En las calles de Rosario hay una escena que se repite en cada cuadra y se multiplica con el paso del tiempo: deliverys en moto llevando comida, paquetes y otros encargos; hay quienes se animan y transportan pasajeros que captan a través de Uber o Didi, una modalidad que crece por los precios irrisorios de los viajes si se los compara con los taxis y remises. En ese paisaje conviven hombres y mujeres también motorizados que eligen el mismo sistema de transporte para ir y venir del trabajo. La razón en todos los casos es casi la misma: comprar una moto chica es una posibilidad tangible para cualquier asalariado y es una opción rápida para quienes necesitan sumar ingresos a las alicaídas finanzas familiares.
En Argentina el patentamiento de motos viene en alza desde hace dos años y la provincia de Santa Fe no es la excepción. Detrás del crecimiento hay créditos accesibles, precios estables y trámites más ágiles, pero también algo más profundo: la moto se consolida como una herramienta de supervivencia para la clase trabajadora, un símbolo de autonomía en tiempos de ajuste, y para los más jóvenes es la puerta de entrada a su primer vehículo. Según datos de la Cámara Argentina de Fabricantes de Motovehículos (CAFAM), durante el 2025 se vendieron 650.325 unidades 0 km, de las cuales 64.347 corresponden a Santa Fe, la segunda provincia con más cantidad de ventas detrás de Buenos Aires y por encima de Córdoba.
Motocuotas
En el universo de las concesionarias locales reconocen un escenario favorable para el sector impulsado principalmente por el acceso a formas de financiamiento con requisitos mínimos, especialmente en baja y mediana cilindrada. “El trabajador promedio, un empleado de comercio por ejemplo, arranca con una 110. El que se dedica al delivery elige una 150 por el uso intensivo”, explica Marcelo, encargado de un reconocido comercio local. El precio estimado ronda el millón y medio de pesos, y representa una solución de bajo costo y movilidad rápida, lo que la convierte en una opción atractiva frente al automóvil.
Marcelo confirma que los vehículos más económicos son adquiridos principalmente por personas de sectores medios y bajos, y las ventas de unidades 0 km cuadruplican a las usadas. Las motos de mayor cilindrada, en cambio, tienen una alta demanda en personas de 40 a 70 años y muchas veces está relacionada a una compra aspiracional, o como una forma de preservar el valor del dinero. En este segmento, los precios varían de acuerdo al modelo y origen pero rondan aproximadamente los 15 millones de pesos. “Ahí podés financiar hasta 7 o 10 millones pagando solo el 1,5 por ciento mensual. Prácticamente es un regalo”, remarca.
Marianella, vendedora de otro local dedicado a la comercialización de motos pequeñas, coincide en el diagnóstico: las motos más vendidas son las de 110 cc y 150 cc, pensadas para el uso urbano y en algunos casos como una forma de inversión. El precio final incluye los costos de patentamiento, casco y alta de seguro incluidos. “Es una alternativa económica frente al auto, tanto por el costo de compra como por el mantenimiento, consume poco combustible y el seguro mensual es relativamente bajo”, sostiene.
Pese a que la inflación se mantuvo fluctuante en el último año, con leves aumentos mensuales, la estabilidad en la economía es un factor altamente valorado por vendedores y consumidores. “Antes la cuota le quedaba lejos al cliente, tenía que pagar 200 mil y gana 300 mil por mes”, subrayó Marcelo, y agregó que hasta el 2023 la mayoría de las transacciones se realizaban con el dinero en efectivo por la alta volatilidad monetaria registrada durante este período.
También la puesta en marcha del Registro Único de la Propiedad Automotor (RUNA) facilitó los trámites ya que se trata de una plataforma que permite inscribir vehículos de manera on line sin acudir a una oficina de manera física. Las concesionarias cargan los datos y el cliente tiene la posibilidad de firmar de manera digital, lo que permite abaratar costos y tiempos de espera. “Hoy el cliente compra la moto y se va con la chapa. Antes tardábamos 20 días, ahora lo hacemos prácticamente en el día”, aseguró el vendedor.

Motopeligro
Carlos Torres, titular de la Agencia Provincial de Seguridad Vial de Santa Fe (APSV), sostiene que las motos son “súper vulnerables” y asegura que son los vehículos que más participan en los siniestros viales, concentrando la mayor cantidad de heridos y fallecidos, aunque en los últimos años se consolidó una tendencia a la baja.
En 2023 se registraron 36 personas fallecidas por accidentes con motos en la ciudad de Rosario; 27 en 2024 y 18 en 2025 según datos preliminares de la propia agencia. La mayoría de los decesos se produjo por la colisión con otros vehículos (76,5 %), seguidas por caídas de ocupantes (17,3 %). El 93,8 % de los hechos ocurrieron en zonas urbanas, principalmente en calles, lo que refuerza el carácter urbano del fenómeno y su vínculo con la circulación cotidiana más que con trayectos de larga distancia.
