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Política

Gestión de residuos: Rosario y su zona metropolitana en la encrucijada

¿Qué presupuesto general tiene cada localidad del área metropolitana de Rosario y cuánto de éste es asignado a gestión de residuos? De esta última partida, ¿cuánto corresponde a recolección, a tratamiento y a disposición final? ¿Cuentan esas localidades con una “tasa ambiental”, específica, dedicada a residuos? ¿Tienen algún tipo de apoyo externo para ese cometido? ¿Hay en cada una de ellas una planificación formal de la gestión, ya sea de la Nación, de la Provincia o de otras instancias?

Estas preguntas, entre otras, conforman la encuesta elaborada por el Ente de Coordinación Metropolitana de Rosario (Ecom), cursada a los municipios y comunas que integran el organismo, con el objetivo de recabar información sobre un problema grave que, como casi todas las provincias argentinas, Santa Fe afronta. Con más de trescientos basurales a cielo abierto (casi uno por localidad santafesina, se estima, por lo menos), el tratamiento de los residuos sólidos urbanos requiere, además de gestión, planificación y espíritu asociativo entre localidades, una inversión significativa para construir la infraestructura de rellenos sanitarios y/o plantas de tratamiento, además de un acompañamiento económico sostenido: ninguna de las localidades contiguas a Rosario puede enfrentar el desafío con sus rentas generales.

La encuesta del Ecom ya llegó a Acebal, Alvarez, Albarellos, Alvear, Arroyo Seco, Capitán Bermúdez, Carmen del Sauce, Fray Luis Beltrán, Funes, Granadero Baigorria, Pueblo Esther, Pérez, Roldán, San Lorenzo, Villa Constitución, Villa Gobernador Gálvez, Coronel Domínguez, Empalme Villa Constitución, Fighiera, General Lagos, Ibarlucea, Luis Palacios, Pavón, Piñero, Pueblo Andino, Ricardone, Soldini, Villa Amelia y Zavalla. “Ahora esperamos contar con esa información, absolutamente necesaria como primer paso, e iniciar después un debate participativo y establecer metas y objetivos, en un Plan Metropolitano de Gestión de Residuos Urbanos”, dijeron a Suma Política Marianela Motkoski, directora de Proyectos Especiales del Ecom, y el ingeniero Sebastián de la Fuente, abocado también al programa y ya con una experiencia previa en la materia a nivel provincial. 

“Basura Cero”

La ley 13.055, sancionada por la Legislatura santafesina en 2009, reconoció la importancia de adoptar el concepto “Basura Cero” para abordar la gestión de residuos sólidos urbanos en Santa Fe. “Basura Cero” significó un programa de reducción progresiva de la disposición final de residuos, con plazos y metas, por medio de medidas orientadas a disminuir su generación, y a promover la separación selectiva, la recuperación y el reciclado. Dicha ley estableció un cronograma de reducción de depósitos en rellenos sanitarios: tomando como base el total de los residuos volcados en 2008, propuso menguar esa cantidad en un 15 por ciento en 2016 y, después, hacer lo mismo en un 12 por ciento cada dos años a partir de 2018. Según ese cronograma, en 2030 ya no debería haber, en rellenos sanitarios, disposición de materiales tanto reciclables como aprovechables.

Doce años después de la sanción de la ley, Santa Fe está lejos de realizar aquello que la norma procuró. El problema de la disposición final de residuos urbanos es un asunto irresuelto con severas consecuencias para la salud pública y el medio ambiente, cuyo abordaje aparece sólo en algunas agendas políticas de manera dispar y poco consecuente, en tanto, literalmente, es negado en tantas otras. En cualquier caso, el espíritu de la ley 13.055 fue refrendado por varias ciudades y localidades santafesinas, que proclamaron el principio “Basura Cero” en sus normativas, acaso como mera formalidad o como un paso más en el desesperado intento de formar conciencia social respecto del tema.

