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Todas, todos y todes: los dilemas que plantea el lenguaje inclusivo a la hora de hacer literatura

Dos escritores y dos escritoras argentinas responden, y a la vez se preguntan, cómo impactan en la literatura los debates sociales que se dan en torno al uso o no del lenguaje inclusivo. ¿Impactan? ¿Condicionan el proceso creativo? ¿Son cuestionadas las obras o los autores desde esta perspectiva? A ninguno de los cuatro les resulta indiferente. Si bien no hay una respuesta concluyente, la conversación con Suma Política fluyó por distintos lugares donde lo que ronda es una pregunta por la lengua: sobre sus potencialidades, sus efectos, sus búsquedas, sus reglas, sus limitaciones, sus usos cotidianos y también sus usos políticos.

Para el escritor Francisco Bitar el no uso del lenguaje inclusivo en sus libros —cuentos, poesía, novelas, ensayos— fue una decisión basada tanto en motivos internos de la lengua literaria como de clima político. En cambio a la escritora Raquel Robles, que también es periodista y docente, el tema le genera contradicciones: lo usa en su vida cotidiana pero no logra incorporarlo a sus novelas y cuentos.

La escritora Ariana Harwics, que vive en Francia hace varios años, se siente interpelada por la discusión, le interesa, la entusiasma pero tampoco utiliza el lenguaje inclusivo en sus novelas y ensayos quizás, plantea, porque la literatura sea justamente un espacio de libertad y no “una visión ideológica del mundo”.

En cambio Martín Kohan, que además de escribir cuentos, ensayos y novelas trabaja como docente, no duda en su respuesta afirmativa: sí, utiliza lenguaje inclusivo pero con O.  Para él la postulación de un lenguaje inclusivo a través de la letra E tiene que ver más con una definición política que el resultado de una práctica.

Francisco Bitar:

“No uso en mis textos el lenguaje inclusivo, sí en cambio a veces en mi contexto. No lo uso por dos motivos. Primero, por un motivo interno a la obra. Tiene que ver con que la escritura o el estilo de un escritor crece desde una lengua común hacia una lengua propia, que significa justamente desde un lenguaje que integra todos los lenguajes y que en realidad es un único lenguaje común a todos los hablantes hacia uno más exclusivo, lo contrario de un lenguaje inclusivo. Y en ese sistema, que se vuelve de elementos cada vez más discretos, digamos, es difícil incluir y uno tiene que verse en una necesidad casi de fuerza mayor como para incluir un nuevo elemento en ese sistema, en términos de lengua. ¿Te imaginás si habría que incluir una reforma casi estructural como es la que propone el lenguaje inclusivo? Todo el sistema que yo fui construyendo como para poder consolidar esa lengua mía adentro de una lengua mayor, se vendría abajo. Perdería justamente exclusividad, perdería sus elementos discretos y esos elementos entrarían en conflicto entre sí. El primer motivo es este, un motivo de estilo, un motivo interno a la obra.

(…) 

“Si, más allá de eso, si eventualmente aceptara por ese lado incurrir en el lenguaje inclusivo, aún así me daría un poco de escozor la posibilidad de pasar por oportunista porque es un momento en que la literatura feminista tiene su propia mesa en las librerías, lo que significa que está como legitimada culturalmente y se ha vuelto uno de los discursos más fuertes y convincentes de la cultura, e ir hacia eso me parece que podría pasar por un falseamiento que podría tachar a lo que escribo de oportunista justamente.

(…) 

“La literatura tiene como esa definición negativa que está en el cruce de una serie de no o de noes, se define un poco por lo que no es, por su falta de atributo. Y cargarla de este atributo de lo que puede llegar a ser, del discurso convocante en un momento determinado… No sé, en algún otro momento puede haber sido el humanismo, o en otro momento puede haber sido para nosotros el de los derechos humanos y ya utilizar la literatura como un vehículo de otra cosa, de un mensaje, mientras que son otros los discursos que para mí se dedican a eso mismo. La literatura es una pérdida en ese sentido, es un acto soberano y gratuito y por lo tanto no tiene ninguno de esos atributos. El lector y sobre todo el escritor apuesta a esa especie de acto sacrificial que es la literatura”.

