El desquicio que atraviesa al gobierno nacional logró convertir la foto del presidente Javier Milei con el principal líder de Occidente en un confuso episodio. Y el anunciado rescate del Tesoro de Estados Unidos en un partido de truco con más palabras y gestos que cartas en la mano.
El proselitismo de la administración de Donald Trump es real e inédito. Se cansó de repetirlo el propio presidente de Estados Unidos durante la extraña reunión que protagonizó con su par argentino. También es clara la visión de Argentina como su nuevo enclave territorial. En lo que parece flaquear el ídolo mundial de los libertarios es en sostener la confianza política sobre su pollo del Cono Sur. Por eso también insistió en condicionar el auxilio material al resultado de las elecciones.
“Estados Unidos ya nos está apoyando”, dijo sin doble sentido el director del Bice Felipe Núñez el martes en Rosario. El referente del equipo económico, una de las “tres anclas” del ministro Luis Caputo, vino a respaldar a los candidatos a diputados de La Libertad Avanza en la provincia, casi en simultáneo con el desarrollo de la secuencia de cumbre y derrumbe de los bonos. A su juicio, los dólares que vendió el Tesoro norteamericano para defender la banda cambiaria son prueba contundente de esa amistad.
El propio secretario Scott Bessent salió en respaldo de esa interpretación. Además de comunicar nuevas intervenciones en los mercados cambiarios cantó envido con una promesa de salvataje que duplicó la original de 20 mil millones de dólares. Pero la economía es la ciencia lúgubre. “El mercado está un poco cansado de tanto tweet y espera alguna confirmación oficial de todo lo conversado”, opinó el mismo día el analista financiero de IEB, Nicolás Cappella.
El electrocardiograma que dibujan los activos argentinos revela que la artillería verbal pierde poder de fuego frente a las expectativas de una city cuya adicción al dólar la embravece en la pulseada con su principal proveedor. Consumida la magia de Luis Caputo, ahora es su tutor norteamericano el que pone en juego sus trucos.
Dólar y política
“La pregunta clave es si la generosidad norteamericana continuará tras un resultado electoral que deje a Milei como un pato rengo”, inquirió el economista Andrés Asiaín en el último informe del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso), difundido horas antes de la reunión entre ambos presidentes. Es que una derrota, apuntó, exigiría a Trump a volcar un creciente financiamiento para “sostener artificialmente con vida el experimento libertario” durante dos años, “sin poder político interno” y “con un esquema económico insustentable”.
Este es el momento en el que los referentes del pan oficialismo se peinan para la foto. Desde Mauricio Macri hasta los parlamentarios que se reunieron con el interventor político enviado por Trump, Barry Bennet. También los caudillos de Provincias Unidas, que en la última semana ataron sus caballos en un estadio porteño con la excusa de respaldar a Martín Lousteau, el dispensado autor de la famosa resolución 125, kilómetro cero del movimiento no kirchnerista.
En la otra vereda, el movimiento de trabajadores busca pasar de la resistencia a la ofensiva en el nuevo contexto de crisis. Pese a la presión del propio gobierno provincial, el gremio docente convocó a un paro nacional en reclamo de la restitución de fondos educativos recortados a los Estados subnacionales.

Espiral de crisis
En Rosario, la protesta tuvo alguna conexión con una importante movilización convocada por gremios y movimientos sociales bajo la consigna “Trabajo sí, hambre no”. En la plaza San Martín convergieron columnas que partieron desde distintos puntos de la región. Entre las ollas populares y los discursos de los referentes, las encargadas de los comedores describieron con crudeza el estado de situación. “No damos abasto, se junta una cuadra de gente para retirar comida y muchas veces no alcanza”, dijo Liliana. Marisa, de Granadero Baigorria, completó: “Los barrios están explotados, las necesidades son infinitas”.
La crisis productiva, laboral y social fue el motivo de una reunión realizada el miércoles en la sede local del Ministerio de Trabajo de Santa Fe. Los máximos referentes de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM) y de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y el secretario de Trabajo, Julio Genesini, repasaron la dramática situación de ese sector.
En Rosario hay más de 30 establecimientos metalúrgicos operando bajo el paraguas del régimen de suspensión previsto en el artículo 223 Bis de la ley de contrato de trabajo. Esta herramienta es la última barrera contra una crisis del empleo que, de todos modos, ya se llevó 2 mil puestos formales metalúrgicos en lo que va de la gestión de Javier Milei.
“Los tiempos se agotan, hay industrias que hace seis meses que están con suspensiones y no se ve un horizonte de reactivación”, explicó Rafael Catalano, de AIM. La entidad empresaria y el gremio coinciden en la necesidad de exponer públicamente “la complejidad de la situación que se está viviendo”.
Durante el encuentro se exploraron alternativas de intervención, dentro de márgenes limitados. Se habló sobre la posibilidad de redireccionar al financiamiento de capital de trabajo, créditos subsidiados que hoy van a la inversión. También de fortalecer la ayuda social a los trabajadores que hoy están en la zona fronteriza del despido y de solicitar la reactivación del programa nacional Repro, que durante gobiernos anteriores ayudó a las empresas a pagar los sueldos a cambio de sostener las plantillas. Este instrumento, que se mostró muy eficaz, hoy está congelado por decisión de la administración de Javier Milei.