La ley 13.055 también alentó a municipalidades y comunas a asociarse en consorcios para la construcción de rellenos sanitarios y/o plantas de tratamiento y de compostaje, con el fin de erradicar los basurales a cielo abierto. Así se constituyeron los denominados Consorcios GIRSU (Gestión Integral de Residuos Urbanos). Empero, esos conglomerados deben tener luego, para poder funcionar, un fuerte apoyo externo a nivel económico, por afuera de las administraciones comunales, en materia de infraestructura y acompañamiento. La carencia de estos recursos determinó que, de los más de treinta consorcios constituidos en la provincia, sólo unos pocos, y parcialmente, estén funcionando, entre ellos los que tienen centro en San Jorge, Reconquista, Firmat y Casilda.

Este es el contexto en el cual debe entenderse la propuesta actual del Ecom, en tanto la falta de datos precisos sobre cómo las distintas localidades enfrentan el problema torna aún más sombrío el panorama. Suma Política dialogó con Marianela Motkoski y Sebastián de la Fuente sobre los alcances de este intento ordenador del Ecom, el valor de la encuesta en curso y las perspectivas de resolución en el área metropolitana de Rosario.

“El medio ambiente no reconoce fronteras, entonces no tiene ningún sentido que una ciudad como Rosario tenga un nivel alto en el tratamiento de residuos cuando otras, a quince kilómetros, tienen basurales a cielo abierto —opinó De la Fuente—. Este proyecto, del cual la encuesta es sólo el primer paso, procura trabajar en conjunto para intentar una nivelación en la gestión de residuos entre todas las localidades del área y desarrollar cohesión: ver necesidades, compartir equipos… La mayoría de las localidades chicas no tienen equipos técnicos para abordar la problemática. Entonces la solución podría ser, por ejemplo, conformar un equipo técnico único que asista a todas. Es decir, desarrollar cierta nivelación, cierta cohesión entre todas las localidades”.

La encuesta del Ecom tiene ocho módulos e indaga especificidades. Por ejemplo, en el campo de la recolección, requiere información sobre el tipo de camión recolector: si es compactador, si es abierto o si, como existe también, se trata sólo de un tractor con un acoplado. Además de solicitar datos sobre días y rutas de recolección, dedica un apartado al denominado “sector informal”. ¿Existen recuperadores de residuos en las localidades? ¿Están relevados? ¿Cuántos son? “Esto particularmente nos interesa mucho, por la importancia que tiene hoy en día el sector informal en el tema de los residuos”, sostuvo De la Fuente.

Fuera de control y poca inversión

“¿Quién controla una planificación de gestión de residuos en un área metropolitana? Se supone que el Municipio, pero hasta hoy eso no se ha podido resolver”, precisó Marianela Motkoski: “Para dar cumplimiento a la ley y avanzar, el primer asunto es el económico. Ese es el apoyo externo del que hablamos: para pasar de una cava a cielo abierto a un relleno sanitario debe haber recursos, debe haber un acompañamiento económico que las localidades, aun cuando no sean tan pequeñas, como Villa Gobernador Gálvez o Arroyo Seco, no tienen. No se cobra allí una tasa ambiental, un ingreso específicamente destinado a la gestión de residuos, entonces deben sacar ese dinero de la coparticipación o de las rentas generales”.

Finalmente, Motkoski arriba a una conclusión. “Culturalmente cuesta decir: voy a empezar a sacar recursos de aquí para destinar al tratamiento de residuos. El problema es inicialmente económico. Entonces, en principio, necesitamos escalas: una ciudad de mil habitantes no podrá gestionar nunca por sí sola el problema, pero sí en el marco de un consorcio, asociada con otras”.

“Sabemos que, de momento, ese apoyo económico grande no está. Entonces damos este primer paso para una planificación. Para que te des una idea —amplió De la Fuente— construir un relleno sanitario con las exigencias técnicas del caso es como hacer un puente o una autopista: requiere de gran inversión, fuera del alcance de municipios y comunas. El nivel técnico más exigente para la disposición final de residuos es el relleno sanitario —agregó—, donde hay que cumplir con determinadas pautas: membranas de alta densidad, maquinaria específica, control de ingresos, toda una infraestructura y parámetros que lo hacen costoso. En el otro extremo tenés el basural a cielo abierto, sin ningún tipo de control ni de maquinaria. Y en el medio tenés algunas instancias de infraestructura que no cumplen con todo lo que sería un relleno sanitario, pero donde hay maquinaria para controlar los residuos y algunas pautas para minimizar la cantidad de líquido que se genera, etcétera. Por eso se habla muchas veces, en estos casos, de vertedero controlado”.

