Exaltado, violento, insultante, como siempre, aunque esta vez un poco más; Javier Milei habló en el Congreso durante una hora y cuarenta minutos en la inauguración de la 144 Asamblea Legislativa, en un recinto copado completamente por LLA, el partido del presidente.
Milei combinó en su discurso la ya conocida demonización de los gobiernos de signo peronista de las últimas décadas con promesas de profundizar las reformas que ya empezaron fuerte en el verano, y con posterioridad a la reconfiguración del Congreso, luego del triunfo electoral de octubre del año pasado.
El presidente prometió “10 paquetes de reformas por mes” que irían al Congreso. “Tenemos la fuerza necesaria para cambiar a la Argentina para siempre”, sentenció.
Al menos la mitad del tiempo del discurso estuvo dedicado a fustigar a una pequeña delegación de legisladores opositores (una veintena) que se hicieron presentes en el recinto de Diputados. Con un detalle decisivo que quebró como nunca la democracia en materia de comunicación política: la disputa verbal que Milei entabló con la representación de la oposición peronista fue brutalmente alterada en la transmisión en cadena nacional del acto. La voz de los opositores –que contestaban y retrucaban desde sus bancas los insultos presidenciales– no fue tomada por la transmisión, tampoco las imágenes de ese sector del recinto. En conclusión, cerca de una hora de una cadena nacional donde el presidente alude, acusa, descalifica, a opositores presentes, que a su vez contraatacaban, pero ni la voz ni la imagen de los opositores fue jamás tomada por la censura del sistema de comunicación mileísta.
Con todo, el pequeño grupo de argentinos presentes en el recinto, unas 500 personas como máximo, sí escucharon y vieron la escena completa que millones de argentinos no pudieron ver desde sus casas, o vieron sólo parcialmente, la parte en que hablaba el presidente.
El acto, que fue puro fervor de los oficialistas –y de los invitados que coparon los balcones–, contó con la presencia de la Corte Suprema en pleno y cerca de una decena de gobernadores, entre ellos, los más visibles, el santafesino Maximiliano Pullaro, el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, el cordobés Martín Llaryora y el entrerriano Rogelio Frigerio.
Por el lado santafesino, y en el tradicional pasillo de recepción al presidente al momento de su arribo al Palacio –al atravesar el Salón Azul–, participaron las diputadas Romina Diez (LLA) y Gisela Scaglia (Provincias Unidas).

Los granaderos y las vallas
Todo empezó unos minutos antes de las nueve de la noche, el horario elegido por el presidente para buscar audiencia televisiva, con el viaje nocturno desde la Casa Rosada hasta el Congreso acompañado por el Regimiento de Granaderos a Caballo casi completo (cerca de 100 jinetes), fuertemente vallado en toda la trayectoria de algo más de 1600 metros y con algunas decenas de simpatizantes que se acercaron a vivar a Milei. La tradicional Avenida de Mayo estuvo mayormente desierta, aunque vallada para garantizar el callejón donde circuló la comitiva presidencial sin alteraciones.
De arranque, el presidente apuntó a provocar la reacción del pequeño grupo opositor y construir un contrapunto permanente con el sector aludido decena de veces, pero nunca enfocado por la transmisión oficial. “Hace dos años estábamos atrapados sin salida, por la codicia e impericia de los políticos de siempre. Dejamos de sentirnos perdedores, la Argentina es grande nuevamente”, se entusiasmó Milei.
Destacó sus presuntos logros de los últimos meses: la obtención de la ley Presupuesto 2026 “sin emisión monetaria, el primero en la historia. Todo sin subir impuestos que son un robo. El ajuste tenía que hacerlo la política”.
Ahí Milei fue directamente sobre Unión por la Patria, “ustedes podrían gritar porque soy presidente de los 47 millones de argentinos”, “pero no pueden hablar porque se les cae de las manos la plata de los bolsillos ajenos. Son unos chorros”. Y amenazó: “Los voy a buscar cuando les caiga la justicia”
Entre otros éxitos legislativos, Milei recordó la “Ley penal juvenil (se aprobó hace dos días), la anterior era obsoleta, tenía 45 años”. Y remató con una frase taquillera de la derecha punitivista, “el que las hace, las paga, lo dijimos con Bullrich”.
En ese punto volvió a insultar a la oposición, que le gritaba por “justicia social”, “delincuentes, la justicia social es un robo, por eso tienen a la jefa presa”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Y se envalentonó, “sigan mintiendo, por eso tienen a CFK presa, por los cuadernos de Vialidad, por el pacto con Irán, va a seguir presa”.
Luego Milei celebró la reforma laboral votada en el Congreso y los presuntos buenos datos de empleo que tendría la Argentina en 2026. Los pocos peronistas y la izquierda presentes, lo retrucaban. “Ustedes son los campeones de los derechos de los trabajadores y dejaron sin derecho a la mitad de los trabajadores. Que alergia le tienen a los datos, el desempleo bajó, dejá de mirarte al espejo (Germán, jefe del bloque de UxP en Diputados) Martínez, los chorros son ustedes”.
En ese instante, la hinchada libertaria gritaba “tobillera”, “tobillera”, en alusión al encarcelamiento domiciliario de la ex presidenta Kirchner.
Para el titular de la Casa Rosada, en la Argentina, “la miseria decadente se terminó. Tenemos la fuerza para empezar un nuevo capítulo”.

El cambio moral
Otra de las propuestas, no especificadas, que trajo el discurso presidencial, fue el de la moral como política del Estado. “Los fascistas son ustedes, agarrá los libros, después hablá”, se enardeció Milei ante nuevas acusaciones desde la banca de UxP.
La nueva moral libertaria sería “a cada uno lo que es suyo, según su mérito y sin causar daño a nadie. Luego la eficiencia económica, y, en tercer lugar, el utilitarismo político”.
Dentro del campo del cambio moral, Milei fustigó la llamada “doctrina Zafaroni”. “Recibimos un Estado fallido en todos los ámbitos. El crimen y el homicidio venían aumentado. Nuestra frontera era un colador, como sucedió en Rosario. Ahora bajamos un 65 por ciento los homicidios en Rosario. Terminamos con los piquetes, de 9000 por año a cero. Antes entraban los peores y se iban los jóvenes. Y llegaron a tener 23 ministerios, bien de comunistas”.
En uno de los momentos de máxima exaltación, Milei acusó al peronismo de “usar los planes sociales para esclavizar a la gente, manga de delincuentes”, y provocó: “Kukas me encanta verlos llorar, a la gran mayoría les encanta verlos llorar”.
Desconexión
Minutos después de terminado el discurso presidencial, la diputada por Santa Fe Caren Tepp (UxP), reflexionó: “La malaria no terminó” y acusó a Milei de una “enorme desconexión con la realidad”. “Lo que vimos no fue una apertura de sesiones, fue un show. Un clima de panel de televisión trasladado al Congreso. Un espectáculo triste frente a un pueblo que sufre todos los días las consecuencias de las políticas económicas que han profundizado la desigualdad, encarecido y desorganizado la vida cotidiana”.




































