Entre varios policías de la Brigada Motorizada de Rosario le estaban pegando en la comisaría segunda a un detenido de 40 años que no se podía mover porque estaba esposado. La situación desesperó a un chico de 17 años, también detenido, que veía todo desde un penal transitorio vidriado y contiguo. “Dejen de pegarle, no se puede defender, está esposado”, les gritaba el chico.
“Andate para atrás y no mires”, le dijeron los efectivos que golpeaban al preso mayor. Pero dado lo reducido del lugar el chico no podía retroceder ni tampoco dejar de escuchar y ver la paliza que varios uniformados de la Motorizada le asestaban a un individuo inmóvil. “Los voy a denunciar. Y a mí no me pueden pegar porque soy menor”, les gritó el chico. Al que enseguida le demostraron que podían.
Según explicó el fiscal José Luis Caterina y corroboraron testigos, el cabo de cuarto de la segunda, a cargo del penal, abrió la puerta de la celda y él mismo le descargó golpes con los dos puños con los que derribó al chico. De inmediato los policías que le habían pegado al otro detenido entraron al transitorio. Uno de ellos lo tomó del cuello, lo amenazó para que no hablara y lo tiró al piso. Mientras estaba tirado, hecho un bollo, otros dos empleados de la Motorizada le empezaron a pegar.
“Todo es irregular y grave. Pero si hay algo que consideramos medular ante la jueza de la audiencia es que los polícías de Motorizada se metieron en el penal transitorio donde estaba el menor para pegarle. Estos policías no tenían nada que ver con el procedimiento por el cual el menor llegó al penal. Deliberadamente quisieron tener acceso al menor para amedrentarlo y golpearlo”, sostuvo el fiscal Caterina.
Estos hechos ocurrieron el sábado entre las 17.30 y las 18 en la comisaría de Paraguay al 1200. Fueron expuestos en una audiencia que se inició el martes y terminó este jueves. Ante la jueza Lorena Aronne fueron llevados cinco policías: tres varones y dos mujeres. Al final de la audiencia la jueza resolvió que los tres primeros quedaran en prisión preventiva por 30 días. Las dos mujeres fueron excarceladas a solicitud del propio fiscal pero con la imposición de una caución por 200 mil pesos cada una. Están todos imputados de apremios ilegales y vejaciones.
En la audiencia el fiscal reportó que toda la situación fue vista por al menos otras dos personas detenidas y los gritos y golpes oídos por varios detenidos e incluso por otros efectivos policiales. Frente al escándalo un subcomisario que realizaba trámites administrativos para que el chico pudiera ingresar al ex IRAR se acercó y de inmediato lo sacó del lugar.
¿Por qué me pegaron? ¡Quiero denunciar esto!, vociferaba el chico. Desde la comisaría llamaron para comunicar lo ocurrido a la fiscalía en turno, desde donde se ordenó que concurriera Asuntos Internos y que los policías no debían retirarse.
Los que quedaron detenidos son los policías Leandro Perichón, Sergio Lazzara, ambos de Motorizada, y Daniel Flores, el cabo de cuarto de la segunda que abrió la celda donde estaba el menor y lo golpeó inicialmente. Quedaron en libertad Débora Gutiérrez y Cecilia Maidana. Según la reconstrucción de testigos y víctimas, las dos empleadas presenciaron toda la escena, insultaron a los detenidos mientras eran golpeados y una de ellas le asestó golpes de puño en el pecho al mayor.
“El menor está golpeado y es lo más grave de todo. Sin ningún tipo de motivo abrieron la celda para someterlo a golpes. Son lesiones constatadas que no son graves. Le dijeron “no me importa que seas menor te pego igual”. Y eso hicieron”, sostuvo el fiscal.
Las medidas se impulsaron sin pedido de la prórroga mínima: el incidente fue el sábado y este jueves se terminó de imputar el hecho. Las medidas cautelares que decidió la jueza fueron las mismas que solicitó el fiscal que espera justamente una rápida solución legal para el trámite, en el que participó centralmente de la investigación el Equipo de Violencias Altamente Lesiva de la Fiscalía Regional Rosario.
“Es muy doloroso lo que ocurrió”, dijo el fiscal tras la audiencia. “Nuestra policía lidia todos los días con situaciones muy complejas y con personas conflictivas. Este trabajo no es fácil. Pero lo que pasó aquí es una situación completamente por fuera de lo comprensible o aceptable. Le pegaron a un detenido esposado y después a un chico que pedía que dejaran de hacerlo”, señaló Caterina. En el entorno de los investigadores sacaban conclusiones más directas. “Es importante dejar señales de que estas cosas son graves y tienen consecuencias”.


































