“El nuevo acuerdo con el FMI es nafta para apagar el incendio”, resumió el equipo de economistas del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) y el Instituto de Estudios y Formación, que integran Claudio Lozano, Alejandro López Mieres, Mariana Rivolta y Ana Rameri, y entienden que la situación de Argentina frente al organismo internacional de crédito está marcada por “una constante renegociación de deuda que, lejos de representar una solución estructural, perpetúa la dependencia del país con el organismo y sus condicionamientos”.
De hecho, la larga relación de la Argentina con el Fondo Monetario Internacional —este sería el acuerdo número 30— está plagada de “mentiras y autoengaños”, como bien dice Rodolfo Terragno en su libro La simulación.
Esas valoraciones, algunas ontológicas y otras mucho más concretas, fueron las que se reavivaron esta semana cuando el ministro de Economía Luis Caputo anunció un nuevo acuerdo con el organismo por 20 mil millones de dólares, sin dar precisiones sobre los tiempos de los desembolsos y aún sin la venia final del directorio, que con suerte dará su veredicto en abril sobre los términos de este Programa de Facilidades Extendidas (EFF por sus siglas en inglés).
De cualquier manera, la cifra no representa un alivio ni mucho menos, sino justamente la repetida lógica de patear hacia adelante un problema que se viene arrastrando desde 2018 cuando el gobierno de Mauricio Macri se endeudó por 45 mil millones con el FMI y reeditó un vínculo que Néstor Kirchner había cortado.
“En los próximos cuatro años tenemos vencimientos por unos 20 mil millones de dólares y ya no había más desembolsos del acuerdo de refinanciación de 2022, con lo cual el FMI está preocupado porque Argentina tiene que empezar a pagarle”, dijo Fernando Morra, ex viceministro de Economía durante la gestión de Alberto Fernández y quien acompañó a Martín Guzmán en el proceso de refinanciación de la deuda con el FMI (el EFF 22) que logró estirar plazos de pago para mejorar las condiciones del endeudamiento, durante una charla en el podcast Policy Makers.
La cuenta es clara. Más allá de los innumerables matices técnicos que tiene el nuevo acuerdo, el Fondo le prestaría a la Argentina el mismo dinero que necesita cobrar en un horizonte cercano y el país sumaría más deuda a la que tiene, ya que según datos del IPyPP, a pesar de haber pagado intereses por 12.600 millones de dólares desde el crédito del macrismo, hoy el país debe al organismo 41.600 millones, prácticamente la misma cifra.
Por eso, para el economista del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (Mate), Sergio Arelovich, la nueva deuda se destinará “para lo mismo de siempre, que es la fuga de capitales, el pago de promesas en el exterior, utilidades y la cancelación de operaciones financieras o comerciales del Banco Central”.

Un río revuelto
“Vamos a reponer los activos necesarios en el Banco Central para que la gente se pueda quedar tranquila de que los pesos que circulan en esta economía están bien respaldados y con eso vamos a terminar con el estrés del dólar en Argentina”, dijo Caputo el jueves para explicar una estrategia técnica que consiste en cancelar las Letras Intransferibles (LIT) en dólares del Tesoro nacional que están en poder del BCRA y comienzan a vencer en junio de este año. Esto “inyecta divisas de libre disponibilidad en el Central, que recibiría dólares líquidos con los que puede intervenir en el mercado cambiario para sostener artificialmente un tipo de cambio bajo”, planteó Lozano.
Esa estrategia es una suerte de dibujo contable mediante el cual el BCRA recibe dólares a cambio de esas letras que son una deuda intra sector público utilizadas desde 2015 para cancelar pasivos con el sector privado u organismos internacionales, pero con el agravante de que ahora el Tesoro queda endeudado con el Fondo.
“Con la maniobra de pasarle la propiedad de los dólares al BCRA tienen más soporte jurídico para gastarlos”, dijo Jorge Carrera, ex director del Central en su cuenta de Twitter aunque “cuesta creer que los 20 mil millones vengan todos juntos y sean realmente de libre disponibilidad, para defender el dólar barato”, dando a entender que el Fondo pondrá sus condiciones.
PUNTOS CLAVES DEL ACUERDO CON EL FMI
— Jorge Carrera (@jorgecarreraok) March 28, 2025
1. Monto total del acuerdo 20.000
¿Cómo se componen los USD 20.000 millones?
Refinancian USD 14.000 millones de vencimientos y fondos adicionales por USD 6.000 millones
O bien, te devuelven los USD 3.000 millones pagados en 2024 y se regresa… pic.twitter.com/8vOZWmZPcj
Una relación tóxica
Desde su ingreso al organismo en 1956, Argentina golpeó sistemáticamente las puertas de su prestamista de última instancia sin reparar en los magullones que este vínculo dejaría en el cuerpo de la sociedad. Fue durante el gobierno de Arturo Frondizi en 1958 cuando se pidió el primer crédito por 75 millones de dólares —aunque sólo se utilizaron unos 42 millones— destinado a contener la inflación y estabilizar el frente cambiario. Luego hubo 28 más.
como bien relató la doctora en economía de la UBA Noemí Brenta, autora de numerosas publicaciones sobre el tema como Historia de las relaciones entre Argentina y el FMI (Eudeba) e Historia de la deuda externa argentina. De Martínez de Hoz a Macri (Capital Intelectual).
