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Política

Del “nos van a matar a todos” de un senador, a una planilla sin un solo voto en contra del aumento de los sueldos

“Nos van a matar a todos” fue lo que alcanzaron a advertirle algunos senadores a sus presidentes de bloque. No les hicieron caso y se impuso la postura de quienes están convencidos de que “la gente nos va a pegar igual, así que hagamos lo que corresponde”.

La comidilla formó parte de las negociaciones de Labor Parlamentaria del Senado de la Nación, ante la mirada firme e indiferente de la vicepresidenta Victoria Villarruel. Fue previo al tratamiento de un proyecto controvertido: la duplicación del sueldo que perciben los senadores nacionales. 

66 legisladores por el sí y 6 ausentes, ese es el registro que detalló cómo terminó una votación singular, en la que no hacía falta levantar la mano. Pero los 72 integrantes de la Cámara Alta sabían que sobre el final de la sesión se iba a tratar “un tema incómodo”, y todos los presidentes de bloque estuvieron de acuerdo. Tampoco hubo abstenciones.

“Nadie puede hacerse el distraído”, reprocharon 24 horas después de la sanción quienes aseguran que el tema no sólo fue acordado en esa reunión de presidentes de bloque, sino que hasta hubo un breve debate sobre la conveniencia de que el aumento no se otorgara de una sola vez y en cambio fuera progresivo.

Se impuso la opinión de quienes quisieron hacer todo de golpe, que es duplicar los dos ítems que componen el salario de bolsillo de los senadores: el millón 650 mil de la dieta y los 360 mil que cobran por lo que se llama “desarraigo”. En total unos dos millones de pesos en la mano. Con el aumento, si se mantiene tal cual, los valores se duplicarán y se acercarían a los 4 millones de bolsillo.



La sesión y el relato


El senador Juan Carlos Romero fue quien propuso que el proyecto acordado por todos se trate sobre tablas, y después fue consecuente con un detalle que no era necesario: levantó bien alto el brazo a la hora de la votación, según lo muestra un video de la sesión.

Antes mantuvo un fugaz diálogo con José Mayans, el formoseño que preside el interbloque de Unión por la Patria: 

—¡Che, se están yendo muchos, eh!

—Son un par nada más —le respondió tranquilo.

Finalmente, Romero figura inexplicablemente entre los seis senadores ausentes, junto a Oscar Parrilli, Alejandra Vigo, Sergio Napoleón Leavy, Carlos Alberto Linares y Víctor Zimmermann. Uno de ellos adujo tener una reunión por Zoom al mismo momento de la votación y por eso se levantó de su banca.

Pasada la sesión, y al conocerse la aprobación y los comentarios de rechazo en las redes sociales, hubo una suerte de dispersión de intereses entre los senadores que optaron por justificar lo aprobado y aquellos que prefirieron diferenciarse.

En algunos casos se dieron fundamentos insólitos, como el senador Bruno Olivera de la Libertad Avanza que contó que firmó “apurado” el proyecto, pero después se arrepintió y consideró que fue un error. Por esas horas, el presidente Javier Milei había sumado en X su enojo por la decisión de los senadores y aseguraba erróneamente que su partido estuvo en contra. Un día después, los bloques del PRO y LLA anunciaron que pedirán que se retrotraiga el aumento de las dietas que habían votado. 

Miembros del bloque de Juntos por el Cambio intentaron también un difícil relato de oposición al aumento, que nunca quedó registrado. El reglamento parlamentario es claro y exige un voto de rechazo cuando se vota de esta manera: si ningún legislador pide la palabra y declara su voto en contra, el voto se toma como positivo, y es lo que pasó.

Si hubieran pedido que la votación sea nominal, cada senador debería haber explicitado su voto en forma electrónica. Nada de eso figura en el acta ni en el libro de sesiones.



A pesar de eso, los senadores de Juntos por el Cambio, incluidos los dos de Santa Fe, Carolina Losada y Eduardo Galaretto, recibieron una apresurada felicitación del futuro titular del PRO, Mauricio Macri, que saludó la decisión de esa bancada de no acompañar una notable mejora salarial “en este momento delicado que atravesamos los argentinos”. Pero eso no fue lo que hicieron en la realidad, en la que incluso circuló un proyecto en el mismo sentido que lleva la firma de la única senadora santafesina.

El peronista Marcelo Lewandowski fue uno de los que no estuvo de acuerdo con el aumento acordado, porque era partidario de un ajuste más moderado, por etapas, aunque adhirió a los fundamentos del aumento: que un senador no puede ganar menos que un secretario de Estado o un ministro del gabinete nacional, ni tres veces menos que el vocero presidencial como ocurría antes de este aumento.

Aunque no lo hizo público, su enojo principal fue con Losada: “Hace poco lloraba porque no le alcanzaba el sueldo, decía que ganaba más en la televisión, y ahora sale a decir que no está de acuerdo con el aumento. Si uno se opone debe decir que está en contra, o abstenerse, y no jugar de callado y fingir ser un paladín de la austeridad”, le reprochó.

Ninguno de los tres senadores por Santa Fe se pronunció inmediatamente sobre el asunto ni en diálogo con la prensa ni a través de sus redes.


Cómo se vota


El que asumió la responsabilidad de las explicaciones públicas fue el senador Martín Lousteau, a quien las redes por anticipado condenaron por pretender votar y pasar desapercibido, al difundirse un video donde se lo ve con una mano medio levantada, mientras seguía hablando de banca a banca con una senadora.

El radical aclaró que cuando hay consenso sobre un tema no se vota por nombre y apellido, y por eso levantar o no la mano es una formalidad. El sistema de votación utilizado en este caso no requiere que cada legislador levante la mano. La única forma de expresar oposición, en el caso de que alguno quisiera rechazar el proyecto, era pedir la palabra y dejar asentado un rechazo en el acta y libro de sesiones. Como nada de eso ocurrió, en el tablero del Senado figuran todos votando a favor.

Ahora vendrán las correcciones. Ya el mes pasado el Senado y la Cámara de Diputados de la Nación se aprobaron un aumento de sueldos y después tuvieron que dar marcha atrás. Esta vez fue sólo el Senado el que tomó la decisión de elevar las dietas, y la vicepresidenta prometió no interferir, porque no es senadora.

El argumento del retoque de fondos es el mismo que tiene la mayoría de los trabajadores en relación de dependencia: ante un aumento del 200 % en 2023, los senadores sólo tuvieron un 16 % de aumento en enero (el que se rechazó en febrero era por un 12 %). El que aprobaron esta semana duplica todos sus ingresos.

Si se retrotrae o se cambia, algunos senadores ya ensayaron una chicana que incluye a legisladores de la otra cámara que sortean su sueldo de dos millones al mes: “a fin de año habrá que ver cómo le explican a la Afip de dónde sacaron el dinero para que un legislador del interior viaje y mantenga los gastos de una doble vida en Buenos Aires, sin viáticos ni otros ingresos que una dieta que —aseguran— no alcanza para ser millonario”.


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