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Política

La emergencia en discapacidad se abre paso en Diputados mientras sigue parada en el Senado la reforma política

Si el giro táctico, oportunista, de LLA en Diputados en la semana anterior, cuando terminó votando con la oposición auto emplazarse —en las comisiones que domina— para avanzar con la emergencia en discapacidad y la morosidad financiera, dejaba alguna duda sobre el sentido político verdadero, la presentación del proyecto de Presupuesto 2027 terminó por liquidar cualquier expectativa: en el capítulo 6 directamente se destruye el sistema de protección de personas discapacitadas. Ya no sólo la discusión es por la actualización de montos semi congelados por años a prestadores de servicios —profesionales, terapeutas, transportistas y personal de diversos rubros que actúan en el mantenimiento de los sitios donde se atiende esa población—, además de las deprimidas pensiones que cobran los beneficiarios, sino que el Presupuesto 2027 directamente va por la demolición del todo el sistema.

Esta bomba que se conoció incluso durante el transcurso de la sesión informativa del plenario de comisiones de Discapacidad y de Presupuesto y Hacienda, este miércoles 16, operó como un apagón discursivo sobre el elenco oficialista que pretendía construir un dictamen “razonable” para ir a la sesión (en principio, próximo 30 de setiembre) con un discurso para exhibir, aunque la suerte en la votación ya parece echada. Muchos se preguntaban, de todos los colores políticos, ¿por qué desde el Ministerio de Economía mandan semejante provocación sobre un sector pequeño y sensible de los argentinos que justamente ya vienen logrando triunfos parlamentarios opositores y que, todo indica, pasará lo mismo en este caso? El gobierno se expone a perder la votación en la emergencia en discapacidad y a que le volteen todo el Capítulo 6 del Presupuesto.

La ley de leyes es compleja, abarca todos los rubros y recién por estas horas se está desplegando para su conocimiento entre los legisladores; sin embargo, entre los muchos rubros explosivos —en el sentido de profundizar ajustes para la vida de sectores populares— hay uno que, por ahora, tuvo baja repercusión pero tendrá (si pasa el Congreso) un efecto devastador: eleva la edad mínima para acceder a la pensión por vejez de 60 a 70 años, sustituye la obligación estatal de otorgar ese beneficio por una facultad (discrecional) del Poder Ejecutivo y vuelve a colocar la imposibilidad de trabajar como condición central para acceder a las prestaciones por discapacidad.

Si se conjuga esta propuesta regresiva con la ya existente caída vertical del volumen de personas que se jubilan —se eliminó la Moratoria, nadie con menos de 30 años de aportes se puede jubilar— y con la también caída vertical del trabajo asalariado en relación de dependencia (sustituido parcialmente por monotributo), resulta escalofriante correr el reloj temporal imaginariamente 25 años hacia adelante para encontrarse con millones y millones de argentinos mayores de condición humilde, de 60 años (hasta 70), fuera de la actividad económica, con dificultades de salud propias de la edad, y con cero ingresos. Desamparo total a la tercera edad.

Las PASO, objeto de deseo

Con todo, el Presupuesto recién irá a debate a comisiones el 7 de octubre. En el entretanto, el jefe de Gabinete Diego Santilli anda de rondas con gobernadores tratando de ilusionar con alguna planilla favorable para tal o cual, que inicie —de manera puntual— alguna obra esperada en los territorios provinciales (luego de tres años con cero obra pública) y con eso juntar algún voto más en el Senado o en Diputados para tratar de meter reformas políticas: la más buscada, suspender las PASO.

En ese punto, como se explicó en esta columna, hay una carrera contra el tiempo: menos de 10 semanas le quedan a la Casa Rosada para liquidar el asunto, entre el Senado y Diputados. Justamente esta semana que termina se reabrió, en Asuntos Constitucionales del Senado, la conversación por la “reforma política”, luego de un parate que venía desde mayo. Un sector del PRO y aliados del gobierno quiere meter “ficha limpia”, como tema aparte de la reforma política, porque sospecha que podría no salir nunca la reforma. Los santafesinos Carolina Losada y Eduardo Galaretto tienen proyectos en ese sentido.

El gran problema para los hermanos Milei está en la conducción del Senado; desde ya no tienen bajo control la presidencia (Victoria Villarruel), que contrario a la creencia, no está sólo para tocar la campanita; sus atribuciones administrativas pueden inclinar la balanza en momentos clave, en un clima muy empatado. Además, y quizá lo más relevante, tampoco tienen el control sobre la jefe del bloque, Patricia Bullrich. Se lo vio esta semana, cuando ante el planteo de La Piba de armar un cronograma de debate sobre reforma política, el peronismo, en la figura del senador Jorge Capitanich, recogió amablemente el guante y en un “cómo no, estamos de acuerdo, trabajemos todos los martes, capítulo por capítulo, buscando coincidencias y donde no haya coincidencias tendremos propuestas distintas, pero la idea es que una reforma política debe contar con el apoyo mayoritario y consensuado de todo el arco político”. También lo dijo Bullrich.



Desde ya que esa amabilidad entre Bullrich y Capitanich en el Salón Illia del Senado, el último martes, esconde un tema muy pesado para todos: si el régimen de las PASO (que deberían realizarse el 8 de agosto de 2027) permanecerá en pie o no. El peronismo no tiene problemas en avalar un retoque al sistema de partidos políticos, que es numéricamente caótico. El punto más sensible es que Patricia Bullrich, que en estas horas volvió a decirles a sus jefes de la Casa Rosada que “no tiene los votos para suspender las PASO”, pareciera ver con íntima simpatía no tener los votos, y eso enfurece a Balcarce 50.

El problema de los hermanos presidenciales, por lo demás, es que amplios sectores del círculo rojo preferirían dejar en pie un candidato alternativo. Y Patricia es un nombre, no el único. Nadie sabe cómo evolucionarán los próximos 10 meses, aunque no es tan difícil imaginarlo. Como dijo el experimentado consultor Ignacio Fidanza, “Milei está en el filo, en unos 30 puntos (imagen positiva), si cae a 25 ya es escenario de derrota, y si cae a 20 directamente hay que reemplazarlo”. Por eso Patricia, tal vez, íntimamente prefiera no tener los números para ofrecerse como seguro de recambio —representando los mismos intereses— si es que el loco se hunde de a poco, o se estrella.

La razón y necesidad de que perduren las PASO para el peronismo es por todos conocida. Sin embargo, al final del camino, no hay certezas de éxito o fracaso electoral por el método. En 2023 hubo PASO, el peronismo las usó, colocó a dos candidatos (Sergio Massa y Juan Grabois) y tuvo una derrota muy fuerte en el balotaje. En 2015 hubo primaria, no la uso, y perdió. Y en el 2019, hubo, no las uso, y ganó con comodidad.


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