Federico Sturzenegger se para frente a casi 700 empresarios de Rosario y empieza a recitar el himno nacional. Le toca dar el discurso más esperado, después de recibir el premio a la Libertad, un martes cerca de las 23 en el hotel Ros Tower. Aparenta ser un alumno que se sabe la materia de memoria. Habla con destreza, no lee, por momentos se muestra precipitado, sabe que le están corriendo los días para completar su tarea, reconoce tropiezos, le pone nombre a quienes resisten sus cambios. Percibe cierto clima de complicidad en la cena anual de la Fundación Libertad que lo estimula a confiar detalles, que hasta ahora nunca había contado en público, sobre su ingreso al gobierno y los contratiempos en la ciclópea hazaña de desregular.
Sorprende con una infidencia del 2001, cuando formaba parte del equipo de Domingo Cavallo. Después de una discusión de varias horas sobre un tema -no reveló cuál fue-, comenta que lograron ponerse de acuerdo acerca de la mejor entre dos opciones. Al día siguiente vieron que se había publicado un decreto con la posición contraria a la consensuada. ¿Qué había pasado? Quien le escribía los decretos que después firmaba el entonces ministro Cavallo había impuesto, por otros medios, finalmente su postura. La moraleja de ese episodio la resume así: “Una cosa es el debate en el aire de las grandes ideas, y otra es con qué instrumentos efectivamente se avanza. Ahí me di cuenta que en la política el que gana el debate es el que pone el pilón de papeles sobre la mesa. Porque ya define, después tal vez se podrá discutir un poco sobre los márgenes. Eso hicimos ahora con las 4200 leyes de Argentina”, confiesa.
La experiencia hasta fue bautizada, la llama “El principio de Marx”. De inmediato aclara que no es por Carl ni por Groucho, sino por Daniel, ex secretario de Finanzas que fue el primero en entender lo que había pasado entonces. “Vino Horacio Liendo (ex funcionario del ala política de esa época) y el Mingo firmó. Y así nos cagaron”, cuenta ya en pleno uso de la confianza ante un público condescendiente.
Lo otro que revela es lo que podría denominarse el kilómetro cero de la desregulación y transformación del Estado que puso en marcha este año, ahora con un cargo de ministro en el actual gobierno. Como al pasar cuenta una intimidad: el presidente Milei pensaba titularlo Ministerio de Colonización, y a sugerencia del futuro ministro se llamó como se llama, después que exagerara que el nombre debería ser Ministerio de la “Atrasación”, por lo que atrasa el Estado, pero se descartó porque sonaba demasiado feo.
Sturzenegger había empezado a hacer un trabajo de revisión de toda la estructura legal de Argentina desde 1880 hasta el presente unos dos años y medio atrás, a pedido de Patricia Bullrich. La condición del encargo era que hiciera el análisis asumiendo que no habría ninguna restricción política. “En todo caso la pondré yo”, le aclaró entonces la candidata presidencial. Eso, asegura ahora, le facilitó mucho la tarea, no especular ni pensar en los intereses, en quien se iba a oponer o a quejar.
Al día siguiente de perder las elecciones en 2023, la candidata del PRO le escribe un mensaje por WhatsApp: “Federico, no te desanimes. El proyecto en el que trabajamos juntos, vas a ver que se va a hacer realidad con Javier. Incluso, quizás, más que si hubiera ganado yo”. Un gesto que describe como de humildad y grandeza por parte de la actual ministra de Seguridad de la Nación.
De inmediato encaró una revisión general que le llevó cinco horas del marco de leyes en Argentina. El resultado: dos pilas enormes de papeles que se hicieron conocidas por las redes y que después quedaron contenidas en el DNU 70 y la ley Bases. El relato de Sturzenegger no retacea en detalles: “Javier nos escuchaba y gemía como si tuviera un orgasmo. Y me dijo: esto lo tenemos que implementar”.
Dice haber hecho ese trabajo que desembocó en dos pilas de resoluciones con solo siete personas (cinco abogados y dos economistas) y con cero peso. Su equipo fueron cuatro alumnos de Derecho de la Universidad de San Andrés, un constitucionalista y un ayudante de cátedra de Economía I de la misma universidad.

Un plomero de la libertad
Cuando puede, Sturzenegger se quita méritos. Por ejemplo, cuando se define: “No soy un intelectual de la libertad, ni un filósofo, ni un pensador, ni un gran comunicador como Vargas Llosa. Creo que soy el plomero de la libertad, el que se dedica a destapar las cañerías para que ustedes puedan circular por esos caños más despejados. Si hay que calzarse el guante, meter la mano y sacar toda esa porquería, ahí estoy”. Habla de la estructura de normas del Estado.