Raquel Robles:

“Todavía no escribí literatura desde que para mí es orgánico usar lenguaje inclusivo en mi vida cotidiana. Sé que es un problema con el que me tendré que enfrentar. Usarlo implica una marca de época muy fuerte que no todos los proyectos literarios soportan. Pensé en tomar la idea de Italo Calvino de las restricciones como forma de acicatear la creatividad y no usar el género ni los pronombres femeninos ni masculinos. Pero lo cierto es que todavía no sé cómo lo voy a resolver. Tal vez esta duda sea el mayor impacto que tenga en el lenguaje y nos muestre cómo es de cierto y de actual lo que decía Mijaíl Bajtin en relación a que la lengua es la arena de la lucha de clases. 

“Nunca fui cuestionada por mi manera de referirme a las personas en mis libros, pero ahora me hace ruido a mí. Desde la dedicatoria a mis hijos cuando tengo dos hijos y una hija, en adelante”.

Martín Kohan:

“No tengo posición. No tengo indicaciones respecto de que haya que hacer esto o aquello. Pero también entiendo que muchas de las personas que plantean lo del lenguaje no tienen una posición de prescripción ni de obligatoriedad, entonces, efectivamente me parece que muchas veces las reacciones en contra reaccionan a una supuesta obligatoriedad que no es tal. Ahora bien, personalmente yo entiendo que las transformaciones en la lengua y la dinámica de la lengua provienen del uso. 

“Por otro lado, hay un planteo o he leído más de una vez un planteo que ahí no lo sigo y es la dinámica del cambio de la lengua como argumento en favor del lenguaje inclusivo con E, y lo subrayo porque para mí ya está muy claro que el lenguaje con O también es inclusivo. En el sentido de que cuando yo hablo con la O, estoy incluyendo a todas las orientaciones y a todas las posiciones y a todas las identidades de toda índole, de manera que no es que cuando yo digo ¿están todos de acuerdo? se los estoy preguntando a los varones heterosexuales que se autoperciben así. No. En mi experiencia todo el mundo lo entiende así, a la vez, nunca me pasó decir nos vemos todos el lunes y que vinieran solamente los varones heterosexuales. Todo el mundo entiende que eso es inclusivo. Entonces, lo que tenemos es inclusivo con O, inclusivo con E. 

“A veces veo que las discusiones son en términos de la RAE y sus normas rígidas, frente al lenguaje pensado, concebido en términos dinámicos y de transformación. Ahí yo veo un problema en el argumento porque el lenguaje inclusivo con E no es generado desde el uso, no es una transformación que se haya producido desde el uso y que las dinámicas del uso soliciten la norma o no la soliciten. Eso pasó con el Vos respecto del Tú. Ahí sí es un ejemplo muy claro de algo que en Buenos Aires y no solo ahí transcurre como dinámica del uso. La norma, el sistema escolar, dice Tú y los verbos conjugados con Tú. Nosotros aprendimos con Tú y con Vosotros y cuando recitábamos esas conjugaciones verbales estábamos aprendiendo la norma. Respecto a la norma, la dinámica del uso generó el Ustedes y el Vos y sus respectivas conjugaciones verbales. Mientras que el lenguaje inclusivo con E no surge del uso, surge de una iniciativa política y responde a una implementación política con la que uno puede eventualmente estar de acuerdo en los propósitos y los objetivos que se plantea pero claramente no es algo que esté en el uso. 

(…) 

“La O es inclusiva y yo diría incluso, a mi criterio, es justamente una indicación de cómo efectivamente funciona en la dinámica del uso del lenguaje. Porque la O que no era de por sí inclusiva en el sentido de que la O según analizan algunos lingüistas, yo no soy lingüista, aparece marcando el predominio de lo masculino en ciertos ámbitos, con lo cual es razonable que esa O haya existido, dado que el predominio de lo masculino en determinados ámbitos efectivamente existió históricamente. Las transformaciones sociales en términos de equidad de género que se han ido produciendo y se están produciendo y apostamos a que se sigan produciendo, yo diría que transformaron la condición de la O desde el uso. Efectivamente si alguien decía, al comienzo del siglo XX, “alumnos” en la universidad, la O marcaba que eran todos varones. Esa O no es la misma O del año 2021. 

