Represión sangrienta, trampas en la sesión y derrota dentro y fuera del Palacio; el gobierno nacional tuvo su peor día y se abren sombras sobre el futuro. El peronismo ya evalúa ir por la remoción del presidente de la Cámara baja, Martín Menem, que ayer levantó la sesión luego de una pelea cuerpo a cuerpo entre diputados propios y aliados directos que alteraron el quórum en un momento en que la oposición se disponía a un nuevo triunfo en una tarde donde ya había ganado votaciones clave.
Bastó una concurrencia relevante, aunque no híper masiva, de sectores medios y bajos identificados con los colores de sus equipos de fútbol en apoyo a la tradicional marcha de protesta de jubilados de los miércoles frente al Congreso para que se active una represión desproporcionada sin precedentes en la democracia.
De no revisar ese camino, el gobierno de Milei y su ecosistema, más tarde o más temprano, se encaminan a chocar contra la pared. La principal víctima de la represión fue el fotógrafo Pablo Grillo, que recibió una posta de gas en su cabeza lanzada por las fuerzas policiales desde pocos metros. Grillo fue operado de urgencia y continúa en estado reservado.
Para colmo de males para el gobierno, la jueza porteña Karina Andrade, que intervino con los 114 detenidos, cazados al azar en muchos casos muy lejos del foco de los hechos, y sin ser encontrados en ninguna actitud que lo justifique, desarmó una de las patas principales del plan Milei-Bullrich: mantener detenidos durante un período largo a los capturados y aplicarles una carga penal severa como muestra de la autoridad política que no consigue por otros medios.
La magistrada explicó en su fallo que se encontraba “en juego un derecho constitucional fundamental como es el derecho a la protesta”, lo que motivó la liberación durante la madrugada de todos los detenidos.
Durante este jueves, la jueza fue duramente atacada por el vocero presidencial Manuel Adorni y por el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona.
Todos los próximos miércoles, el gobierno enfrentará la protesta de los jubilados y la presumible lluvia de adhesiones que se irán sucediendo, con el dilema de profundizar o no la impronta que lo guía: reprimir a los ciudadanos que se expresan en la vía pública.
La política de control callejero que pretende el gobierno nacional, sus formas, metodología y violencia sólo podrían aplicarse bajo un paraguas legal que la constitución ofrece: la declaración del Estado de sitio.
Otros gobiernos democráticos tomaron ese camino y no es necesario recordar cómo terminaron.
El bochorno en la sesión dentro del recinto de Diputados se produjo en consonancia con lo ocurrido de los muros hacia afuera. Si bien las deliberaciones transcurrían con cierta normalidad, y se habían votado la declaración de emergencia para Bahía Blanca y el emplazamiento para que una comisión abra una investigación sobre la estafa libra en la próxima semana, todo se aceleró en el final.
“Presidente (Menem) está dilatando la votación, estamos con quórum”, advirtió el rosarino Germán Martínez, jefe del bloque UxP, cuando el tablero marcaba 131 presentes. “Tenemos emplazamientos pendientes y tenemos que votar lo de juicio político; por favor, no dilate”, le reclamó a Menem.
El nerviosismo en el oficialismo por lo que se venía, y la parálisis de Menem, fue acompañada por una maniobra infundada por el titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales, el también santafesino Nicolás Mayoraz, que volvió a su banca y dijo que los emplazamientos ya se habían votado y no restaba ninguno. Una falsedad. Ni bien terminó de hablar Mayoraz, arrancó el primer enfrentamiento: el libertario Lisandro Almirón atacó físicamente a Oscar Zago, ex libertario, ahora con bloque propio, que continuaba dando quórum. Entre gritos y reproches de traición, hubo manotazos y empujones y Zago sacó sus asentaderas de la butaca, restando un presente al quórum.
La furia de LLA contra el bloque del MID (Zago), habitual aliado, también pasaba porque sus tres miembros habían dado quórum y votaron a favor del emplazamiento para tratar una comisión investigadora por el escándalo cripto.
Menem, cuando vio que la trifulca dejaba por unos segundos sin quórum la sesión (se levantaron en la pelea los miembros del MID) pidió orden y determinó un cuarto intermedio sin ponerlo a consideración del pleno, mientras los diputados de UxP le reclamaba a los gritos: “el cuarto intermedio se vota”.
Tras cartón se reencausó por unos minutos la sesión y tomó la palabra la diputada de UxP Victoria Tolosa Paz, quien expresó: “Me guardo las palabras de este bochorno que acabo de ver”. A continuación, propuso un emplazamiento de las comisiones de Legislación General, Asuntos Constitucionales y Presupuesto y Hacienda para tratar el proyecto impulsado por su bloque que busca derogar las facultades delegadas otorgadas a Milei a través del artículo 1° de la Ley Bases.
Mientras hablaba, la desesperación libertaria por hacer caer el quórum crecía, y las libertarias Marcela Pagano, la rosarina Rocío Bonacci, Lilia Lemoine y María Celeste Ponce protagonizaban otro capítulo de la saga que las enfrenta. Y pasaron de las redes sociales a la acción. El dúo de Lemoine y Ponce estaban con sus celulares filmando a Pagano y Bonacci, acusándolas de dar quórum “junto al kirchnerismo”. Bonacci reaccionó tirándoles un vaso de agua. Todo quedó grabado y se viralizó en redes.
La descomposición libertaria se hizo evidente.
Menem amagó con llamar a votar el emplazamiento pedido por Tolosa Paz, pero en medio del desmadre el tablero marcó 128 presentes, uno menos del quórum, y entonces, de inmediato, levantó la sesión. Allí, se produjo una furiosa reacción de los diputados de Unión por la Patria que se abalanzaron contra el estrado, siendo Máximo Kirchner el primero en increpar a Menem, quien se retiró rápidamente. También cargó con reproches el secretario Parlamentario, Adrián Pagán.



































