Si fue una pelea de cinco gobernadores, si podría definirse como una victoria institucional de una provincia frente al centralismo, si el primer reclamo se inició 15 años atrás, si el fallo de la Corte nacional que le dio la razón a Santa Fe llevaba más de seis años sin que se pudiera acordar el cumplimiento de la sentencia, si va a permitir realizar obras en todos los municipios y comunas santafesinas. ¿Por qué entonces el acuerdo para el pago de la deuda histórica de 151.873 millones de pesos que la Nación tiene con la provincia no fue una fiesta ni se celebró especialmente?
Puede ser porque no vendrán fondos en moneda contante y sonante, sino en forma de títulos públicos y letras del Tesoro nacional y vencerán escalonadamente en un lapso de diez años, pero eso ya se sabía y el ministro de Economía de la provincia aseguró que habrá un buen flujo de fondos en los primeros años del acuerdo.
En sintonía con la moderación que rodeó al anuncio, el gobernador Omar Perotti hizo lo contrario que se esperaba de alguien que consigue lo que sus antecesores no pudieron. Casi que le puso paños fríos. Llamó a no confundirse, que los fondos que van a venir no resuelven el problema del federalismo ni van a permitir hacer todas las obras que faltan en el territorio que gobierna desde hace 30 meses.
Para que quede más claro lo comparó con lo que pasa cuando alguien gana un juicio o un premio: parece mucho, pero no se puede hacer tanto. Apuntó un solo dato para justificar ese comentario: la masa salarial de la provincia de Santa Fe, incluyendo las jubilaciones, asciende anualmente a 415.000 millones de pesos, casi tres veces más de lo que por el juicio se va a cobrar de acá al 2031.
Tal vez pudo haber influido en la forma en que se vivió este pequeño triunfo económico de la gestión provincial lo ocurrido en los capítulos anteriores de esta historia. No sólo cuando el presidente Alberto Fernández sorprendió al gobernador con el anuncio del acuerdo en un compromiso público en su visita a Santa Fe, que para colmo después no pudo cumplir en término.
También la falta de programación que tuvo el desenlace tan esperado. A mitad de semana Perotti viajó a Capital Federal sin saber concretamente ni el día de la firma. Cuando el presidente volvió de visitar a Milagro Sala en Jujuy, se concretó el anuncio.

La oposición copó el escenario
Una vez que se hizo público el acuerdo, la oposición ya tenía programado un foro debate para expresarse en contra de que no pasara por la Legislatura. El gobierno sostiene que el Poder Ejecutivo tiene atribuciones para llevar adelante ese convenio porque es la ejecución de una sentencia. “No es una transacción ni un acuerdo de partes. Es la Corte la que va a tener que decir si se instrumenta bien su fallo”, dijo varias veces el gobernador.
Como esa reunión opositora se hizo después que el convenio estuviera firmado, la cumbre sirvió para dar una de las fotos más contundentes de los ex socios del Frente Progresista unidos, y derivó en críticas que incluyeron términos como “claudicación” y “entrega”, cuando aún se desconocían algunos detalles del acuerdo.
Un día antes, el gobierno había invitado de urgencia a los presidentes de bloque de todos los partidos para hablar del convenio, en una convocatoria que provocó un ausentismo general y un desaire político que dejó al gobierno en soledad, aunque acompañado por sus referentes legislativos partidarios, que no es poco.

Tampoco en la conferencia de prensa en la que el gobernador y el ministro de Economía Walter Agosto dieron después los detalles de cómo se cobrará la deuda hubo invitaciones especiales ni algo parecido a una celebración. Apenas la presencia de tres ministros, el fiscal de Estado y más periodistas de lo habitual, esta vez no sólo de Santa Fe. Y a la tarde una reunión de gabinete.
La embestida previa de la oposición cuando el gobernador ya había viajado para firmar el arreglo con el presidente de la Nación y el ministro de Economía Martín Guzmán, demostraba que el clima no era de concordia.
“Santa Fe lo ganó en la cancha y Perotti lo perdió en el escritorio”, fue la expresión del constitucionalista Domingo Rondina que la diputada Clara García hizo propia, mientras su par Maximiliano Pullaro resumió la actuación del gobernador diciendo que “fuimos a cobrar una deuda y quedamos debiendo”.
Las expresiones de la oposición se vieron favorecidas por el silencio oficial, que permitió que escalaran declaraciones que ponían en observación detalles del convenio que nadie conocía del todo. Uno de los ejes de disputa fue un aporte a la Afip que Santa Fe no hacía y ahora comenzará a pagar, que si bien forma parte de otro convenio que sí se enviará a la Legislatura, se anunció en simultáneo con el acuerdo por la deuda. El ministro Agosto, sutilmente, deslizó que ese aporte ya se hacía en la gestión de Jorge Obeid.
No alcanzaron el reconocimiento público que el propio Perotti hizo de los otros gobernadores que pelearon para que se concrete este objetivo: Jorge Obeid, el más destacado por ser quien hizo el primer reclamo, desde el que se actualiza ahora la deuda, y los socialistas Hermes Binner (llevó el tema a la Corte), Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz.

