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Fotografía: Paula Sarkissian | Asamblea Lesbotransfeminista
Fotografía: Paula Sarkissian | Asamblea Lesbotransfeminista

Sociedad

Un 8M distinto: con la bandera de la solidaridad en alto, la procesión esta vez fue por dentro

El 8 de marzo está marcado en todo el mundo como un hito del calendario de luchas de mujeres y disidencias. Pero este año el movimiento local no pudo marchar contra el ajuste del gobierno de Javier Milei, atravesado por las problemáticas más acuciantes de la ciudad: la escalada de la violencia narco (que derivó en militarización) y la fragilidad de la infraestructura de algunos barrios. Fue un 8M distinto, en el que la Asamblea Lesbotransfeminista, en tanto espacio de articulación de organizaciones y militantes independientes, enarboló la bandera de la solidaridad —con las familias y compañeros de los trabajadores asesinados, con los vecindarios inundados— para suspender en dos ocasiones la tradicional movilización. Lo hizo en sintonía con la Rosario que apuesta a transformar, donde sea posible vivir en paz y con acceso a derechos.


Una previa recargada


En la era de la virtualidad y de la antipolítica, cuando el clima de época parece proponer antes el individualismo que las salidas colectivas, este verano cientos de personas se sumaron a la Asamblea para preparar el acto del 8M. Llegaron agrupadas o sin pertenencia a tal o cual organización y terminaron consensuando en los sucesivos encuentros semanales un contundente documento contra el ajuste mileista, que afecta a las mujeres y disidencias en particular pero también a muchos otros sectores populares. Este posicionamiento se iba a compartir con la multitud que llegaría al atardecer al Monumento a la Bandera desde la Plaza San Martín, donde a partir de las 12 estaba previsto que funcionara una feria de emprendedoras. A las autoridades se les informó el recorrido para que efectuaran los cortes de tránsito correspondientes; por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora había paro en muchas dependencias públicas y transporte urbano gratuito de 12 a 24, lo que contribuiría a garantizar la participación y la masividad.

Sin embargo, la mañana del 8 de marzo la Asamblea Lesbotransfeminista se congregó de urgencia. La reunión fue virtual: había paro de colectivos por el ataque a quemarropa al chofer de la línea K Marcos Daloia y recién comenzaban a retomar el servicio los taxistas, que venían de dos días de inactividad por los crímenes con sello mafioso de los conductores Héctor Figueroa y Diego Celentano. 


Fotografía: Paula Sarkissian | Asamblea Lesbotransfeminista

Ciudad en jaque, cambio de planes


La decisión de la militancia fue postergar la marcha en solidaridad con las familias de las víctimas y para acompañar las medidas de fuerza adoptadas por los respectivos sindicatos. Una asamblea presencial, el 11 de marzo en el Centro Cultural La Toma, definiría la nueva fecha de la manifestación tan esperada. Pero ese lunes la ciudad estuvo en jaque, casi se diría cerrada por duelo, luego de un fin de semana aterrador en el que un joven sicario asesinó al playero de 25 años Bruno Bussanich en una estación de servicio de zona oeste, y falleció Marcos Daloia, que había sido baleado el jueves.  

Los feminismos locales conocen los efectos de la violencia debido a su inserción en los barrios, donde desde hace años se cuentan por cientos los caídos, incluidas mujeres y niños que quedan en medio de las balas o son víctimas de ajustes de cuentas, de disputas territoriales. Esta vez “la guerra” se planteó directamente contra la administración de Maximiliano Pullaro, enmarcada en el endurecimiento de las condiciones de detención de los presos de alto perfil: ese conflicto, solo desde principios de marzo, incluyó una balacera a una unidad que transportaba agentes penitenciarios por la avenida Circunvalación —a la que le siguieron fotos de presos de la cárcel de Piñero durante una requisa al estilo Bukele, publicadas por el ministro de Seguridad de la provincia y el propio gobernador en redes sociales—, el ataque a la comisaría 15 de zona sur, los crímenes a trabajadores elegidos al azar para sembrar conmoción y dejar mensajes, la aparición de notas manuscritas y hasta una pancarta con la advertencia de que continuarían las muertes inocentes. De la categorización del fenómeno como narcoterrorismo al desembarco de funcionarios nacionales y de fuerzas federales que ocupan “zonas de alto riesgo” hubo un paso.

