Una recompensa de 25 millones de pesos hizo visible de repente a Fernando Sebastián Vázquez, el Narigón, tras siete años de profundo sigilo. La policía de Rosario tiene orden de capturarlo desde 2018 y no lo consigue. La gratificación conocida esta semana por datos que lleven a ubicarlo se fijó porque los investigadores del crimen de Pillín Bracamonte lo apuntan como el organizador del atentado y quien puso en la escena de la matanza a los sicarios el 9 de noviembre pasado, cuando al líder de la hinchada de Central durante 25 años y a su segundo, Daniel Attardo, los masacraron a balazos a 150 metros del Gigante.
Por eso la recompensa para un hombre que pagaba para sacar presos de la comisaría 15ª, que había tenido conexiones con Monchi Cantero de Los Monos, que era un abastecedor de cocaína para vendedores que a diferencia de él sí tenían renombre. Y que apareció en causas de la Justicia Federal en 2016 por el golpe de una casualidad. A él ya se lo venía investigando. Pero lo hizo visible la pesquisa de la venta de drogas de diseño en una fiesta electrónica en Arroyo Seco, que produjo la muerte por intoxicación de dos jóvenes que habían tomado una anfeta contaminada en un predio donde bailaban 3200 personas.
La historia dormida
La Fiscalía Federal 2 de Rosario detectó que la punta de ese drama estuvo en el ingreso de drogas químicas a esa fiesta por parte de una persona llamada Jerónimo Salinas. Cuando rastrearon su perfil advirtieron que tenía historial por comercio de estupefacientes.
Este Jerónimo Zabala Salinas, según avanzaron los investigadores, era amigo de Mauricio Zeballos, que había sido señalado como miembro de un grupo dedicado a vender las pastillas psicoactivas que circulan en las fiestas electrónicas. El padre de este muchacho tenía una clínica veterinaria en Oroño y Saavedra. El proveedor de Zeballos estaba en Villa Moreno. Tardaron poco en descubrir que era Cristian “Negro” González, un sicario de Los Monos.
El abastecedor principal del Negro González era, según aparecía en la pesquisa por entonces, el Narigón Vázquez, el hombre de 44 años por el cual ahora el gobierno de Maximiliano Pullaro ofrece 25 millones de pesos de recompensa. No se lo tragó la tierra durante todos estos años, dicen algunos policías que trabajaron este caso, sino que les pagó históricamente a sectores de la fuerza para que lo volvieran invisible. Y también con el paso del tiempo sin novedad el impulso de toda búsqueda se relaja, algo que lo benefició.

La historia de la muerte de los jóvenes en Punta Stage sacó por primera vez a flote a Sebastián Vázquez en ese arranque de verano. Hombres de la Policía Federal Antidrogas de Rosario lo empezaron a seguir durante dos meses sin pausa. Eran inicios de 2018 y se pasaba la mayor parte del día en su casa de Viamonte casi Sarmiento. Los federales disimulados en inmediaciones veían un desfile de compradores frente a la puerta de su casa. No era un bunker, ni vendía al menudeo. Su trabajo en esa vivienda del barrio del Abasto era despachar en cajas grandes y bolsas negras sustancia que se llevaban mayoristas que, a su vez, la revendían en los barrios.
Según el fiscal Claudio Kishimoto, Seba Vázquez se movía en una gran cantidad de autos. Algo llamativo para quien no desempeñaba ningún trabajo lícito ni tenía inscripción laboral alguna.
En poco tiempo de rastreo se lo vio manejando autos propios o bien de los que tenía cédula azul, que es el método usual de personas que no pueden justificar bienes: comprar autos, cederlos a testaferros y gestionar credenciales para poder conducirlos. En solo tres meses los federales lo vieron al volante de dos VW Fox, un Peugeot 208, un Chevrolet Vectra y una camioneta Toyota Corolla.
Por pedido de Kishimoto le interceptaron el teléfono. El Narigón hablaba con personas con las que se referían a transacciones con droga. Por ejemplo aludiendo a “lo verde” (marihuana) o “lo blanco” (cocaína) con un tal Damián.
-Damián: Seba
-Vázquez: ¿Qué pasa Damián?
-Damián: Escuchame, ¿mañana nos podemos encontrar en algún lado?
-Vázquez: Sí
-Damián: Así me llevás la cosa. Ya tengo todo, lo de los botines y las canilleras.
-Vázquez: Bueno, dale.
-Damián: ¿Estás seguro o no Seba?
-Vázquez: Lo verde está, lo blanco no.
-Damián: Bueno, no importa.
