Lejos del negacionismo climático, de la motosierra que recorta presupuestos y normativas y de las chicanas sin fundamento que baja como línea el gobierno nacional, la sexta edición del Foro Nacional de Humedales que cada año aloja Villa Ocampo —extremo noreste santafesino— se convirtió, más que nunca, en un espacio abierto y plural para debatir la agenda ambiental desde miradas y experiencias diferentes. Científicos de universidades y organismos de estudio, representantes de organizaciones ambientalistas, funcionarios y técnicos de diferentes niveles de gestión estatal de cuatro provincias y estudiantes de varias ciudades santafesinas participaron, durante tres días, de paneles y talleres organizados en torno a algunos grandes ejes ordenadores: conservación, producción sustentable, biodiversidad, acción climática y educación fueron algunos de ellos. Sostener el debate, abrirse a nuevas propuestas y animarse a seguir pensando las maneras de compatibilizar producción y economía es hoy “un acto casi heroico”, según sintetizó Victoria Flores, la secretaria de Ambiente de la provincia de Córdoba. Por la misma línea argumentativa avanzó Enrique Estévez, ministro de Ambiente y Cambio Climático de Santa Fe, cartera que organizó el Foro: “la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas son realidades complejas que impactan en la producción, el empleo, la infraestructura y la calidad de vida de nuestras comunidades. Ante este escenario, los estados subnacionales dejamos de ser meros ejecutores para convertirnos en los motores de la innovación ambiental Argentina”, dijo el funcionario. E insistió: “somos los gobiernos locales y provinciales quienes gestionamos el territorio de manera directa, enfrentamos las emergencias e impulsamos el ordenamiento territorial ambiental”.
Sostener el debate
La primera gran novedad del Foro, fue el Foro en sí mismo: su masividad (más de 300 personas), su agenda de discusión sin palabras prohibidas (hay organismos estatales nacionales en los que no se puede escribir el concepto “cambio climático) y sobre todo la persistencia de los organizadores para sostenerlo: lo que hasta hace dos años tomaba la municipalidad de Villa Ocampo, ahora recae en el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático provincial. Que el encuentro se siga haciendo en Villa Ocampo, ciudad de ingreso al sitio ramsar Jaaukanigás (unos de los tres humedales de rango internacional que tiene Santa Fe, junto al Delta del Paraná y la laguna de Melincué) es otro valor agregado ya que esa ciudad con larga historia es un ejemplo de reconversión y apuesta a nuevas formas de desarrollo: de su pasado forestal y cañero, a un presente que apuesta al turismo de naturaleza con herramientas como las navegaciones, los avistajes de aves, las cabalgatas y el contacto directo con una naturaleza de excepción como el Jaaukanigás, uno de los principales humedales del país y emblema ambiental del norte santafesino. “El turismo basado en la naturaleza y la conservación es una oportunidad de desarrollo para nuestras comunidades y una herramienta para generar conciencia sobre el enorme patrimonio natural que tiene Santa Fe”, agregó el ministro.


Cambiar la mirada
Otro de los ejes de debate que sobrevoló los diferentes paneles giró sobre la idea de interjurisdiccionalidad. Traducido: la dinámica propia de la naturaleza y de los ecosistemas, así como la necesidad de su conservación y protección, no tiene fronteras ni reconoce límites políticos. Poder adquirir esa mirada amplia que reconozca a la naturaleza como un complejísimo sistema, es el primer paso para avanzar en políticas de cuidado con impacto real en el territorio. La relación entre producción y ambiente fue otro tema predominante. En ese sentido, los paneles que aportaron información técnica y científica sobre las herramientas de gestión y los modelos amigables con el ambiente aportaron evidencia respecto a que una producción respetuosa de la naturaleza es no sólo posible sino también un mejor negocio, ya que cuida recursos finitos y permite proyectar a futuro. Algunos conceptos como identidad, arraigo o apego sobrevolaron muchas de las mesas y de las ponencias, porque nadie cuida mejor el territorio que quien lo conoce y quiere, y nadie sabe mejor cómo trabajar los humedales que quienes los habitan y desean que sus hijos los puedan seguir habitando. Por eso, dotar de dimensión humana a las políticas de conservación de humedales, es llenarlas de sentido. Eso incluye tener una mirada sobre los antiguos pobladores de algunos de los vastos y ricos humedales santafesinos, como el Jaaukanigás o las islas del delta del Paraná. Reconocer ese legado, conocerlo y compartirlo también apareció como una constante en las charlas que abrió el encuentro en el Foro.




Frente al cambio climático, acción
Santa Fe resistió a la ola libertaria de eliminación de áreas de gestión del ambiente y mantuvo el ministerio, desde donde se hace un trabajo importante con relación a la protección de la naturaleza que contrasta fuertemente con la línea de Nación. Entre esas políticas y herramientas aparece, por ejemplo, la presentación hace pocas semanas del Plan Provincial de Respuesta al Cambio Climático, un instrumento que ordena la acción climática en todo el territorio con foco en transición energética, conservación de la biodiversidad y de los bosques nativos, ordenamiento territorial, salud, movilidad, manejo del fuego y atención a poblaciones vulnerables. Desde el Ministerio indicaron que se prevé que para 2027 la Provincia contará con el 57 % de sus Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y más áreas protegidas: en ese punto, explicaron que ya se incorporaron unas 1.000 hectáreas al Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas y que se está avanzando en normativas de vanguardia como la obligatoriedad de estructuras de pasafaunas en toda obra pública vial licitada para evitar la fragmentación de hábitats. Una mención aparte merece el proyecto “Biodiversidad para la Acción Climática” sostenido por un crédito millonario de la Agencia Francesa de Desarrollo, gestionado en la anterior gestión provincial y sostenido por la actual. El crédito está destinado a obras de infraestructura para la restauración de la biodiversidad dentro de las áreas protegidas y la construcción de centros de innovación, investigación y formación con el objetivo de proteger la biodiversidad y fomentar el turismo sostenible. Alejandro Luciani, a cargo de la Secretaría de Biodiversidad provincial, destacó el “cambio cultural” que significa apostar a este tipo de infraestructura, que se está armando en 55 puntos de intervención en todo el territorio santafesino y que terminará con la puesta en marcha de 18 centros de interpretación ambientales.
Bajos Submeridionales, una joya para cuidar
Finalmente, aparece como impostergable la misión de proteger el mayor y más desconocido humedal santafesino: los Bajos Submeridionales, sometidos a una creciente presión productivista, en un escenario de crisis climática que le agrega presión a una geografía sensible que pudo sostener un equilibrio de vida a pesar de sus pulsos extremos de inundación y sequía. Andrés Pautasso, a cargo del museo de Ciencias Naturales “Florentino Ameghino” de la ciudad de Santa Fe, relató los oficios tradicionales de este vastísimo humedal de 3,3 millones de hectáreas que cubre buena parte del noroeste provincial. “Es una gran pampa dentro del Chaco, un ambiente de extremos donde se pasa de muchísima agua a nada. Allí ocurren procesos ecológicos fundamentales y es hábitat de especies protegidas como el águila coronada o el cardenal amarillo, pero apenas el 1 por ciento de su superficie tiene protección. Los Bajos necesitan que los miremos”, dijo el especialista.




































