Fernando Belzunce comenzó su carrera en el mundo del periodismo como redactor en el periódico El Correo, de Bilbao, en el 2000. Entonces tenía 23 años. Dice que iniciarse en esa redacción junto a colegas ávidos por informar, pese a las amenazas recurrentes del grupo separatista ETA, marcaron a fuego su vocación por el periodismo. Hoy tiene 50 años y es el director editorial de Vocento, uno de los principales grupos de comunicación en España, al que pertenecen una veintena de diarios y portales digitales como el ABC de Madrid, el Diario Vasco, o El Norte de Castilla, con cabecera en Valladolid.
Mientras toma un café cortado en el Rock and Feller del Hotel Savoy en Rosario, refrenda su pasión por la profesión y dice que le da pánico la sola idea de llegar a un lugar donde no haya medios para informarse: “No sería una democracia, sino una dictadura”. La importancia del periodismo aparece una y otra vez en la charla, también en su último libro “Periodismo en tiempos de oscuridad”, donde entrevistó a un centenar de periodistas de distintas partes del mundo, para retratar un oficio en crisis y los ataques a la libertad de prensa, con testimonios de cronistas de guerra, sobrevivientes a zonas de conflictos, y periodistas cuyas investigaciones expusieron las oscuridades del poder. “Cuando les preguntas si todo ese esfuerzo tenía sentido, la respuesta unánime es que sí”, sintetiza.
El periodista arribó a Rosario esta semana para disertar en una nueva edición del programa Redacciones 5G, organizado por Personal. Su ponencia, titulada “Innovación, tecnología y periodismo” reunió a unos 150 periodistas, referentes, líderes y dueños de medios de la región. En la previa al encuentro, Belzunce dialogó mano a mano con Suma Política sobre los desafíos del periodismo en la actualidad, la importancia de los medios locales, la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) y los reiterados –y cada vez más frecuentes– ataques del gobierno nacional a los periodistas: “Un gobernante que insulta a la prensa se desacredita a sí mismo”.


—¿Qué tan condicionado está el periodismo por el algoritmo?
—El impacto es enorme porque la distribución de los contenidos en internet ha dejado de depender de los medios de comunicación y depende de los algoritmos. Cuando pierdes el control de la distribución, en el fondo acabas perdiendo cierto control sobre tu propia producción periodística. Creo que eso es un ataque en la línea de flotación de todo el modelo de negocio de esta industria.
—Es decir que no importa tanto el peso del medio, sino que los contenidos que se destacan son los que se ajustan a los intereses del algoritmo…
—Es un problema enorme. Hasta ahora siempre hemos confiado en que la fortaleza de las marcas periodísticas era tan grande que los lectores acudían directamente a nuestras páginas web, o a nuestros periódicos. A futuro no sabemos cómo va a ir evolucionando eso con el impacto que han supuesto en los últimos años las redes sociales y cómo los algoritmos se adaptan a las preferencias de cada usuario, decidiendo qué es importante y qué no lo es. Eso acaba teniendo un impacto increíble en la sociedad y desde luego para el periodismo yo creo que eso es demoledor.
—¿Debemos saber cómo funciona el algoritmo? ¿Se puede?
—Hay una tentación muy natural, y en el fondo digna de elogio, de intentar comprender cómo funcionan los algoritmos, aunque nunca lo vamos a llegar a saber, porque son algoritmos opacos. Es verdad que sí se conocen ciertas características como que están condicionados por parámetros comerciales. Entonces, un algoritmo premia el contenido que va a generar más clics, que vaya a generar más interés o que considere que va a tener mayor acogida en la audiencia ¿Qué contenidos suelen ser esos? Tristemente no son los contenidos más relevantes, sino los más llamativos y sensacionalistas. Por eso estamos en esta época de la viralidad. Es un riesgo enorme para el propio periodismo intentar adaptarse a lo que buscan esos algoritmos, acabaríamos haciendo noticias solo de sucesos escandalosos, de accidentes divertidos y de gatitos.
—La generación de contenidos de calidad versus los virales que generan views rápido. ¿Cómo se combate eso?
—Es un choque muy complejo y de unas dimensiones brutales que de hecho está poniendo en solfa todo el sector a nivel mundial. Creo que aquí no hay grandes recetas, más que diferenciar lo que realmente es periodismo de lo que no. Yo creo que el algoritmo, al final, lo que hace es mezclar los contenidos periodísticos con los que no lo son. Entramos en una dinámica perversa si nos plegamos a sus reglas, porque perdemos el control no solo de la distribución, sino de la producción. Quienes durante muchos años pudieron estar tentados de hacer periodismo para algoritmos tienen que volver a hacer periodismo para las personas, atendiendo a las necesidades de los ciudadanos y no de un algoritmo que lo que busca es generar ingresos de publicidad para las grandes plataformas tecnológicas.

