“Ayer compré los 8 (kilos). Llegué a la una y a las dos no tenía más nada, después viajé a Bs As (sic) traje un par y ya no tengo nada. Hace un ratito fui y compré 9 y no tengo más nada”. Diego Nicolás Blanco Paschetto vendió así veinte kilos de cocaína en menos de un día, como lo contó en una conversación telefónica registrada en la investigación del asesinato de Gastón Daniel Montenegro. Más que un conflicto personal, el crimen vuelve a exponer la rivalidad entre bandas que se disputan el narcomenudeo en el Cordón Industrial del Gran Rosario.
Diego Nicolás Blanco no era un desconocido para los investigadores federales y provinciales. En diciembre de 2025 fue identificado como cliente de Ariel Fernando Suppa, jefe de una organización acusada de importar al menos 750 kilos de cocaína desde Bermejo, Bolivia, y de lavar sus ganancias con operaciones inmobiliarias en Puerto Norte. La investigación federal que lo tenía como objetivo debió interrumpirse ante la urgencia por la desaparición de Montenegro, quien fue secuestrado el 25 de junio en Capitán Bermúdez y apareció muerto el 4 de julio a un costado de la ruta 10, en jurisdicción de Serodino, con dos disparos en el cráneo.
Los antecedentes del prófugo se remontan al 8 de enero de 2022. Ese día el Comando Radioeléctrico de San Lorenzo detuvo a Blanco, junto con su novia J. C. M., y otro hombre, y con 404 papeles de cocaína listos para la venta. “Era un actor pequeño por entonces, pero muy violento”, afirma un investigador que lamenta “la falta de una mirada de conjunto” sobre el mercado de drogas ilegales en el Cordón. Blanco no fue imputado por la tenencia de la droga sino por abuso de armas. Aun así recibió una condena de tres años de prisión, que cumplió en la provincia y que no lo desvinculó del ambiente: en octubre de 2025, de nuevo en libertad, tenía armada su propia banda y de hecho la investigación en curso comprende también el periodo en que estuvo preso.
El investigador apunta que Gastón Montenegro no era vendedor de drogas. Confirma así lo que declaró Carina López, la madre. El trasfondo del asesinato sería la competencia de Blanco con una familia conocida en Capitán Bermúdez, un enfrentamiento entre un actor en ascenso e históricos emprendedores del narcomenudeo en el Cordón: “La sospecha es que Blanco se equivoca y piensa que Montenegro marcó el domicilio donde lo balearon”.
El ataque en cuestión ocurrió el 20 de marzo, cuando Blanco recibió cuatro disparos de un total de trece que le hicieron personas no identificadas frente a Presidente Perón 316, Capitán Bermúdez. El lugar era uno de los domicilios del narco, quien entonces decidió cambiar de aire y mudarse a Timbúes.
Blanco escapó antes de que la Policía de Seguridad Aeroportuaria allanara su casa en Timbúes, el 27 de junio. Otros once domicilios fueron allanados al caer ese día por la PSA y la Policía de Investigaciones a pedido de la fiscal Luisina Paponi, del Ministerio Público de la Acusación, y del fiscal Franco Benetti, del Ministerio Público Fiscal, en Rosario, Capitán Bermúdez, Fray Luis Beltrán y Funes. En los procedimientos fueron detenidos Julián David Schreier —considerado mano derecha del narco—, Rodrigo Gabriel Blanco —su hermano— y los hermanos Aquiles Alejandro Bustamente y Ares Jonas Bustamante.
Las conversaciones telefónicas expuestas en una audiencia entre los primos Juan Manuel Vega y Matías Nicolás Vega, uno imputado por el secuestro y asesinato de Montenegro y el otro por encubrimiento, se refieren justamente a los procedimientos contra la banda. “Tomate el palo que va a caer un allanamiento y te van a llevar de los pelos (…) Avivate, que no falta mucho para que te caigan”, mensajeó Matías Vega a Juan Manuel. Fue inútil, porque ambos quedaron detenidos y quedó en evidencia el intento de borrar las huellas en el auto utilizado en el secuestro.
Al menos otras veintidós personas actuaban como vendedores o soldaditos a las órdenes de Blanco, según la investigación federal. Las ventas se hacían desde un domicilio de Caseros al 1600, en Fray Luis Beltrán, desde otro en General Paz al 500, Capitán Bermúdez, y también en Rosario. No obstante, los policías solo secuestraron 263 gramos de marihuana y 325 dosis de LSD.
Julián David Schreier habría cumplido funciones de seguridad y de catador, para certificar la calidad y el peso exacto de la droga que compraban al por mayor. Los hermanos Bustamante son oriundos de Villa María y remiten a otra línea en el ambiente del microtráfico. En mayo de 2025 ambos fueron condenados a 3 años de prisión condicional como partícipes secundarios en la venta de drogas y en noviembre de 2025 quedaron imputados junto con su madre, Alejandra Beatriz Vega, como vendedores de una banda que transaba en los barrios Parque Casas y Nuevo Alberdi Oeste siguiendo órdenes de un preso en Piñero, Maximiliano Blanca.
El recaudador de esa línea, Nicolás Ezequiel Marín, fue detenido el 20 de noviembre de 2025 en Capitán Bermúdez por pedido del fiscal César Pierantoni. Los hermanos Bustamante recuperaron la libertad a principios de 2026. Alejandra Vega había salido ilesa de un atentado con una bomba molotov y sigue presa; “llevale el apunte al Pelado (Julián David Schreier), porque es un loco grande, no es malo como referente”, le aconsejó a uno de sus hijos por teléfono.
Una bronca histórica
Alrededor de las 9.45 del 27 de junio, Blanco y Juan Matías Vega abordaron a Gastón Montenegro cuando caminaba con un amigo en Güemes y Paraguay, Capitán Bermúdez, y lo forzaron a subir a punta de pistola a un Volkswagen Gol Trend color gris. Se sospecha que Montenegro fue asesinado al día siguiente, en el lugar donde apareció su cuerpo con dos disparos en el cráneo.
Los familiares organizaron marchas, aportaron datos a la investigación y negaron que el móvil fuera una deuda por drogas. El caso recordó en ese sentido al de Alicia Godoy, secuestrada entre abril y mayo por una deuda con la Banda de la Pelada, como se conoce a un grupo de mujeres que vendía droga al por menor en Tiro Suizo. Godoy fue rescatada por la Policía de Investigaciones después que su familia entregara a cuenta 50 mil pesos y una bicicleta.

