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Política

Uberización del trabajo: volviendo a las “formas más primitivas del capitalismo”

“Hay vida más allá del trabajo”. Esa consigna, que parece una verdad de Perogrullo fue la bandera que alzaron miles y miles de repartidores en Brasil el último 1° de abril, una fecha donde se conmemora en ese país el Día de la Mentira. La elección no fue azarosa: los trabajadores de las plataformas —Uber, Glovo, Rappi, entre otras— quisieron ponerle fin a una farsa instalada en el mercado que identifica a estas ocupaciones como la panacea de la libertad y la autogestión cuando, en rigor, están más cerca de las “formas más primitivas del capitalismo”, definió el sociólogo brasileño Ricardo Antunes, académico e investigador del mundo del trabajo.

Ese universo de hombres y mujeres, que identificó como “el nuevo proletariado de servicios” es el que bajo el eufemismo del emprendedurismo, trabaja jornadas que superan las 12 y llegan hasta las 16 horas diarias, sin derechos, cobertura social, ni aportes jubilatorios. Son los que “no llegan a ver a sus hijos”, alertó Antunes y ponen el cuerpo a diario al punto tal que en ciudades como San Pablo hay más de una muerte diaria de repartidores por accidentes de tránsito.

Antunes, profesor titular de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), de la Estadual Paulista y Fundación Getulio Vargas, pero también académico de la Universidad Ca’Foscari de Venecia (Italia), Coimbra (Portugal y Sussex (Inglaterra), estuvo en Rosario esta semana participando del XIV Encuentro Regional de Ciencias Sociales y Sindicalismo, recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y presentó su libro El privilegio de la servidumbre, el nuevo proletariado de servicios en la era digital, un nombre que, según dijo, nació de una lectura casual del libro El primer hombre del escritor francés Albert Camus.

“Tenía el libro listo en 2018 pero no encontraba su título y leyendo a Camus en un momento hace referencia a los inmigrantes argelinos que sólo tenían vacaciones cuando se rompían una pierna, una mano y no trabajaban sólo cuando estaban enfermos, a lo que llamó el privilegio de la servidumbre”, recordó al mencionar que allí encontró el título para nombrar su trabajo, que indaga sobre la paradoja de un mundo atravesado por el avance tecnológico que presupone más confort y bienestar y, en cambio, trae aparejado más esclavitud.

“Hoy no hacemos nada sin el celular, que tiene cosas positivas pero también es infernal, controla nuestras vidas día y noche. Somos extremadamente dependientes del mundo digital que no tiene como objetivo que vivamos bien, sino que unos pocos ganen mucho”, dijo.

Esa dependencia doméstica se traslada al mundo del trabajo y se expresa en enfermedades mentales, estrés o burnout.

“La tecnología, que podría hacer que trabajemos 3 ó 4 horas por día, tres o cuatro días por semana, causó lo contrario”, reflexionó Antunes y recordó cuando en los años 70 u 80 del siglo XX muchos sociólogos —especialmente los más eurocéntricos— “decían que el siglo XXI sería hermoso y no tendríamos más trabajadores porque las máquinas iban a hacer todo por nosotros”.

Sin embargo, “hoy vemos lo opuesto”, ya que “en la mayoría de las profesiones no hay tiempo fuera del trabajo”, dijo y fue mucho más contundente a la hora de analizar la irrupción de la inteligencia artificial (IA) o Internet de las Cosas (IoT) en el mundo del trabajo. “No conozco ninguna empresa que haya incrementado el uso de la IA y con eso haya reducido el tiempo de trabajo, la jornada de 8 a 4 horas, y aumentado dos o tres veces los salarios del trabajador”, indicó. “Lo que veo es todo lo contrario, ya que introdujeron la IA y despiden trabajadores y trabajadoras, y los que se quedan, tienen que trabajar mucho más”, agregó.



Sin tiempo y sin sangre


Antunes señaló que cuando se estudian las condiciones de trabajo en el llamado sector de plataformas, “la precarización es inmensa”. Dijo al respecto que hay una trampa que se forjó a lo largo de algunas décadas de que esos trabajadores son emprendedores, cuando en rigor esa figura “es una gran ficción”.

“Trabajan sin ningún tipo de derecho a descanso semanal, sin vacaciones o aguinaldo y si alguien que maneja una moto o un auto de alquiler se accidenta, la plataforma no se hace responsable”, planteó, pero además con el agravante de que esas personas “se endeudan para comprar sus autos o equipos y tienen que trabajar cada vez más para pagarlos”, dijo, y recordó que una investigación que realizó en Brasil durante la pandemia, a pedido del Ministerio Público del Trabajo por la Unesp, lo dejó azorado.

