El fiscal tomó una hoja en blanco y trazó un croquis en el que ubicó tres puntos: el lugar donde un vecino encontró el cuerpo de María Florencia Gómez; la ubicación de su teléfono celular; el sitio donde quedó la piedra con que la golpearon. La abogada Carolina Walker Torres recién llegaba a San Jorge como representante de la familia de la víctima y contempló extrañada el dibujo. Todavía hoy sigue asombrada: “El fiscal había dibujado la escena del crimen al revés”.
Lo que estaba al revés en aquel croquis del fiscal Carlos Zoppegni hoy empieza a ponerse del derecho. Pasaron casi seis años desde el 12 de octubre de 2020, cuando María Florencia Gómez fue asesinada en San Jorge. La intervención de otro fiscal, Omar de Pedro, y la persistencia en el reclamo y la investigación resultó decisiva para imputar a uno de los presuntos autores del femicidio a partir de la presentación de un testigo de identidad reservada.
María Florencia Gómez tenía 35 años y una actividad conocida en San Jorge como militante feminista e integrante de Las Chuecas, “espacio colectivo de mujeres con consciencia de la opresión, desigualdad y violencia en todas sus formas”. Entre otras acciones, en noviembre de 2018 había denunciado la situación de una joven golpeada, de nombre Lucía, “desprotegida por la Justicia”. El mismo día en que la mataron iba a participar en un encuentro regional virtual de mujeres y disidencias.
El testigo es un poblador de San Jorge que el día del hecho salió a cazar perdices. Se dirigió al lugar que los vecinos conocen como El cuadrado, donde termina la edificación urbana y comienza la zona rural. Durante cinco años guardó el secreto de lo que había visto, hasta que se decidió a hablar y le envió una carta al fiscal De Pedro.
El fiscal mantuvo varias entrevistas con el testigo antes de llegar a la audiencia del 1° de julio en la que Adrián Lucero fue imputado como coautor del homicidio de María Florencia Gómez. El testigo resultó creíble porque aportó elementos solo conocidos por los investigadores, detalles concretos que fueron verificados a partir de la declaración y el relato completo de cómo se produjo el crimen.
Lucero tiene 30 años, domicilio en San Jorge, y en la audiencia se limitó a declararse inocente. Cumple condena por amenazas y encubrimiento en la cárcel de Las Flores y estaba en condiciones de pedir salidas transitorias, pero la nueva imputación clausura esa posibilidad.
El testigo conocía a Lucero, que por otra parte resulta inconfundible por su contextura inusualmente voluminosa. En cambio, no pudo identificar al segundo atacante de María Florencia Gómez, el que le provocó la muerte al golpearla con una piedra en la cabeza; pero podría reconocerlo, del mismo modo que la imagen de Lucero, con una camiseta amarilla del club La Emilia (de San Jorge), quedó fijada en su memoria.
“Esto es el resultado de una investigación muy seria por parte de la fiscalía —valoró la abogada Walker Torres, querellante junto con Matías Pautasso, en la conferencia de prensa que siguió a la audiencia—. No fue un golpe de suerte. Pedimos a las autoridades del MPA que brinden todos los recursos necesarios para que la fiscalía continúe la investigación”.
Lucero registra un antecedente del 24 de noviembre de 2018 en el que intervino la Fiscalía de San Jorge por daño calificado, atentado y resistencia calificada a la autoridad, lesiones leves dolosas y amenazas; se lo derivó a la Asociación Nazareth de Cañada de Gómez, dedicada al tratamiento de personas con adicciones. El 16 de octubre de 2024 fue condenado a dos años de prisión y declarado reincidente por otro caso de amenazas y con un registro previo por encubrimiento.
“El testigo tiene miedo —dice la abogada querellante—. Calló durante este tiempo en parte por esa razón. Hay otros motivos que por el momento no se pueden informar, también por la seguridad del testigo. No pidió la recompensa (20 millones de pesos); lo único que quería, según declaró, era sacarse ese peso de encima: haber presenciado el femicidio de Florencia. Esperamos que otros, ahora, también se animen a hablar”.

Un nombre en la escena del crimen
El testigo vio y también escuchó. “Relató que Florencia pidió por su familia y por sus hijas cuando fue atacada —afirma la abogada Walker Torres—. Entonces uno de sus agresores le dijo al otro: Quedate tranquilo. Van a estar mejor con el papá, dijo Zoppegni”.