Un mes después, el 19 de noviembre de 2017, a Sebastián Vázquez lo siguieron desde su casa a bordo de un Peugeot 308 hasta un domicilio en calle Blandengues 980, donde se encontraba estacionado un auto también suyo, un VW FOX dominio KWA-354. Luego de unos minutos, Vázquez subió al Fox y se retiró. Al día siguiente los policías Antidrogas regresaron a la casa de la calle Blandengues. Constataron, e informaron al fiscal, que allí vivía Silvana Gorosito. Era la ex pareja de Ramón Ezequiel Machuca o Monchi Cantero, uno de los líderes de la Banda de Los Monos, que a los pocos meses fue condenado a 37 años de prisión.
El 14 de noviembre de 2017 al Narigón Vázquez lo captaron con voz inquieta hablando con el sicario y vendedor Mario “Negro” González. Habían detenido a un ladero suyo en la comisaría 15º de Sarmiento al 4300.
-Vázquez: Amigo escuchá, necesito un favor tuyo
-González: Si
-Vázquez: ¿Viste el gordito que andaba conmigo?
-González: Si
-Vázquez: Perdió ahí en la quince, boludo
-González: Dale
-Vázquez: ¿Tenes cabida vos ahí?
González: Sí, sí, sí ¿Cómo se llama?
-Vázquez: Eh Diego Maldonado
-González: Dale, ahí lo mando a mi hermanito
-Vázquez: Averiguame, haceme el favor.
-González: Dale
-Vázquez: Dale
-González: Nos vemos
-Vázquez: Avísame al toque.”
Frente al contratiempo González se ocupa, le pide a una colaboradora, Vanesa Medina, que se llegue a la comisaría y le indica a quiénes contactar dentro de la seccional. “Cayó un pibe preso…un amigo de nosotros ahí que tenemos con Seba. Fíjate si está el gordito Mariano o César, pregúntale qué onda…Diego Maldonado se llama”. Vanesa obedece. Lo llama a González. “Ahora tengo que ir a llevarles la plata. Ciento cincuenta lucas pidieron. Cien les llevo”.
Una hora después se reanudaba la llamada entre González y el Narigón Vázquez. El detenido había robado un teléfono.
-González: Dicen que esta por un celular.
-Vázquez: Si. Pedazo de boludo.
-González: Ahí le va a decir. Le pregunté ¿Cuánto sale la joda? Que no lo anoten le dije.
-Vázquez: Ahá.
-González: Ahí me van a avisar, ahí están yendo a la comisaria bien.
-Vázquez: Ah bueno dale.
-González: El jefe. Un celular, es más boludo.
-Vázquez: Pero es un gil boludo, encima robo calificado.
Todo el avance de la causa decidió a Kishimoto a pedir la detención de Vázquez, tras un año de escuchas y seguimientos en la fiscalía federal a cargo de Matías Scilabra y Franco Benetti. El 9 de junio de 2018 a la tarde agentes de la Federal supieron por una llamada que el Narigón Vázquez se iba a encontrar con su proveedor, no identificado hasta entonces. Los policías salieron hacia el lugar indicado, Ferreira y Juan B. Justo, pero los dos hombres advirtieron que los seguían e intentaron escabullirse.

En una Ford Ecosport apresaron al abastecedor, lo identificaron como Andrés Uriz y le secuestraron 120 mil pesos, unos 3.500.000 pesos al valor actual. Vázquez y su pareja María Laura Ríos huyeron en un VW Fox que luego abandonaron. Según el acta de la Policía Federal en el vehículo hallaron dos panes compactos cubiertos con cinta marrón que contenían más de dos kilos de cocaína en total. Era para ellos el resultado de la transacción. Ríos fue detenida en la calle, minutos después. El acta consigna que llevaba un bolso con 10 mil pesos en efectivo, una billetera con 2.210 pesos y seis billetes de 100 dólares.
La huida de Vázquez apuró los allanamientos de las viviendas de los principales sospechosos de la causa a fin de evitar el descarte de la prueba y la fuga de los investigados. Hubo múltiples redadas con detenidos durante 48 horas. El 11 de junio de 2018 el Negro González fue localizado en un Fonavi de barrio Cristalería. Estaba requerido por haber matado a una chica de 16 años, Lorena Ojeda, a la que confundió con su hermana Brisa. Esta tenía que declarar como testigo de un crimen y la fueron a buscar para que nunca abriera la boca ante un juez. Pero iban por Brisa y mataron a Lorena. Era el momento de mayor espiral de violencia en Rosario.
Desde aquel junio de 2018 cuando gambeteó a los federales de Antidrogas de Vázquez no se supo más nada. Hasta que en enero pasado surgieron las primeras pistas de que tenía que ver con la ejecución a sangre fría de Pillín Bracamonte. Algo que terminó de visibilizarse esta semana cuando el Ministerio de Seguridad de la provincia lanzó los 25 millones de recompensa a quien pudiera dar datos fehacientes de su paradero.