Sostiene que ese cambio “genera un gran desafío, porque son muchos años de no hacer lo que el gobierno no te dejaba hacer. Es como que vivieron en una jaula durante mucho tiempo. Y de repente se abrió la jaula y llegó el momento de salir. Bueno, hay que salir, porque por ahí uno se queda”, provoca.
“El motivo por el cual no somos libres es que hay intereses por detrás de todas esas regulaciones, normas y leyes que es lo que nos hace no ser libres. Hay que pelear todos los días contra esos intereses, que quieren que eso se mantenga. Estamos en la construcción de la libertad, no es fácil, sino pregúntenle a los de la Revolución Francesa”, compara.
Confiesa que su trabajo no es difícil por una simple razón: “Hay leyes que son tan grotescas, en lo que dicen es tan obvio el interés que está por detrás, que si uno tiene dos o tres principios básicos, como tener más competencia, que no haya intereses, que no haya asignaciones específicas y que no haya privilegios, entonces es bastante fácil calificarlas, saber qué hacer y cómo cambiarlas”.
Para reformar señala que “hay que enfrentarse con la burocracia, porque hay una red de protección que mata muchas cosas, pone una barrera a la actividad. La desregulación es lo más pro pyme que existe, además de ser lo más anticorrupción. Todas estas regulaciones son obstáculos para el pequeño productor”.
No obstante, admite que “tenemos un dilema entre el riesgo que queremos mitigar y lo que matamos por querer mitigar el riesgo”. Lo dice con un ejemplo absurdo: “Si no quisiéramos que nadie muriera cruzando la calle, podríamos prohibir que la gente circulara. Esos riesgos están muy poco sobre la mesa”.
Para definir “cómo es la plomería de la libertad”, el ministro de Desregulación explica como si diera una clase: “Argentina es una sociedad del statu quo, hay intereses, y está ahogándose en su propio triángulo de las Bermudas, que está sostenido por tres castas: la sindical, la empresaria y la política”.
Sobre la primera ironiza: “Si yo digo afuera del país que los sindicatos se llevan el 3% de los ingresos salariales formales, y que aún la persona que no está sindicalizada le tiene que pagar a los sindicatos, se me ríen. Piensan que estoy contándoles un chiste. ‘Decímelo en serio’, me piden. Porque eso en el resto del mundo es incomprensible”.
En cuanto a la casta empresaria, aclara que “no hay que generalizar”, y puntualiza que “las pymes son víctimas, y el sector agropecuario también”. Pero ataca: “Por algo Argentina es uno de los países más cerrados del mundo, eso no salió de un repollo”.
En relación a la casta política asegura que “tiene un gran actor central que es el partido peronista, que es el partido conservador de Argentina, es el partido de las castas, de los intereses creados. Para ilustrarlo con nombre y apellido es el partido de los Pablo Moyano (titular del sindicato de Camioneros) y de los Filiberti (empresario conocido como el rey del cloro)”.
Para Sturzenegger, esta “economía del statu quo” lleva décadas, se remonta al gobierno de Onganía, que según el ministro fue quien institucionalizó este sistema. Recuerda que en ese momento “Argentina era más rico que España, tenía apenas 5% de pobres, y a partir de la instauración de este régimen de castas o de statu quo, dejó de crecer y pasó a ser un país más pobre. Por eso Milei habla del modelo empobrecedor de las castas”.
Explica que en su visión “este sistema de castas está montado sobre una arquitectura legal. Por eso en Argentina el problema no sólo son los ilícitos, sino también los lícitos. Esta estructura crea una red de privilegios que está metida en la ley. Si uno quiere ser un plomero de la libertad, tiene que meterse con esa estructura”.
La ley Bases y los días contados
Lo que más valora Sturzenegger de la ley Bases son las facultades delegadas por el Congreso al Poder Ejecutivo por un año. La considera “una herramienta increíble”, aunque se lamenta que “sólo quedan 203 días”.
Para recordarlo, a la entrada de su oficina hizo colocar un reloj que va descontando día a día el tiempo que le falta para poder seguir haciendo las desregulaciones que pretende concretar. Hasta ahora llevó adelante 672 desregulaciones, a razón de casi dos por día.
Los dos incisos del artículo 3 de esa ley le permiten eliminar todo lo que se consideran trámites o resoluciones que el Estado impone y son inútiles, y también cerrar o fusionar organismos públicos y reparticiones.
Exultante con esa tarea, el ministro nacional invita a que lo sigan en X, donde todas las mañanas, apenas se levanta, publica las desregulaciones del día. Asegura que son cotos de caza que nadie sabe que existen.
“La ley Bases nos está permitiendo limpiar y sacar, y vamos a terminar con un Estado más eficiente, más chico y más barato, lo que va a permitir una baja de los impuestos, como ha ocurrido este primer año. Milei bajó este año 30 puntos el gasto público. Por supuesto, la baja de impuesto más importante es la baja del impuesto inflacionario”, aclara ante un público con mayores expectativas.
