Mientras el oficialismo va ordenando y administra los efectos positivos del triunfo electoral de octubre, y da pasos ya muy definitivos en la reconfiguración de la estructura económica de la Argentina, facilitando el ingreso —sin precedentes— de los Estados Unidos en el campo de la producción y el comercio en todos los rubros, el campo opositor nacional popular empieza a generar los primeros movimientos luego de la derrota, y con vistas a lo más complejo, construir lo que no está: una nueva épica del peronismo, que lo devuelva a la discusión grande del poder en 2027. Para dar el puntapié inicial a cualquier conversación seria, conviene primero mirar los números electorales con lupa, y no sólo los de octubre de 2025: el investigador Pablo Rodríguez Masena aportó un trabajo minucioso de la saga electoral de 2019 a 2025 que desarrolló el peronismo con sus distintas denominaciones.
La declinación en la perfomance electoral del peronismo en las elecciones legislativas es clara, se visualiza en los números y en los gráficos. Otro tanto con la dispersión en las denominaciones de las formaciones peronistas, según los distritos, que crecen en cantidad de manera inversamente proporcional a los votos totales que obtiene el viejo PJ, aunque en todos los casos, al menos durante lo que va del siglo, el PJ fue una parte dentro de formaciones frentistas que lo excedieron.
Según recabó Rodríguez Masena, con los números publicados de los escrutinios definitivos (y con un detalle: el autor no contabiliza el Frente Cívico de Santiago del Estero como parte del conglomerado peronista kirchnerista, aunque objetivamente así se comportó durante los últimos 20 años, desde que gobierna la madre de las provincias), el 26 de octubre pasado el peronismo obtuvo 7,5 millones, que son 514 mil votos menos que en 2021, que a su vez ya eran 3,65 millones de votos menos que los obtenidos por el entonces Frente de Todos en 2019.
La cuenta sencilla y a la vez reveladora del investigador permite observar que entre la elección de 2019 y la de 2025 el peronismo perdió 4.158.558 votos (un 35,83 % menos) —respecto al 2023 perdió el 17,95 % de los votos y sobre la de 2021 también perdió 6,45 % de sus votos.
En términos porcentuales también es la elección de 2025 la que obtiene el porcentaje más bajo, 32,08 % —1,66 % menos que en 2021, 4,44 % menos que en 2023 y 13,18 % menos que en 2019 (siempre sin incluir el Frente Cívico de Santiago del Estero, que ganó la provincia con más del 57 por ciento de los votos, el 1,2 % de incidencia nacional).
Mientras el padrón electoral de 2025 llegó a 36.470.354 (aumentó 1,71 % respecto al 2023), nunca como ahora el porcentaje de votos al peronismo sobre el padrón fue tan bajo: 20,42 %. En la elección de 2021 lo había votado el 22,88 %, sobre el total del padrón. En las elecciones presidenciales sube, en 2019 cuando gana en primera vuelta fue votado por el 33,92 % del padrón y en el 2023 baja al 25,31 %.
Desde 2019 hasta ahora, el frente político a través del cual compite el peronismo mantuvo su denominación en dos elecciones, en 2019 y 2021, cuando compitió como Frente de Todos. En 2023 lo hizo como Unión por la Patria y en 2025 como Fuerza Patria.
También hay que decir, analizando la declinación de votos nominales, que no todo lo que perdió el peronismo se fue al actual oficialismo o hacia terceras fuerzas: cerca de un 10 por ciento de votantes del padrón no regresaron a las urnas; no votaron al peronismo, pero tampoco a otras fuerzas.
La “enorme” elección de LLA de octubre pasado, 40,66 por ciento de los votos, con 9,44 millones de voluntades en todo el país, que le valió a presidente Milei congraciarse con Estados Unidos y con los dueños económicos del mundo (excepto China), roza apenas el 25 por ciento del padrón de los argentinos habilitados para ir a votar (en octubre, más de 36 millones). Una incidencia muy por debajo de la obtenida en 2023, en ocasión del balotaje, así como también muy por debajo de los más de 33 puntos sobre el padrón que obtuvieron Alberto Fernández y Cristina Kirchner en 2019.
