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De la primera a la última, las mujeres del rock argentino y todo lo que tuvo que pasar para que hoy brille la luz para ellas

Las numerosas dictaduras que gobernaron el país a lo largo del siglo pasado, y la consiguiente incidencia de la iglesia católica en la vida y educación públicas, moldearon las cabezas de la población con una doctrina castrense y religiosa. Esa ideología conservadora, misógina y homofóbica contaminó el imaginario del rock argentino desde sus orígenes.

Artistas, periodistas y público de un movimiento en teoría contracultural adhirieron a dogmas dañinos, cargados de prejuicios. En los conciertos y festivales, los y las artistas que no calzaban en el molde recibían insultos y agresiones: “puto” se le gritaba al músico que no se ajustaba a la norma heterosexual, y “puta”, a la mujer que osaba subirse a un escenario para cantar sus canciones.

Históricamente, el ecosistema del rock argentino —productores, ingenieros de sonido, técnicos, periodistas, mánagers, músicos, fotógrafos— fue masculino, y las mujeres, con suerte, podían aspirar a roles secundarios, como coristas, musas o groupies. Y aquellas que lograban acceder a un lugar de mayor protagonismo debían enfrentar la discriminación, el menosprecio y los comentarios hirientes.

En la década de los 90, la situación comenzó a cambiar, y en los últimos años artistas como Lucy Patané, Paula Maffía o Marilina Bertoldi —premio Gardel de Oro en 2019— no sólo grabaron discos extraordinarios; también insuflaron energía a un movimiento que, en líneas generales, viene girando en falso desde hace tiempo.  

La periodista y escritora Romina Zanellato relevó de manera exhaustiva y cronológica la participación femenina en el rock argentino. En su libro Brilla la luz para ellas, publicado por editorial Marea, también describe las dificultades que sufrieron las mujeres a lo largo de cinco décadas, y la manera en que la organización y la militancia resultaron en la conquista de derechos. Zanellato conversó con Suma Política sobre los alcances de su investigación, la misoginia en el rock argentino y los vicios machistas que perviven en el periodismo de rock.

¿Cómo surgió la idea de hacer un libro de estas características?

 —Me di cuenta que necesitaba leer sobre las primeras mujeres en la historia del rock nacional, porque las desconocía, pero no encontraba material al respecto. Apenas algunas menciones al pasar en los libros sobre rock escritos por los colegas varones, pero no había mucha información sobre ellas: quiénes eran, qué música hacían, de dónde venían, qué hicieron después. Entonces me puse a investigarlas y decidí escribir yo el libro que deseaba leer, porque como periodista feminista tengo un compromiso con la construcción de una memoria feminista. Es decir, si en cualquier historia que se cuente no hay mujeres o disidencias en el relato es porque no se las sumó, no se les preguntó, se las invisibilizó, porque siempre estuvimos involucradas en todo, y el rock no fue distinto.

¿Cuánto tiempo te llevó el proceso de investigación y escritura?

—Desde que empecé a darle forma a la idea, a hacer una línea de tiempo en la pared de mi casa hasta que entregué la última versión del libro pasaron dos años intensos.

El rock argentino siempre fue un ecosistema machista. De todas las historias que relevaste, ¿cuál te resultó la más simbólica?

—Creo que por ser el primero fue el que más me impactó. En 1968 se lanzó el primer sello independiente de rock argentino, Mandioca, donde se presentaron tres simples de músiques inéditos: Manal, Los Abuelos de la Nada y Cristina Plate. Ese es el único dato que quedó registrado de ella, y rearmar su historia fue un desafío y una obsesión. ¿Quién era esa mujer apenas nombrada? Como a muchos no les gustó su música la borraron totalmente y ella se fue de Mandioca muy enojada. En las dos notas sobre la presentación la criticaban más porque había trabajado como modelo que por la calidad musical de su show. El borramiento fue tal que en toda la historia del rock nacional a quien señalan como “la primera mujer en el rock nacional” es a Gabriela, que surgió dos años después y fue muy aceptada por los rockeros. Me impactó mucho el rechazo y la imposición que tuvo que sentir Cristina Plate. A tal punto que, después de intentarlo con RCA Víctor y sufrir las mismas críticas, se alejó de la música.

Cristina Plate

¿Cómo analizás la relación entre los feminismos y movimientos de mujeres y LGBTTIQNB+, y la visibilización de los logros colectivos de las artistas mujeres y de identidades de género no hegemónicas en la actualidad?

—La masividad de los feminismos y las conquistas en relación a los derechos individuales y colectivos de las identidades feminizadas es una revolución total. Después de Ni Una Menos cambió la sociedad argentina en su totalidad, y las transformaciones van llegando como un derrame hacia todos los espacios de vinculación de la sociedad. La música y el rock no podían quedar aislados de eso.

¿Cuál es tu opinión sobre la Ley 27.539 (de Cupo Femenino y Acceso a Artistas Mujeres a Eventos Musicales)?

—Me parece excelente. El Estado tiene que brindar, a través de políticas públicas que lo promuevan, la igualdad de posibilidades en todos los campos de la producción. Y esta ley ni siquiera pide la igualdad, sino un 30 por ciento. Lo que no surgió naturalmente por responsabilidad de productores, gestores culturales y los organismos de cultura de cada estamento del país, que bien se imponga por ley entonces.

¿Creés que la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito con su marea verde (que propició la formación de colectivas culturales de mujeres: de actrices, de músicas, de poetas, de periodistas) jugó un papel importante en la conquista de la Ley de Cupo?

—Por supuesto, la organización de mujeres, y el compromiso político de ellas, siempre trae consigo la conquista de derechos, más tarde o más temprano. No se juntan a tomar mate, se organizan para crear mejores condiciones de vida, y eso se logra con política.

¿Cómo evolucionó la mirada de los medios de comunicación sobre las artistas mujeres desde los orígenes del rock en Argentina hasta la actualidad?

—No creo que los medios de comunicación hayan evolucionado mucho. Desde siempre a las artistas mujeres se les impone no sólo que demuestren una y otra vez cuán buenas son en lo que hacen, se las expone a un escrutinio público constante de sus habilidades. Y también se les exige que sean flacas, lindas, sensuales, atractivas, jóvenes, y heterosexuales, por supuesto. Nada de eso ha cambiado.

¿Cuáles fueron los principales obstáculos que encontraste para realizar la investigación?

—La falta de archivo y conservación de las obras.

Es evidente que las cosas están cambiando. ¿Qué falta para desterrar el machismo del rock argentino?

—Lo que es evidente es la conciencia de las mujeres y disidencias de las desigualdades que viven, no es evidente un cambio en la sociedad toda o en el acceso real a la equidad de condiciones. Falta muchísimo y solo es necesario la organización. Conocer nuestra historia para saber qué vivieron las que vinieron antes, qué pasó para que yo esté donde estoy, cómo hacer para transformar el futuro.



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