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Sociedad

Newell’s después de Heinze; ¿podrá Astore remontar el fiasco y la crisis económica del club al mismo tiempo?

Los resultados gobiernan con puño de dictador en el fútbol. A dos años de ganar la presidencia de Newell’s Ignacio Astore aún está buscando la receta del éxito y absorbe la decepción generalizada en las tribunas. Gabriel Heinze fue una apuesta del orden total por un proyecto que nunca dejó de carretear y llegó al final de la pista sin levantar vuelo. El técnico se bajó de la experiencia a tiempo para no hacer chocar al club y la dirigencia leprosa mira en derredor atrapada en el laberinto de las decisiones que definen el futuro del equipo, la propia dirigencia y la entidad. Es que los rojinegros hace diez años que no pueden pelear por un título y encontraron como único mérito en una década de fútbol intrascendente no perder la categoría. Heinze no salió de la mediocridad y el horizonte reúne más dificultades: un club con más deuda que en 2021 y un plantel que debe renovarse y despojarse de jugadores sin jerarquía.

Cuando Heinze volvió a Newell’s a dirigir el plantel superior, Astore le concedió facultades totales sobre el fútbol como no habían gozado sus antecesores. La experiencia fue un fiasco por donde se haga el análisis y el club asume ahora una situación crítica. Porque si la deuda en 2021 era de 12 millones de dólares hoy ronda los 15 millones. Son números proyectados por la oposición porque no hay datos oficiales. La primera promesa de Astore fue realizar una auditoría para tener un diagnóstico económico sobre el club que recibió. Ese informe nunca se dio a conocer; apenas un avance preliminar a los pocos meses de asumir. Si la auditoría no se dio a conocer las conjeturas florecen: ¿Estaba Newell’s en quiebra como se dijo? ¿Hubo pacto de “no agresión” con la anterior directiva?

El frente económico es medular al momento de trazar ideas deportivas. Tener a Heinze un año en el club exigió a la tesorería hacer frente a gastos mensuales que excedían los ingresos. El cuerpo técnico fue el más oneroso de los últimos años, los refuerzos ameritaron inversión en más de cuatro millones de dólares. Todo salió caro, muy caro. Porque los ingresos no fueron los esperados, como consecuencia del peregrinar del equipo por la Liga Profesional y Copa de la Liga donde nunca alzó la frente. La irrelevancia deportiva pauperizó los ingresos y ahora hay que empezar todo de nuevo. Las consecuencias del trabajo fallido de Heinze tendrán réplicas por un tiempo más. Newell’s hizo muy malas negociaciones en el mercado de pases de enero y julio.

El club invirtió muchos dólares para contratar a Jorge Recalde. Un delantero sin gol y que a su arribo generó problemas internos, porque no pasó la primera revisión médica y la dirigencia decidió contratarlo de igual modo. Finalmente la firma de los médicos apareció y Recalde se sumó. Fue una gran apuesta de Heinze y el paraguayo no le resultó ninguna solución, al menos bajo su conducción. Heinze fue intransigente en sus decisiones y cuando se equivocó no pudo asumirlo. Se recostó en Cristian Ferreira en la tarea creativa del equipo. El ex River no le dio nunca el salto de calidad al equipo ni tuvo un rendimiento destacado. Un jugador que no tiene asistencia, con poco gol y que fue incapaz de hacer jugar al equipo. Se va Heinze y en Newell’s nadie piensa en comprar su pase.

La experiencia con Willer Ditta los entusiasmó. El defensor colombiano vino en enero de 2022 y con Heinze encontró su mejor versión en el primer semestre del año. Fue vendido por más dinero del que se invirtió en su pase. Aunque este no es un caso testigo, por el contrario. Heinze buscó en Colombia más talento y llegó a Newell’s a tomar compromisos económicos que hoy son un problema. La Lepra contrató a Jherson Mosquera a pesar de tener un expediente abierto por doping. El colombiano cuando jugó no mostró ser más de lo que debe encontrarse en las inferiores y hoy no se sabe qué hacer con su contrato. Guillermo Ortiz fue señalado por Heinze como uno de “los mejores centrales del país”. Lo tuvo que sacar del equipo al irrumpir sobre el final de la temporada el chico Ian Glavinovich. Y surge la pregunta: ¿Nadie pudo pronosticar que las cualidades de Glavinovich podían evitar la contratación de un defensor? Bruno Pittón y Angelo Martino jugaron mucho y ninguno se consolidó. Por Lucas Hoyos, que tiene dos años más de contrato con el club y por cuya incorporación el técnico insistió tanto, encuentra hoy la resistencia de los hinchas. Sus torpezas bajo los tres palos penetraron más que sus atajadas en los simpatizantes. Y tener un arquero resistido es un problema que ningún entrenador quiere afrontar al iniciar un trabajo. Hay un caso que es paradigmático: Iván Gómez. El ex Platense es el único jugador que trajo Heinze y que conformó a todos con su rendimiento. Y lo quieren comprar.