Con todo, la vitalidad electoral del peronismo, claramente jaqueada especialmente desde la pandemia a la actualidad, tuvo rasgos zigzagueantes, y no es seguro que esté en declinación definitiva aunque sí con caídas permanentes en el norte del país y sobre todo en la región centro. Un dato es muy revelador: del total de votos peronistas (Fuerza Patria y denominaciones afines) en todo el país, más del 48 por ciento corresponden a la provincia de Buenos Aires. En 2019, PBA “pesó” el 44 por ciento, en 2021 el 43 y en 2023 el 45 por ciento. El peronismo se ha ido provincializando en Buenos Aires.
En 2021, luego de la pandemia, el frente nacional popular perdió el 31,4 % respecto de 2019; en 2023 recuperó el 14 % (respecto de 2021), y en 2025 perdió 18 % respecto de 2023.
El peronismo perdió en octubre con LLA en todo el país; tomando el territorio dividido en siete regiones fue la región centro donde perdió con mayor diferencia (43 a 19,24 puntos), con Córdoba tirando hacia abajo el promedio (Fuerza Patria obtuvo 5 puntos en la provincia mediterránea y es una de las cinco provincias que no colocó ningún legislador nacional). También perdió fuerte el peronismo en Cuyo (46 a 28, 17 puntos de diferencia) aun y a pesar de haber ganado en San Juan, única provincia donde ganó el peronismo en unidad sin tener el control del gobierno provincial.
La declinación del voto peronista kirchnerista de la última década —aun con el rebrote de 2019— también se explica por la dispersión de los provincialismos, que en algunos casos continúan como fuerzas afines e integrando los mismos bloques en el Congreso nacional —aunque cambien sus denominaciones locales y opten por no usar Fuerza Patria sin más—, pero en otros se alejan de manera definitiva de la idea de un movimiento político nacional y se amurallan en sus propios territorios. Los casos más visibles: Córdoba, Salta, Misiones, Río Negro y Neuquén, entre otros. Todas esas formaciones provinciales que tuvieron cercanía con el peronismo, o que incluso fueron aliados firmes durante la larga década kirchnerista, ahora tramitan su supervivencia electoral con nombre propio y lejos del PJ nacional. Aunque tampoco se integran plenamente a las formaciones de derecha antagónicas al peronismo, tanto Juntos por el Cambio en su momento como La Libertad Avanza, en la actualidad.
El panorama, por ahora, es desintegración de una identidad y conducción nacional única para la oposición peronista. Por lo demás, cuando el cordobesismo quiso encabezar un movimiento con pretensión nacional, en transversalidad con ex peronistas y ex radicales, Provincias Unidas, la experiencia no arrancó. Quedó en el punto cero.
La necesidad de unificar el país, garantizar una misma marca partidaria en los 24 distritos, con una conducción única y un programa político definido, fue lo que vio Cristina Kirchner hace un año, cuando promovió la revitalización del PJ, y se hizo ungir como presidenta del partido. Trató de llegar a todos lados con Fuerza Patria pero se encontró con algunos PJ provinciales que vienen jugando para otro equipo, y desde hace tiempo. Salta, Jujuy, Misiones, Córdoba, entre otras provincias, los viejos PJ alineados con la conducción nacional ya son apenas un eco débil del pasado. Los partidos ya no están, y los votos peronistas migraron hacia los caudillos provinciales o a LLA.
Cristina Kirchner, que juega con la brutal desventaja de estar detenida por una causa inventada y a su medida, y ahora con la revitalización de viejas causas judiciales también creadas para perseguirla y sacarla del juego político (fue condenada pocos días después de que anunciara su candidatura en la provincia de Buenos Aires) vio primero que nadie la necesidad del partido y la conducción nacional única, pero su construcción en esa dirección fue parcial; todavía al PJ le falta recorrer mucho camino si pretende volver.
Al igual que CFK, también Javier Milei vio la necesidad del partido única marca en todo el país (contra viento y marea, lo consiguió), única conducción y programa político claro. Por ahora la diferencia es que a Milei, aupado y celebrado por los poderosos del mundo, le viene saliendo bien. Cristina, detenida y perseguida, y su herencia política, sin embargo, prometen no cejar en la pelea por un partido con la cancha inclinada, 8 contra 11, y el árbitro en contra.


