Volver al futuro
Cuando la pesquisa por el crimen de Pillín Bracamonte llevaba dos meses, a inicios de 2025, los investigadores peinaron de manera maniática la totalidad de los vehículos que aparecían tomados por las cámaras en la zona de Avellaneda y Reconquista, donde emboscaron al líder de la hinchada canalla. Les llamó la atención la aparición de una camioneta Citroen Air Cross con movimientos en la zona. Buscaron el dominio, supieron el nombre de su dueño y arrancaron con seguimientos de antenas telefónicas.
Eso los llevó a Alejandro Vázquez, que era titular dominial de la Air Cross. Lo investigaron a fondo hasta encontrar una secuencia de evidencia como para allanarlo. Con eso el 9 de marzo pasado requisaron varios de los lugares donde estaba. Uno era su casa, en Aguzzi al 4000, en la zona de Rouillón y Seguí. Allí encontraron 64 panes de marihuana.
Alejandro Vázquez no tenía antecedentes. Pero su hermano Sebastián Vázquez ya venía, como está dicho, captado por los radares antidroga. Fue allí cuando se afinó la mira hacia él en la causa Pillín.
Los fiscales Georgina Pairola y Luis Schiappa Pietra describieron por qué estaban involucrados Alejandro Vázquez y Alejandro Zamudio como partícipes del crimen de Pillín. Contaron que a los sicarios los llevaron desde la casa de Zamudio, en barrio 7 de Septiembre, hasta una cuadra del lugar crimen, en Almafuerte al 1100, en la mencionada Air Cross blanca. A los 40 minutos, a la salida del partido que Central jugó con San Lorenzo, Pillín y Attardo fueron asesinados por dos sicarios dentro de su camioneta a medio metro de distancia. Los dos que dispararon subieron a una Honda Twister 150, se subieron a la Air Cross a cuatro cuadras y volvieron en ella hasta la zona de la casa de Zamudio.
Ahora los pesquisas saben que hubo alguien más arriba de la Air Cross esa noche en todo el periplo: el Narigón Vázquez. Lo tienen como el organizador de la movida que acabó con 25 años de Pillín como líder de la barra y sus negocios.
En ese crimen apabullante se deja ver una insinuada mutación de los negocios criminales en la hinchada. Pillín dominó el mundo Central utilizando al club para generar negocios por servicios que pagaba la institución y él ofrecía explotando firmas prestadoras. Se hizo rico con eso, pero también comandando los negocios por recaudación de espacios de estacionamiento, puestos de comida y otros. Asimismo, con acuerdos con grupos de narcomenudeo desde el surgimiento de Los Monos: tenía contactos muy estrechos con el Pájaro Cantero, asesinado en 2013, y especialmente con Ariel “Viejo” Cantero, su padre, hoy en prisión.
Pero fuentes de fuerzas de seguridad, de la Justicia Federal y de la santafesina coinciden en que el fuerte de Bracamonte, aunque interactuara con actores del rubro, no eran centralmente los negocios de droga. Lo que asoma en el cambio que caracteriza hoy a la barra, al menos la que planeó el corrimiento de Pillín, fue el tránsito del comercio urbano de drogas en ella al narcotráfico. Un rasgo que complejizó su economía criminal y modificó viejas lealtades.
El que aparece, entonces, en el diseño del homicidio de Bracamonte es, sí, una figura que hace mucho está en el mundo de la droga. En la llamada causa Zabala Salinas que elaboró la Procuración contra el Narcotráfico en 2018, a Sebastián Vázquez le dedican 30 páginas sobre 78. Allí se lo describe como líder y organizador “de una banda narco criminal”. Y se añade que “su organización se dedica a proveer de material ilícito a diferentes sujetos, entre ellos a Cristian Mario González”, el Negro, en su momento sicario de Los Monos y actualmente preso por el crimen de Lorena Ojeda.
Este cambio de peldaño en la hinchada, para el que Pillín era un obstáculo o tal vez no era más necesario, se había expresado en julio de 2024, cuando una avioneta tuvo un aterrizaje forzoso en San Justo, a 260 kilómetros de Rosario, con 460 kilos de cocaína. Dos semanas después, Gendarmería Nacional detuvo a un hombre que se llama Carlos Andrés Suárez, de 40 años, quien es un notorio barrabrava de Rosario Central. Y a otro individuo de la hinchada, Leopoldo Martínez, alias “Pitito”. Ambos estuvieron en la mira en la pesquisa del crimen de Pimpi.
Lo del Narigón Vázquez es otra cosa. A él ya lo tienen, con evidencia que difícilmente un juez desconozca, situado en la planificación y comisión del crimen de Bracamonte. El ofrecimiento de recompensa viene a transparentar su historia pasada y su proyección al presente, que lo saca de su prolongado eclipse.



































