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Política

Avellaneda, la más radical, y una elección arrasadora que consagró a un ferviente defensor del frente de frentes

La ciudad de Avellaneda es más radical que la boina blanca. Desde el retorno de la democracia en 1983, siempre tuvo gobiernos radicales. Pasaron por la intendencia Delki Scarpin, Orfilio Marcon —cinco períodos—, Dionisio Scarpin —tres períodos— y ahora es el turno de Gonzalo Braidot, un contador público de 37 años. Braidot asumió en reemplazo de Scarpin en diciembre del año pasado y fue ratificado en las recientes elecciones con el 75,28 por ciento de los votos según arrojó el recuento definitivo que terminó este miércoles 19. Admirador de Raúl Alfonsín, Braidot tiene expectativas de ver a un presidente radical en 2023, rescata el Frente de Frentes como herramienta política para ganar la gobernación de Santa Fe y cree que, con acuerdos previos de gestión, podrían convivir sin problemas en ese frente el PRO y el socialismo. 

En diálogo telefónico con Suma Política también reivindica la movilización que en su momento se produjo en Avellaneda contra la nacionalización de Vicentin y asegura que hoy, pese a las irregularidades del directorio de la empresa que quedaron al descubierto, haría exactamente lo mismo. 

Gonzalo Braidot junto a Orfilio Marcón y Dionisio Scarpin, ambos legisladores de Avellaneda

—¿Cuáles son sus referentes políticos?

—Nosotros nos formamos con Chacho Marcon (actual senador provincial) y Dionisio Scarpin, y son nuestros dos referentes. Por supuesto que a nivel nacional es Raúl Alfonsín el último gran referente que tenemos. Cuando nos juntamos en el comité y charlamos de política siempre aparece su nombre.

—Dionisio Scarpin fue tres veces intendente y en su última elección en 2019 logró el 65 por ciento de los votos. Esta vez usted ganó con el 75,28 pro ciento. ¿A qué atribuye ese mayor porcentaje que obtuvo Juntos por el Cambio en esta oportunidad?

—A dos o tres cuestiones. Primero revalida lo que se viene haciendo, tanto en la gestión de Dionisio como lo que se siguió después. Y la otra instancia es que la gente manifestaba su enojo con la elección misma, la veía innecesaria. Muchos decían por qué no sigue Gonzalo, estamos bien así y se elige el año que viene con todos. Era un poco lo que se decía. También imagino que habrá alguna cuota de aprobación a mi gestión. La excepcionalidad de la elección misma hizo que se polarice mucho entre una y otra opción y obviamente que en Avellaneda, por la historia y la idiosincrasia, sabíamos que iba a ser un resultado contundente. El peronismo nunca sacó más votos, siempre se mantuvo en los mismos porcentajes. 

—¿Por qué cree que fue a votar solamente el 48 por ciento del padrón?

—Precisamente porque mucha gente decía que era innecesaria la elección. Fue una manera de repudiar la elección. Y tampoco hubo mucha campaña, casi no hubo difusión; también influyó que coincidiera con el Día de la Madre, lo que generó mucho malestar. El porcentaje de asistencia fue más o menos el que preveíamos.

—El que usted encabeza, ¿es un gabinete radical o de Juntos por el Cambio?

—Somos un gobierno de la Unión Cívica Radical. Además somos parte de la coalición Juntos por el Cambio porque tenemos afinidad de ideas; aspiramos a aportar a la coalición y que Juntos pro el Cambio pueda ser una alternativa viable el año que viene. Queremos liderar este espacio a nivel provincial y también a nivel nacional y ofrecer una alternativa seria de gobierno para el 2023.

—¿Qué piensa de la conformación de un Frente con toda la oposición al peronismo en Santa Fe?

—Me parece que es una estrategia positiva para llegar a la gobernación. Tiene que hacerse de una manera seria. Todos los integrantes tienen que tener un acuerdo previo sobre los ejes de gobierno, una agenda real y establecer cómo se va a encarar la gestión. Es importante que haya un preacuerdo de todos y que no pase que en pleno gobierno aparezcan diferencias de los partidos integrantes que generen situaciones poco convenientes para la gente. Esperemos que el radicalismo pueda ser el protagonista principal de esa coalición.

