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La carne, los precios y las elecciones

La desaceleración inflacionaria llegó a su fin y el resultado de enero aleja la meta del 3 por ciento mensual. Las señales recesivas del último cuatrimestre del 2022 abonan la incertidumbre en torno al éxito del programa económico que, más que una estabilización, busca un atemperamiento de variables. 

En ese contexto, el gobierno anunció descuentos del 35 por ciento promedio para los cortes de carne de mayor consumo, el congelamiento de precios hasta marzo, un sendero de aumentos según la pauta del 3 por ciento, y reintegros para las compras con tarjetas. A los productores se les subsidiará hasta el 40 por ciento del alimento para la terminación de los animales. 

La carne tiene un peso en la inflación de entre el 7 y el 9 por ciento del índice final. Hasta el 2021 la evolución de precios solía ser similar a la del Índice de Precios al Consumidor (IPC). A partir de ese momento, esas líneas se separaron. En 2022 la carne terminó con un aumento en torno al 42 por ciento mientras el IPC fue del 95 por ciento. 

El atraso se debió en parte a la liquidación obligada por la sequía. Por la falta de pasturas y los costos del maíz, los productores tuvieron que vender anticipadamente. A medida que las lluvias recuperen las pasturas y se retomen los esquemas de pastoreo, la oferta irá acomodándose y los precios escalando. 

La actual decisión del gobierno busca apuntalar la capacidad de consumo en un contexto en el cual comenzarán a definirse las paritarias con pocas certezas con relación a la inflación y una caída de los ingresos que arrastra varios años. 


La corrección de precios y el descalce productivo


El adelanto de las salidas acarrea un menor peso logrado en los terneros destetados. Hubo cerca de 40 kilos de diferencia en los animales que salían del campo este enero respecto al del año pasado. Este deterioro en el peso se completó con el retroceso de los precios, lo que implicó una caída en torno del 50 por ciento en los ingresos de los criadores. 

Durante el 2022, el novillito liviano perdió un 30 por ciento de su valor real. El retraso real acumulado indica que puede faltar un margen de corrección del 25 por ciento. Los kilos de carne obtenidos por res faenada cayeron de 233 a 228. 

Sin embargo, el peso medio de la res en 2022 estuvo por encima del año anterior y el porcentaje de faena de hembras no supera el 45 por ciento, lo que representa una tasa de extracción medianamente aceptable. 

La preocupación está dada por el kilaje de los machos dada la baja oferta forrajera y el encarecimiento de los granos. Los novillos de invernada y los novillitos terminados a grano retrocedieron 4 y 3 por ciento de su peso en un mes. La recuperación de las pasturas previo al invierno será crucial para el horizonte productivo y, por consiguiente, para los precios que se exhibirán en los mostradores. La magra cosecha de maíz suma una mala noticia al panorama. 


El plan trunco y la tensión exportadora


Otra vez, lo que emerge es la contradicción entre el consumo interno y la exportación. En el 2022 las ventas externas crecieron por encima del 12 por ciento respecto al año previo, recuperando los niveles del 2020, previo a las restricciones. En términos de ingresos, las exportaciones dejaron cerca de un 30 por ciento más que un año atrás.  

La recuperación del mercado chino reabrió el debate en torno a las cuotas destinadas a la exportación. Las previsiones de importación de carne vacuna por parte de China, que compra unas tres cuartas partes de las exportaciones argentinas de carne, se elevaron en 675 mil toneladas respecto al trimestre anterior. Este factor, que puede aportar firmeza al valor de la hacienda, también es un elemento inflacionario para el mercado interno. 

El costo de la canasta básica alimentaria creció en enero al 7,2 por ciento, por encima de la inflación. El consumo popular de carne continúa siendo un problema. De los casi 59 kilos que se consumían en 2015 se retrocedió a menos de 50 kilos en 2019 y a 47 kilos en la actualidad. 

Parte de ese consumo de carne vacuna fue sustituido por carne de pollo y cerdo. Pero el valor cultural del asado en la cultura argentina y la relevancia de la proteína animal en la dieta base dan cuenta de una crisis con mayor impacto en los hogares más vulnerables.  En 2021, cuando aún estaba Matías Kulfas al frente del Ministerio de Desarrollo Productivo y Julián Domínguez en Agricultura, se anunció el Plan Nacional Ganadero con financiamiento a tasas subsidiadas, beneficios fiscales, tecnológicos y asistencia técnica. El objetivo era llegar a 5 millones de toneladas de producción, casi el doble que en ese momento. De esa forma, quedarían 3 millones de toneladas para el mercado interno, que elevarían el consumo a 70 kilos al año por habitante, y dos millones irían para exportación, que exigiría replantear los acuerdos con los compradores. Un año y medio después, al Plan Ganadero se lo consumieron las internas y la sequía. El desquicio de los precios relativos esta vez le tocó a la carne.

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