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Política

Michlig vs Enrico: ¿qué hay detrás de la impensada pelea de fondo en la UCR?

“Discriminación”, “doble cargo”, “arbitrariedad”, se dijo desde una trinchera. Y desde la otra: “animosidad”, “no corresponde”, “usted tiene algo personal”.

Los inesperados extremos de una pelea pública impensada, entre senadores del radicalismo mayoritario, opacó la sanción de la Ley Orgánica de Municipalidades, que unas horas antes uno de los protagonistas de ese duelo imprevisto había calificado como “histórica”.

El senador por San Cristóbal Felipe Michlig recriminó vivamente al ministro de Obras Públicas Lisandro Enrico por administrar “de manera arbitraria” los fondos para viviendas del Estado y “discriminar” otros departamentos para favorecer al suyo, General López. 

Le respondió Leticia Di Gregorio con otra acusación igualmente fuerte. Ambos usaron términos que generalmente aparecen en los debates más agrios entre oficialismo y oposición. 

La lucha en los discursos fue entre Michlig y Di Gregorio aunque el enfrentamiento de fondo fue del número uno del Senado de Santa Fe con uno de los ministros más importantes del gobierno provincial: Enrico.

La sesión del 9 de abril será una referencia ineludible para lo que venga en la suerte del partido de gobierno en la provincia. Pero las tensiones resumidas como Michlig versus Enrico no son nuevas en la Cámara.

Aquel sur rebelde 

En una perspectiva más amplia, podría incluso decirse que al líder del radicalismo en el Senado (y actual presidente de la UCR en la provincia) le crecieron otra vez “radicales del sur” como matas en su cuidado jardín del bloque de la UCR en el Senado. Y que si bien los senadores son siempre territoriales como predadores carnívoros, la cuestión hoy está lejos de un problema Norte-Sur.

Hoy Michlig enfrenta a dos senadores: Di Gregorio en representación activa de General López, y a Enrico, en uso de una dudosa licencia en la Cámara alta y con el Ministerio de Obras Públicas a su cargo.

Pero no es la primera vez que le sucede este problema de jardinería al de San Cristóbal. Corría 2015 cuando a Michlig le salieron tres radicales del sur en el bloque que comandaba en tiempos del gobierno de Miguel Lifschitz y con el oficialismo en minoría en la Cámara.

Fue desautorizado hace 11 años por Hugo Jesús Rasetto (de Iriondo), Germán Giacomino (Constitución) y lo dicho, Enrico. Había en aquel trío una reivindicación territorial que hoy no parece poder repetirse. Y aquel lejano quiebre causó, nada curiosamente, lo mismo en Diputados con la salida de cuatro diputados del bloque radical, todos liderados por el entonces ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro.

A esos elementos de la historia reciente se sumó un contexto particularmente difícil en el departamento que representa Michlig, quien lamentó a propósito de los trágicos sucesos en una escuela: “Ya no volveremos a ser los mismos”.

A fines del año pasado al jefe radical le sucedió algo impensado: perder la elección de diputados nacionales por Santa Fe en su departamento. Sucedió en casi toda la provincia (Provincias Unidas ganó solo en San Javier) pero pocos dirigentes son tan exigentes con sus propias metas como Michlig, que no dudó en calificar como un deber “sagrado” la representación de sus coterráneos departamentales. Lo dice y lo cree.



Tormenta política

¿Hubo nubes que anticiparan la tormenta? Sí, pero los cronistas parlamentarios leyeron esas alertas recién para cuando los truenos y las piedras ya estaban cayendo. Fueron varios y aquí se exponen, con todas las ventajas de escribir para el diario del lunes:

1) Antes de la sesión, en los pasillos del Senado, llamó la atención la comunicación intensa entre la Casa Gris (seguramente el Ministerio de Obras Públicas) y algunas segundas líneas de funcionarios políticos del bloque de la mayoría. No se sabía qué sucedía pero el tráfico de los PDF era constante.

2) La reunión parlamentaria se extendió más de lo necesario. Diputados ya había hecho lo que pedía la Casa Gris y había sido acordado incluso con senadores de la oposición justicialista: dar modificaciones menores al proyecto que finalmente fue ley para modificar la vida política en cada una de las ciudades y pueblos del interior.

