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Remes Lenicov: “Lo peor es seguir con esta actitud conservadora, por más que se disfrace de progresista o liberal”

Hacerse cargo de la conducción económica de la República Argentina apenas días después del estallido social de 2001, con todas las variables fuera de control, era más que un desafío. Éstos generalmente suelen definirse, en la praxis política, en términos de oportunidades, de programas de trabajo poblados de expectativas, con visión de futuro. Pero en la segunda quincena de diciembre de 2001, en Argentina, el reto era actuar en una escena donde parecía no haber futuro. El 3 de enero de 2002 el economista Jorge Remes Lenicov (1948) se hizo cargo de la conducción del Ministerio de Economía del país y estuvo al frente de dicha cartera apenas cuatro meses, hasta abril del mismo año. Empero, las medidas tomadas por él y su equipo durante esos ciento veinte días (el fin del Plan de Convertibilidad y sus derivas) sentaron los cimientos de un por entonces impensado despegue.

Ya en 2001 Remes Lenicov tenía una carrera reconocida como economista y político: había sido ministro de Economía de la Gobernación bonaerense de Antonio Cafiero, primero, (en esa ocasión capeó otro temporal, cuando el estallido hiperinflacionario de 1989) y de Eduardo Duhalde, después, cargo que ocupó hasta 1997. Ese año fue electo diputado nacional por el peronismo hasta, precisamente, enero de 2002.

En las últimas dos décadas Remes siguió cimentando sus juicios a fuerza de estudio, rigor académico, apego a las condiciones del juego democrático y una opinión sobre la realidad fundada en esas virtudes. Para él, un hombre del Partido Justicialista, las variables macroeconómicas son sistemas complejos y las leyes de la economía no sólo existen, sino que son parte sustancial de la materia con la que debe trabajar todo economista. Así, su pensamiento se ubica a una distancia considerable de colegas suyos que, dentro de su mismo espacio político, suponen que la macroeconomía es una entelequia y, como tal, algo absolutamente manejable desde un Estado fuerte, grande y regulador.

Remes sabe de lo que habla y sus dichos están sustentados por las audaces medidas tomadas por él y su equipo en aquel enero de 2002: la olla a presión estaba a punto de estallar y ellos fueron los encargados de destaparla y descomprimir. En aquel enero, para que el lector se forje sólo una idea, el índice de pobreza rondaba el 36 % y el de desempleo el 18,3; las reservas del Banco Central eran menores a nueve mil millones de dólares y el 65 % del dinero circulante eran cuasi monedas (había catorce tipos de éstas en todo el país). La tarea primordial de Remes y su gente era desarmar el Plan de Convertibilidad que regía desde 1991, pero el desastre era tal (en el contexto de un país que sucumbía al grito “que se vayan todos”), que debieron llamar a tres jubilados del Banco Central para que redactaran el decreto que abolía ese programa: se había cerrado la llamada Oficina de Cambios del Central y de los empleados que allí quedaban, ninguno sabía cómo confeccionar ese documento. Y, por si ello fuera poco, a la hora de poner en práctica la devaluación, el equipo económico buscó otros episodios similares en la historia del país, pero no halló nada parecido: abrevó entonces en la medida que, en el mismo sentido, había tomado en Estados Unidos el presidente Franklin Delano Roosvelt, tras el crack mundial del año 30.

A casi veinte años del estallido socioeconómico más grande de la República, que lo tuvo como protagonista en sus días más difíciles, Jorge Remes Lenicov escribió recientemente un extenso ensayo en el que reflexiona sobre aquella turbulencia de 2001, pero, como es su costumbre, desdibuja la anécdota; sale rápidamente de ese escenario tentador para entonces sí historiar, cuestionar y darse para sí razones por las cuales, después de un despegue auspicioso en 2002, Argentina está hoy otra vez atrapada y siempre amenazada por una nueva crisis, o de deuda, o de balanza de pagos, o cambiaria.

El desencuentro entre política y economía. Bases para la recuperación del crecimiento con equidad distributiva (marzo, 2021) es el dilatado trabajo aún inédito —al que tuvo acceso Suma Política— elaborado por Remes, en el que reclama realizar de una vez y para siempre reformas estructurales que saquen al país de su “estancamiento económico y decadencia social”. Pero advierte que cuando se recuerda a los políticos que “deben hacer cambios que obligan a procesos que pueden ser desagradables”, éstos “suelen sostener que políticamente no es posible”. La tarea por encarar —augura entonces el economista— es “compleja, difícil y conflictiva, pero necesaria para salir del estancamiento. Lo peor que nos puede ocurrir es continuar con esta actitud conservadora, por más que discursivamente se la disfrace de progresista o liberal. Si se sigue haciendo lo mismo en un mundo que avanza y cambia aceleradamente —advierte—, nos seguiremos hundiendo en la decadencia. Habrá que afrontar costos, pero éstos serán considerablemente menores al costo de no hacer nada. De cómo asumamos el desafío dependerá el futuro de la Argentina. No se puede hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”, concluye.