“El relleno sanitario es una pileta impermeable que permite que no pase nada al suelo natural y todo líquido se colecta para luego ser tratado —explica Motkoski—.  El relleno sanitario, en Latinoamérica, está admitido como una técnica aceptada, razonable, en relación con costos y disposición de suelos; es lo que se puede afrontar aquí… No podríamos encarar procesos como la quema controlada que se hace en Europa, porque son más costosos. Deberíamos conseguir, en principio, que toda nuestra basura vaya a un relleno sanitario en condiciones adecuadas. Y después ir reduciendo progresivamente la cantidad de residuos que se envía allí”.

La encuesta del Ecom se completa con otros cuatro módulos: Separación de residuos en origen, Tratamiento de las fracciones reciclables, Tratamiento de la fracción orgánica y Disposición final de residuos. Respecto de este último punto, entre otros temas, indaga sobre el sitio preciso de disposición con coordenadas Google Earth, la superficie total del terreno según catastro, profundidad media del enterramiento y cantidad de camiones que ingresan diariamente.

—¿Y cómo está Rosario al respecto?

“En torno a Rosario están el Relleno Bella Vista, en Uriburu y Camino de las Palmeras —dice Motkoski—, que funciona también como una estación de transferencia, porque allí se separan los residuos domiciliarios, que son los que van a parar finalmente al relleno sanitario de Ricardone. Está el GIRSU Sur, en Villa Gobernador Gálvez, que es un vertedero controlado, con un relleno y una planta de tratamiento; el Séptima Región, que es un relleno sanitario pequeño, en Pérez, y finalmente el de Ricardone”. Aproximadamente, Rosario envía unas 800 toneladas diarias de residuos al relleno sanitario de Ricardone, instalado en el predio de unas veinticinco hectáreas que es operado por la empresa Resicom SRL.

“Desde el punto de vista de la infraestructura, Rosario tiene una situación privilegiada —opina De la Fuente—, porque cuenta con tres rellenos sanitarios, uno por corredor. Desde el punto de vista logístico, tiene uno en el norte, otro en zona oeste y otro en el sur.  En general las áreas metropolitanas no tienen esas posibilidades, de ninguna manera. A lo sumo tienen un solo sitio. Córdoba tiene hace diez años un proyecto de relleno sanitario sin poder concretarlo.Es decir, hay áreas de la provincia que están en mejor situación que otras. También la ciudad de Santa Fe, con buenos parámetros técnicos. Pero hay que encontrar una nivelación, una cohesión…”.

Luego de la encuesta, desde el Ecom se proponen alentar la instancia participativa para discutir objetivos: “Será ardua, pero conviene que se haga bien porque debemos ponernos de acuerdo a diez o quince años —dice De la Fuente—, sin importar que en el medio cambien intendentes o presidentes comunales. La conformación de consorcios que impulsó la ley 13.055 no es un invento, es el camino correcto. Lo que estamos haciendo es un plan extendido en el tiempo. La planificación de la gestión de residuos debe ser, como se hace en Europa, sostenido y revisado cada cuatro o cinco años: ver en qué se pudo avanzar y en qué no, y renovarla. Hoy tendríamos el Plan 2025, y ahí nos reuniríamos, ajustaríamos, y saldría el Plan 2030. Me parece un error tomar estas cuestiones como partidarias. El plan nuestro pretende tener un horizonte prolongado y escapar a esta lógica. Esto no tiene por qué estar asociado a una gestión”.

Así las cosas, la información elemental proporcionada por la encuesta permitirá al Ecom elaborar ese Plan Metropolitano de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos, en acuerdo con el espíritu de aquella ley 13.055 de 2009. Lo novedoso aquí es que ya Rosario no se pensará sola de cara al problema, sino en compañía de localidades y ciudades vecinas. Diagnóstico, debate y objetivos parecen pasos previsibles. Subyacen, como incógnita, la toma de conciencia de la sociedad respecto del problema y de dónde saldrá la financiación para avanzar con la implementación de los consorcios GIRSU en toda el área metropolitana.


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