“¿Y antes cómo hacían?”
La frase todavía resuena. La pronunció el gobernador Omar Perotti, el jueves 10 de septiembre casi al mediodía, cuando había reunido en su despacho de la Gobernación en Santa Fe a la vicegobernadora Alejandra Rodenas, al senador Armando Traferri, y a su mano derecha en la política, el senador nacional Roberto Mirabella. Se refería al armado de una agenda legislativa que no tuviera tantos problemas para imponerse en el Parlamento santafesino, donde en Diputados el Frente Progresista tiene amplia mayoría.
Eran tiempos donde se suporponían proyectos del oficialismo y la oposición, y costaba definir prioridades y ponerle plazos al tratamiento de las iniciativas del gobierno. Todavía Traferri no les había dado una muestra gratis de sus habilidades legislativas como cuando sobre fin de año logró la aprobación de dos leyes que se conocieron como “anti Sain”, que salieron en unas horas aprobadas en las dos cámaras y sorprendieron a todo el oficialismo parlamentario.
Aquella reunión antes de la primavera fue la última entre las partes, no sólo por lo que pasó sobre fines del 2020, sino por lo que ocurrió ese mismo día. Estaban por reunirse cuando el ministro de Seguridad se despachó con declaraciones que apuntaban al senador por San Lorenzo, y que dieron lugar a una repetida pregunta que el gobernador nunca contestó directamente: “Omar, ¿a Sain lo mandás vos?”. “Esto va a traer problemas” fue la última frase escuchada antes de que se desarmara aquel encuentro.
Desde ese día nada fue igual. El ministro acusaba al senador de estar detrás de las protestas policiales y lo justificaba con datos y opiniones. No pareció lo más oportuno que ese reproche coincidiera con el día de un encuentro donde se iba a tratar de compaginar la agenda legislativa de la provincia.
A diferencia de ahora, entonces había ministro de Gobierno, aunque eso no parece haber influido demasiado en esta tirante relación. Ahora hace dos meses que ese puesto está vacante, pero los tropiezos empezaron antes.
Sigue faltando en cualquier caso el articulador, la persona que conecte las relaciones entre el Ejecutivo y la Legislatura. El cargo es lo de menos. En otros tiempos esa tarea estaba en la agenda de un secretario de Asuntos Legislativos.
En la gestión de Perotti ese rol recayó en distintos ministros. En el inicio algunos asuntos los manejó el renunciante Esteban Borgonovo, como las leyes de emergencia que corrigieron algunos puntos del presupuesto elaborado por el gobernador saliente y aprobado por ambas cámaras.
Después fue el turno de Rubén Michlig, y en la última mitad del año apareció en escena el todavía ministro sin cartera Marcos Corach. Pero todos se fueron desgastando, al punto que el Presupuesto 2021 lo terminó negociando por el gobierno el propio ministro de Economía, Walter Agosto. Y los acuerdos fueron bastante rápidos. “Un trámite de 48 horas”, asumen.
No pasó lo mismo con la ley tributaria, que se vio afectada por los tironeos de la política y el conflicto “Traferri-fiscales”, que hicieron que el senador que venía haciéndose cargo de las negociaciones se desentendiera de ese proyecto. Terminó aprobado con un artículo menos y saliendo por votos radicales y abstenciones peronistas.

Quién será el negociador que en nombre del gobierno se siente a dialogar con la Legislatura sigue siendo una incógnita. Sobre todo porque ni con los Reyes Magos llegó el anunciado recambio de gabinete provincial, que lleva dos meses sin su ministro político —el que podría asumir naturalmente ese rol—. Se mencionaron varios nombres, el último el del ministro Roberto Sukerman que podría dejar el área de Trabajo en manos de su segundo y mudarse a la cartera de Gobierno. Pero pasó el primer año de gestión, Navidad, fin de año, y hasta llegó Reyes sin noticias sobre el asunto. Se presume que no se consumirá enero sin novedades que eran esperadas en diciembre.
Aunque más que el nombre importa la autonomía con la que asuma. El Senado ahora está más dividido: hay tres bloques en nombre del oficialismo, los seis de Traferri, cuatro que responden a Perotti y dos que empezaron solos y ahora prometen sumarse a los cuatro más perottistas, aunque sin mucho entusiasmo. Así quedarían seis y seis. Uno de estos dos, el senador por el departamento Caseros, Eduardo Rosconi, se convenció a último momento pero por razones no tan políticas. Dicen que como Carlos Reutemann, vio algo que no le gustó.
Cuando el gobernador hizo aquella pregunta a la representación del Senado (¿antes cómo hacían?) cuentan que recibió casi un manual de procedimientos, que incluía tres verbos: discutir, explicar, convencer.
“Bonfatti lo había empoderado a Galassi, que resolvía el noventa por ciento de los temas. Y Lifschitz le cedió parte de ese manejo a Farías, que resolvía el cincuenta por ciento de los temas. Lo que tenés que hacer es poner a alguien que pueda decidir hasta un punto, y después negociás vos. También tenés que saber qué proyectos querés que salgan y estar dispuesto a negociar según la magnitud de lo que se trate. Siempre estamos hablando de obras para los departamentos”, le aclararon.
Por lo que pasó después podría decirse que al gobernador no le gustaron las condiciones. Ahora habrá que ver qué hace. Y quién es el primero que marca el teléfono del otro para saber cómo sigue la historia. O quiénes serán los nuevos interlocutores.
Como en una partida de ajedrez, hay movidas que marcan el destino del juego.

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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Comunicación Social de la UNR. Ex jefe de Redacción de La Capital. Twitter: @DanielAbba_

































