El tambo La Resistencia —que cobró notoriedad pública quince años atrás, cuando vecinos de Nuevo Alberdi se opusieron a su desmantelamiento y lo convirtieron en símbolo para impedir el desarrollo de urbanizaciones privadas fuera de control en ese lugar— produce en 2021 un promedio de 1.000 litros de leche por día y se ilusiona con ser puntal de una cadena de valor diferente y alternativa a las que prevalecen en el mercado. Desde la constitución de la Cooperativa de Trabajadores Rurales Unidos (más conocida como “Cooperativa La Resistencia”), al tambo se sumó en 2014 una pequeña fábrica láctea, instalada a menos de cien metros del sector de ordeñe, que actualmente industrializa 700 kilos de queso por semana y otros 400 de dulce de leche. Así, la cooperativa procesa la totalidad de esos mil litros de leche diarios, vende de manera directa y evita costos de flete e intermediación.
“Con este esquema claramente no seríamos una nueva Cotar —señalan sus trabajadores, en referencia a la histórica Cooperativa de Tamberos de Rosario, desaparecida hace décadas—, pero sí garantizaríamos y construiríamos un vínculo comercial diferente en base a principios del cooperativismo y la autogestión”.
Enclavado en el centro de la zona rural de Nuevo Alberdi —unas cien hectáreas de un total de quinientas que conforman ese barrio, al noroeste rosarino, en el límite con Ibarlucea—, este es el único tambo que queda dentro del ejido urbano y es administrado por la cooperativa, surgida al amparo del trabajo político del partido Ciudad Futura.
Suma Política conversó con sus trabajadores sobre el potencial desarrollo del emprendimiento, en un contexto adverso para el sector tambero argentino desde hace varias décadas.
En sus comienzos, este tambo fue una unidad productiva de carácter familiar. A punto de desaparecer a comienzos de 2008 por el avance de las urbanizaciones en la zona, fue salvado de tal destino por una acción política que, años después, lo transformó en una cooperativa.
Hacia fines de 2013 el tambo ordeñaba treinta vacas Holando Argentino y su producción era vendida —a precio poco rentable para el productor— a intermediarios diversos; hoy son setenta y tres cabezas las que se ordeñan, y en ese universo se cuentan muchas de la raza Jersey y toda la producción se procesa en la fábrica contigua.
“Las vacas Jersey producen menos leche que las Holando, pero ésta tiene un mayor contenido graso y eso es mejor para la producción de quesos. Todas las vacas son de Oscar, nuestro compañero más experimentado, el dueño original del tambo, el que nos ha enseñado a trabajar desde que empezamos aquí. Nosotros le compramos a él toda la producción, pagándole por semana un precio sensiblemente mayor al que se paga en el resto del mercado”, explica a Suma Política Martín Favaro, alias “el Indio”, uno de los trabajadores de la cooperativa.

De noche a noche
El tambo tiene dos turnos de ordeñe, uno a las cinco de la mañana y otro a las cinco de la tarde, y emplea de manera directa a once trabajadores, incluyendo a los de la fábrica. “No trabajamos de sol a sol, sino de noche a noche”, dice el Indio entre sonrisas. Tiene 32 años y llegó a Nuevo Alberdi a fines de 2013. “Este es mi lugar en el mundo —dice—; hace tiempo que vengo pensando que alquilé una casa al pedo en Rosario, ya que voy dos veces a semana allí, ya me instalaré aquí…”.
“Por ahora pastan en cien hectáreas, a futuro haremos pasturas. Trabajamos desde hace seis años con la Facultad de Ciencias Agrarias, haciendo un seminario de producción lechera que se les brinda a los estudiantes de la Escuela de Gestión Social ÉTICA del barrio”, apunta.
En el lugar se cuentan tres rodeos: el de las vacas lecheras, el de aquellas que aún no producen leche y el de otras que están por parir. Todas las hembras que nacen quedan allí, el número de cabezas crece a un diez por ciento anualmente y es bajo el índice de mortandad.
A diferencia del sector de ordeñe, que está activo de lunes a lunes, la fábrica que produce lácteos trabaja de lunes a viernes; funciona con energía eléctrica y también con una caldera a leña, ya que no posee provisión de gas. Además del singular dulce de leche artesanal, la oferta de Lácteos La Resistencia produce siete tipos de queso: reggianito, cremoso, muzzarella hilada, saborizados, gouda, provoleta y tybo.

Ilusión y apuesta
“Desde nuestro lugar, venimos proyectando un crecimiento que será siete veces más grande que el actual; queremos generar una red de tamberos de pequeña y mediana escala de la zona de Rosario y alrededores para abastecer nuestra planta —dicen desde la cooperativa—. Así podríamos integrar una cadena de comercio justo, garantizar al productor un precio de litro de leche que le sea sustentable y permita su estabilidad, y colaborar en la supervivencia de la cuenca lechera de nuestro país, que viene desapareciendo a pasos agigantados en los últimos años”.
Los trabajadores ponen números sobre la mesa y señalan que desde hace décadas “sólo dos empresas concentran el 80 por ciento del rubro lácteo y dominan el mercado” y vinculan ese dato con otro: progresivamente, Argentina pasó de ser un país productor lácteo ejemplar a tener al sector a punto del colapso. “Hoy la concentración y monopolización del mercado, más la sumatoria de malas o nulas políticas públicas para el sector, hacen de estos emprendimientos lugares de tristeza y dolor. Así se mostraba hacia 2010 este tambo de Nuevo Alberdi…”, comentan.
“…nos propusimos defender y potenciar el último tambo que queda en Rosario, y a la vez generar una alternativa que demuestre que es mejor producir las tierras de las periferias de las ciudades que especular con ellas”

Para los miembros de la Cooperativa La Resistencia, la crisis del sector no responde solamente a cambios coyunturales: “Es algo estructural, donde los sectores más débiles de la cadena, los productores tamberos, son los que más sufren. Argentina encabeza el ránking de diferencia entre lo que se le paga al productor y el precio que debe pagar el consumidor. Mientras que en Uruguay y Brasil el precio de la leche se incrementa en 2,2 veces a lo largo de la cadena, en Argentina se multiplica por 5”.
“Ojalá —dicen— La Resistencia pueda ser una luz de esperanza en tan desoladora situación del sector al que pertenecemos; desde que comenzamos nos propusimos defender y potenciar el último tambo que queda en Rosario, y a la vez generar una alternativa que demuestre que es mejor producir las tierras de las periferias de las ciudades que especular con ellas”.
La cooperativa logró por ahora, más allá de lo testimonial, producir en la periferia de la ciudad alimentos saludables y a buen precio. “Somos una organización productora que a la concentración le opuso una unidad autónoma de pequeña escala —dicen sus trabajadores—; una fabriquita de quesos en el medio del campo, del frío del invierno y del calor del verano… es posiblemente un espacio de esperanza”.

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Ver todas las entradasMúsico, periodista y gestor cultural. Licenciado en Comunicación Social por la UNR. Fue editor de las revistas de periodismo cultural Lucera y Vasto Mundo.

