La pelea política
Cuando las críticas arreciaban, desde el gobierno empezaron a rescatar algunos datos del historial de las negociaciones por el pago de esta deuda, como una devolución de atenciones al socialismo y a los radicales en Juntos por el Cambio. Recordaron que el ex gobernador Miguel Lifschitz también quería acordar en bonos y a plazo, y que el gobierno de Mauricio Macri no tuvo voluntad política de pagar, e incluso intentó achicar el monto de la deuda. “No salió nadie a criticar ahí”, reprochan ahora en un tiro por elevación a radicales y ex funcionarios.
La del diputado nacional Roberto Mirabella fue una de las pocas voces que salieron a contestar, a pesar de que en los días previos participó de un homenaje a Hermes Binner, invitado por su par del socialismo Enrique Estévez. Pero la convivencia parece que terminó en ese gesto.
Mirabella cruzó las críticas que recibía el acuerdo invitando a la oposición a que “no se pongan así”, y especuló que a lo mejor se debe a que “están molestos porque logramos algo que ellos en 12 años no pudieron. Deberían celebrar —aconsejó— porque es un acto de justicia del Estado federal con Santa Fe. No es la victoria de ningún partido ni de ninguna gestión sola”, arengó.
A nivel provincial, el diputado y precandidato a gobernador Leandro Busatto tomó la bandera para defender al gobierno, utilizando los mismos argumentos del oficialismo, y llamó a “tener bien claro qué hicieron antes quienes hablan ahora”.
Con poca espectacularidad y mejor solvencia, el ministro Agosto se encargó de explicar los puntos más cuestionados por la oposición y dejó la sensación de haber zanjado varias dudas, aunque la política seguramente se las ingeniará para hacer del tema un debate.

Títulos y letras a la alcancía
En sus declaraciones, Agosto explicó que los títulos públicos y las letras del Tesoro con las que se va a pagar esta deuda tienen cláusulas de ajuste y son transferibles, y prometió que van a permitir un flujo permanente de fondos, con vencimientos que se producen dos o tres veces al año. “La lógica no es vender los bonos, sino cobrar el flujo de dinero que generen”, aclaró el ministro.
También dio a conocer un cronograma que indica que en dos años se van a cobrar 50 mil millones y en cuatro años el 55 por ciento de la deuda. El 13 por ciento irá a municipios y comunas (unos 21.600 millones), aunque a 91 de ellos habrá que descontarles lo que el gobierno provincial ya les transfirió a cuenta de esta deuda para hacer obras.
La provincia podrá utilizar los bonos como garantía para obtener financiamiento, y también para licitar obras públicas donde haya interesados en cobrar con esos instrumentos financieros.
Después de las precisiones oficiales, la oposición se llamó a silencio. Otro de los puntos que habían cuestionados fue el de la actualización, y desde el gobierno aclararon que se pudo haber acordado antes, pero que la demora en hacerlo con la tasa que fijó la Corte benefició a la provincia en 60 mil millones.
Un referente de la política se encargó de ponerle otro marco a las precisiones económicas. “Este tipo de acuerdos —dijo— es como la política, el arte de lo posible”.
Con una mirada más económica, otros observadores señalan que, a pesar de las comparaciones que hizo el gobernador, “es mucha plata para gastar en 18 meses. Nadie cree que va a poner los bonos en una alcancía para cobrar en diez años. No lo veo a Perotti dejando caja al que siga, salvo que fuera él”.
Indiferente a los números, desde la política se tendrá que explicar qué pasó que un día histórico, cuando el gobierno debía celebrar el acuerdo de mayor relevancia con la Nación de los últimos 15 años, la foto más impactante no fue en Casa de Gobierno sino en una universidad con toda la oposición unida.


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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

































