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Tras el crimen del jubilado de la Defensoría, otras dos muertes en su familia agregan misterio al caso

La historia del asesinato de un funcionario jubilado de la Defensoría del Pueblo de Rosario es un caso de subgénero de cuarto cerrado que no cesa de agregar episodios de misterio. Carlos Alberto Royer apareció sin vida con marcas elocuentes de golpes en octubre pasado en su departamento de La Paz al 700. Su esposa, 40 años menor, fue detenida 45 días después e imputada de autora del homicidio concretado con alevosía. También quedó presa una mujer más joven que mantenía hace un año un romance con ella. Están ambas acusadas de haber mantenido diálogos durante un año con mensajes torrenciales donde hablaban de eliminar a Royer.

El 5 de diciembre las dos mujeres quedaron presas. Las inconsistencias iniciales no habían alcanzado para mantener detenida a María Carla Martínez, esposa de Royer, de 35 años y madre de la única hija de ambos de 8, también empleada de la Defensoría del Pueblo. La pericia de su celular secuestrado arrojó una sorpresa para una novela: los intercambios que mantuvo durante ocho meses con Julia Andreoli, de 27 años, una docente de Colón en la provincia de Buenos Aires. Ambas se habían enamorado y en sus mensajes hablaban de un plan para quitarle la vida y poder iniciar ambas una convivencia.

A toda esta escabrosa trama se le sumó ahora un evento que le agrega misterio a la historia. Es algo que también ocurrió entre cuatro paredes, que involucra a la familia directa del jubilado asesinado, que hace escalar el dramatismo de la secuencia. Y es que la primera esposa de Carlos Royer y uno de sus hijos aparecieron sin vida en una casa de Balcarce y el río.

Se descubrió hace dos semanas y no tuvo divulgación. Griselda Viviana Gimbatti y Carlos Daniel Royer lucían inertes en el lugar. Ningún signo de violencia aparecía en sus cuerpos. No había emanaciones de gas. Nada parecía fuera de lugar o en desorden. Solamente que la ex esposa y el hijo de un hombre recientemente asesinado aparecían, de manera inesperada y sorpresiva, muertos. 

Un asesinato que fue explicado inicialmente de manera poco verosímil y que descubrió unos nudos de emociones y codicia que sorprendieron por sus detalles. Y menos de cuatro meses después las muertes todavía insondables de la primera mujer y el hijo de la víctima de ese crimen. Todo está bajo investigación inicial y conectada. No solo los fiscales quieren desentrañar qué pasó. La abogada defensora de la mujer acusada pidió lo mismo con una revisión del caso para tener acceso.



Las otras muertes

El 28 de octubre la mujer de Royer avisó al 911 que había encontrado muerto a su marido, que este tenía un fuerte golpe en la cabeza, y que al departamento habían entrado personas extrañas. A los 45 días quedó claro que el sistema de alarmas del piso había sido desconectado deliberadamente y el estudio de movimientos de todo el edificio, en especial del acceso, los palieres y los pasillos, no mostraron el desplazamiento de gente ajena al lugar. El análisis de los intercambios del teléfono de Carla y Julia exhibieron, para despejar toda incógnita, el ánimo incesante de deshacerse de Royer. Al jubilado lo habían matado.

Lo enigmático de todo ese incidente se siguió llenando de fantasmas a tres semanas de arrancado el año. El 21 de enero una hija de Royer se preocupó porque su madre y su hermano no respondían a sus mensajes ni a sus llamados desde el día anterior. Por eso llamó al 911. Un patrullero se acercó a la casa donde esperaba el esposo de quien había llamado. Todos entraron a la casa. En una habitación encontraron los dos cuerpos inmóviles.

¿Qué había pasado? Cuando lo que se llama incidencias priorizadas de la policía peinó los datos próximos de las víctimas apareció automáticamente el dato del reciente asesinato de Carlos Royer en Viamonte al 700. Pero faltaba en el caso de calle Balcarce al 137 bis la mediación de la violencia como causa de muerte. El llamado previo ante la ausencia de respuestas de madre e hijo daba cuenta de que la preocupación es porque Carlos Royer hijo era paciente psiquiátrico agresivo. 

La ausencia de signos cruentos hizo que el caso de la doble muerte fuera tomado por la fiscal de homicidios culposos, no intencionales, Mariana Prunotto. En el legajo el tema de lo ocurrido aún está bajo análisis. El informe del levantamiento de los cuerpos, según indicaron a Suma Política fuentes del Ministerio Público de la Acusación (MPA), señala que no presentan lesiones ni signos de violencia externa. El preinforme de autopsia de ambos fallecidos da cuenta de causa indeterminada de muerte. Vale decir que no está aún establecido qué provocó los decesos. Pero faltan los análisis anatomopatológicos y toxicológicos que son los que podrán revelar la ingesta eventualmente de alguna sustancia letal o bien de lesiones no advertibles a golpe de ojo.

Esta última situación movilizó a la policía interviniente, y a partir de ello al Ministerio de Seguridad de la provincia, a conjeturar la eventualidad de lo que llamaron “un pacto suicida”. Algo preliminar que deberá ser profundizado para llegar a una conclusión fundada y definitiva.

Estas muertes misteriosas que suceden a un caso de asesinato intrigante, por cómo su concreción aparente se construyó durante ocho meses, están en análisis en la Unidad Fiscal de Homicidios Culposos. Se trata de una cosa distinta a lo conocido en audiencia en diciembre sobre el crimen de Carlos Royer padre. Cuando se conoció que la planificación del hecho, con sus distintas variantes, se gestó desde febrero pasado cuando ambas mujeres, María Carla y Julia, hacían explícito su deseo de poner fin a la distancia entre Rosario y Colón y vivir juntas. Entonces empezaron a internarse en conversaciones de cómo deshacerse de Carlos. En una avalancha de mensajes por WhatsApp que llenan 100 páginas de un solo informe adicional está al desnudo esa trama expuesta ante el juez Lisandro Artacho. Que dictó a las dos mujeres la prisión preventiva. Un mes después de esa resolución, hay otras dos muertes, en circunstancias distintas pero que aportan perplejidad y embrollo al caso.


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