Entre el pavor, la angustia y los intentos de la ciudadanía por recuperar su ritmo habitual, la manifestación por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora se reprogramó para el 16 de marzo con la consigna #feminismorosarinoresiste. Ese sábado el colectivo estaba listo para demostrar presencia y masividad en un 8M inusual, tanto como lo es la crisis de seguridad pública que enlutó a Rosario y la puso en los ojos del mundo. Pero la marcha no pudo ser: el temporal que viene arreciando la región, y lo hizo en especial esa mañana, desnudó la fragilidad en materia de infraestructura y condiciones de vida de muchos barrios, que terminaron inundados, con calles intransitables, zonas sin luz, vecinos evacuados.


Fotografía: Paula Sarkissian | Asamblea Lesbotransfeminista

Se pisarán las calles nuevamente


En concreto, la decisión de la Asamblea fue suspender la movilización y concentrar de todas maneras en la plaza San Martín para brindar una conferencia de prensa y organizar la ayuda solidaria (de ropa, alimentos, colchones, repelente). Allí se dijo que la solidaridad se construye colectivamente y que las mujeres e identidades feminizadas no quieren el encierro porque en sus casas también son violentadas y están en peligro. “Nuestros barrios sufren violencia cotidianamente pero las respuestas políticas siguen siendo las mismas, no son inclusivas ni efectivas”, planteó la militante Majo Poncino y pidió que a los jóvenes se les ofrezcan horizontes. “Ahora lo prioritario es cómo ayudamos a nuestras barriadas. Ya veremos cómo nos vamos a ir manifestando”, agregó.

En esa línea se expresó la dirigente de ATE Liliana Leyes: “Las calles son nuestras, no vamos a regalarlas ni a los gobiernos ni a los narcos. Los derechos los ganamos en las calles y hemos avanzado mucho como para regalarlos”.

En la proclama, a la que se dio lectura (y se puede leer aquí), los feminismos cuestionaron la militarización de la ciudad con el argumento de que esa fórmula ya fracasó; pidieron que se investigue a los responsables de las bandas narcopoliciales “y a quienes lavan el dinero de la droga, posibilitando negocios millonarios”, además de políticas de seguridad respetuosas de los derechos y un Estado presente en materia de educación, salud, deportes, arte. “De esto no se sale con ajuste y represión”, aseveraron, al tiempo que reclamaron unidad para vivir en paz. 

Las reivindicaciones por el Día Internacional y plurinacional de trabajadorxs mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, intersex, no binaries, afros y originarias no se redujeron a cuestiones más sectoriales, como pueden ser el desmantelamiento de áreas de prevención y abordaje de la violencia de género o la amenaza de desactivar el aborto legal. En cambio hicieron hincapié en la desocupación, el hambre, la criminalización de la protesta. “El plan motosierra de Javier Milei pulveriza las condiciones de vida”, destacaron, para rechazar a renglón seguido la reforma laboral, los despidos y la precarización. Subrayaron el valor del trabajo de cuidado históricamente a cargo de mujeres y —disidencias—, y la necesidad de recomponer las jubilaciones.

Además, entre otros puntos, la Asamblea denunció la gravísima eliminación del envío de alimentos a comedores y merenderos, los tarifazos, la avanzada privatizadora que recorta fondos a las escuelas estatales, como el Fonid —de incentivo docente—. También se pronunció contra los negacionismos: del cambio climático, que termina privilegiando un modelo de producción extractivista; de los pueblos originarios, de los crímenes genocidas y hasta del lenguaje inclusivo. La propuesta es pensar en términos de derechos, por ejemplo a la cultura, que el nuevo gobierno de ultraderecha entiende como un gasto y por eso cierra o desfinancia organismos clave, desde el Instituto Nacional del Teatro a la red de bibliotecas populares. En ese sentido, los feminismos rosarinos se posicionaron contra la privatización de los medios públicos, del Banco Nación, de YPF.

La frustración por no poder marchar se canalizó en poner el cuerpo para prestar ayuda y asistencia a barriadas afectadas por las intensas lluvias, mientras el clima social continúa enrarecido, con intimidaciones como la balacera a un edificio en barrio Echesortu o la interrupción de la atención en la red de centros de salud. Se pisará las calles nuevamente el 24 de marzo, Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, cuando se cumplan 48 años del último golpe de Estado. Hasta entonces, la procesión va por dentro.


Fotografía: Paula Sarkissian | Asamblea Lesbotransfeminista

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