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Política

Federico Pastrana: “No es cierto que deba aplicarse este shock, parece la transición hacia la dolarización” 

Desde la asunción de Javier Milei a la presidencia todo fue vértigo, incluidos los días de transición con nombres en danza cambiantes. El embate más ambicioso anunciado es contra el déficit fiscal, pero el camino para lograrlo no es lecho de rosas. De las espinas deberá hacerse cargo el pueblo, de la economía el presidente, que sorprendió con un déjà vu del macrismo y la afirmación de que no hay otra salida que su propuesta aplicada en modo shock. “No es verdad que no hay alternativas y no es cierto que deba aplicarse este shock”, enunció Federico Pastrana, que es docente, macroeconomista (Universidad de Buenos Aires), integra la Fundación Fundar y focaliza en salarios, inflación y mercados financieros. “Sólo pocos sectores podrán defenderse. La pobreza de la cual se parte es 40 por ciento. ¿Hacia dónde vamos?”, escribió en sus redes sociales. 

—Su formación académica es casi la agenda tórrida de estos días…

—Macroeconomía es el estudio de los grandes números de la economía a la que entendemos como relación entre agregados: inflación, empleo, salarios, déficit fiscal, el sector externo; consideramos que el comportamiento entre esas variables tiene un poder explicativo fuerte que después se traduce en cuestiones de microeconomía.

—¿Así que no es verdad que la única solución es la receta aplicada en shock que impulsa el presidente Javier Milei?

—Nunca hay una sola alternativa, es una decisión política, en el contexto actual lo que se está discutiendo es un plan antiinflacionario. En el marco de  estos planes hay una discusión muy grande en la literatura económica de décadas,  una de las discusiones más ricas que tuvo Argentina y América Latina se dio en los años 1980, cuando tenían una inflación muy alta, en la que aparecen políticas ortodoxas, que hacen énfasis en lo fiscal, en lo monetario, en lo externo, o en otras cuestiónes. La idea de reducir una política antiinflacionaria en esto o nada, me parece simplicista. 

En paralelo parece otro debate que creo que es la confusión más grande que hay, y es que si hacía falta una política de ajuste, de shock. Aquí marco dos cuestiones, todas las políticas antiinflacionarias de una u otra forma, implican un ajuste, no es verdad bajar una inflación de 150 por ciento que no implique algún nivel de ajuste, ahora hay algunas políticas que imponen un ajuste muy brutal, muy grande y otras mucho menos brutal, que de hecho lo minimizan, es decir baja el costo social. Esta política en particular es de un ajuste demasiado grande, muy alto, que tiene muchos riesgos en términos inflacionarios, devaluó 120 por ciento por lo tanto pone la nominalidad, es decir al salto mensual de inflación al borde de la hiperinflación, cosa que se podía evitar devaluando mucho menos para salir de esto tranquilamente, o haber hecho algo en etapas, porque además pone todo el peso de la desinflación sobre el ajuste. 

Acá es donde uno dice, pará, porque hay muchos esquemas antiinflacionarios en los que no es el ajuste la variable central que va a explicar la desinflación, y ahí es donde está mi opinión respecto a ese fracaso: es demasiado sacrificado y además, poco eficaz.  Lo más probable es que dentro de unos meses tengamos un desempleo y un nivel de pobreza mucho más alto y una inflación como la de noviembre. Este plan no tiene sentido. Al mismo tiempo digo que venimos de una década de inflación arriba del 20 por ciento (mensual).Cuando se mantiene alta durante mucho tiempo, en Argentina se vuelve inercial, eso cambia el comportamiento y hace que no pueda bajar y que sea necesario, sí o sí, un plan de estabilización que rompa esa inercia. Se podría haber hecho otro plan de shock para que la gente sufra menos y el PBI no caiga tanto. 

—¿Ese sufrimiento se puede asimilar a una transferencia de recursos de los bolsillos al mercado? Para Navidad, el ministro Luis Caputo dio un mensaje agradeciendo el sacrificio y  el apoyo.

—De por sí la inflación genera una transferencia de recursos muy grande; tenemos una etapa en la Argentina donde ya se daba transferencia de recursos de manera gradual, donde las personas que estaban más expuestas como monotributistas, jubilados, o quienes cobraban planes sociales, iban perdiendo poder adquisitivo en forma permanente mientras que las clases más altas o los sectores medios que tenían un mecanismo de protección, quedaban igual o ganaban. Es decir, la economía ya estaba transfiriendo recursos. Hicimos un artículo en Fundar, donde marcábamos esto que se venía dando. Ahora cuando la transferencia es tan brutal como la del momento en que estamos, sin una política compensatoria más que aumentar la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, uno dice no, pará, porque estás estabilizando pero también imponiendo un ajuste que implica una transferencia de recursos muy grande. 

—¿No es muy cruel secar el mercando interno de pesos? ¿Hay otro anclaje?