—¿Está de acuerdo con que se sumen el Partido Socialista y el Partido Creo, del intendente Pablo Javkin?

—Como radicalismo tenemos la experiencia del Frente Progresista y entendemos que también ahora dentro de Juntos por el Cambio podemos ser un nexo fundamental entre los partidos que a priori pueden ser más contrapuestos, como son el PRO y el PS. Si en la mesa de acuerdos previos de gestión se fijan bandas de acción certeras de cómo queremos trabajar, no tendría que haber ningún problema. Lo más importante, en lo que todos estamos de acuerdo, es que debemos mejorar notablemente la gestión actual para poner a Santa Fe como motor productivo de la Argentina.

—En el sur de la provincia, y particularmente en Rosario, la inseguridad es la mayor preocupación. ¿Cuáles son las situaciones más complejas que se viven en Avellaneda?

—Sabemos que en el sur la principal preocupación es la inseguridad. Por suerte aquí no ha llegado pero vemos que puede suceder porque entre Avellaneda y Reconquista conformamos un área metropolitana de más de cien mil habitantes y se empiezan a ver indicios de delitos y violencia que no se veían antes. En el norte las grandes preocupaciones son las distancias a los centros educativos, a los puertos, que requieren mayor eficiencia de las vías de comunicación. Las rutas no están en buen estado; por ejemplo la ruta 11 atraviesa las localidades del todo el norte y está en un pésimo estado, se viene pidiendo desde hace muchos años que se la mejore, a los gobiernos anteriores y al actual, pero sin ningún tipo de resultado. Aquí hace pocos años llega el agua de río, de acueducto. También hay que mejorar el servicio de salud. Tenemos un hospital nuevo, regional, al que ahora están dotando con mayor cantidad de profesionales, pero la cuestión de la salud es una de las complicaciones que tenemos. Para un tratamiento más complejo hay que ir al sur, a Rosario, a Santa Fe, es complicado. El norte está postergado en casi todos los temas con relación a las ciudades del sur, pero entendemos que con decisión política se puede revertir en un corto plazo. 

—¿A quién le gustaría ver el año que viene en la Casa Gris como gobernador?

—A Dionisio Scarpin.

—¿Y en la Casa Rosada?

—A cualquiera de los candidatos de Juntos por el Cambio. Claro que como radical tengo la expectativa de que el próximo presidente sea de mi partido.

—Entre los dirigentes de la UCR, ¿alguien le recuerda a Alfonsín?

—Maradona hay uno solo. La presencia de Alfonsín, el discurso de Alfonsín, es difícil que se vuelva a repetir. Diría incluso que es difícil que haya otro dirigente de su talla no sólo en el radicalismo sino en cualquier partido. 

—Cuando estalló la crisis de Vicentin y el gobierno nacional propuso su expropiación, Avellaneda se movilizó masivamente en contra. ¿Cuál es hoy su lectura de la situación?

—Nosotros mantenemos lo que siempre dijimos. Cuando hablo de nosotros me refiero a la comunidad entera de Avellaneda. La decisión fue repudiar el intento de expropiación de una empresa, todos vimos que era un camino que no tenía vuelta atrás. Si empezábamos con una empresa, ¿en qué terminaba todo esto? Siempre dijimos que el camino que se debía seguir era el concurso. En el concurso de quiebra se va a llevar adelante la posibilidad de salvar las deudas que tenía la empresa, dentro del esquema institucional de nuestra ley. Y obviamente si la Justicia determina maniobras que no eran legales, los actores deberán pagar las consecuencias. Son dos caminos que se pueden transitar a la par. Que la Justicia decida, nosotros respetamos las instituciones porque si no lo hacemos se complica para llevar adelante un esquema de país. La base de la República es respetar los roles de cada uno.

—Con el tiempo se supo que el directorio de Vicentin cometió irregularidades, desvió fondos, no les pagó a los productores, tomó préstamos millonarios del Banco Nación con destino poco claro. ¿Volvería ahora a actuar de la misma manera?

—El Estado no puede manejar empresas. El Estado tiene que hacer lo que le corresponde, que dicho sea de paso lo hace mal. Si hay problemas de inseguridad, de infraestructura, de educación, ¿vamos a hacer que el Estado maneje una empresa? A las empresas que las manejen los empresarios, y que se apliquen los controles que sean necesarios.


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