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Ciencia y agro: genes y satélites para una alternativa de crecimiento verde

La pandemia cerró la discusión en torno a la importancia de la intervención del Estado. Ya no se trata de Estado sí o Estado no. En todo el mundo, el Estado interviene al prestar servicios básicos, mejorar la distribución del ingreso y promover el crecimiento. El debate parece girar, entonces, hacia las formas de medir la presencia del Estado. En ese punto, confundir tamaño y cantidad de regulaciones con calidad, puede llevar a callejones sin salida.

Desde el 2004, el gasto público consolidado de la Argentina se expandió hasta alcanzar el 42 por ciento del PBI, el nivel más alto en la historia. Sin embargo, de acuerdo al BID, para el 2018, el argentino era el Estado más ineficiente de Latinoamérica, con un costo calculado en más del 7 por ciento del PBI. Los cambios constantes en las políticas económicas profundizan la volatilidad e imponen un comportamiento histérico y de corto plazo. En una entrega anterior vimos de qué manera la bioeconomía puede sanear el enfrentamiento entre el endeudamiento irresponsable y restricción externa.

La realidad global habilita a pensar los términos de un Estado proactivo, capaz de asumir riesgos y crear sistemas que reúnan lo mejor del sector privado en beneficio del interés nacional. Un Estado que actúe como catalizador e inversor de una red de conocimiento que modifique pautas de consumo, modernice las infraestructuras y brinde condiciones para tecnologías sostenibles a largo plazo. El crecimiento verde puede ser el equivalente postpandemia de las ciudades industriales en la postguerra.

La Argentina aeroespacial

Es el caso del proyecto Satélite Argentino de Observación con Microondas (SAOCOM), donde la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la firma pública VENG, INVAP y la UNLP, junto a otras 80 empresas de tecnología del país, desarrollaron los sistemas de paneles solares de uso espacial y la Antena Radar de Apertura Sintética para el proyecto que el año pasado realizó el envío del último satélite desde el Cabo Cañaveral. Es un proyecto desarrollado en colaboración con la Agencia Espacial Italiana (ASI), un ejemplo de interacción público-privada en un área estratégica con beneficios múltiples. 

Este sistema de Observación de la Tierra permite la medición de la humedad del suelo y aplicaciones en emergencias como detección de derrames de hidrocarburos en el mar o el seguimiento de la cobertura de agua durante inundaciones. A través de un convenio entre el INTA y la CONAE, servirá para una mejor evaluación de siembra, fertilización y riego, y será un soporte fundamental para un uso más eficiente de los productos químicos. A través de la sensorización del agro, es un salto cualitativo y cuantitativo trascendental para la toma de decisiones del sector y una posibilidad para ampliar la plataforma de servicios ofrecidos al mundo. 

El crecimiento verde puede ser el equivalente postpandemia de las ciudades industriales en la postguerra

El Estado no solo incentiva, sino que toma riesgos y proporciona la financiación inicial en sectores claves. Sin los objetivos de política pública, las innovaciones a nivel privado difícilmente ocurren. Las instituciones intermedias tienen un rol fundamental en la difusión del conocimiento creado por la I+D por medio de los sistemas nacionales de innovación. La Argentina cuenta con un entramado de organismos públicos de primerísima calidad y la mayoría de la inversión en I+D es gubernamental: INVAP, ARSAT, CITEDEF, CONAE, INTA, CNEA y CONICET, son la base para un futuro donde la combinación de los factores de producción permita aumentar la productividad y reducir el impacto ambiental.

El SAOCOM es un ejemplo de creación de herramientas para soluciones concretas, como la eficiencia del uso del agua en cuencas de zonas áridas y semiáridas, desde su uso para riego hasta proyectos mineros. Y puede potenciar al ya significativo ecosistema de startup santafesinas. La existencia de otro PBI por afuera del sistema, confirma que algo no está funcionando. El Estado no puede limitarse a ser un simple facilitador. Puede y debe actuar como dinamizador en la economía del conocimiento, haciendo que las cosas sean posibles.