—¿Estamos ante una crisis del periodismo? ¿O es una crisis del modelo de negocios?
—Está relacionado. Al final, una es causa de la otra. El periodismo realmente es independiente cuando tiene una rentabilidad. La rentabilidad es muy importante porque puedes invertir en más periodismo; cuando tienes pérdidas las empresas entran en ajuste y al final la apuesta por el periodismo se deshace. En este oficio los periodistas nunca nos hemos interesado en exceso por el dinero, pero en los últimos años empezó a ser un tema de preocupación. Es lógico, si las empresas no son viables económicamente, el periodismo no se sostiene.
—En este contexto, ¿qué amenazas ves hoy para el ejercicio del periodismo?
—Son amenazas globales. Para mi último libro entrevisté a más de cien periodistas de distintos países. Te das cuenta de que los problemas se han globalizado y son similares en Pakistán, en Reino Unidos, en Francia o en Argentina. Tenemos problemas de las grandes multinacionales tecnológicas y el impacto que han causado; tenemos un problema importante con el descrédito y los ataques a la profesión, con el auge de movimientos radicales; problemas con el modelo de negocio y las redes sociales, que no han sido beneficiosas para el periodismo. Y ahora con la inteligencia artificial…
—¿La inteligencia artificial es una oportunidad o una amenaza?
—Ambas. Es una realidad que ya está aquí y no puedes ir contra ella. Lo que hay que hacer es intentar adaptarse, sacar los beneficios que tiene la inteligencia artificial. Tiene herramientas que son increíbles para desarrollar un periodismo de altísimo nivel. Nosotros contamos con ejemplos muy claros de que, bien utilizada, puedes hacer cosas que en otro momento eran imposibles. Principalmente, con el tratamiento de documentos, encontrando patrones de datos sobre miles de expedientes que, de otra manera, nos habría llevado semanas, además de una inversión económica muy fuerte.
—¿Y la amenaza?
—Va a tener impactos muy fuertes en campos que nos trascienden, como el consumo de los usuarios y la circulación de contenidos en internet. Probablemente pasemos de un modelo basado en la economía de los enlaces en internet, a uno basado en un asistente que te devuelve respuestas. Eso cambia toda la lógica por la que hemos venido funcionando en los últimos veinte años en internet. Se dice pronto, pero el impacto va a ser brutal. Y también en términos de desinformación, que eso ya sucede y hay que ver cómo evoluciona a futuro. La capacidad de manipular contenido y de generar campañas masivas de desinformación adaptándose a los lectores va a ser descomunal y a muy bajo coste. Eso va a tener unas consecuencias increíbles para la credibilidad de las instituciones de las democracias.
—¿Qué estás viendo de los medios que hoy usan IA?
—Hay como dos tendencias. Los medios que creen que van al corto plazo y utilizan la IA para generar contenidos de escaso valor para reproducirlos de manera masiva. Y luego los medios que la utilizan para mejorar su periodismo, que supervisan su uso, acreditan sus resultados y lo que publican tiene los mismos criterios de rigor y profesionalidad que cualquier otra información. En definitiva, la diferencia es entre los medios que apuestan al volumen y los que apuestan a la calidad.
— ¿Cómo crees que nos ve hoy la sociedad a los periodistas? ¿Sigue siendo una profesión que tiene credibilidad?
—A nivel global la profesión ha perdido mucho respeto. En los últimos años hemos asistido a unos ataques desenfrenados contra el oficio por parte de políticos muy radicales. Sucede en Argentina, también en España o Estados Unidos. Eso es una tónica de los últimos años. También creo que algunos periodistas han contribuido a ese descrédito, entrando en cuestiones en las que probablemente no deberían entrar. Y creo que algunos periodistas han sobrepasado las barreras de las redes sociales. Cuando ves a periodistas opinando de todo, creo que no da una buena imagen de profesionalidad. Creo que hay que ser mucho más cautos.
—El presidente de Argentina usa un latiguillo que es “No odiamos lo suficiente a los periodistas”…
—Es una frase muy peligrosa para la sociedad en general y así debería verlo cualquier ciudadano argentino. Muchas veces se nos olvida que este es un oficio muy necesario, que dentro de sus fundamentos está el derecho que tiene un ciudadano a recibir información profesional y veraz, para tomar sus decisiones libremente, sin manipulaciones. El periodismo, llevado a su expresión más local, es muy importante. En el momento en el que desaparece el periodismo y se producen vacíos informativos, aflora la corrupción. Eso está comprobado.
