Tras más de dos años de desfinanciamiento y de destrato institucional, el gobierno nacional prepara una fuerte reducción de personal en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) con el objetivo de achicar más de un 20 por ciento el número de trabajadores de planta de ese organismo, que tiene 153 años de historia y que es una referencia técnica de nivel global. El inminente despido de alrededor de 240 empleados, que esta semana generó un cese de actividades en ese Servicio, es un (nuevo) tiro en el pie contra las capacidades científico-tecnológicas argentinas. “Discontinuar un trabajo que lleva más de un siglo y medio pone en serio riesgo la previsibilidad meteorológica que necesitan muchos sectores productivos argentinos y deja a la población mucho más vulnerable ante desastres naturales”, explicó Carla Gulizia, doctora en Ciencias de la Atmósfera y presidenta del Centro Argentino de Meteorólogos (CAM).
El nuevo achique busca reducir el equipo de observadores que sostiene la red de recolección de datos sobre la cual se construye el grueso de la información meteorológica y climática del país. Si se concreta este ajuste cerrarían estaciones ubicadas en regiones estratégicas del territorio argentino. Una apuesta particularmente riesgosa en un planeta recalentado, en el cual el cambio climático hace que los eventos extremos (tormentas severas, olas de calor, pulsos de sequía) sean más frecuentes y más intensos. Así se destaca en el último informe sobre el estado del clima mundial publicado hace pocas semanas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), donde se confirma que, a nivel planetario, los 11 años comprendidos entre 2015 y 2025 han sido los más cálidos jamás registrados.
Contra la ciencia
La avanzada del gobierno libertario contra el SMN se inscribe dentro de la política de destrucción de capacidades estatales que impulsa el oficialismo, para el que cualquier actor ligado a la construcción de conocimiento técnico o científico es un blanco predilecto. O como dijo el vicepresidente estadounidense, JD Vance: “el enemigo es el profesor” (o el científico, o aquel que puede construir pensamiento crítico). En ese marco hay que entender, por ejemplo, los cambios que padeció la conducción del Servicio, hoy en manos de un ex militar: se trata del comodoro Antonio José Mauad, ex combatiente de Malvinas, quien tras un primer paso desde diciembre de 2024 hasta agosto de 2025 volvió en febrero pasado a ocupar ese lugar. Ante esto, desde el CAM se volvió a recordar que, por normativa nacional, la conducción del SMN “debe estar a cargo de un profesional universitario con formación específica en ciencias de la atmósfera”.
Para Gulizia, el recorte traerá consecuencias “gravísimas” ya que romperá eslabones de la cadena de valor que son las observaciones meteorológicas en un país extensísimo como la Argentina. “Se busca reducir el cuerpo de observadores y especialistas, lo que afectará a toda la cadena de valor del dato meteorológico y de la información climática para diversos sectores implicados en la seguridad nacional. Hablamos de empeorar los sistemas de alertas tempranas y de pronósticos que se usan para la planificación de la economía argentina: sector agropecuario, energía, minería, gestión del agua, entre otros”, enumeró la experta.
El ajuste es una vuelta más a una situación que el gobierno nacional puso en marcha apenas asumió: asfixiar a los organismos de ciencia y tecnología nacionales a través de despidos, desfinanciamiento y vaciamiento de estructuras. Quienes no son despedidos, muchas veces optan por renunciar a sus trabajos, ante la escandalosa pérdida salarial y la desmotivación generalizada. El SMN no escapa a eso: “estos despidos llegarían a un organismo ya muy debilitado”, sintetizó Gulizia.
Observar para cuidar
Los fenómenos meteorológicos extremos afectan a millones de personas y entrañan costos multimillonarios. Este año, el lema de la OMM —dirigida por la argentina Celeste Saulo, ex directora del SMN— es “observar hoy para proteger el mañana”. “La actividad humana está trastocando cada vez más el equilibrio natural y sufriremos las consecuencias durante cientos y miles de años. Las condiciones meteorológicas se han vuelto más extremas. En 2025, las olas de calor, los incendios forestales, las sequías, los ciclones tropicales, las tormentas y las inundaciones causaron miles de víctimas mortales, afectaron a millones de personas y ocasionaron pérdidas económicas multimillonarias”, dijo la funcionaria en el informe sobre el estado del clima mundial.
Recortar personal especializado en el SMN va contra toda lógica y sentido del cuidado colectivo y, por el contrario, compromete seriamente la continuidad y la calidad de estas mediciones “debilitando la capacidad del país para monitorear la atmósfera, anticipar fenómenos meteorológicos y generar información confiable para la toma de decisiones en sectores estratégicos como la aviación, la producción agropecuaria, la gestión del agua, la energía, el transporte y la protección civil”, señalaron desde el CAM. “En un contexto de creciente frecuencia e intensidad de eventos extremos, debilitar las capacidades de observación y monitoreo atmosférico del país resulta una decisión de muy alto riesgo para la sociedad y la economía” subrayó Gulizia,
Desde el Centro Argentino de Meteorólogos insistieron en advertir que, con el ajuste anunciado, el SMN quedaría “en riesgo inminente de colapso operativo”. “Los recursos humanos y tecnológicos del Servicio Meteorológico son pilares insustituibles para la protección de vidas y bienes, así como para la viabilidad del desarrollo económico y la previsibilidad del país”, resaltaron desde el CAM.

El clima extremo afecta el trabajo y la salud
El cambio climático, generado por acciones humanas relacionadas con los modos de producción y de consumo, afecta a toda la estructura social, de todos los países, sobre todo a aquellos con menores capacidades de adaptación y de prevención. En el último informe de la Organización Meteorológica Mundial se repite, una vez más, la evidencia científica que existe al respecto: un clima extremo repercute en la mortalidad, los medios de subsistencia, los ecosistemas y los sistemas de salud, y agrava riesgos como las enfermedades transmitidas por vectores y por el agua y los factores de estrés para la salud mental, en especial entre las poblaciones vulnerables.
Un problema creciente, muy presente en la región central del país, es el estrés térmico: desde la OMM calcularon que alrededor de un tercio de la fuerza de trabajo mundial (1.200 millones de personas) enfrenta riesgos asociados al calor en el lugar de trabajo en algún momento del año, sobre todo en la agricultura y la construcción. “La integración de los datos meteorológicos y climáticos en los sistemas de información sobre la salud es sumamente urgente”, recomendaron los expertos de ese organismo internacional que forma parte del sistema de Naciones Unidas.
“Hay amplia evidencia respecto a que los eventos extremos son más frecuentes e intensos. Ante esto, precisamos cada vez más y mejor información, no menos. El Servicio tiene 153 años de historia y cuenta con estaciones centenarias, cuyo trabajo sistematizado nos ayuda a entender el clima. Reducir recursos puede tener graves consecuencias en materia de seguridad nacional”, concluyó Gulizia.




