Para poner un ejemplo del trabajo que está haciendo, rescató una famosa cita de Alberdi. “¿Qué le pide la riqueza a las leyes para crecer? Lo mismo que Diógenes le contestó a Alejandro Magno ante una pregunta similar. La respuesta del filósofo que vivía en una alcantarilla fue: ¿podría correrse?, me está tapando el sol”.
Sturzenegger lo trajo a colación para resaltar que el objetivo de este gobierno va en el mismo sentido: “Queremos correr al Estado del medio, correr a las regulaciones del medio, dar un espacio de libertad, no molestar, no romperles las pelotas”, dijo más claro.
Sobre el DNU aseguró que “fue como un manto de libertad”, porque permitió derogar numerosas leyes, pero en particular valoró la modificación que hizo del artículo 958 del Código Civil y Comercial, estableciendo que los contratos privados priman por encima del Código. “Ese era el espíritu original de Vélez Sarsfield. Lo que es rey es el contrato entre privados. En todo caso el Código vela de manera supletoria y llena los vacíos que un contrato no terminó de definir”, explica.

Sobre lo realizado hasta ahora, rescató varias cuestiones:
-En el DNU 70, el cambio en la ley de alquileres significó una caída del 30% en el precio real de los alquileres. “Tuvimos que tumbar algunos mitos, como que se permita hacer contratos por menos de dos años. A eso lo liberamos”, informó.
–La ley Bases y la reforma laboral. “Se terminó, no nos pidan más porque ya se hizo”. Explicó que la clave fue permitir que cada convenio colectivo pueda escindirse del artículo 245 de la ley de Contrato de Trabajo y resolver el problema más álgido y que genera mayor incertidumbre en una relación laboral, que es el despido. “Cómo se resuelve el despido, algo que genera tanta incertidumbre jurídica y económica, ahora puede ser resuelto por los convenios de manera totalmente libre. Eso es lo más importante que había que hacer en materia laboral”, resume.
Salir de la jaula: una nueva aerolínea
Entre tanto repaso, Sturzenegger introdujo un anuncio que involucra a una ciudad santafesina. Tiene que ver con la reforma introducida al mercado aerocomercial, incluida en el DNU 70, que liberó totalmente el flujo de pasajeros en aerolíneas de pequeño porte.
Anticipó que este viernes 20/12 se va a hacer el primer vuelo inaugural de “una nueva aerolínea, totalmente argentina”, que va a conectar Aeroparque, Venado Tuerto, Villa María, y Aeroparque. “Los chicos que hicieron esta aerolínea tienen 24 años. Es todo lo que está bien en el país. Son los que dicen vamos a animarnos a salir de la jaula y vamos a empezar a transitar ese espacio de libertad que el gobierno nos crea”.
Para el final se guardó el relato de una extorsión, a partir de la liberación de la venta online de medicamentos, hasta ahora sólo reservada a las farmacias.
“En la Capital Federal no es tan importante, pero en el interior uno puede estar a 15 o 20 kilómetros de una farmacia. Por eso cambiamos el artículo 1 de la ley de farmacias, para permitir la venta online. El jueves pasado, Mercado Libre levantó la palanca para que las farmacias pudieran vender online. Algunas de esas farmacias pequeñas en Buenos Aires en una mañana vendieron lo que habían vendido en dos años. Imagínense estar en el banner de Mercado Libre”.
Fue entonces que contó que “una de estas farmacias, que había arrancado a las 10 de la mañana vendiendo, a las tres de la tarde recibe un llamado de un laboratorio que le dice: ‘te damos una hora para que te bajes de Mercado Libre. Y si no te bajás vos, te vamos a bajar nosotros’. Esta gente está loca, llaman con nombre y apellido, sabemos quiénes son, los llamados que han hecho, todas las extorsiones. Tal vez están muy acostumbrados a la impunidad. Entonces el farmacéutico decidió bajarse. Eran cuatro los que se habían subido a la venta online”.
En el cierre, Sturzenegger redondeó con una cita de la serie “Succession” sobre la importancia del futuro por sobre el pasado y remató con un estado de situación en su rol: “Construir la libertad es dificultoso, porque hay intereses atrás que no quieren esa libertad. Estamos en esa batalla. La batalla de la libertad no se pierde nunca. Cuando le das más posibilidades a la gente, tarde o temprano esa agenda se impone. Y además no vamos a claudicar nunca, a pesar de los intereses que están detrás, más cuando este mundo de la libertad ya está generando su reacción en la economía”.
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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

