—En Argentina decimos que Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires. ¿Qué rol entendés que deben tener los medios locales y regionales?
—En Vocento tenemos una cabecera nacional en Madrid pero también muchísimas cabeceras regionales. Somos el grupo editorial que cubre más territorio geográfico en España. Es un país muy descentralizado, donde el peso de las regiones es enorme, porque están marcadas por la identidad y la tradición. Nosotros contamos el mundo desde el punto de vista de un ciudadano que vive en esa región. Eso le da una fortaleza añadida al periódico, porque cuando eres muy fuerte en la cobertura de la información local el ciudadano esa información no la puede encontrar en otro lugar.
—Da la impresión de que, en un mundo más interconectado, el periodismo local puede marcar una diferencia…
—La importancia del periodismo local es muy clara, los ciudadanos lo reconocen y la relación con las audiencias es mucho más estrecha. A nosotros nos sucede que cuando hacemos encuestas a nuestros propios lectores les preguntamos si creen en los medios de comunicación y la mayoría dice que no, pero cuando les preguntamos si confían en el periódico que están leyendo en ese momento te dicen que sí, nos dan unas calificaciones altísimas. Creo que hay una idea engañosa de lo que realmente es el periodismo.
— Tu libro “Periodismo en Tiempos de Oscuridad” recoge testimonios de las dificultades que afronta la profesión en distintos lugares del mundo. ¿Qué conclusiones te dejó esa investigación?
—Que tenemos un oficio muy vocacional y sacrificado. En esas entrevistas me interesaba preguntarles por el sentido del oficio, gente que ha sacrificado mucho su vida, que se han ido a países inhóspitos, que han vivido fuera de sus hogares y han tenido experiencias traumáticas. Cuando les preguntás si todo ese esfuerzo tenía sentido, la respuesta unánime es que sí. No vamos a cambiar el mundo o frenar una guerra, no va de esto el periodismo. Hay algo mucho más sencillo, que es que su trabajo ha servido para que se conozcan algunos sucesos. Creo que eso tiene escala en todos los niveles, desde un cronista de guerra al redactor de un periódico barrial. Cualquier periodista puede hacer que las cosas estén mejor a como estaban.
—¿Cómo debería responder el periodismo a los ataques de los gobiernos o el poder?
—Siempre hay muchas dudas sobre si entrar en eso o no. Yo creo que un gobernante que insulta a la prensa se desacredita a sí mismo. Lo que se busca es la provocación y a veces una respuesta hace que se difunda más ese insulto original. Y nunca sabes bien cómo enfrentarte a esto porque no estamos acostumbrados a esos códigos de provocación populista, estamos en otra dinámica.
—En Argentina siempre existieron tensiones entre periodismo y poder. Lo nuevo son los ataques deliberados y públicos desde el gobierno, y pareciera que hay una validación de un sector de la sociedad a eso.
—Las tensiones y las presiones del poder político, e incluso económico, son algo propio de la profesión. A diferencia de otros colegas que dicen sufrirlo, yo te diría que es hasta saludable que existan, significa que importas, que influyes, que tu trabajo tiene peso. Eso forma parte de la vida profesional. Lo que es nuevo es que un representante público cuestione y ataque duramente a una profesión que, en el fondo, forma parte de la base en la que se articula también la propia democracia.
—¿Eso puede tener consecuencias en esas bases democráticas?
—Sí, porque hay una pérdida de confianza en las instituciones o en los pilares que vertebran el sistema actual. En cierto modo, eso empuja a una gran crisis, a la polarización y a un cuestionamiento del sistema actual. La sensación es que estamos en una época muy complicada, parece que estamos casi en la antesala de un cambio de era donde todo está muy convulso, donde surgen muchos líderes algorítmicos que responden a determinadas políticas en función de un sondeo de los estados emocionales de sus poblaciones votantes. Es muy peligroso.
—Con todo esto, ¿qué te hace pensar que nuestra profesión sigue siendo importante y tiene futuro?
—A mí me da pánico pensar en la sola idea de que no exista el periodismo. Que vayas a una ciudad y no haya un solo periódico, un programa de radio, o nada que transmita información del lugar. Que sean los propios políticos quienes se ocupen de trasladar la información que llega a la población, que nadie audite al poder. Me da pánico porque no sería una democracia, sino una dictadura. Los vacíos informáticos generan corrupción porque no hay quien los combata. Al final la información también es poder.

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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Periodismo (UNR). Conductor y productor en radio Aire Libre (91.3). En Twitter: @NachoCagliero

































