En el gobierno de Javier Milei casi todo es nuevo, impredecible y nunca pasó antes. En el primer discurso del presidente frente a la Asamblea Legislativa (329 diputados y senadores) no hay motivos para imaginar un desempeño distinto al que tuvo hasta ahora, en especial con legisladores y gobernadores. La Asamblea, en la que estará presente el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, técnicamente es una instancia prevista para presentar un plan de gobierno, en las áreas principales y con un discurso al alcance del hombre y la mujer de a pie. Pero el gobierno de La Libertad Avanza ya está en marcha y la sociedad toma nota muy rápidamente de qué viene.
Fueron 80 días de sorpresas, estupor, y un creciente deterioro y ruptura de las relaciones económicas más elementales para una amplísima mayoría de los argentinos, que, sin embargo, todo indica, Milei traducirá en éxitos económicos haciendo una cuenta que sólo hace un pequeño sector de la economía que lo acompaña.
Con todo, el presidente aparece tocado pero no hundido. Se habría consumido casi 20 puntos de aprobación desde que asumió en diciembre (con 60 puntos de aprobación), que lo colocan hoy en la línea de navegación de los 40 puntos. Un montón para los magros resultados, que seguramente no fueron magros en el plano de la comunicación, en tanto responsabilizar a otros gobiernos (anteriores) por acciones e inacciones que vienen dominando un verano que será por siempre inolvidable.
Desde la Casa Rosada dejan trascender que seguirá en la línea que ya expresó el presidente en recientes entrevistas: un programa de liberalización de toda la economía, desguace de los dispositivos estatales de regulación y contención social, y sin titubear a la hora de confrontar con quienes lo confrontan, incluso algunos aliados cercanos como el ex presidente Mauricio Macri, con quien sorpresivamente también ha quedado distanciado en las últimas semanas.
Son muchos los opositores “amigables” que esperarían para este viernes la emergencia de un Milei contemporizador, negociador, pero, en principio, no hay elementos para imaginar ese escenario. Aun y a pesar de los duros reveses que sufre políticamente la Casa Rosada, desde la caída de la llamada ley ómnibus el último 6 de febrero, pasando por el conflicto por recursos con Chubut (y el resto de las provincias patagónicas) que por ahora fue encaminado por la Justicia Federal de aquella provincia —a favor del planteo del gobernador Ignacio Torres—, hasta el retroceso de la otra pieza jurídica clave con que hoy mismo el Gobierno nacional impulsa cambios drásticos: el DNU 70/23, que tiene los días contados, al menos y por ahora, en la Cámara alta.
Párrafo aparte merecen los choques del presidente con la mayoría de los gobernadores, incluyendo el de Santa Fe, por el recorte de distintos fondos nacionales como el del transporte y el incentivo docente, que abonan la escena de tensiones institucionales —también nunca vista— en la que se da la apertura de las primeras sesiones ordinarias del mandato libertario.
El destino del 70/23
El DNU más grande toda la historia (como que tiene trescientas leyes adentro) en realidad fue una creación deliberada para intervenir todo el ámbito jurídico nacional, y dejar estupefactos a los cuerpos legislativos encargados de analizarlo. Tardíamente, y fuera del reglamento, el oficialismo impuso este jueves (con aliados) en la primera reunión de la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, convocar a siete funcionarios del Poder Ejecutivo a que lo defiendan ante los legisladores, la próxima semana.
Unión por la Patria, que estuvo presente en la reunión que tiene un total de 16 miembros, puso otra vez el grito en el cielo, no avaló la convocatoria “dilatoria” de funcionarios nacionales, y exigió se concrete una sesión para tratar directamente en el recinto el 70/23 y otros decretos que hubieran quedado sin tratar de períodos anteriores. Ya son 42 los senadores que pidieron (en cuatro pedidos formales) la sesión para tratar directo el DNU de Milei, pero la titular del cuerpo Victoria Villaruel no da respuestas.
Uno de los riesgos para la Asamblea Legislativa de este viernes, que será la número 142 y se concretará en el inusual horario nocturno de las 21, es que el discurso del presidente se vuelva nuevamente volcánico contra los legisladores, que esta vez estarán a metros suyo, cara a cara.
Nunca pasó que a un presidente se le impida hablar en su primera apertura de Sesiones Ordinarias; normalmente cada uno dice lo que quiere y la audiencia responde con aplausos o silencios, y no mucho más que eso. Pero Milei es Milei, y, se sabe, un mundo distópico en el plano político está sucediendo justo en este momento. Lo que nunca antes pasó, tal vez suceda este año 2024. Algún clarividente, con certeza, ya sabe, lo que esta columna no se anima a pronosticar.



































