiento artificial de agua que “aumenta la erosión costera y puede provocar el desmoronamiento de barrancas”.

Ni datos ni estudios

A pesar de las evidencias sobre los impactos socioambientales de la hidrovía, la información sobre el tema presentada durante el proceso licitatorio fue parcial y desactualizada, tal como remarcó un informe de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) que destaca que el proceso avanzó sin Evaluación de Impacto Ambiental y en incumplimiento del Acuerdo de Escazú. “Nunca se presentó ninguna evaluación de impacto ambiental acumulativa, solo hubo informes parciales y desactualizados” destacaron desde la Fundación. Todas estas irregularidades generaron varias presentaciones de organizaciones ambientalistas ante la Justicia pidiendo que se suspendiera la licitación, que fueron denegadas aunque hay apelaciones aún en curso. Entre esos actores se destaca la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, que lleva adelante diferentes reclamos alegando “daño profundo”. “El dragado busca modificar de forma definitiva los humedales y el cauce del Paraná, transformándolo en un canal exclusivamente al servicio de las corporaciones exportadoras, sin vida, sin control y sin retorno, desertificando el sistema de humedales, sus diversidades y culturas”, mencionaron desde esa Asociación. Por su lado, desde Fundación Humedales recordaron que la nueva licitación ocurre en un contexto de crisis climática acelerada “que es visible en el Paraná, que atraviesa ciclos hidrológicos más extremos que en el pasado y que padece altos niveles de intervención antrópica en toda la cuenca”.


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