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Opiniones

Los muertos vivos del periodismo o la apología del rumor

El lunes 26 de abril de 2021 se anunciaron dos muertes en redes sociales y medios de comunicación de Argentina que no pasaron desapercibidas: las del locutor Jorge “Cacho” Fontana y el ex director técnico de fútbol Carlos Timoteo Griguol. Pero ambos estaban vivos. Las muertes no confirmadas, la noticia urgente, el último momento, las seudonecrológicas del día irrumpieron en la agenda en medio de las otras muertes: las de la pandemia. El supuesto final de dos personalidades del ámbito del entretenimiento y del fútbol fue una tentación irresistible en esta era de velocidad, rumor y viralidad.

La “no noticia” que hoy es noticia goza de buena salud y reputación. Es la punta de un iceberg que desnuda grietas y falencias en un sistema de medios que debe ganarse la confianza día a día en un contexto de infodemia. “La mejor noticia no es siempre la que se da primero, sino muchas veces la que se da mejor”, ya lo decía Gabriel García Márquez. Pero las urgencias se imponen con el ritmo frenético del aquí y ahora que pulula en las redes comerciales: las historias de Instagram, los mensajes de WhatsApp, la línea de tiempo eterno de Twitter.

Pareciera que la consolidación de las redes hizo que los medios se apuraran más y más en dar a conocer una noticia. De ser así, esta suposición esconde una doble falacia. Por un lado, la carrera de los medios siempre existió y cada medio aprovechó sus características para dar a conocer primero que nadie sus primicias. Por otro lado, la desintermediación que proponen las redes, implica que la carrera por la primicia, murió. ¡La primicia ha muerto, larga vida a la primicia!

Suponer que el anuncio de las muertes de dos personalidades aún con vida es un tema que se resuelve con el análisis de la antinomia urgente-no urgente también es un error. El grito desaforado del “yo lo dije primero” esconde —más allá del ego y la vanidad— un corazón de ruido. Y, en ese ruido, va la infoxicación, la infodemia y las noticias falsas con el machaque constante del rumor. Profundicemos estos conceptos.

La infoxicación. El término se usó por primera vez en 1996, por parte del empresario y consultor de empresas español Alfons Cornella. “Es el exceso de información. Es, pues, lo mismo que el information overload. Es estar siempre «on», recibir centenares de informaciones cada día, a las que no puedes dedicar tiempo. Es no poder profundizar en nada, y saltar de una cosa a la otra. Es el «working interruptus». Es el resultado de un mundo en donde se prima la exhaustividad («todo sobre») frente a la relevancia («lo más importante»)”.

La infodemia. Se refiere a un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema particular, que puede volverse exponencial en un período corto debido a un incidente concreto.

Noticia falsa o fake news. Son un tipo de bulo que consiste en un contenido seudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación.

Luego del error, hubo disculpas por parte de algunos comunicadores que reprodujeron la información. Chequeado publicó el mismo día la falsedad de las noticias: “Cacho Fontana desmintió las falsas afirmaciones sobre su muerte durante una entrevista en Radio Mitre, en la que afirmó: Me tienen para rato”. Y, en el caso de Griguol, fue el ex jugador y yerno del DT Víctor Hugo Marchesini quien afirmó: “Timoteo está grave, pero no murió”.

Más allá del error de los medios en la difusión de las muertes de Fontana y Griguol, entender estos errores en el marco de una comunicación más compleja no solo nos permite interpelarnos como comunicadores, sino también debe promover un compromiso ciudadano de las audiencias en torno a su responsabilidad como agentes de difusión y redistribución de la información.

El escenario es complejo. Porque a los actores mencionados ciudadanos / usuarios, comunicadores / productores, debemos sumar el rol de los algoritmos y las aplicaciones. ¿Qué tipo de responsabilidad poseen los grandes tecnológicos como Facebook y Google en la distribución de la información? Y, si a esta situación le agregamos el uso de la política y las empresas en materia de amplificación de información, la cosa se pone seria.

No son solo las muertes que no fueron. Ya había ocurrido con Chespirito y Badía en épocas de redes. Pero también con Antonio Ríos en una era analógica. Desde Jackie Chan hasta Obama, todos murieron —por lo menos una vez— en Twitter. Hackeos de cuentas, errores de chequeo de fuentes o estrategia de personajes apócrifos que pretenden confundir a la prensa están a la orden del día. El caos, la confusión y las debilidades de los medios son golpes certeros en tiempos de disputa por la propiedad pública de la red que nada tiene que ver con los chismes locales.

Para matizar y contrastar con las muertes, también en las redes se anticiparon algunos nacimientos. El 11 de septiembre de 2015, Matías Messi tuvo que aclarar que su sobrino aún no había nacido: “Quiero dejar dos cosas en claro, primero que el hijo de Leo no se va a llamar Benjamín como dicen los medios y segundo todavía no nació”. En aquel momento, un medio se animó y publicó: “El hijo de Messi todavía no nació”.



En la era del rumor digital donde todos morimos y resucitamos alguna vez, en esta época de verdades incontrastables, de goce por el morbo, de difamación gratuita y de manipulaciones orquestadas, nada más pacato que una primicia. Será cuestión que los comunicadores asumamos el rol que nos toca —la única carrera es a favor de la calidad de la información—, que los medios generen protocolos de chequeo de datos y verificación de la información que circula en las redes y que los ciudadanos se comprometan a redistribuir información que se sea fiable. Y será otro mundo. Con muertes reales. Que ya son muchas. Y duelen tanto.

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