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Fotografía: Litus | Captura
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Política

Griselda Tessio: “La coyuntura política es fascismo o Massa”

Radical y alfonsinista, Griselda Tessio no está dispuesta a arriar ninguna de las banderas que defendió a lo largo de su vida. Una mujer que vivió la persecución de la dictadura y a la que la política puso en lugares de poder, que está convencida de que este no es momento para ambigüedades ni vacilaciones. “Milei representa la cultura del fascismo”, sostiene con la misma convicción con la que advierte que “vienen por la democracia”. Por eso rechaza de manera tajante votar en blanco en el balotaje. “La política es teoría y principios, pero también coyuntura. Y la coyuntura política es fascismo o Massa”, asegura. 

Fue vicegobernadora de Santa Fe acompañando al socialista Hermes Binner y diputada provincial, y con el respaldo que le otorgan 23 años de investigar crímenes de lesa humanidad, sostiene que “el negacionismo larvado está presente” en muchos sectores de la sociedad argentina. 

Su padre, Aldo Tessio, fue el último gobernador radical de Santa Fe, hace 60 años; a partir de diciembre asumirá otro radical en la Casa Gris. “Creo que Pullaro tiene la fuerza suficiente para hacer un buen gobierno”, dice.

Hoy, ya jubilada de grado, Griselda Tessio dicta dos seminarios de Maestría en la Facultad de Humanidades de la Universidad del Litoral.

Este es el diálogo que mantuvo con Suma Política. 

—Esta semana se celebraron 40 años del triunfo de Raúl Alfonsín y el fin de la dictadura. ¿Cuáles cree que son las deudas pendientes de la democracia?

—No son deudas de la democracia como sistema político sino de las gestiones de los gobiernos. Es conveniente hacer un poco de revisión. No podemos desconocer cómo fue la despedida abrupta del presidente Alfonsín, que se vio obligado a entregar el gobierno seis meses antes. No fue un golpe militar —pese a que le hicieron tres asonadas—, el definitorio fue un golpe de mercado. Un grupo de intereses económicos muy fuertes, de poder permanente, atentaron contra el gobierno y provocaron corridas cambiarias y bancarias, devaluación. Y antes de terminar con un gobierno extenuado ya había ganado Menem. No cabe duda que Menem tenía acuerdos previos con todos esos sectores, que se enriquecieron con sus políticas. El gobierno de Menem fue democrático en el sentido que fue constitucionalmente elegido, pero no todos los gobiernos constitucionales son democráticos. Hubo escándalos muy grandes en su gestión. Después llegó la lamentable gestión de De la Rúa, que tuvo como ministro de Economía a Cavallo, que ya había estado con Menem. Es decir, no es la democracia: son los partidos políticos y los dirigentes que en nombre de la democracia, en vez de beneficiar al pueblo, lo hunden cada vez más. 

—Mientras gran parte de la sociedad valora la vida en democracia, uno de los candidatos que llegó al balotaje niega el terrorismo de Estado. ¿Cómo se explica? 

—El fenómeno Milei tiene muchas aristas para analizar, fundamentalmente porque es una monstruosidad emergente de las mismas fallas de los partidos políticos. Pero además, el negacionismo, en el caso de Milei y su gente, que no tiene pudor político, se desemboza, se desenmascara, lo que durante mucho tiempo estuvo oculto en la sociedad argentina. El “por algo será”, el mirar para otro lado, está latente. Lo puedo decir porque dediqué 23 años de mi vida a la investigación de los juicios de lesa humanidad y verdaderamente había momentos en los que pensaba que el tema de los derechos humanos, que las cosas tan perversas que hemos investigado, no le interesaban a toda la población. En la dictadura me cesantearon de todas las cátedras, no podía trabajar en ninguna parte, me aplicaron el decreto de la subversión a pesar de que no distingo una pistola de un revólver, porque en realidad lo que perseguían eran las ideas que teníamos un grupo de docentes, de los cuales algunos están desaparecidos y otros se fueron al exilio. Después recuperamos las cátedras y el doctor Alfonsín me designa como fiscal federal, empecé a investigar los casos de lesa humanidad. En medio de esa lucha permanente de un grupo de fiscales federales muchísima gente decía “para qué tanta investigación, eran asesinos”, “encontraron lo que se merecían”. 

—Es decir que Milei es una expresión política de ese negacionismo que está en la sociedad.

—El negacionismo larvado está presente en muchos sectores. Eso, más los errores que se han cometido, explican la aparición de un desmesurado, mesiánico, que no tiene límites ni filtros, como Milei. Porque Milei representa la cultura del fascismo: la intolerancia con el que piensa distinto, la persecución, la anulación de todos los derechos y garantías civiles, políticos y humanos que hemos conseguido. Y no sólo los de ahora, hablamos de derechos y garantías que tienen 200 años.

—¿Usted cree que un triunfo de Milei es un riesgo para la democracia?

Absolutamente. Milei es la punta del iceberg, detrás están sus patrones. Y no vienen por el gobierno. 

—¿Por qué vienen?