Con la fallida experiencia de los primeros seis meses Astore quiso enderezar el andar del proyecto con una decisión inexplicable: contrató a Pablo Guiñazú como mánager, tras el fallecimiento de Horacio García, y trajo jugadores que Heinze no pidió. Esa decisión dejó convaleciente al equipo. Guiñazú representa lo peor del Newell’s de Eduardo López: un jugador que se fue con el pase libre, estrategia que el ex presidente convalidaba y dejó como único perjudicado al club por no recibir dinero alguno por su pase. Para peor, Guiñazú nunca más se vinculó con Newell’s, ni siquiera en declaraciones y terminó su carrera en Talleres. La contratación como mánager solo se puede entender desde el análisis del fútbol profesional como negocio. Y cuando la prioridad ya no es el proyecto los pasos que se dan te acercan a la cornisa. Guiñazú contrató a Ignacio Schor, Ángelo Martino, Augusto Schott y Guillermo May. Pero lo peor vino con la llegada de Carlos Ordóñez. El defensor colombiano no jugó un solo minuto. Newell’s trajo un refuerzo para la reserva. Y ni siquiera ahí se destacó. En el segundo semestre del año, quedó claro que a Heinze ya no lo ayudaron más. El entrenador perdió credibilidad frente a los dirigentes y solo Astore defendió su trabajo hasta la última instancia. No hubo otra voz de respaldo.



Heinze vino y pidió mucho. Al proyecto deportivo le faltó el proyecto económico y encontrar algunas buenas decisiones. Cuando Gerardo Martino tomó la dirección técnica del equipo en 2012 llegó con el respaldo de un grupo inversor que el propio Tata acercó para traer los refuerzos: Víctor López, Milton Casco, Marcos Cáceres, entre otros. Jugadores que sin dudas le dieron al equipo la jerarquía que se esperaba para dar el salto de calidad. Nada de eso ocurrió con los refuerzos leprosos del último año.

Los desaciertos de Astore en el fútbol ya son conocidos por los hinchas del parque Independencia. Newell’s lleva diez años sin estar entre las primeras posiciones del fútbol argentino. Deambula por mitad de tabla después del cuarto puesto desde 2014. No peleó la permanencia porque evitó estar entre las últimas cinco ubicaciones en dos temporadas consecutivas. Con Heinze el equipo ni siquiera logró colarse entre los primeros diez de la temporada. Quedó afuera de todo y el 2024 encuentra a los leprosos con una sensación de tener que reinventarse.

Hay ruido de fondo en el parque Independencia. Astore no se apoya en sus compañeros de Comisión Directiva para temas relacionados con el fútbol. Como buen cirujano todo queda bajo su responsabilidad y no confía más que en sus manos. Pero también recaen en él las consecuencias de esas decisiones personales. La coyuntura le advierte que ya no tiene a favor la gracia de ser lo nuevo. Dos años de gestión lo exponen a estar frente al cadalso de las tribunas del Coloso. Y la situación es crítica: “No hay a quién traer”, asumen en el club con respecto a la sucesión de Heinze.

Es que ninguno de los nombres que están dispuestos a venir al club podrá contener la ansiedad de los leprosos por ver en cancha un equipo protagonista. Heinze usó la estrategia de ponerse por delante de todos para asumir las responsabilidades, se victimizó siempre pero nunca se permitió la autocrítica seria. Tenía la suficiente ascendencia en los simpatizantes para mantener el timón a pesar de las repetidas tormentas en las que se metía. Su trayectoria en el club como jugador le evitó la reprobación del estadio hasta las últimas fechas. Pero incluso cuando se veía venir la tormenta de frente el técnico no hizo más que ratificar la dirección elegida. El final no tuvo ninguna sorpresa, fue muy previsible. Quien lo suceda no tendrá tantas posibilidades de equivocarse. Ni siquiera Sebastián Beccacece podía gozar de esa ventaja. Y es esta situación de desilusión extendida en el tiempo lo que aleja a Astore de poder depositar el futuro del equipo en un entrenador de poca experiencia. Al presidente los caminos se le hacen cada vez más angostos. Central prepara la vuelta de Angel Di María para julio. La fiesta que habrá en Arroyito urge al presidente rojinegro a darle a los hinchas un 2024 con alegrías. En Newell’s el cansancio por la espera ya se hizo sentir.


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