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Habilidades blandas: estrellas en la pandemia y bagaje para enfrentar los cambios

Cuando llegó la pandemia ideas como adaptación, resistencia y creatividad, comenzaron a circular con la misma porfía que la angustia frente al hecho disruptivo que asoló al planeta. Eran palabras conocidas y hasta parecían consejos fraternos para actuar frente a lo inédito, pero en realidad venían cobrando relevancia desde las últimas décadas, cuando se las definió como habilidades blandas (soft skills), se las dotó de marco teórico y comenzaron a resignificar las relaciones interpersonales en el mundo del trabajo.

“Son aquellas habilidades que no son aplicables a un ámbito profesional concreto, son habilidades inherentes al ser humano, una máquina no puede tenerlas y que se aplican a todos los ámbitos de tu vida”, define la ejecutiva de Learnlight, Celia Ramos, desde Barcelona y por zoom, herramienta que en pandemia igualó en popularidad al tapabocas, y que forma parte de los recursos que utiliza la plataforma internacional de aprendizaje que integra, con trabajos en 190 países, dos mil empresas y medio millón de estudiantes de idiomas y habilidades.

Claro que llama la atención que en el siglo XXI, mientras robótica, inteligencia artificial y nanotecnología expanden sus logros en sofisticados dominios de habilidades duras, un haz de luz haga foco en las puramente humanas e interpele sobre su importancia. Ramos salva el interrogante con un ejemplo: la comunicación, que aplica en el trabajo, en la relación de pareja, familia y amigos y hasta de compras en el supermercado; en contraposición una actividad dura como destrezas técnicas, puede tener ámbitos específicos de aplicación.

“Las habilidades blandas son el motor del aprendizaje, más aún, condicionan el éxito o fracaso profesional, una persona puede tener mucha pericia técnica pero su éxito va a depender de su trabajo en equipo, positividad, resiliencia que se habló tanto en pandemia, es decir una inteligencia emocional, algo tan simple y tan complejo como ser capaz de comunicar al resto de la humanidad un hallazgo científico que cambiaría sus vidas”, explicó cámara mediante.

Para Ramos, la alquimia de estas habilidades remite a la singularidad de cada una de las personas y se trabajan desde el liderazgo, porque a modo de ejemplo, si se trata de aprender cómo comunicar dentro de un equipo, podemos hacer un curso teórico o digital, pero al final es el ejemplo del líder el que impregna métodos o explicaciones. “Podemos hacer un curso de empatía pero es el líder empático el que realmente ayudará a formarse en esta habilidad blanda”, comentó.

Al foco en habilidades blandas, como creatividad, resiliencia, trabajo en equipo, proactividad entre otras, confluyen psicología, coaching y  conocimiento empresarial, sólo por referenciar algunas de las disciplinas. Y su aprendizaje aparece entonces como tejido de sostén de las relaciones interpersonales, mediadas, en el caso de las plataformas virtuales por la tecnología que al mismo tiempo imprime una especificidad que va modelando otros modos de aprender como ocurrió en pandemia. “Al estar conectados frente a una cámara se interactúa de modo diferente, pero al final siempre hay algo insustituible que es el contacto humano, las personas aprendemos con personas, aprendimos andar en bici porque nuestro papá nos condujo, aprendemos desde la emoción que nos produce un profesor, o con un libro, pero sin una persona detrás no tiene ningún sentido”, enfatizó.

Resistiendo en pandemia

“Cuando llegó la pandemia y todo el mundo descubría la formación virtual llevábamos dieciséis años trabajando en ella”, comentó Ramos y dijo que el entrenamiento en habilidades blandas fue el centro de la atención tanto en los primeros momentos como para el tiempo después, entrenando en resiliencia, que fue la habilidad estrella, para no quedar atrapados en la angustia y el miedo. También fueron importantes la inteligencia emocional para saber cómo estaba la persona que se tenia adelante, la comunicación y la capacidad de adaptación y ser flexibles. “Como cuando estando conectados y desde casa, los niños corrían, la abuela pasaba por detrás, o aparecía la gata enojada porque estábamos todo el tiempo en casa”, describió.

“En plena pandemia, y como ya teníamos experiencia y la plataforma, hicimos seminarios abiertos, el primero fue cómo trabajar en el entorno virtual y después comenzamos a trabajar las emociones, por el peso emocional y psicológico que estábamos atravesando”, relató sobre la ineludible secuencia de adaptación Covid 19, mediante.

Según Ramos en ese momento de situaciones complejas, pérdidas de familiares, miedo del virus, quedarse sin trabajo, o no tener empleo y recibir aportaciones del Estado, fueron los escenarios que demandaron el entrenamiento en habilidades blandas. “Teníamos las herramientas y el conocimiento y los ofrecimos de forma gratuita y altruista al mundo, como tanta gente, no podíamos hacer respiradores pero si pudimos ayudar a estar mejor”, relató.

Revolucionando el aprendizaje

“Mi trabajo consiste en buscar la mejor solución de capacitación para cada empresa, combinando la tecnología más innovadora con el insustituible contacto humano”, explicó Celia Ramos, licenciada en Economía y Derecho, master en Estudios Superiores Iberoamericanos y Dirección Comercial y de Marketing. Es ejecutiva de Learnlight, una innovadora plataforma global que desde 2004, aplica tecnologías de vanguardia las formas en el aprendizaje, virtual o presencial (blended learning), con cursos extensivos o intensivo y de acuerdo a ritmos personales.  

“Escuchamos las necesidades de quienes nos consultan y adaptamos el programa de formación”, comenta Ramos, una española de trato afable, conceptos precisos y escucha atenta graduada en la Universidad de Salamanca. La empresa que representa nació en 2001 como plataforma para enseñar inglés, oferta educativa que aporta el mayor número entre los miles de alumnos que tienen en todo el mundo. Aunque la necesidad de sumar habilidades blandas, interculturalidad y comunicación no tardó en llegar, en sincronía con los vientos de cambios de las últimas décadas.

“Cada día estamos al pie del cañón, en la calle, recogiendo las necesidades que tienen las grandes corporaciones en todo el mundo”, comenta; demandas que se convertirán en saberes a través de formadores calificados. “Decimos que no actuamos como proveedores, somos socios en su formación,  hay un aprendizaje mutuo, una retroalimentación desde el terreno”, sostuvo, para diferenciar estas nuevas modalidades de aprender de las formas canónicas. Aunque aclaró que también hay grandes transformaciones en los ámbitos académicos, incluso en relación directa con la tecnología.

“Se está revolucionando el aprendizaje no sólo en el ámbito corporativo y en la universidad, también para los niños, por ejemplo en España, se está aplicando el método Montessori, en los pequeños ya se han eliminado las mesas”, dijo. Y aseguró que se trata de educar a las personas para saber pensar y con sentido crítico seleccionar los conocimientos ya disponibles. “El pensamiento crítico es relevante, siempre se ha educado en ello, pero ahora aún más porque cada vez, es más necesario”, aseguró.

Ramos no pasó por alto entre las habilidades la capacidad de desaprender, no tan sencilla de lograr por la resistencia que ofrece. El mundo tal y como lo conocíamos no existe, afirma, pero con una certeza, la tecnología puede aportar al modo de aprender que dará respuesta a los cambios casi de vértigo, de los últimos tiempos.

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