—Por la democracia. Porque la democracia es libertad con fraternidad, es libertad con igualdad social, con justicia social. Cuando Patricia Bullrich dice ojalá explote todo es muy grave. Vienen por las jubilaciones, por las obras sociales, por la escuela pública de nuestros hijos y nuestros nietos, por la salud pública. Vienen por todo lo que hemos ido conquistando, por el aguinaldo, las indemnizaciones, las vacaciones pagas; vienen por la reforma del Código Civil, que por primera vez está bajo la Constitución.

—¿Qué escenario imagina si gana Massa?

—Yo creo que va a ganar Massa. Por lo menos es mi expectativa y es mi voto. 

—¿Lo vota convencida o porque lo que está enfrente le parece de terror?

—Por las dos cosas. Si estoy diciendo que de un lado está el fascismo y del otro lado hay algo diferente, tengo que votar inevitablemente esa otra opción. No es momento de duda. No es momento de ambigüedades ni de vacilaciones. Pero además creo que Massa tiene convicciones que si logra apoyo de otros sectores o aún los de su propio partido, puede hacer una buena gestión. 


Griselda Tessio, cuando era vicegobernadora de Hermes Binner | Archivo

—¿Qué piensa de la propuesta para votar en blanco?

—El voto en blanco que proponen el radicalismo, la Coalición Cívica y  algunos otros partidos, no sirve en este momento. Hay que recordar la actitud del electorado francés cuando de un lado estaba el fascismo de (Jean-Marie) Le Pen y del otro (Valery) Giscard d’Estaing, que representaba una forma de la derecha. Fue muy comentado en la prensa internacional cómo viejos socialistas votaban llorando a Giscard porque estaban renunciando a sus ideas, pero lo hacían para salvar a la democracia. La política es teoría, las bases regulatorias de cada partido, los principios, pero también es coyuntura. La coyuntura política es fascismo o Massa. ¿Por qué algunos dirigentes políticos votan en blanco o mandan a votar en blanco? Porque la ideología no les está dejando ver el bosque. Puede más el antiperonismo que la situación meditada, razonada, de lo que hay que salvar. 

—¿La sorprende que algunos dirigentes radicales parezcan dispuestos a apoyar a Milei?

—En los partidos policlasistas como el radicalismo hay sectores muy progresistas y otros muy conservadores. Pero una cosa es el conservadurismo y otra el apoyo al fascismo. No me sorprendería de algunos, pero me daría mucha pena porque quiere decir que los partidos no educaron a su militancia. En otra época, en cada unidad básica, en cada comité radical o casa socialista, los militantes sabían por qué estaban ahí. Ahora se transformaron en punteros barriales que en muchos casos transan votos por apoyo.

—En las elecciones de este año el radicalismo ganó cinco gobernaciones y numerosas intendencias. ¿Hay un volver a ser del radicalismo, una reivindicación de las banderas alfonsinistas que incluso se reflejó en las urnas? 

—Puede darse un reverdecer del radicalismo en tanto se despegue del PRO. Esta ruptura de JxC a lo mejor le hace mucho bien. Pero un dato sintomático es que no hubo un candidato radical a la presidencia. Creo que no hay un liderazgo carismático, importante, entre los dirigentes radicales, el último líder fue Alfonsín; yo estoy alejada del partido desde la convención de Gualeguaychú, en realidad me alejé y también me alejaron. Pero lo que veo esta última semana es que todos los dirigentes se convirtieron de pronto en alfonsinistas. Recuerdo que en el velatorio de Alfonsín, una de sus hermanas me dijo: “A Raúl más que el cáncer lo mató la ingratitud y el abandono de los correligionarios”. Eso no me lo voy a olvidar más. Ahora solo falta que salgamos con remeras diciendo “Todos somos Alfonsín”; sería patético, espero que a nadie se le ocurra. 

—Su padre, Aldo Tessio, fue el último gobernador radical de Santa Fe. ¿Se puede imaginar a quien hubiese votado en el balotaje entre Milei y Massa? 

—Hubiese votado lo que voy a votar yo. No tengo la menor duda. La generación de mi padre, que vivió la Segunda Guerra, eran convencidos antifascistas. Recién recibido de abogado en el año 1935, mi padre vuelve a Esperanza —su ciudad natal, habitada mayoritariamente por descendientes de alemanes— y funda con otros jóvenes un pequeño club político que se llamó “La otra Alemania”. Querían reivindicar la Alemania del iluminismo, que no era la de Hitler. Después, cuando tuvo que sacar presos políticos, nunca preguntó si eran comunistas, peronistas o radicales, ejercía su función. Por eso digo que ya llegará el momento de discutir con Massa y la organización de su gobierno si hay cosas con las que no acordamos; llegará el momento de las batallas con las palabras y las ideas. 

—¿Qué expectativas le genera que la provincia de Santa Fe haya elegido después de sesenta años a un gobernador radical?

—Sé que (Maximiliano) Pullaro es un hombre decente, compartimos las bancas en la Legislatura provincial. Es muy trabajador, honesto; tengo dudas con algunos nombres que están apareciendo, pero nadie me preguntó y tampoco interesa; si hay mucha gente del PRO —a pesar de que ya vi que no están en cargos relevantes— puede haber dificultades. Pero creo que Pullaro tiene la fuerza suficiente como para hacer un buen gobierno. 


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