(…) 

“El lenguaje es dinámico y se transforma en el uso, las transformaciones no necesariamente son siempre en el mismo orden. Que se transforme no quiere decir que la O se va transformar en  E, quiere decir que la O no va a ser la misma O. No es la misma O”.

Ariana Harwics:

“El tema del lenguaje inclusivo es un tema muy complejo que no tiene para mí en este momento, en la actualidad, ningún tipo de definición en el arte. Otra cosa es cómo opera, cómo funciona, qué utilidad, qué uso político y qué poder tienen en la vida social, en el intercambio en el habla cotidiano, en el uso del lenguaje inclusivo en las universidades o en el aprendizaje. Eso es otro impacto, pero en el arte que es quizás lo que yo más puedo pensar, la verdad que no tengo una postura clara. Me doy cuenta que hay un abismo entre cómo la mayoría de la gente o por lo menos de generaciones jóvenes usa el lenguaje inclusivo al menos un poco, adhiere, lo sostiene, lo apoya, aunque sea simbólicamente, no lo usás todo el tiempo pero un poco sí que ya es bastante porque eso implica darle una legitimidad… Pero veo que en el arte cuesta muchísimo más. Hay algunas novelas por supuesto, en todos los países, en Argentina las hay, que experimentan con el lenguaje inclusivo y que incluso lo usan a lo largo de toda la novela pero en general es casi imposible. Yo no vi ninguna película en la que todos los personajes hablen el lenguaje inclusivo durante toda la película. Salvo algunas novelas experimentales o que indagan en el lenguaje; en la mayorías de las novelas, cuentos o poesías no lo utilizan. 

“Entiendo su poder político, entiendo lo revolucionario del hecho pero en el momento del pase al arte hay algo que está como imposibilitado. Quizás justamente porque es una visión ideológica del mundo y sea antiartístico. Tal vez es eso, porque lo que necesitamos cuando escribimos una novela, un cuento o cualquier cosa, es la absoluta libertad. Yo por lo menos trato de escribir con una lengua lo menos cerrada posible, lo menos connotada posible, que no existe porque hablar es hacer política, pero lo menos posible.

(…) 

“No tengo una posición clara. O sea, siempre sé y soy consciente del poder político de un escritor, porque la lengua es un arma política. Eso seguro. Es un arma de combate como dicen todos los escritores, el fusil y la ametralladora de un escritor es su pluma, es su escritura. Pero me cuesta, me parece que es un momento para pensar la lengua. Muchos escritores han tomado esa posición que no tiene que ver con neutro, con la bandera blanca, con deshacerse del problema sino con pensar. Así que no, no tengo una postura tomada, lo que sí me gusta es que se esté repensando la lengua, que la lengua esté en el centro de la escena.

“Me interesa no para aplicarlo, no para usarlo, para mí sería imposible pero sí me interesa como cuestionamiento profundo y político y radical de la lengua en todos sus aspectos. En el aspecto de lo femenino, de la inclusión, del género pero también en otros aspectos. En todo lo que la lengua expulsa, lo que no se refiere, lo que queda afuera, los márgenes. Mis libros siempre son cuestionamientos de la lengua, de la forma, del uso de la lengua, del uso político, por qué una palabra extranjera, por qué no, por qué castellanizarlo o aporteñarlo o argentinizarlo, qué pasa con una lengua cruzada con otra. De verdad que mis personajes siempre se están preguntando por qué hablamos, de qué modo hablamos, qué estamos queriendo. Es muy teatral eso también y siempre los escritores lo han hecho, Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello; Shakespeare. Siempre ha habido ese mirar la lengua desde la lengua, ese desdoblamiento, en el arte. Eso que en el cine es como mirar a cámara siempre me gustó. Yo no la uso para escribir pero me sirve como una cosa más en la paleta de la lengua, es una herramienta más para repensar la lengua. Me sirve como una pregunta más.

Por último, sí he sido cuestionada, no mucho pero sí he sido cuestionada. Quizás no tanto por mis personajes en mis libros sino por mi posición, pero bueno, es parte. Si uno quiere dialéctica y uno quiere discutir y pensar de verdad es imposible no ser cuestionada o rebatida. Eso es un debate”.

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