—El sacrificio social está muy relacionado con el sostenimiento de este tipo de planes, y en la historia lo que se ve es que el sostenimiento de un ancla fiscal tan fuerte, un sacrificio social tan grande, en general viene de la mano de algún tipo de disciplinamiento social; los experimientos exitosos en reducir la inflación con un ancla muy fuerte en términos fiscales, como reducir el gasto público y hacer caer los ingresos reales en 20 puntos, se hicieron sólo en dictaduras, como los planes de Augusto Pinochet y Alberto Fujimori.  Ahí hay una incógnita que resuelve la política y tiene que ver con la tolerancia social y con  la capacidad que tienen los sectores que tenían un bienestar frente a un recorte. 

Ahora, con una pobreza del 40 por ciento y los salarios reales menores en los últimos doce años, uno dice, esto es muy difícil, el nivel de sacrificio que pide la política hoy, difícilmente se pueda sostener en el tiempo, puede ajustarse en los primeros meses pero después es muy difícil que se sostenga, se vuelve intolerable, y ahí hay una discusión que es política. Con respecto a la cuestión monetaria, no es menor; ojo que éste no es un programa de ajuste monetario típico, en este marco se trata de una política de licuación de pesos con la inflación, y si el instrumento más potente que ponen sobre la mesa es el bono en dólares, el Bono para la Reconstrucción de una Argentina Libre, entonces parece que más que una política de secar la plaza de pesos es de licuación, con mucho riesgo hiperinflacionario al tiempo que empieza a dolarizar la economía, entonces se pude interpretar como un camino a la dolarización. Esto es algo que para el Gobierno sigue vigente, no debería llamar la atención pero quiero marcar este punto, ojo que esto puede ser una transición a la dolarización. 

Federico Pastrana.

—Plantear como objetivo de máxima déficit cero, a como dé lugar, no es desconocer la dimensión humana de la economía?

—Hay un ajuste del sector público que se da vía fuerte licuación de los ingresos, el ajuste del déficit se da vía gastos y del ingreso por impuestos vinculados al comercio exterior y el impuesto País, que pareciera que es la variable que encuentran para ajustar el déficit fiscal… hay muchas formas de hacerlo y el Gobierno eligió una forma y te la está mostrando. 

—¿Cómo resuelven el déficit fiscal en otros países del mundo?

—El déficit fiscal actual de Argentina no es insostenible, de hecho en los años ochenta todos los países tenían déficit fiscal más alto, aunque si hay fragilidad económica grande, se vuelve difícil, lo que planteo es que hay distintas vías para ajustarlo. Hoy hay un Gobierno que pone como bandera de la desinflación al déficit fiscal.

—¿El presidente Javier Milei tenía todo preparado? Porque la transición fue una danza de nombres y termina incorporando actores del macrismo que, parece, llevaron la mejor carpeta que terminó en el Decreto de Necesidad y Urgencia.

—Se puede discutir nombres pero hay que prestar mucha atención en los meses que vienen que la dolarización no se dio de baja. Es muy difícil encontrar en la historia en una democracia que un presidente derogue trescientas leyes en los primeros diez días, hay algo ahí que tiene que ver con la audacia, aparece un factor muy fuerte, a diferencia de la desregulación que pasó en los noventa, esto es un DNU, muy fuerte e implica un desconocimiento de las asimetrías en economías, hay una concepción libertaria llevada al extremo que genera un choque no sólo con las estructuras sino con las formas de llevar adelante las relaciones económicas, eso es muy disruptivo e incrementa la inestabilidad de la economía. 

—Cuando el año que viene llegue la cosecha “salvadora” ¿qué va a cambiar en la vida cotidiana de los argentinos, porque el presidente dijo que la luz al final del túnel llevará varios años?

—Una cosecha grande implica dólares, siempre implica la posibilidad de imponer menos sacrificios, porque se devaluaría menos, importar más, serían las condiciones pero no necesariamente implica mejores condiciones para la mayoría, se pone mucho énfasis en la cosecha cuando nosotros tenemos un mecanismo donde dólar que entra, dólar que se va. Lo que hay que cambiar es el funcionamiento de la economía.

—Qué sentido tiene la épica de la libertad en una sociedad tan desigualdad como la actual.

—Milei no ganó sólo con la épica sino porque logró condensar el enojo de la  población que no mejoraba su bienestar, eso no es menor para comprender la contradicción que ahora aparece porque las empeora. También hay que ver la complejidad que tuvo la economía en los últimos años: si bien tuvo desempleo bajo, los salarios no podían crecer y se aumentaba la pobreza mientras la inflación crecía, eso generó una presión muy fuerte en término de descontento social. 

—Manfred Max Neef, el economista chileno que impulsa el desarrollo a escala humana, dijo que discutir la economía es discutir el poder. ¿Coincide?

—Sí. Por supuesto. Cuando uno discute política económica está discutiendo cuál es la configuración que queda después de episodios de crisis, está discutiendo distribución del ingreso, de la renta…

—Uno de los padres de la economía liberal dijo que si la realidad y la teoría colisionan, ignora la realidad. ¿El Gobierno está haciendo eso?

—Cuando estudiábamos veíamos eso en la facultad, pero lo que hay que hacer es entender la realidad y teorizar a partir de eso.

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