A nivel provincial las víctimas fatales en moto pasaron de 216 en 2023 a 151 en 2024 y 139 en 2025. También aquí predominan las colisiones como principal causa de muerte (76,7 %), y la mayoría de los hechos se concentra en entornos urbanos (63 %), aunque con una presencia significativa de siniestros en rutas (39,3 %). En ambos niveles, el impacto se concentra especialmente en adultos jóvenes: el grupo de entre 20 y 29 años reúne los porcentajes más altos de fallecidos.
Torres reconoce que hubo un crecimiento en la utilización de motos para trasladarse hasta los lugares de trabajo, o como herramienta laboral en sí misma a través de las aplicaciones de reparto. En este sentido, asegura que el riesgo de accidentes en la vía pública aumenta por la presión que ejercen las empresas para acelerar en los tiempos de entrega y por la exposición prolongada al tránsito urbano: “En muchos casos eso implica violar algunas normas y excederse en la velocidad, o pasar algún semáforo en rojo. También tiene mucho que ver el cansancio, son muchas horas manejando”, alertó.
En Rosario, la Circunvalación es uno de los puntos críticos por su alto flujo vehicular ya que se conjugan múltiples accesos con tránsito pesado y liviano, deficiencias de infraestructura y falta de mantenimiento. Este último punto generó una fuerte controversia entre la Municipalidad y el gobierno nacional por el estado de abandono que se registra en esa traza vial desde el año 2024. Vale recordar que las motos menores a 100 cc, bicicletas y peatones están prohibidas en esa vía, aunque a menudo se detectan incumplimientos que terminan en accidentes fatales.
A principios de enero, un peatón perdió la vida tras ser embestido por una moto Honda XR Tornado en la intersección de Circunvalación y Corrientes, en el límite entre Rosario y Villa Gobernador Gálvez. La víctima tenía 61 años y falleció pocas horas después de ser trasladado al Hospital de Emergencia “Clemente Álvarez” con politraumatismos. Por otra parte, el 18 de febrero falleció un motociclista que circulaba por la misma avenida, en inmediaciones del cruce con bulevar Avellaneda en la zona sudoeste, tras ser atropellado por un camión que se dio a la fuga.
En cuanto a la circulación de motos dentro de la ciudad, Gustavo Adda, director de Tránsito del municipio, asegura que el panorama es un poco más alentador ya que aumentó la cantidad de motociclistas que circulan con casco y que esa causa dejó de ser la principal razón de las remisiones al corralón. No obstante, aún persisten otras faltas graves en cuanto a los dispositivos de seguridad como la falta de espejos, luces, guardabarros y la utilización de escapes antirreglamentarios que aumentan los ruidos máximos permitidos por la legislación local, establecido en 90 y 105 decibeles.
Otra de las infracciones frecuentes es la adulteración de las patentes para evitar a los radares: “Eso es un delito que da lugar a la acción penal por adulteración del dominio o por la utilización de una chapa que no corresponde a la moto”, detalló el funcionario. Actualmente en la ciudad hay 74 puntos de control que monitorean infracciones como la invasión de la senda peatonal, de ciclovías y de los carriles exclusivos para el transporte público, el exceso de velocidad, los giros prohibidos y el estacionamiento indebido. En este último punto, Adda sostiene que el rediseño del sistema de estacionamiento en el centro mejoró mucho el problema de las motos en las veredas.
Las picadas
En paralelo al crecimiento del parque de motos, también reaparecen usos más conflictivos de estos vehículos en el espacio urbano. En la zona sur de Rosario, la esquina de Oroño y Lamadrid volvió a ser escenario de picadas clandestinas durante las noches de fin de semana, pese a la instalación de reductores de velocidad para desalentar estas prácticas. Las denuncias de los vecinos hablan de carreras informales, maniobras riesgosas y concentraciones que transforman la calzada en una pista improvisada.
En la última semana, la concejala de La Libertad Avanza, Samanta Arias, presentó un proyecto para crear un “protocolo antipicadas” con el objetivo de impulsar una política de tolerancia cero a este tipo de eventos. La iniciativa plantea la realización de operativos de “saturación permanente” durante los fines de semana y los feriados en las zonas identificadas como puntos de encuentro para motos y autos.
En ese contexto, vale recordar que en Rosario la velocidad máxima permitida para motos es de 40 kilómetros por hora en calles y 60 en avenidas, con topes aún menores en cruces sin semáforo o zonas de alta circulación peatonal. Estos parámetros evidencian el contraste entre el uso regulado del espacio vial y las velocidades extremas que caracterizan a este tipo de prácticas.


