La genética nacional

Bioceres es una empresa rosarina formada por un grupo de productores apenas diez días antes del estallido del 2001. Es una de las firmas más importantes en el mundo de las ciencias de la vida y su principal activo, Bioceres Crop Solution, está listado en el índice tecnológico Nasdaq, de Wall Street. Su enfoque es el aumento de la productividad de los agroecosistemas y la disminución del impacto ambiental de la agricultura llevándola hacia la neutralidad de carbono. Desde su origen la empresa tiene como objetivo vincular al sistema científico, mayoritariamente público, con la producción agrícola.

Desde entonces se desplegaron diversas líneas en nutrición biológica de los cultivos y tecnologías de tolerancia a sequía en semillas para soja y trigo. Esta última tecnología es conocida como HB4 y fue desarrollada en alianza con la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet. La HB4 es la primera tecnología transgénica desarrollada íntegramente en la Argentina. Desde 1995, la investigadora Raquel Chan comenzó a trabajar con genes de diferentes plantas para conocer sus estructuras. Tras una década, comenzó los experimentos a través de tomar un gen del girasol y utilizarlo en el trigo. En 2004 el CONICET y la UNL patentaron una construcción genética que contenía el gen y lo licenciaron en alianza con Bioceres.

Esto no solo supone un hecho histórico al contar con un desarrollo nacional en biotecnología, sino que implica un modelo organizacional desde lo privado y un tipo de coordinación con el sector público que sienta las bases para un intercambio que puede ser sumamente poderoso. El Estado financia y despliega capacidades en investigación, y la empresa funciona como una gestora de proyectos, toma capital inversor y gerencia los servicios para construir valor. Esa fusión es indispensable, ya que, en el mundo de los activos intangibles, cuando se invierte tempranamente, el resultado más frecuente es el fracaso. 

Si el proceso está totalmente tercerizado, la inversión se vuelve a todo o nada. Desde Bioceres, a partir de las experiencias de vinculación con el sector público, realizaron el pasaje a un modelo con infraestructura de laboratorios propios que busca capitalizar esos fracasos. Esto quiere decir que las actividades se pueden llevar adelante localmente y aprender de lo que sale mal. El Indear, ubicado en Rosario, es la incubadora de proyectos de Bioceres. No genera ideas propias, sino que mantiene el espíritu de originar proyectos en el ecosistema científico regional y, posteriormente, explorar los mercados de capitales internacionales con el fin de generar opcionalidad para financiar el desarrollo.

La Argentina cuenta con un entramado de organismos públicos de primerísima calidad y la mayoría de la inversión en Investigación y Desarrollo es gubernamental

Los commodities son productos donde el precio tiende a igualar el costo de producción. Para la transformación de materias primas se suele pensar que la integración vertical es la que agrega márgenes. Para Bioceres, el modelo consiste en sumar conocimiento. Argentina pasó a ser el país más competitivo en soja en los años 90 por el proceso de convergencia tecnológica que combinó la técnica de siembra directa con la biotecnología y la agricultura de escala a un costo por debajo del promedio en Brasil y EE.UU.

El objetivo ampliado de modificar la composición de las materias primas está en correlación con una mayor eficiencia y la creación de espacios de innovación que significan conocimiento intensivo. Ese agregado de valor puede tener efectos multiplicadores fenomenales, ya que el conocimiento es fácilmente transportable. Argentina es sumamente competitivo porque cuenta con abundante biomasa y capacidades humanas. La plataforma de servicios soberanos es uno de los grandes debates en torno al valor agregado de las exportaciones y otra forma de contar con los dólares que permitan un mayor crecimiento interno.

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Autor

  • Lucas Paulinovich

    Hace periodismo desde los 16 años. Fue redactor del periódico agrario SURsuelo y trabajó en diversos medios regionales y nacionales. En Instagram: @lpaulinovich.

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