Sucesos similares al intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner “pueden volver a repetirse” en el país. Quien lo advirtió es el actual titular de Agencia Federal de Inteligencia, Agustín Rossi, y reveló que eso mismo le dijo al presidente Alberto Fernández en una reunión de gabinete el día después de que un arma disparara a la cabeza de la vicepresidenta y no saliera la bala.
Rossi reiteró que le comunicó su preocupación al presidente en ese momento porque sostiene que “en general estos hechos vuelven a repetirse, no necesariamente sobre la misma figura política y no necesariamente sobre el mismo espacio político, puede ser sobre otro. Habría que tener un mayor cuidado”, alertó.
El ex ministro de Defensa, actualmente funcionario del gobierno nacional, sostuvo que lo que sucedió con la vicepresidenta es un proceso que no solamente se está dando en Argentina, sino en los principales países del mundo. “Esto que está creciendo en el mundo merece una mirada muy atenta de parte del conjunto de los dirigentes políticos democráticos”, sostuvo.
Apuntó al rol de la oposición luego del atentado a Cristina Kirchner: “Pasó desapercibido que (Patricia) Bullrich no haya condenado el intento de asesinato”. Y trazó una comparación con la actuación que tuvo Antonio Cafiero, entonces presidente del Partido Justicialista, cuando se produjo la asonada carapintada de Semana Santa en 1987. “No solamente condenó, sino que estuvo al lado de Alfonsín. Ese apoyo significó que los posteriores alzamientos carapintada siempre tuvieron menos repercusión”.
Por eso reflexionó que “es grave que un sector de la política no condene un intento de magnicidio. Lo que eso hace es legitimar el accionar de estos grupos extremistas violentos de derecha”, aseguró.
Rossi formuló estas expresiones en un encuentro organizado en Rosario por la fundación Friedrich Enbert, para reflexionar sobre la situación política y judicial de Argentina y el continente. El encuentro se tituló “InJusticia: el lawfare en Argentina y Latinoamérica”, donde expuso sobre el vínculo del lawfare, el crecimiento de los discursos de odio, el surgimiento de grupos extremistas violentos de derecha y su relación con la persecución mediática y judicial a referentes populares como Cristina Kirchner y el electo presidente de Brasil Lula Da Silva. “Quedó claro que el juez Moro no buscaba justicia, sino el Ministerio de Justicia de Bolsonaro”, ironizó Rossi sobre las denuncias contra el electo mandatario brasileño.
De la charla también participaron Griselda Tessio, ex vicegobernadora de Santa Fe, el abogado y ex ministro de Justicia de Santa Fe Juan Lewis, y el diputado provincial Carlos del Frade.
Estigmatización, odio y atentados
El interventor en la AFI trazó una conexión entre los discursos de odio y el surgimiento de grupos extremistas violentos de derecha. “Nunca se aplicó el lawfare a un dirigente de derecha, sino a los progresistas. Los que son perseguidos con la utilización del poder judicial son los dirigentes progresistas y lo que se va generando con el auxilio de los medios de comunicación es la estigmatización de esos dirigentes progresistas, que derivan en discursos de odio, y los mismos después derivan en lo que sucedió frente a la vicepresidenta”.
Al referir que se trata de un fenómeno que no sólo pasa en Argentina, Rossi recordó el reciente atentado del que fue víctima la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, cuando una persona ingresó a su domicilio y atacó a su marido.
También citó que en Brasil fue notable en esta última campaña la cantidad de hechos de violencia política que hubo y reveló que “en Estados Unidos dieron de baja a 400 y en Alemania a 800 miembros de sus fuerzas armadas por tener vinculación con grupos extremistas violentos de derecha, que crecen al calor de los discursos de odio. A Hitler nadie lo vio venir”, resaltó.
Rossi opinó que “así como cuando estaba la dictadura existía el partido militar que interrumpía períodos constitucionales, hoy existe el partido judicial, integrado por jueces y fiscales que funciona directamente con el sistema de poder en la Argentina, que lo integran los grupos económicos, los grupos mediáticos y la derecha política. Todo eso arma el lawfare, los discursos de odio y genera la aparición de grupos de derecha cada vez más ultras, cada vez más violentos, que son capaces de hacer los atentados. La violencia política aparece de vuelta en la vida de las naciones”, concluyó.
Sobre la investigación del atentado a Cristina Kirchner, Rossi detalló la denuncia que el organismo a su cargo realizó contra el grupo extremista violento de derecha Revolución Federal. Resaltó algunos puntos del procesamiento dictado por el juez federal Martínez de Giorgi y remarcó la importancia de investigar la conexión entre Revolución Federal y el grupo que intentó matar a la vicepresidenta de la Nación.
Recordó que la AFI hizo una denuncia judicial después de acceder a información de que en un conversatorio de la red twitter se producían delitos contra el orden público, amenazas e instigación a la violencia. Mencionó dos hechos: uno cuando Jonathan Morel, el líder del grupo antiK Revolución Federal, una semana antes del intento de magnicidio contra Cristina decía “si a mí no me conociesen los pibes de La Cámpora, me infiltraría durante siete días, cantaría la marcha peronista y después paso a la historia”. Lo mismo que hizo Sabag Montiel cuando gatilló el arma siete días después. El otro dato de la denuncia menciona a Morel en el mismo conversatorio hablando con un soldado voluntario de Río Gallegos que le comenta que a veces veía pasar a Máximo Kirchner. Morel le pregunta “y por qué no lo mataste”, además de otras amenazas contra el presidente de la Nación.
Rossi destacó además algunos fundamentos del fallo del juez Martínez de Giorgi cuando procesó a los cuatro integrantes de Revolución Federal. En los considerandos toma un pensamiento de Eduardo Bertoni, un relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que cita: “Históricamente el discurso de odio no reconoce fronteras de tiempo o lugar. Ha sido utilizado por funcionarios de la Alemania nazi, por el Ku Klux Klan en los Estados Unidos y por una gama amplia de actores en Bosnia durante la década del 90 y durante el genocidio en Ruanda en 1994. Pero cuando se utiliza el discurso de odio tiene hilo conductor: se utiliza para hostigar, perseguir, justificar una privación de derechos humanos. En su forma más extrema el discurso de odio puede incluso utilizarse para racionalizar el asesinato”.
En el mismo sentido, la ex vicegobernadora de Santa Fe Griselda Tessio resaltó que “una de las herramientas del lawfare es crear el pánico social”, y concluyó: “No es posible que una persona política haya acumulado sobre su cabeza 913 denuncias como acumuló Cristina Kirchner. Y no soy kirchnerista, soy abogada”.



































