En el mismo edificio al que concurrió en varias oportunidades como acusada, este miércoles Cristina Kirchner contestó preguntas durante algo más de una hora: esta vez como víctima del atentado más grave de los 40 años de la democracia, el intento fallido de magnicidio del 1º de septiembre de 2022. En las oficinas judiciales de Comodoro Py, la ex presidenta calificó como un “desastre” la investigación de la jueza María Eugenia Capuchetti porque deliberadamente no indagó sobre los autores intelectuales, las vinculaciones políticas y financieras de los hechos de violencia que culminaron con el fallido atentado.
La jueza, que no aceptó unificar las causas de los actos de violencia del grupo político Revolución Federal (inactivo desde el intento de magnicidio) con el atentando frente al domicilio de CFK de Juncal y Uruguay, adquirió su rango actual en 2018 a partir de que el Senado aprobara su pliego a propuesta del por entonces presidente Mauricio Macri. Capuchetti es hija de un comisario de la Policía Federal y se recibió de abogada en la Universidad del Museo Social Argentino, en 1996. Para Cristina, Capuchetti pertenece al “partido mediático y judicial”.
La hipótesis de la propia Cristina, respaldada por sus abogados, es que el atentado fue el final de un clima de violencia donde “los episodios fueron in crescendo”. Enumeró “las bolsas mortuorias y guillotinas en Plaza de Mayo”; que a su departamento de Recoleta “venía una trafic con señoras y señores grandes que ponían marchas militares y después se iban”, y entre otros hechos las pedradas contra su despacho en el Congreso (la presidencia del Senado). “Lo curioso es que durante 30 minutos apedrearon y destruyeron el despacho, y ni la Policía de la Ciudad ni la Federal intervinieron (…) En ningún momento tomaron la decisión o recibieron la orden para evitar eso”.
La ex presidenta, que compartió por primera vez la sala del juzgado junto a los tres autores materiales presos -Fernando Sabag Montiel, Brenda Uliarte y Nicolás Carrizo-, fue acompañada por decenas de dirigentes del peronismo y centenares de militantes sueltos que llegaron luego a vivarla con cánticos hasta la puerta de Instituto Patria en calle Rodríguez Peña casi Rivadavia, y terminó su raid con una foto políticamente significativa: junto a Axel Kicillof y un abanico de dirigentes, dentro del Patria.
La presencia relevante de Axel Kicillof junto al núcleo principal de apoyo a Cristina empieza a cerrar una grieta entre La Cámpora y el gobernador bonaerense, que vienen con diferencias desde el año pasado cuando el mandatario habría rechazado la candidatura a presidente para priorizar su reelección en la provincia más grande la Argentina.


Por lo demás, CFK calificó como otro acto violento del entonces jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta la orden de vallar –en los días previos al atentado- y saturar de policías de la Ciudad toda el área de la esquina de Juncal y Uruguay, con el objetivo de impedir las manifestaciones masivas y cotidianas que se sucedían de militantes que rechazaban el proceso de persecución judicial encabezado por el fiscal Diego Luciani, que llevó a cabo la acusación a Cristina por presunta corrupción en la llamada causa Vialidad.
En la misma línea, CFK mostró algunas tapas de diarios y revistas (en especial, Noticias) donde se la atacó por su condición de mujer, “mucha, mucha violencia siempre”, aunque fue notoria una frase que repitió tres veces: “No soy feminista”, y en la tercera repetición agregó “pero tampoco soy tonta”.
En la cabecera del estrado, la fiscal Gabriela Baigú, del juzgado federal Nº 6, le preguntó a CFK si conocía al diputado Gerardo Milman. CFK dijo que no, pero adujo que su involucramiento en el atentado tiene fundamentos probatorios. Además, “se junta con los que dicen que ‘hay que exterminar’ (a los peronistas) porque ‘son la peor lacra del mundo’”, subrayó. “Al campo popular, cuando no se le pueden ganar las elecciones se lo quiere exterminar”, agregó.
La referencia a la pista Milman resulta clave; el testigo Jorge Arbello, un hombre de 61 años de Santa Fe, que por entonces era colaborador del diputado rosarino Marcos Cleri, se presentó el 23 de septiembre de 2022 en el juzgado de Capuchetti y declaró que el 30 de agosto de aquel año fue al bar Casablanca (en la esquina del Congreso) junto a su cuñado Sebastián Rende, oriundo de la localidad de Teodelina, Santa Fe. Milman, sentado a dos metros de los santafesinos, “estaba con dos chicas jóvenes, bonitas y muy bien vestidas. Hablaban (Milman y sus colaboradoras) entre risas y lo escuchó decir de manera nítida: Cuando la maten, yo estoy camino a la costa”. Milman, ex radical, luego en el PRO, fue número dos de Patricia Bullrich en el Ministerio de Seguridad durante el gobierno de Mauricio Macri.
Al momento del atentado, Milman era jefe de campaña de Patricia Bullrich, que ya preparaba su carrera presidencial, que luego la colocó tercera en las elecciones de 2023. Bullrich fue la única dirigente política relevante que no repudió el atentado a CFK.
La jueza Capuchetti (y también la Cámara de alzada, ante los reclamos de la querella) nunca secuestró los teléfonos de Bullrich y le dio más de un mes a Milman y a sus secretarias para presentar los suyos, que fueron borrados por un técnico informático en oficinas de Bullrich, hoy incorporado al Ministerio de Seguridad por el gobierno de Javier Milei.
Finalmente, en la incursión a Comodoro Py de Cristina Kirchner, también fue consultada sobre la vecina de su edificio de Recoleta, Ximena de Tezanos Pinto. CFK aseguró que “jamás” tuvo cruces con ella ni tiene “un encono personal”. Se enteró después del atentado que esa vecina se había reunido con miembros de Revolución Federal en su departamento. “Hubo denuncias policiales de otros vecinos sobre fiestas que se realizaban allí, pero yo nunca denuncié nada”, añadió.

