En la audiencia de imputación, el fiscal De Pedro omitió la mención de Zoppegni. “Nosotros hicimos hincapié en ese punto —agrega la abogada—. No existe más que ese dicho. No sabemos a qué puede referirse. Pero en la comisión del hecho uno de los agresores mencionó al fiscal de San Jorge, el que tuvo originalmente la investigación del femicidio”.
—¿Qué relación tenía María Florencia Gómez con Zoppegni?
—Ninguna. Florencia era una militante del Partido Comunista y tenía otra agrupación, Las Chuecas, que acompañaba a víctimas de violencia de género. Posiblemente se hayan conocido pero no hay ninguna vinculación concreta como no la hay entre ella y la persona imputada. Tampoco entre la persona imputada y Zoppegni.
—¿Cómo fue la investigación inicial sobre el femicidio?
—Paupérrima. No hubo una investigación completa. El fiscal no cerró el lugar del hecho. Tampoco tomó precauciones en el momento para ver si los involucrados escapaban de la zona. Secuestró el celular del ex esposo de Florencia, como exige el protocolo en estos casos, pero lo devolvió sin abrir. Declaró a los medios que Florencia había sido víctima de abuso, cuando eso no fue corroborado y el testigo relató ahora que no lo hubo. La familia, a la que nunca recibió, pidió el cambio de fiscal en su momento y nosotros también lo hicimos desde la querella.
—¿Qué cabe interpretar de las palabras que escuchó el testigo?
—Esa frase puede indicar que la muerte de Florencia fue por encargo. Hablaron de ella y del hecho, antes de perpetrarlo. Hay un trasfondo que se tiene que investigar.
Bajo siete llaves
María Florencia Gómez había salido a caminar por la Avenida Notebhonn y volvía hacia su casa. Los asesinos estaban escondidos detrás de un cañaveral, en el cruce de esa calle con un camino de tierra. No llegó a dar la vuelta completa al Cuadrado, declaró el testigo, cuando Lucero la encañonó con un arma y la golpeó varias veces en la frente con la culata mientras el otro involucrado la atacó por la espalda con una piedra de gran tamaño.
El asesino aun no identificado arrastró a María Florencia Gómez detrás del cañaveral y le provocó la muerte al golpearla con la piedra en la cabeza. En ese momento fue cuando Lucero pronunció las palabras en cuestión.
El testigo vio también que Lucero y el otro involucrado escaparon en una motocicleta de 110 cc color negra en dirección al campo, y que a 300 metros arrojaron algo, una referencia compatible con el hallazgo de la piedra y el celular de María Florencia Gómez. Por otra parte, cámaras de vigilancia vecinas registraron la llegada de los asesinos al lugar poco antes que la víctima.
La fiscalía se comprometió a mantener en secreto la identidad del testigo. El testimonio está resguardado en sede judicial y ni siquiera en la imputación se dieron a conocer los datos del cazador. Además de las razones de seguridad, el fiscal De Pedro confía en que la reserva puede motivar a que se presenten otras personas con conocimiento de los hechos.
“Hubo un pacto de silencio durante estos años”, dice la abogada Walker Torres. Ese silencio no solo estuvo hecho de las palabras que no se pronunciaron sino también de muchas que circularon en versiones infundadas. En 2024, cuando Adrián Lucero no era mencionado en la causa, su madre se entrevistó con el fiscal De Pedro con la supuesta intención de hablar sobre el femicidio.
La investigación siguió en principio y entre otras líneas un rumor fuerte en San Jorge que asoció el femicidio con supuestas amenazas a María Florencia Gómez del abogado Javier Combina. Este penalista del foro local quedó detenido en noviembre de 2020 por abuso sexual de sus hijas, por lo que actualmente cumple una condena de 19 años de prisión. La investigación fue realizada por el fiscal Carlos Zoppegni.
Mariana Calamari, exesposa de Combina, dijo a la prensa que nunca habló del caso con María Florencia Gómez y que no sabía nada que pudiera avalar el rumor. Antes de la detención cuestionó “la cercanía” del abogado con empleados judiciales de San Jorge. Las Chuecas acompañaron a la mujer a lo largo del proceso e incluso el día en que se conoció la condena por los abusos.
El trasfondo sigue siendo oscuro, pero acaba de encenderse una luz. Lo que estaba al revés en la muerte de María Florencia Gómez ahora se endereza con las revelaciones del testigo y consolida la hipótesis de un crimen por encargo. “Después de seis años estamos en el comienzo de la investigación, pero era lo que estábamos esperando”, dice la abogada Walker Torres.




































