La operación jurídico legislativa de mayor dimensión que tenga memoria la democracia, o incluso desde hace un siglo a la actualidad, dio un paso hacia adelante a la vez que va dejando girones en el camino. La Casa Rosada consiguió que la ahora oposición amigable, que gobernó desde 2015 a 2019, y que salió tercera en la elección general de octubre pasado, se ponga al frente de la aprobación en general de la ley “Bases”. En ese detalle, también sin antecedentes en la historia política moderna, radica, por ahora, la llave de la supervivencia política de un presidente que agiganta día a día los niveles de dificultades económicas y sociales de millones de argentinos; incluidos desde ya, una parte central de sus propios votantes.
Nunca un oficialismo recién electo, con debilidad legislativa, que trae día tras día malas noticias económicas para la mayoría de la sociedad, y que sostiene una expectativa positiva “para dentro de dos años”, consiguió que una tercera fuerza (ex Juntos por el Cambio) disponga todos sus recursos humanos, políticos y fundamentalmente los votos en el Congreso, para sostener con alguna perspectiva de éxito un tránsito legislativo que pretende refundar las leyes y la cultura de un orden dominante en la Argentina desde principios del siglo pasado.
Nadie sabe con certeza a estas horas cómo mira y qué ven los sectores mayoritarios de la sociedad sobre este devenir veraniego alterado brutalmente por las políticas presuntamente desreguladoras de la economía que a toda velocidad implementa el nuevo gobierno. “Hay que esperar, demos crédito”, “vamos bien, pero estamos mal”, “esto termina mal, hay que pararlo ya” son algunas de las frases que recogen los consultores de opinión pública que de todas maneras no pueden asegurar que la opinión de un entrevistado de hoy sea la misma que ayer, y menos aún, de mañana.
La aprobación en general de la Ley Ómnibus se cuenta como un éxito menguado del gobierno; se votaron la mitad de los artículos pretendidos en el impulso inicial. Y todavía persiste la incógnita sobre aspectos cruciales que se debatirán la semana próxima, artículo por artículo. Facultades delegadas, privatizaciones, jubilaciones, código penal, entre muchos otros aspectos cruciales para la vida de millones de argentinos, podrían impactar en la vida cotidiana. Después llegará la hora del Senado, donde no se descarta que el desguace se profundice.
Contra los pronósticos de muchos, finalmente un gobierno de ultraderecha y ultraliberal llegó a la cúspide del poder en la Argentina. Y actúa en consecuencia. Mucho se habló sobre el fenómeno que desde ya se inscribe en una ola mundial, que tiene sus expresiones político electorales en la vieja Europa, Estados Unidos y Brasil, por nombrar algunas regiones clave del mundo. Sin embargo, por caso, en países como Francia o España, en el instante final donde la ultraderecha parecía quedarse con el Estado, terminó primando un “cinturón sanitario” y dominó la política tradicional. En la Argentina, por ahora, “el cinturón sanitario” aplica sobre el peronismo, que perdió un balotaje en noviembre luego de ganar aceptablemente la elección general, y ahora es sistemáticamente aislado por amplios sectores de la centroderecha en el Congreso. “Somos la mancha venenosa, prefieren votarle un brutal ajuste a Milei que acordar una salida negociada con nosotros”, confiesan amargamente desde el bloque de Unión por la Patria (UxP) en Diputados. Otro tanto, sucede, por ahora, en el Senado.
Con todo, mientras el oficialismo y aliados conseguían ganar la votación en general por la ley “Bases” con holgados 144 votos, el rechazo motorizado por UxP juntó 109 voluntades, entre las que se destacan los socialistas santafesinos Mónica Fein y Esteban Paulón, dos radicales bonaerenses encabezados por Facundo Manes, Margarita Stolbizer, Natalia de la Sota, y, entre otros, el diputado santacruceño Sergio Acevedo que tiene bloque propio por fuera del peronismo.
Más allá de los deseos y de la siempre provisoria lectura de la clase política sobre el sentir y vivir de las mayorías populares, lo cierto es que Milei inauguró un proceso acelerado de cambios radicales que no se agotan en la Ley Ómnibus, y tal vez tampoco cifre en ese dispositivo las mayores expectativas. En espejo con las “Bases” ya rige en gran medida (una parte fue bloqueada por la Justicia) el gigantesco DNU de más de 300 artículos, que en la semana que terminó la presidencia de la Cámara de Senadores, Victoria Villarruel, se negó a habilitar su tratamiento luego de un pedido reglamentario de sesión de cinco senadores de Unión por la Patria para el pasado día 2 de febrero.
A este incumplimiento flagrante de la vicepresidenta, que fue denunciado por la oposición con promesas de insistencia para la semana que se inicia, se agrega la irrupción en el espacio público de la protesta política contra el “ómnibus” que fue impedida y reprimida por distintas fuerzas de seguridad que responden al Poder Ejecutivo: aquello que hasta hace pocos días parecía un juego de la Casa Rosada al borde del reglamento, ahora ya directamente pasó al plano de la ilegalidad como nunca antes sucedió en la era democrática. El uso desproporcionado de la fuerza, balazos de goma, palazos, detenciones, el uso de elementos químicos como el gas pimienta en pleno centro de Buenos Aires, a la luz del día, ante una manifestación pacífica e incluso poco numerosa, confirma que en la Argentina hay un sector del poder político que hoy ocupa la Casa Rosada que se siente habilitado para reescribir la historia de las tradiciones sociales y políticas del país.
Con todo, el foco de mayor interés para saber hacia dónde va esta sorpresiva película legislativa y en la calle que vino a proponer el nuevo gobierno, estará puesto durante febrero en el Senado. Donde con certeza el Ejecutivo tendrá que volver a extender el plazo de las sesiones extraordinarias, más allá del próximo día 15. Una semana, será, desde ya, insuficiente para resolver todo en el Senado, aunque el próximo martes quede votada la media sanción en Diputados.
Entretanto, las conversaciones para reponer en la escena del verano al Consejo de Partido Justicialista, ya están en marcha. A medida que avanzan las semanas, se hace más evidente la orfandad de una protesta social y sindical que va in crescendo, que se expresó con potencia el 24 de enero, pero que todavía no tiene una referencia política institucional. Son apenas las conducciones del peronismo en Diputados – Germán Martínez, que se ha expresado con gran solvencia y manteniendo la unidad- y del Senado.
La película macrimileísta del verano, aún inconclusa, ya deja ver su verdadero género: no era una de acción, como muchos supusieron, se trata de un drama. Y se sabe, más allá de los muros del Palacio, siempre serán los hombres y mujeres de a pie los que la interpreten, y más temprano que tarde, le escriban un final.


