“Los programas del FMI pueden contribuir a mejorar transitoriamente el balance de pagos, ese es su principal objetivo, pero a costa de empeorar la producción, el ingreso y el empleo, y de aumentar la deuda externa y la fuga de capitales”, dijo Brenta en la revista académica del Plan Fénix y explicó que “los resultados pregonados de sentar las bases para un crecimiento sostenido, expresión que figura en todos los acuerdos, nunca llegaron de su mano”. Además, “cuando estos programas se aplican reiterada o permanentemente, como en la Argentina entre 1982 y 2001, dejan heridas profundas en el tejido económico, social e institucional”.
No hace falta mucha memoria para recordar los recurrentes y poco fructíferos viajes de un desgastado Domingo Cavallo que a fines de 2001 esperaba los fondos frescos del FMI como último salvataje para el gobierno de la Alianza, al que el organismo ya le había picado el boleto.
El anuncio que el jueves realizó Caputo sobre un nuevo acuerdo no sólo completaría una larga lista de 30 créditos a lo largo de estas décadas sino que apenas alcanzaría para cubrir los vencimientos que la Argentina debe enfrentar por el préstamo de Macri refinanciado por el de Alberto Fernández a cuatro años. “El objetivo es aumentar las reservas para frenar una eventual corrida cambiaria o la presión de los vencimientos de deuda”, dijo Arelovich.
Pero además ocurre pese a que Javier Milei encaró uno de los ajustes más brutales de la historia económica reciente del país, que alcanzó casi 6 puntos del PBI en el primer semestre de 2024, y luego de un exitoso blanqueo de capitales que le aportó a las arcas públicas unos 9.500 millones de dólares.

Menos gasto y más ingresos no le alcanzaron a un presidente que decidió atalonarse en el tipo de cambio como la principal ancla antiinflacionaria —es decir pisar el dólar para evitar que suban los precios—, una estrategia que terminó jugándole una mala pasada a quien, cuando era economista, recorría los canales de televisión y hacía campaña diciendo que “el FMI es una institución perversa” que le permite a los “países que hacen zafarranchos tirar el ajuste hacia adelante”.
La misma contradicción debió enfrentar quien venía a cerrar el Banco Central y ahora asegura que utilizará la plata del FMI para fortalecer su balance, tal como expresó Caputo y como le recordó en tono irónico la ex presidenta Cristina de Kirchner esta semana.
“Lejos de tratarse de una simple reestructuración de compromisos previos, el nuevo acuerdo representa más deuda con el FMI, con mayores exigencias y costos financieros”, reiteraron los economistas del IPyPP.
Así, para el gobierno nacional, el acuerdo con el FMI se convirtió en las últimas semanas en una garantía de gobernabilidad y en un pase menos costoso a las próximas elecciones.
Cada vez más acorralado por un mercado que empezó a desarmar posiciones en pesos para refugiarse en el dólar elevando la brecha cambiaria y una persistente demanda de corrección del tipo de cambio (los exportadores dejaron de liquidar y los importadores adelantaron pagos), el único poder de fuego que le quedó a Milei fue garantizarse que el Fondo apruebe el acuerdo, y lo antes posible haga llegar dólares frescos para que el BCRA sostenga al peso.
El DNU 179/25 que aprobó el Congreso avaló la legitimidad del endeudamiento, pero como ocurrió en otras ocasiones, no es garantía de que los fondos traigan una “pax cambiaria”.
“Posiblemente se diga algo vago, como que se comprende la necesidad del gobierno de estabilizar los mercados cambiarios. Sin embargo, podría existir en ese memo reservado, por cuestiones de mercado, un compromiso de devaluar post elecciones”, aventuró Carrera, al explicar que la primera revisión de este nuevo acuerdo será el 30 septiembre y se informará en noviembre luego del pasaje por las urnas. “En esa revisión se podrían cambiar algunas metas y políticas, incluida la política cambiaria”, dijo.
No descartó tampoco una apertura parcial del cepo y la posibilidad de eliminar el dólar blend —que hoy habilita a los exportadores a liquidar en el mercado libre de cambios— lo que permitiría al Central acumular más reservas.
De cualquier manera, así como en los tiempos de la convertibilidad hablar de devaluación era una mala palabra y hoy el gobierno etiqueta como “desestabilizadores” a quienes insisten con eso, la falta de competitividad de la Argentina por el atraso cambiario es una cuestión a la que el Fondo no le quita el ojo y que seguramente hará valer cuando abra la billetera.



