La “bronca” (sic) que se atribuye a Blanco redescubre un problema más amplio: el narcomenudeo en el Cordón Industrial de Rosario. “El mercado está atomizado y nadie está viendo el panorama completo. Son todos vendedores chicos y muy violentos, personas que son conocidas en San Lorenzo, Capitán Bermúdez, Granadero Baigorria. El departamento San Lorenzo siempre fue un desastre en ese sentido”, afirma el investigador, que además deplora la actuación de “la Brigada de Drogas de la Unidad Regional XVII” y recuerda los indicios de complicidad de agentes de la delegación San Lorenzo de Prefectura Naval con la banda que dirigían Jehiel Fabián Marino y Ramón Velázquez desde la cárcel de Resistencia.
Un informe de la PSA en esa investigación describió a Héctor “el Viejo” González, preso en Piñero, como “el eje de continuidad delictiva en Capitán Bermúdez, especialmente en el barrio Copello” y consideró que “su liderazgo desde prisión garantiza que la familia mantenga el control territorial del barrio”. El asesinato de Nahuel Oliva, el 17 de julio de 2020 en Fray Luis Beltrán, fue atribuido entre otros episodios al enfrentamiento de esa familia con una red liderada por Marco Leonel Gutiérrez, quien compraba y vendía droga bajo la fachada de una compraventa de autos.
Gutiérrez recibió una pena condicional en 2020 por alojar a Valentín Mauro Montenegro (hermano de Gastón), entonces de 17 años, señalado como autor del crimen de Oliva; y otra de 4 años por tráfico de estupefacientes en la Justicia Federal, en diciembre de 2024. Su socio en esa empresa, Matías Andrés Bruzzoni, recibió una pena de 6 años y ya se encuentra en libertad. Esta investigación alcanzó también a la inmobiliaria Squadra Propiedades, de Rosario, y a una línea de lavado de dinero mediante la compra de 25 autos de alta gama y un lote en el club Campo Timbó, Oliveros, el mismo donde Brian Bilbao tenía una pista de aterrizaje y un hangar para los envíos de droga que recibía desde Paraguay. El mundo narco es chico.

Un sobrino de Gutiérrez, actualmente prófugo, apareció involucrado como “brazo operativo” en la investigación sobre la banda de Marino y Velázquez, y su última pareja, Eliana Noelia Fernández, fue asesinada a balazos por una pareja de sicarios en noviembre de 2025. No hay detenidos por este crimen.
Las caídas de estos referentes parecen haber despejado el terreno para el encumbramiento vertiginoso de Diego Nicolás Blanco. Apenas había pasado un mes desde su salida de la cárcel, cuando surgieron sus conexiones con la organización de Ariel Fernando Suppa.
Insospechable vecino del barrio Punta Chacra, de Roldán, Suppa compraba cocaína en Bolivia y la trasladaba por ruta terrestre bajo la cobertura de excursiones en busca de electrodomésticos. La organización importó 750 kilos de esa droga solo entre agosto y noviembre de 2025, cuando el Ministerio Público Fiscal dispuso allanamientos al cabo de un año de seguimientos, escuchas y trabajo de campo. Al margen de los 52 kilos de cocaína secuestrados, entre la documentación rescatada se detectó la venta de un Renault Kwid a Diego Nicolás Blanco, a pagar en cuotas de 1.600 dólares, y su mención en las comunicaciones de la banda con el apodo de “Pipo”.
El 18 de diciembre la Policía de Seguridad Aeroportuaria interceptó a Blanco al volante del Renault Kwid en Polledo y Ciudadela, Rosario, acompañado por su novia. Ambos siguieron en libertad, pero Blanco perdió el auto, que quedó secuestrado, y también, lo que resultó más valioso, un teléfono celular que aportó numerosos datos y detalles sobre sus actividades. El día anterior, sin escrolear más lejos, había mantenido la conversación telefónica citada al comienzo de esta nota.
Según fuentes de la investigación, solo en el mes de noviembre de 2025 Blanco entregó 160 mil dólares y 135 mil pesos a la organización de Suppa, a cambio de 66 kilos de cocaína. En una de las comunicaciones, arregla un precio de 3.900 dólares por kilo y regatea para que lo dejen en 3.650. Por otra parte el viaje registrado a la ciudad de Buenos Aires indicaría el contacto con otro proveedor. El actor que asoma detrás de la desaparición y el asesinato de Gastón Montenegro no es menor en consecuencia, y tampoco se explica como un personaje excepcional sino como otro emergente de un contexto desatendido.

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