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Sociedad

Construcciones flojas de papeles: el sanatorio sin final de obra y el edificio que burló tres códigos urbanos

Cuando hace unas semanas el concejal de Cambiemos Agapito Blanco impulsó una solicitud de informes sobre el centro cultural La Toma, diversas organizaciones sociales pusieron el grito en el cielo sobre lo que consideraron un pedido “al menos curioso”. Más allá de no avanzar en su tratamiento, el movimiento del edil puso de manifiesto un grave problema: la gran cantidad de irregularidades que arrastran numerosos inmuebles en la ciudad. Desde el ex sanatorio Julio Corzo hasta un clásico edificio de cocheras en pleno centro, los casos se multiplican de a decenas.

De fondo, el problema es el mismo que se presenta para tantos otros debates (por ejemplo el surgido al calor de las nuevas restricciones): el déficit en la capacidad de control estatal. En este caso, se trata de los agentes municipales, que difícilmente puedan fiscalizar lo que sucede al interior de los 500.000 inmuebles que tiene la ciudad.

La comisión de Planeamiento del Concejo actúa como caja de resonancia de estos problemas. Semanas atrás, un particular pidió que le aprueben una construcción que hizo por fuera del Código Urbano. El hombre levantó tres pisos por encima del hogar en el que vivió toda su vida, para que cada uno de sus hijos tenga su propia casa. Como la normativa solo permite dos, no puede obtener el final de obra, necesario para que las propiedades tengan su correspondiente escritura.

De fondo, el problema es el mismo que se presenta para tantos otros debates (por ejemplo el surgido al calor de las nuevas restricciones): el déficit en la capacidad de control estatal

Amén de la definición sobre ese expediente puntual, en la comisión existen más de 250 carpetas con diferentes pedidos, muchos de ellos por motivos similares. Considerando que cada semana se tratan un máximo de 15 (de los cuales se aprueban “4 o 5”, según reconoció un edil), resulta fácil comprender por qué se perpetúan las irregularidades.

Casos emblemáticos

La denuncia de Blanco puso sobre la mesa el caso de La Toma —según el referente de Cambiemos el lugar es una “bomba de tiempo” por el peligro que supone realizar ciertas actividades “no permitidas” al lado de una estación de servicio—, pero hay otros más emblemáticos. Uno de ellos es el del ex Julio Corzo, el sanatorio que el empresario rafaelino Carlos Tita reabrió en 2004.

“Presentaron un permiso de edificación, se les dio un primer final de obra, pero después empezaron a construir seis pisos en el centro de manzana, cuando sólo se puede hacer uno”, reveló una fuente que conoce el expediente, que junta polvo desde hace varios años. Nadie imagina que en tiempos de saturación del sistema sanitario algún funcionario ose poner la lupa sobre un efector.

Donde sí está posando la mirada la Intendencia es en el edificio ubicado en Rondeau y Juan B. Justo, promocionado años atrás como Torre Shopping. ¿Qué pasa? Desde Obras Particulares citaron a los profesionales a cargo del proyecto, a los fines de poder avanzar con el final de obra, ya que hay interés de la cadena francesa Accor de montar allí su segundo hotel en la ciudad (son propietarios del ubicado en el casino). Ese emprendimiento, vale recordar, había generado polémica en sus inicios porque casi triplicaba la altura permitida.

Lejos de ser una excepción, la falta de final de obra es una regla en varios inmuebles a lo largo y ancho de Rosario. Concejales consultados para este artículo citaron el caso del edificio de cocheras ubicado en Mitre y la cortada Ricardone, construido en la década de 1970 pero aún sin los papeles en regla. “Imaginate que se debe haber cambiado tres veces el Código Urbano desde ese momento, así que acumula muchísimas transgresiones”, contó un edil, que se sinceró diciendo que “en algún momento habrá que darles una excepción, yo no conozco ningún antecedente donde el municipio demuela un edificio”.

Lejos de ser una excepción, la falta de final de obra es una regla en varios inmuebles a lo largo y ancho de Rosario

Si bien el Reglamento de Edificación no fija plazos perentorios para realizar ese trámite, en el caso de los edificios muchas veces se termina agilizando por la presión de los propietarios, que lo requieren para lograr la escritura. Se recuerda por ejemplo el caso de Forum, en Puerto Norte, que recién durante la última gestión de Mónica Fein logró acomodar sus papeles (a pesar de tener vecinos residiendo desde bastante antes).

“A veces es complejo el tema, porque como hay que poner de acuerdo a muchas partes, se termina estirando. En casas particulares debe haber a patadas”, recordó una fuente que supo ocupar varias oficinas en el edificio de la ex Aduana, donde funcionan tanto Obras Particulares como Planeamiento, dos áreas claves en este menester.

El problema de la falta de papeles afecta también a industrias. Recordó un edil un caso paradigmático, que se presentó hace un tiempo en el Palacio Vasallo: un hombre que decidió montar un galpón en la zona rural y pidió que se lo habiliten, cuando claramente la normativa expresa una incompatibilidad. “Un vivo bárbaro, seguro compró el terreno por dos pesos y ahora quiere que se le habilite la fábrica. Así cualquiera”, expresó.

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