Éstos son apenas los párrafos finales del ensayo de Remes para la hora actual, que se puede leer completo aquí y en el que opina que “el elevado déficit fiscal es la causa de la deuda pública” y argumenta al respecto: “Cuando el Estado gasta más de lo que recauda aparece el déficit, que siempre genera el aumento de la deuda y/o de la emisión monetaria y/o de los impuestos”.

Las aseveraciones de Remes Lenicov enfrentan frontalmente el punto de vista del ala kirchnerista del justicialismo, desde la cual, quizás, no vacilarían en tildarlo de neoliberal: “Desde la recuperación de la democracia hubo déficit en 33 años y equilibrio, o superávit, en apenas 4 años. La deuda pública —sostiene— siempre crece por el déficit fiscal, y cuando se acumula llega un momento que no se puede pagar. En realidad, se usa la deuda para evitar el esfuerzo presente y cargárselo a los próximos gobernantes o a la siguiente generación. Seguramente, los que sostienen que el déficit fiscal es irrelevante son los que, implícitamente, imaginan que nunca se va a pagar la deuda”.



Aprender del mundo


“¿Por qué casi siempre se opta por alguno de los dos polos que, por la experiencia propia e internacional, nunca terminaron bien? —se pregunta— De un lado, el populismo, que descree de las leyes básicas de la economía y considera que el Estado, sólo a través de su mayor tamaño y regulaciones, mejorará el bienestar de los más postergados. Del otro, el neoliberalismo, que sólo cree en la dinámica del mercado, en un Estado mínimo, y que a partir de la plena libertad de mercado los beneficios del crecimiento derramarán sobre toda la sociedad, mejorando su nivel de vida. Si la gran mayoría de los países, respetando las leyes básicas de la economía, crece, tiene estabilidad de precios y baja la pobreza, ¿por qué Argentina, oscilando siempre entre esos dos polos, hace todo lo contrario a lo que ellos hacen?”

Según Remes Lenicov, se debe aprender de esos países, que “han sabido preservar la libertad conciliando democracia representativa y desarrollo”. Para él, la dirigencia debe tener una mirada clara “sobre cómo funciona el mundo, más allá de que sus reglas agraden o no. Países como el nuestro —sugiere— no están en condiciones de dictarlas”.

En ese terreno, el economista carga contra “la pretendida conspiración antinacional”, y piensa que atribuir el fracaso a esa razón es “rehuir toda responsabilidad sobre las fallidas acciones de gobierno (…) ¿Cómo hicieron los dirigentes de otros países para zafar de esos conspiradores? No es creíble pensar que la Argentina, en particular, esté sometida a una conspiración de carácter mundial”, retruca.


La Historia y los recursos


“Siempre se alude al daño provocado por la última dictadura que, sin duda, fue enorme. Pero otros países también pasaron por situaciones parecidas o peores y pudieron recuperarse. Ya no es creíble decir que estamos mal por algo que ocurrió hace cuatro décadas”, sostiene en uno de los capítulos de Bases… destinado a mirar la historia. “Posiblemente —se explica—, siempre se hace mención de ese período porque evita la discusión entre los partidos políticos sobre lo que sucedió después, porque todos ellos fueron responsables. ¿Por qué no hay una reflexión, al interior de los partidos, sobre lo que hicieron mal cuando fueron gobierno?”.

En otro apartado, Remes enfoca una creencia arraigada en la sociedad argentina: aquella que afirma que este es un país rico gracias a sus recursos naturales. “Pudo haber sido así hace cien años, pero no lo es ahora —disiente—. El Banco Mundial en 2018 midió la riqueza del mundo dividiéndola en producida, humana y natural: esta última representa sólo el 9 % y la agrícola apenas el 3 %. En recursos naturales por habitante, Argentina es el sexto país en América latina y el número 47 en el mundo. La riqueza más relevante, a nivel global, es la educación y la mano de obra calificada, seguida por las máquinas, la tecnología y la infraestructura; por último, están los recursos naturales”.

Y dedica un párrafo a los dirigentes que siguen creyendo que “somos ricos por la geografía” y que se esperanzan con que “una buena cosecha nos salva”. Así —se lamenta Jorge Remes Lenicov— “se desincentiva el esfuerzo, el ahorro, la educación, la disciplina y el trabajo (todo lo que es considerado meritorio en los países que se desarrollan)”.

Hace poco más de tres meses, Suma Política inició una serie de conversaciones con políticos, economistas y sindicalistas acerca de las deudas de la democracia, de los aumentos considerables de desocupación y pobreza que el país no logró controlar ni disminuir desde 1983. El sentido editorial que orientó esas conversaciones fue interpelar sobre las razones de ese sentido fracaso social y político. El mismo sentido es el que orienta la cavilación de Remes Lenicov en el comienzo de su referido trabajo: “La democracia recuperada en 1983 produjo importantes avances en el ejercicio de la libertad, en el reconocimiento de los derechos humanos y en la conciencia social sobre las cuestiones ambientales y de género. No obstante —sentencia—, el estancamiento económico y el aumento de la pobreza son serias asignaturas pendientes”.


El ensayo completo



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