3.a) Ya dentro del recinto, un senador dejó entrever que no todo estaba bien, en medio de tanto consenso y algarabía por la unanimidad para aceptar los cambios en la otra Cámara del llamado “bloque de 19”: una broma interna para destacar que la cuestión municipal contó entre los senadores con un total acuerdo y diálogo entre los partidos y sectores con representación parlamentaria.

3.b) Ciro Seisas dijo que no estaba muy a gusto con el trato que le daba el presidente provisional del Senado.

El norteño le había dicho “tiene la palabra el senador por el departamento más populoso de la provincia”, pero antes había recordado que el rosarino optó por no votar la ley orgánica de Municipalidades el pasado 12 de marzo, al recordar que “fueron 18” (y no 19) los brazos que se alzaron por su ausencia (había un cierto disgusto de Pablo Javkin porque no se incluyera allí la figura del viceintendente).

Ahora, en cambio, ya se habían contado los apoyos de todos cuando Seisas comentó: “Pasamos muchas horas aquí y se producen estos episodios de familiaridad… en algunos puntos excesiva para el gusto de unos cuantos, no solamente de quien habla”, acotó e intrigó muy temprano.

Fue otra broma, y en todo caso una devolución de atenciones, pero también un anticipo del mal tiempo político interno que se avecinaba en el oficialismo. El peronismo miraba y nada agregaba.

4) Indudablemente, la electricidad en el ambiente, propia de los relámpagos, el viento y el granizo entre dirigentes del mismo color político, tuvo su signo más fuerte en la sola existencia de un pedido de informes entre los asuntos a tratar sobre tablas por el jefe del bloque radical (y del interbloque), Rodrigo Borla, un incondicional de Michlig.

5) Que un jefe de bloque del oficialismo pronuncie las palabras “pedido de informes” dirigidas al propio gobierno es siempre como para poner la lupa periodística. Eso solo y sin discursos, era una noticia fuerte, pero al sumarse luego los insultos la comidilla de la Legislatura del mes (¿del año?) es todavía mucho más picante y sabrosa.



Una propuesta

Rubén Pirola, titular del bloque opositor en minoría, se apartó de la máxima que indica que en política (como en la guerra) no hay que interrumpir al rival (o al enemigo) que se equivoca.

Sin esos cálculos, el líder de la bancada opositora se internó en esos vericuetos ajenos y sacó una tajada importante del que para ese momento fue —por primera vez— un flanco débil en el frente interno del oficialismo santafesino en el Senado.

Se imaginó leyendo todos los jueves unos párrafos viejos del diario de sesiones, con extractos de las proclamas contra la discriminación en el gobierno de Omar Perotti, pero a cargo del hoy senador en uso de su licencia y ministro de Obras Públicas. Antes ya había sumado su firma al pedido de informes de Michlig y abundó en ejemplos en los que Las Colonias y las localidades administradas por el peronismo “no reciben el mismo trato” que las de Unidos.

Joaquín Raúl Gramajo, el senador peronista que se ha sumado al actual oficialismo desde antes de las elecciones de 2023, tiene las ventajas de ser el jefe de su propio bloque (unipersonal). Ofreció una salida como para capear el temporal: desensillar hasta que aclare, y luego parlamentar.

Propuso una suerte de comisión de senadores que pueda hablar con Enrico y darle prioridad no solo a las 54 viviendas que ha reclamado Michlig sino para que con los fondos que lleguen (por ejemplo por el convenio con Ansés) se multiplique el número de viviendas en construcción en todos los departamentos. Pero no tuvo eco.

Al terminar la sesión, luego de otros temas y algo más distendidos todos, Michlig dijo como si nada hubiera pasado: “Señora y señores senadores, se da por terminada la sesión” y fue un acierto ese trato cortés.

Di Gregorio es la única mujer en una banca del senado. Y a ella accedió como suplente de Enrico, quien contra todo antecedente pudo no renunciar al Poder Legislativo y en cambio tomarse licencia para asumir en el Poder Ejecutivo. Michlig se mostró en “duda” y casi “arrepentido” de haber facilitado esa dudosa dualidad que en su momento Pirola cuestionó.


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