“Se les hicieron pruebas de sangre a muchos conductores de motos y no les salía la sangre cuando los pinchaban porque estaban casi deshidratados debido a que no podían tomar agua, porque no podían parar para ir al baño”, relató.

“Fue entonces que le pregunté a un conductor de coche cuándo paraba para comer y me contestó que en su profesión no hay comida porque no se puede parar”, agregó Antunes para explicar el concepto de esclavitud moderna disfrazado de autonomía.

—¿Hay un nuevo concepto del mundo del trabajo?

—Vivimos una era de crisis muy profunda de la sociedad y de la humanidad. Lo vemos en la naturaleza, que está llegando a un límite. Vivimos un capitalismo con alta tecnología que trajo la privatización de los servicios y alto desempleo. Con las plataformas estamos volviendo a una forma primitiva del capitalismo, donde trabajar 14 ó 16 horas era normal. Esta es la mayor tragedia. Esto no puede continuar.

—¿Es lo que definió como “uberización” del trabajo?

—Sí. La primera versión de este libro salió en 2018 y ahora le incorporé más capítulos. En aquel momento el trabajo de plataformas comenzó con los conductores de coches o repartidores. Pero la ola se fue arrastrando a otros sectores como profesores, médicos, periodistas, enfermeros, trabajadoras domésticas y de cuidados. Es decir, todos los trabajos de servicios pueden ser contratados al estilo de Uber. Y parafraseando el libro El discreto encanto de la burguesía, el discreto encanto de Uber es que te dice que sos un emprendedor y por lo tanto, dueño de tus cosas y sos un socio. Sin embargo, ellos definen cuánto vas a ganar, qué trabajo podés hacer, decide los días, los horarios. Es una falacia pensar que manejás los tiempos porque si trabajás una o dos horas por día la plataforma no te llama más. Se vende como libertad de trabajo pero yo digo que entramos en la era de la esclavitud digital y ya no hay límites.

—¿Uberización es sinónimo de precarización?

—Aparentemente es sinónimo de autonomía, pero en la realidad no lo es. Después de diez años de trabajo pude comprobar que el cuerpo de la clase trabajadora, en el sentido literal, está muy deteriorado. Por eso es necesario reglamentar la actividad y pedir que esos trabajadores tengan los mismos derechos que el resto, que por otra parte, si no los cuidamos también los vamos a perder. Una aplicación como Uber, que es una empresa global, tiene ocho millones de personas que trabajan para ella y no paga impuestos ni derechos laborales. Estamos regresando a la esclavitud.

—¿Cómo impacta la inteligencia artificial en esto?

—Puede eliminar nuestras profesiones pero también puede ser espectacular, por ejemplo en la salud, donde se pueden tener resultados, análisis en forma rápida. Pero el problema es que la inteligencia artificial hoy está siendo programada con un objetivo fundamental que es enriquecer a los que la comandan. Elon Musk no está pensando en la humanidad sino en sus millones de dólares. Donald Trump lo nombró a él y a Jeff Bezos, junto a otros empresarios para programar los próximos pasos de la IA. Esas son las manos en las que está esa tecnología. De modo que aunque la IA puede ayudarnos a trabajar menos y tener más tiempo fuera del trabajo con alguna dignidad, ese no es el espíritu. Hoy es utilizada en la industria, en los servicios industriales, en todas las actividades para reducir la fuerza de trabajo. La máquina no hace huelga, no reivindica, no tiene jornada de trabajo reducida, no para.

—¿Qué lugar le queda al sindicalismo en este contexto?

—Hay una frase muy conocida que dice que “todo lo sólido se desvanece en el aire”. Eso ocurre cuando la humanidad decide que ya no es posible. Estamos muy cerca de esta situación. No estamos poniendo atención a lo que pasa en Estados Unidos, con rebeliones en Los Ángeles. ¿Es posible tratar a hombres y mujeres que en los últimos 30 años sustentan la producción y la vida de muchos norteamericanos como animales salvajes y echarlos de los Estados Unidos encadenados? No creo que haya una desaparición del sindicalismo pero tiene que comprender la nueva morfología del trabajo. Se está viviendo la situación más trágica de toda la historia del capitalismo, con la destrucción de la naturaleza, del trabajo y las diferencias de género y raciales y, a raíz de eso, por esa tensión, hay esperanza. 

“Si el mundo actual nos ofrece como horizonte inmediato el privilegio de la servidumbre, su efectivo combate e impedimento solo serán posibles si la humanidad consigue recuperar el desafío de la emancipación”, concluyó Antunes.


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