Los reformistas
El presidente de la Nación tiene otra visión sobre el mundo laboral. El viernes de la semana pasada, durante la sigilosa visita que realizó a la planta de Sidersa en San Nicolás, retomó su promesa de avanzar con la reforma laboral. Esa consigna ancestral enciende la líbido de un sector de la política y el empresariado pero de poco sirve para evitar el cierre de establecimientos por ausencia de demanda.
El informe de coyuntura que presentó el jueves la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) expuso que el 51 % de las industrias consideró que su cartera de pedidos se ubicó por debajo de lo considerado normal. Esa fue, junto al aumento del costo financiero y de las importaciones, una de las principales causas citadas para explicar la nueva caída de la producción fabril en la provincia. En agosto fue del 0,6 % interanual. Si se excluye la molienda de oleaginosas, que va por su propio carril, la contracción se multiplica al 6 %.
Aunque las urgencias sean otras, las reformas laboral, previsional e impositiva volvieron a centralizar los debates en el coloquio de Idea que se realizó en Mar del Plata. Pese a la escasez de presencias rutilantes, el fogón de ejecutivos empresarios no cedió en la vocación de marcar agenda económica. Y la del ajuste es la canción que saben todos allí.
El mismo día en que el Indec informó que las fábricas operan a menos del 60 % de su capacidad, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rapallini, elogió en el coloquio “el ordenamiento macro” y reclamó “reformas estructurales”. Música para los oídos del ministro Caputo, que en su intervención virtual desde EEUU zafó de la inquietud del presente con arengas y promesas sobre las “reformas de segunda generación”.

Los conflictos
Con la recesión como aliada, hay empresarios que se adelantan. El jueves la UOM Rosario denunció que la empresa MetroFund no acató la conciliación obligatoria dictada por Trabajo en el marco de un conflicto por la falta de pago y el intento de despido a 40 operarios, a los que se les negó el ingreso a la planta.
“Recientemente se ha tornado una mala costumbre que algunas patronales no respeten ni la ley ni lo dispuesto por la autoridad administrativa, es peligroso porque si no se respetan los parámetros básicos de la paz social se puede romper todo el orden vigente”, advirtió Pablo Cerra, representante legal del gremio.
Un día antes, Fernando Ramírez, del gremio de conductores navales (Siconara), había llamado a mantener el estado de movilización al hablar durante la jornada contra el hambre en la plaza San Martín. “Más allá de las elecciones, la calle es lo único que les da miedo”, advirtió.
La conflictividad también se da en la cúspide de la pirámide salarial. El martes pasado no hubo acuerdo en la paritaria del complejo oleaginoso, que se desarrolla bajo el paraguas de una conciliación obligatoria. Desde hace años, producto de una lucha iniciada por el sindicato de Rosario, el gremio reclama aumentos calculados en base al salario mínimo necesario para cubrir nueve necesidades contempladas en la Constitución y la ley de contrato de trabajo. Esto lleva el piso salarial por encima de 2,3 millones de pesos. En la pulseada, la patronal busca ajustar por la tasa de inflación. “Las mismas empresas que recibieron un regalo de 2.000 millones de dólares con las retenciones cero, ahora pretenden que el salario de los trabajadores se ajuste apenas un 1 ó 2 por ciento”, se quejó Daniel Succi, secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros del Departamento San Lorenzo (Soea).
Precios rebeldes
El Indec informó que el martes el IPC subió por encima del 2 % en septiembre, por primera vez en cinco meses. Desde el piso de mayo, la tasa de inflación crece. Aunque el equipo económico insiste en negar el pass through, la suba del tipo de cambio se hace sentir. Los precios mayoristas subieron 3,7 % el mes pasado, un máximo en un año y medio. Los importados crecieron al 9 %. La presión inflacionaria se siente más en Santa Fe, donde el índice minorista aumentó 2,3 %. Y se anuncian nuevos incrementos en el precio de la carne.
Esta inercia resiste el efecto depresivo del enorme y gravoso ajuste que puso en marcha el gobierno y que, como lo advirtió recientemente la Fundación Capital, pone a la economía argentina en las puertas de una nueva recesión técnica. Según el informe de Fisfe, el 70 % de las actividades fabriles mostraron caídas en la provincia.
Entre tanta malaria, sobresale el camino que tomó el tortuoso proceso iniciado con el default de Vicentin, en 2019. El próximo 31 de octubre vence la presentación de propuestas de salvataje en el marco del cramdown abierto por el juzgado civil y comercial número dos de Reconquista. El viernes, Molinos y Dreyfus sumaron su oferta conjunta a la que realizó a fines del mes pasado el Grupo Grassi, que además incorporó esta semana un acuerdo con Porta para reactivar el nodo Norte, en caso de salir airoso de la compulsa. El resultado depende del porcentaje de aprobación que consigan entre los acreedores, por número y por capital. De allí se verá si la cerealera renace, casi literalmente, de las cenizas.



































